miércoles, 31 de diciembre de 2025

¿Puede una cultura sobrevivir al culto que la engendró?

Mathieu Bock-Còté (sociólogo, profesor, ensayista y columnista en la prensa canadiense) escribe que la Revolución Francesa fue fundamentalmente anticatólica. Se trataba de arrancar la matriz de una civilización y sustituirla por otra, portadora de la promesa de un nuevo gran comienzo, de un nuevo año cero. El hombre iba a renacer liberado de toda trascendencia, capaz por fin de autoengendrarse. Pero para ello, el mundo de ayer debía ser arrasado con furia iconoclasta; el hombre moderno se sentía humillado por la grandeza del pasado y quería conseguir plenos poderes sobre el mismo, deconstruyéndolo piedra a piedra, confiscando sus obras, profanando sus tumbas, arrancando la cruz de la faz del mundo.
La hipnosis nihilista duró evidentemente poco tiempo, pero algo quedó de ella, en particular una aversión a la religión católica, que el moderno militante sigue considerando, en el fondo, como el último obstáculo a su tentación demiúrgica. Resulta, no obstante, menos importante saber si el hombre cree en Dios que saber si se cree Dios. Pues esta pretensión es el origen de muchos desastres.
El hombre creyó crecer reduciéndolo todo a su medida… y al final se descubrió minúsculo. Sin Dios, o al menos sin la posibilidad o la búsqueda de un Dios cuya posible existencia escruta por todas partes, el hombre tiende a perder la conciencia de su singularidad y acaba fundiéndose en el magma indiferenciado de lo vivo. De vez en cuando, incluso llegamos a creer que estamos de más. El fantasma de la omnipotencia y el paradójico orgullo de la reivindicación de una insignificancia ontológica son inseparables. 
El cristianismo, en Europa, no es sólo una fe, no es sólo un encuentro personal, sino que es una civilización, estructurada en torno a una propuesta que ha permitido al hombre desplegar plenamente su genio. Pero, ¿puede una cultura sobrevivir al culto que la engendró? Puede ser que el hombre que busca un rastro de Dios lo encuentre en la grandeza de un mundo que otros muchos han construido mientras le buscaban o le rendían culto.

Cualquier situación moral es siempre más complicada de lo que nos imaginamos


El filósofo Peter Singer sugiere que te imagines que vas de camino al trabajo y que, de pronto, te topas con un niño que se está ahogando en un estanque. No hay nadie más por allí cerca, y si no te metes y lo rescatas, el niño morirá. Por desgracia, el agua estancada echará a perder tu elegante traje nuevo. La pregunta que Singer plantea es: «¿tú qué harías?».Pues echas a correr y lo salvas, por supuesto. ¿Qué clase de monstruo inmoral antepondría un traje a un niño? Singer utiliza ese ejemplo para darle la vuelta al argumento, lo que él sugiere es que, de hecho, la amplia mayoría de nosotros somos monstruos. Cada año, millones de personas mueren a consecuencia de males de fácil prevención, derivados de vivir en situación de pobreza. Sin embargo, nosotros seguimos comprándonos ropa nueva y comiendo en restaurantes, a pesar de que ese dinero podría utilizarse para evitar que otros murieran.El planteamiento de Singer se utiliza con frecuencia en el entorno intelectual para demostrar la inmoralidad que subyace en nuestra preocupación por las víctimas. No nos decidimos a prestarles ayuda hasta que no las tenemos delante y podemos verles la cara. Sin embargo, esta historia tiene una segunda parte que solemos olvidar, la de las locuras que estamos dispuestos a hacer cuando nos ponen delante una víctima clara.
Vamos a plantearnos un escenario similar, pero con cierto giro dramático. Ya no es un estanque junto a lo que pasamos, sino una presa, y el niño está atrapado por la corriente, que lo arrastra hacia la compuerta de evacuación del agua. No hay nadie más cerca, y la única manera de salvar al pequeño es abriendo la presa, lo que vaciaría el embalse. Aquí viene la trampa; si lo hacemos, inundaremos el pueblo que hay valle abajo, destrozando hogares y provocando que otras personas se ahoguen. ¿Salvarías al niño, incluso si esto implica la posibilidad de matar a muchos más?A todos nos gusta creer que saldríamos indemnes de este dilema moral, pero lo cierto es que, cuando estamos frente a frente con el sufrimiento manifiesto de una víctima, nos ciega la miopía moral. Ignoramos el dolor potencial de otros inocentes porque el impulso irrefrenable de salvar a la víctima evidente nos obliga a ello. Las auténticas consecuencias de nuestros actos solo se vuelven nítidas al verlas en retrospectiva.
Si tanto nos importan las víctimas, ¿cómo es que terminamos haciendo daño a muchas más sin darnos cuenta? La miopía del heroísmo implica que, cuando una víctima evidente capta toda nuestra atención, la imagen de las demás se difumina. Este tipo de atención selectiva es una característica fundamental de nuestro criterio moral, pero también se asienta firmemente en nuestro sistema de percepción.Sentimos el irrefrenable impulso de prestar nuestra heroica ayuda a víctimas señaladas, pero la miopía del heroísmo puede hacer que pasemos por alto el sufrimiento de los demás inocentes.
Según Singer, deberíamos salvar al niño que se ahoga no porque nuestra reacción emocional nos impulse a hacerlo, sino porque sabemos que es lo que se debe hacer. Asimismo, deberíamos dar nuestro apoyo a causas que nos resultan ajenas a pesar de no experimentar ninguna conexión con ellas, solo porque, en principio, el sufrimiento de todo ser humano tiene el mismo valor.
Al mismo tiempo, aplicar la compasión racional supone que, por mucho que tengamos la sensación de que deberíamos ayudar a la víctima, es aconsejable tomarse al menos un momento para valorar la situación en su conjunto, lo que incluye reconocer al resto de víctimas potenciales. Puede ser que terminemos llegando a la misma conclusión de todas formas, pero lo importante aquí es recordar que, en el fondo, casi cualquier situación moral es siempre más complicada de lo que nos imaginamos en un principio.

La vida humana va aconteciendo y se la va descubriendo

La vida (1903). Pablo Picasso.
La vida humana no está “dada”; va aconteciendo y se la va descubriendo. La historia no es solo una serie de vicisitudes por que “pasa” una realidad ya dada y existente, sino que es su constitución, su exploración, ensayo, intento, fracaso, rectificación,vuelta a empezar…..La historia es sobre todo historia de la vida, porque la vida es una extraña realidad intrínsecamente histórica, es decir, que en la historia, y solo en ella, se hace. 
El hombre se proyecta dentro de una forma histórico-social. Pero hay que añadir que de ella se puede salir, lo que con manifiesta falsedad se ha negado muchas veces. Más aun, se sale siempre, porque toda situación es inestable, y justamente por eso hay historia. 

martes, 30 de diciembre de 2025

El mundo parece estar permanentemente en estado de llegar a ser


Como apuntaba Hanna Arendt, no hay testamento que especifique qué pertenece a quién; lo que nosotros llamamos legado o herencia es poco más que el acto de dejar el pasado a merced del destino. Escribe Zygmunt Bauman que “el pasado es rehén del futuro, y está destinado a serlo para siempre, por mucho que se haya negociado celosamente su liberación o manumisión y por alto que sea el rescate ya pagado. El famoso aforismo de Orwell, que dice que quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado, sigue siendo válido y creíble mucho después de que su inspiración original (las ambiciones y prácticas de los “Ministerios de la Verdad” totalitarios) se hundiera en el pasado (y para muchos de nuestros contemporáneos, en el olvido). El inconveniente, sin embargo, es que pocas personas, si es que hay alguna, pueden presumir hoy de controlar el presente y menos todavía merecen que se crea que hacen lo que dicen que pueden hacer.Con el presente cortado por ambos extremos; por el pasado, al que hoy se niega la autoridad de guía acreditado, y por el futuro, que ya ignora las demandas e inmolaciones del presente y que las trata con una negligencia no muy diferente de aquella con que el presente trata el pasado, el mundo parece estar permanentemente en estado de llegar a ser. El curso que tomará a la larga este llegar a ser es crónicamente indeterminado; su dirección tiende a variar (o ir a la deriva) aleatoriamente más que a obedecer cualquier orden específica del tipo de las que se postulaban no hace mucho bajo la denominación de leyes de la historia”.


Cuando Octavio Paz renunció a ser comunista

Octavio Paz

Cuando Octavio Paz llega a España en 1937, en plena guerra civil, su identificación con la izquierda comunista es total. Pero poco a poco el comunismo le fue desilusionando. Posteriormente, en las revistas Plural y Vuelta denunció las violaciones a los derechos humanos de los regímenes comunistas. Esto le causó mucha animosidad por parte de la izquierda latinoamericana. En el prólogo que escribe al tomo IX de sus obras completas, publicado en 1993, Paz confiesa que al abandonar el partido comunista empezó a ser visto con sospecha.“La desconfianza empezó a transformarse en enemistades más y más abiertas e intensas. Pero en aquellos días (década de 1950) yo no me imaginaba que los vituperios iban a acompañarme años y años, hasta ahora”. En realidad, la animadversión de algunos escritores encuadrados en la izquierda se mantuvo hasta su muerte en 1998, y aún después de muerto. 

lunes, 29 de diciembre de 2025

El liberalismo es una teoría de lo correcto, no de lo bueno


El liberalismo es una teoría de lo correcto, no de lo bueno. Esto significa dos cosas. La primera es que excluye del debate político sobre la justicia aquellos razonamientos que apelan a las concepciones particulares de la vida buena; por ejemplo, debemos hacer X porque es la única manera de vivir según el mandato de Dios. La segunda, más importante en el presente contexto, es que da libertad a los individuos para que guíen su conducta según la concepción de vida buena que juzguen más conveniente. Prescribe cómo han de comportarse en su relación con los demás en la esfera pública, pero guarda silencio sobre el carácter y las aspiraciones que deben cultivar. Lo primero es universalizable; lo segundo, no. Este agnosticismo respecto a lo bueno explica la austeridad del ideal de ciudadanía liberal que, en lo esencial, acaba siendo parasitario del ideal de justicia. El buen ciudadano es el que cumple las exigencias impuestas por instituciones justas. Los liberales asumen que, en condiciones ideales, los individuos son capaces de actuar de manera justa; pero su teoría no ofrece certeza alguna de que lo vayan a hacer. Al liberalismo, según la filósofa Victoria Camps, le falta un “vértice aristotélico” que desarrolle, sin complejos, un catálogo de virtudes cívicas. 
Las instituciones, por sí solas, no pueden erradicar toda clase de injusticias, ni es deseable que lo hagan. Un reparto equitativo de las tareas domésticas entre hombres y mujeres, por ejemplo, no puede imponerse por decreto. Puede fomentarse mediante políticas que faciliten las decisiones adecuadas, dando incentivos y contribuyendo a crear un ethos social igualitario. La educación cívica de los ciudadanos promete bondades en este sentido, pero es una empresa hercúlea. La ampliación del currículo escolar con materias específicas es sólo el punto de partida. No basta, según Victoria Camps, por dos razones. La primera es que la virtud requiere práctica. Lo importante no es saber en qué consiste ser valiente, sino no amilanarse ante cualquier circunstancia desfavorable. Cuando se trata de practicar las virtudes cívicas, el escenario idóneo es la interacción con los conciudadanos más allá del aula. La segunda es que, a juicio de Camps, el peso de la educación cívica no ha de recaer sólo sobre la escuela, ni tampoco sobre la familia. Tiene responsabilidad de educar cívicamente cualquier sector o profesión que transmita formas de actuar que los jóvenes imitan. Es decir, todos.

Referencia:La fragilidad de una ética liberal, de Victoria Camps

Se perpetúa la dramática situación de la población civil en la República Democrática del Congo

En el este de la República Democrática del Congo sigue sin ser realidad el acuerdo de paz firmado el 4 de diciembre entre los presidentes congoleño y ruandés, Félix Tshisekedi y Paul Kagame. El embajador estadounidense ante las Naciones Unidas,Mike Waltz,ha denunciado la amplitud y la sofisticación de la participación de entre 5.000 y 7.000 efectivos ruandeses. Luego, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, había hablado de una clara violación del acuerdo por parte de Kigali.
Se perpetúa la dramática situación de la población civil. Los últimos ataques han causado, denunció UNICEF, un desplazamiento total de al menos 500.000 personas, de las cuales 100.000 son niños. "La gente, sobre todo muchos niños, mujeres, ancianos, enfermos, siguen sufriendo, si no muriendo de hambre, sed, cansancio, frío, enfermedades", ha denunciado Sébastien Joseph Muyengo Mulombe, obispo de Uvira.
Fuente: Alfa y Omega

domingo, 28 de diciembre de 2025

No estamos volviendo al paganismo porque no estamos volviendo a nada

En pocos decenios hemos pasado de La sociedad de la nieve a la epidemia de suicidios y la expansión de la eutanasia; de sobrevivir en los Andes durante 72 días a pedir bajas laborales porque ir a trabajar nos produce ansiedad. Además de ser importante esta crisis (lo que no es nuevo), es distinta, lo que dificulta captar su radicalidad. Parte de la dificultad se debe a que las causas no son solo religiosas o morales, aunque también (alejamiento de Dios, inmoralidades generalizadas); tal vez algunas ni siquiera son deliberadas. Algunas están ya en las estructuras de nuestras vidas ordinarias, como la debilidad de las relaciones horizontales (entre personas) frente a las crecientes relaciones verticales (de las personas con el Estado). Como no siempre se trata de cosas necesariamente malas, es fácil que nadie las combata, desde la velocidad del cambio, el desarraigo resultante de la competitividad, los desplazamientos y los modernos puestos de trabajo, la inundación de información de todo género, la dispersión de la atención, la tecnificación y racionalización de todo, la IA, las habilidades que poco a poco perdemos con el perfeccionamiento de las máquinas…
Poco tiene en común esta crisis con el final del Imperio Romano. Tampoco estamos volviendo al paganismo porque no estamos volviendo a nada; el paganismo quedaría del mismo lado del parteaguas que el cristianismo. Estamos cortando, y muy rápido, con todo lo clásico, lo cual no sucedió en absoluto al caer Roma. En realidad, Roma nunca murió; ha estado viva, de alguna manera, casi hasta hoy. Los aspectos que hacen a esta crisis diferente son heterogéneos y son muchos más en número que en cualquier otra crisis anterior. Son imposibles de listar, el "bebé medicamento", el vientre de alquiler,el transhumanismo,los cerebros humanos conectados, la globalización descarrilada, el predominio de lo virtual sobre lo real; masas ya apreciables de personas subvencionadas que nunca trabajarán establemente ni formarán una familia, las calles casi sin niños,  y casi nadie con defectos físicos mayores; en breve, niños sin hermanos, tíos ni primos…
Algunos de los problemas actuales son ya bastante conocidos, descomposición social, control capilar, vigilancia universal, pocas y no muy fuertes relaciones interpersonales… En una parroquia vi un anuncio de un novedoso Centro de Escucha con un número de teléfono, "si no tienes quien te escuche, llama a este número". ¿Quién creería eso en España hace 25 años? Muchas y graves crisis ha habido en la historia pero todas tenían dimensiones humanas, esta, no; esta viene acompañada por un cambio antropológico antes literalmente inimaginable. 

Referencia: La sociedad del delirio de Antonio-Carlos Pereira Menaut, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela y catedrático Jean Monnet de Derecho Constitucional de la UE. 

La felicidad es el bien último o supremo al que se aspira

Aristóteles
La felicidad es el bien último o supremo al que se aspira y tiene una serie de características. Es el fin último, y todos los actos lo buscan. La  felicidad ha de ser completa y autosuficiente. Por este último motivo no puede aumentar por adicción de otros bienes. Aristóteles estaba convencido de que obrar bien, llevar una vida virtuosa y ética, era condición imprescindible para ser feliz.
Para los pitagóricos, la plenitud del hombre estaba relacionada simbólicamente con dos dioses, Orfeo y Dioniso. Del primero se extraía la idea de que el hombre puede lograr la felicidad a través de la belleza y la armonía y de Dioniso, se alcanzaría a través de la pureza y del entusiasmo. De la unión de los cuatro elementos surgía la felicidad en el hombre.


El placer es siempre efímero, fugaz y perecedero

Escribe Samer Soufi en Lo que Freud le diría a Spielberg que “cualquier actividad sensorial placentera que desarrollemos inevitablemente acaba perdiendo su atractivo después de que llevemos un tiempo realizándola…..La comida, la bebida, la música, el sexo, o cualquier otra actividad sensorial, tienen un efecto euforizante y placentero inicial, pero su duración no es ilimitada. A partir de un determinado punto, comienzan a dispararse los mecanismos de retroalimentación negativa del cerebro, reduciendo el nivel de recompensa que producen. Y si pese a todo persistimos en practicar estas actividades, llegará un momento en que el placer se transforme en sensaciones desagradables y nauseabundas. Por tanto, sea cual sea su naturaleza, el placer es siempre efímero, fugaz y perecedero. Y esto tiene que ver con la naturaleza misma del placer. En última instancia, el placer no es más que un mecanismo biológico cerebral que nuestro organismo utiliza para premiar las conductas que, desde una perspectiva evolutiva, maximizan nuestras probabilidades de sobrevivir y propagar nuestros genes.
Si no existiera el efecto de la saciedad se pondría en peligro la propia supervivencia, debido al deseo de persistir en la obtención del mismo placer de forma indefinida.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Imaginar sistemas que prescinden de la realidad


Hay en la historia del espíritu humano un hecho universal y constante, y es su vehemente inclinación a imaginar sistemas que, prescindiendo completamente de la realidad de las cosas, ofrezcan tan solo la obra de un ingenio, que se ha propuesto apartarse del camino común, y abandonarse libremente al impulso de sus propias inspiraciones, escribe el filósofo Jaume Balmes.

Dame tu reloj



Desde los tiempos de la revolución, los rusos habían oído hablar de la pobreza, el desempleo y la miseria asociados al capitalismo, y de la superioridad de su sistema. Sin embargo, nada más entrar en Polonia, en ese momento una de las zonas más pobres de Europa, encontraron a simples campesinos que tenían varias gallinas, un par de vacas y más de una muda de ropa. Descubrieron pequeñas poblaciones rurales con iglesias de piedra, calles adoquinadas y gente en bicicleta, un vehículo desconocido aún en la mayor parte de Rusia. Encontraron granjas equipadas con sólidos establos y cosechas plantadas en hileras ordenadas. Para ellos eran escenas de abundancia en comparación con la pobreza desesperada, los caminos cubiertos de barro y las minúsculas casas de madera de la Rusia rural. Cuando descubrieron las iglesias de Königsberg, los apartamentos de Budapest y las casas berlinesas repletas de antigüedades, de mujeres “fascistas” viviendo rodeadas de lo que ellos percibían como lujos inimaginables, misteriosos retretes con cisterna y artilugios eléctricos, se quedaron sumamente asombrados: “Nuestros soldados han visto las casas de dos plantas de las afueras, con electricidad, gas, baños y hermosos jardines. Nuestra gente ha visto las casas de la rica burguesía en Berlín, el increíble lujo de los castillos, propiedades y mansiones. Y miles de soldados repiten airados las mismas preguntas cuando miran alrededor en Alemania: Pero ¿por qué vinieron a nosotros? ¿Qué querían?”.

Los rusos robaron licores y lencería femenina, muebles y vajillas, bicicletas y mantelerías que se llevaron de Polonia, Hungría, Checoslovaquia, de los estados bálticos y los países balcánicos, así como de Alemania. Los relojes de pulsera parecían tener un significado casi mítico para los soldados rusos, que se paseaban de un lado a otro con las muñecas cubiertas por seis o siete si tenían la ocasión. La emblemática fotografía de un soldado ruso izando la bandera soviética sobre el Reichstag tuvo que ser retocada para eliminar los relojes de los brazos del joven héroe. En Budapest, la obsesión por ellos pasó a formar parte de la tradición local y tal vez contribuyera a forjar la percepción que se tenía del Ejército Rojo. Unos meses después de la guerra, un cine de Budapest proyectó un noticiario sobre la Conferencia de Yalta. Cuando el presidente Roosevelt levantó el brazo mientras hablaba con Stalin, varios miembros del público gritaron: “¡Vigila tu reloj!”. Algo similar sucedió en Polonia, donde durante muchos años los niños polacos “jugaron”a los soldados soviéticos al grito de “Davai chasyi” (Dame tu reloj). 


Referencia: El telón de acero (Anne Applebaum)

viernes, 26 de diciembre de 2025

Un mundo donde el malestar colectivo prolifera

Esteban Hernández, en su libro El rencor de clase media alta y el fin de una era, describe como “la fragmentación típica de los entornos en declive”. No hay visión común, ni una meta que perseguir, ni un proyecto de futuro que aglutine a los hombres y mujeres de nuestro Occidente hiperdesarrollado en la búsqueda de un porvenir mejor para sus hijos (unos hijos, por cierto, cada vez más escasos, un dato este que sin duda ayuda a explicar el desistimiento y la indiferencia prácticamente suicidas que, ante el ocaso civilizatorio, ha decidido adoptar buena parte de la ciudadanía europea). No hay reacción contra las arbitrariedades de los poderosos. La sociedad se escinde en facciones irreconciliables y, como advierte Hernandez,“en esa dispersión, que es funcional, el enfrentamiento de los grupos subordinados entre sí permite un elevado control social”.
Para el escritor y profesor Carlos Marín-Blázquez “el porvenir no es halagüeño. La búsqueda de soluciones individuales a problemas que todos compartimos se traduce en un mundo donde el malestar colectivo prolifera. La ansiedad y la depresión, la soledad y el aislamiento son ya los verdaderos estigmas de nuestra época. Nos domina el desencanto y el cinismo.Tras sus máscaras benevolentes, contemplamos a gran parte de nuestros dirigentes como lo que en realidad son, una clase sectaria, sustancialmente depredadora, intelectualmente ruinosa, dominada por una ansia nihilista de poder. Entender que, más allá del resentimiento y de los intereses mezquinos de ciertas minorías oligárquicas, existen fuerzas creativas y benéficas de las que extraer el sustento necesario para organizar la vida en común nos cuesta ya un esfuerzo ímprobo. Y, sin embargo, ahora más que nunca es necesario perseverar en ese empeño de la imaginación. Ahora es cuando la idea de comunidad, que implica elevar el arte de la convivencia a su versión más noble y humanizadora, debe ser reivindicada con insistencia, aun cuando no veamos en esa reivindicación más que un gesto de ingenua nostalgia. Y más que reivindicada, practicada a una escala modesta, ínfima si se quiere, a modo de semilla de algo que quizá alguna vez llegue a germinar nuevamente.”

El cine es capaz de realizar y presentar los temples de la vida

Escribe el filósofo Julián Marías que “cuando el cine es fiel a si mismo y no abandona sus posibilidades a cambio de un plato de lentejas ( un momento de popularidad, los elogios de los críticos, los premios de los festivales), es capaz de realizar y presentar algo que es uno de los núcleos más profundos de la educación, los temples de la vida. Si se analizara su influjo a lo largo de unos cuantos decenios, en diversos paises, en los distintos estratos sociales, en las diferentes edades, en hombres y mujeres, se podría descubrir en ello la explicación de la gran parte de las variedades humanas de nuestro tiempo. La finura o tosquedad, la riqueza o ausencia de matices, el esmero o abandono de la conducta, la belleza y el decoro de la presencia, las formas de trato, el uso de la lengua, el repertorio de las estimaciones, los grados de la moralidad, la presencia o ausencia de religiosidad, el respeto o el desprecio, el puesto en la vida de la esperanza, la desesperación o la desesperanza, todo eso ha quedado afectado a nuestro tiempo por el cine, que sería un recurso imprescindible para entender de verdad y a fondo el siglo que nos ha tocado vivir.”
“El cine se ha nutrido, todavía más que la literatura, de esa realidad que es el amor. Más, porque ha contado con la corporeidad del hombres y mujeres, con su realidad visible, con sus gestos y su expresión, con sus voces y el sentido de la palabra. Ha permitido asistir a las diversas relaciones posibles entre hombres y mujeres, con la evidencia de lo que está presente, pero que no renuncia al papel decisivo de la imaginación.”

El efecto Werther

Kurt Cobain
El 8 de abril de 1994 Kurt Cobain, líder de la banda Nirvana e ídolo de masas, había sido encontrado muerto en su casa. La policía y la investigación forense declararon que Cobain llevaba muerto tres días (es decir, desde el 5 de abril) debido a una herida de bala en la cabeza. La pistola se encontró cerca del cuerpo junto a una nota de despedida. La causa de su fallecimiento estaba clara, el suicidio. La muerte de Cobain provocó, además de conmoción entre sus fans, un peligroso efecto social. Y es que la muerte por suicidio del ídolo de masas indujo a que cientos de jóvenes en Estados Unidos tantearan la idea del suicidio en las siguientes semanas, especialmente en Seattle, ciudad de residencia del cantante, donde se registró un aumento de las llamadas pidiendo ayuda por una crisis suicida. Habitualmente se conoce a esta tendencia imitativa de la conducta suicida como efecto Werther.
Algunas series o películas que romantizan el suicidio juvenil también han sido señaladas por el aumento de casos de este tipo que ha seguido a su emisión. Fue el caso de Por 13 razones (13 Reasons Why), una serie de Netflix estrenada en marzo de 2017 en la que una joven se quitaba la vida para vengarse de quienes le hacían bullying en el instituto. Según un estudio de National Institutes of Health, en el mes siguiente a su estreno la tasa de suicidio juvenil (de 10 a 17 años) aumentó en Estados Unidos hasta en un 28,9%. La escena del suicidio de la protagonista era tan gráfica que Netflix decidió eliminarla del streaming de la serie debido a las protestas de algunos espectadores. El suicidio es la consecuencia última de situaciones límite relacionadas con la salud mental o la situación socioeconómica. En España, el problema es creciente; en 2022 se superó por tercera vez consecutiva el máximo histórico de muerte por suicidio, siendo la principal causa de muerte externa en nuestro país, según el informe ofrecido por el Observatorio del Suicidio en España.   
El origen puede ser una enfermedad relacionada con la salud mental, como la depresión o el trastorno bipolar. Sin embargo, parte de los suicidios tienen un origen social, como los producidos por desahucios o las estreches económicas. Además, cuando un famoso muere por suicidio, a menudo se glorifica su muerte (fue el caso del propio Kurt Cobain, que pasó a formar parte del Club de los 27), lo que contribuye a crear ese aura “épica” en torno al suicidio.


jueves, 25 de diciembre de 2025

La buena compañía


Escribe Ignacio Agustí en Guerra Civil que “si todos los seres humanos que habitaban España en aquellos momentos, y todos los chinos y los quirguises y los armenios y los anglosajones y los judíos que habían llegado al otro lado, atropelladamente, como se entra en el comedor de un internado al sonar el gong, hubiesen tenido algo que amar, si hubiesen obtenido la satisfacción de esa necesidad perentoria de compañía en que se hallaban sin saberlo, ¿hubiera venido la guerra? Si cada uno de ellos hubiese sido saciado con el caudal de afecto y de íntima fortaleza que solo da lo que llamaba Ortega “la buena compañía”, ¿hubieran pensado en la guerra? Pero el mundo andaba atropellado por el conjunto de ambiciones al margen del amor. Recordaba unos versos, no sabía de quién. Amor, amor, amor, de seis a siete… Amor con reloj, sacrificando la vida en una ristra de ambiciones menores, pero feroces: las finanzas, la hegemonía, la influencia, el poder… Eso era la guerra.”


Santo Niño que nació en diciembre


Cualquiera que piense en el Santo Niño naciendo en diciembre, entenderá por ello exactamente lo que nosotros entendemos; que Cristo no es meramente un sol de verano para los afortunados, sino un fuego de invierno para los desgraciados. (G.K. Chesterton. La nueva Jerusalén).

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Lo que parece ser, realmente es


Existe una persona, un lugar y un tiempo trascendentes en el mundo material. La creación ha recibido a Dios en la persona de Jesucristo. Afirma Ireneo en Contra las herejías que “la propia creación de Dios, que depende para su existencia del poder, el arte y la sabiduría de Dios, ha engendrado a Dios”. “Lo que parece ser, realmente es”. San Efrén el Sirio afirma que “María llevó al Niño en silencio, ¡y en Él estaban ocultas todas las lenguas! José lo llevó en sus brazos, ¡y en Él  se ocultaba una naturaleza más antigua que cualquier cosa antigua!… Siendo Altísimo, bebió la leche de María, ¡y de su bondad beben ahora todas las criaturas! Él es el pecho de la vida y el aliento de la vida”. La encarnación no es solo un acontecimiento pasado, sino una realidad continua.

Los hombres y mujeres que temen la injusticia de los hombres

Thomas Becket
Asesinato en la catedral, de T.S. Eliot. Escrito en 1935, era una adivinación de los tiempos que estaban por venir. El tema es conocido; Thomas Becket, amigo y canciller de Enrique II, es nombrado arzobispo de Canterbury. Enrique II encuentra un estorbo, para su política de poder, en aquel que quería que fuera su mano derecha. Había prometido a su amigo Thomas que estaría siempre a su lado. Pero cambia de opinión, como quien se quita un guante, y deja caer, para que lo entiendan, que ese hombre le molesta. Quienes manejan el poder suelen tener lacayos dispuestos a cualquier cosa, con tal de no perder el cargo y su sustancia económica.
Becket sabe que va a morir, “porque entrego mi vida por la ley de Dios sobre la ley del hombre”. Otros arzobispos y obispos de la época callaron o argumentaron que es preciso, a cualquier precio, mantener la concordia entre la Iglesia y el poder político. Dijeron algo que se ha repetido muchas veces, pro bono pacis, por el bien de la paz. En lugar del bien de la paz llegó el crimen. Los asesinos son razonables. “En lo que hemos hecho, lo creáis o no, fuimos totalmente desinteresados. Hemos sido los instrumentos para que se llegara a ese Estado que vosotros aprobáis”.
Poco a poco el crimen ya no lo es, porque se ha hecho en nombre de la justicia y de la convivencia pacífica. Todo es razonable. ¿Por qué defender a ultranza unos principios? “Becket era muy radical”, comenta una cortesana, lo que hoy sería una secretaria de Estado. Y uno de los asesinos recurre al antiguo método de corromper las palabras, “creo que, con estos hechos ante ustedes, sin dudarlo emitirán un veredicto de suicidio mientras se encontraba en estado de incapacidad mental. Es el único veredicto caritativo que se puede dar a alguien que, después de todo, fue un gran hombre”.
¿Y el pueblo? El pueblo se hace a todo. Ha visto cómo Becket ha sido asesinado y no ha reaccionado, por miedo. “Perdónanos, Señor, reconocemos que somos el tipo de hombre corriente; los hombres y mujeres que cierran la puerta y se sientan junto al fuego; que temen la injusticia de los hombres mucho menos que la justicia de Dios”.

martes, 23 de diciembre de 2025

El aborto, lo más cruel y salvaje que ocurre en el mundo


Javier Gerardo Milei, economista, político y docente argentino, líder del espacio político La Libertad Avanza y presidente de Argentina denunció en el Foro de Davos (Suiza, 2024) a los que sostienen que “los seres humanos dañamos el planeta y que debe ser protegido a toda costa, incluso llegando a abogar por mecanismos de control poblacional o la agenda sangrienta del aborto. El aborto es promovido en esos Foros, y se trata de lo más cruel y salvaje que ocurre en el mundo que, paradójicamente, llamamos civilizado. Cuando la Madre Teresa de Calcula recibió el Premio Nóbel de la Paz (1985), ella también denunció ese horrendo crimen. Evocó palabras de las Sagradas Escrituras: Aunque una madre pueda olvidarse de su hijo, yo no te olvidaré. Te he grabado en la palma de mi mano, eres precioso para mí, te amo (…). Afirmó: Si de verdad queremos la paz, debemos hacer un propósito firme de no permitir que en nuestros países haya ni un solo niño que no se sienta querido, que sea excluido de la sociedad. Los países ricos que permiten el aborto, son los más pobres y necesitan que recemos por ellos porque han legalizado el homicidio. No maten, la vida de cada ser humano es sagrada y de infinito valor…”

Cada vez que le decimos al niño cualquier frase que empiece por “eres”, el cerebro del niño guarda esos datos

Cuando al niño lo castigamos por desobedecer o le decimos que es un desobediente, su cerebro utiliza esa información para formar un autoconcepto. Cada vez que le decimos al niño cualquier frase que empiece por “eres”, el cerebro del niño guarda esos datos en una estructura llamada hipocampo que está encargada de almacenar todos los conocimientos sobre el mundo y sobre sí mismo, que van a permitirle tomar decisiones en la vida. Así, si el niño sabe que un perro contento mueve la colita, decidirá tocar a un perro que la mueve. Si sabe que en verano se toman helados, pedirá un helado a su mamá en un día de calor para disfrutar de su frescor. De la misma manera, si el niño se reconoce valiente u obediente actuará en consecuencia, mientras que si los mensajes de sus padres o maestros han fijado en su memoria que es un niño desobediente, también actuará en consecuencia. El niño que se sabe desobediente, caprichoso, egoísta o vago no tendrá más remedio que actuar en la vida en relación con lo que sabe de sí mismo. En este sentido, hay pocas cosas que puedan hacer tanto daño al autoconcepto y a las posibilidades de un niño como todos aquellos mensajes negativos acerca de sí mismo que quedan grabados en su memoria.
Referencia: El cerebro del niño explicado a los padres (Álvaro Bilbao)

lunes, 22 de diciembre de 2025

El nazismo evolucionó hasta convertirse en un credo religioso


El nazismo comenzó siendo un credo político, pero rápidamente evolucionó hasta convertirse en un credo religioso, en una religión nacional alemana con sus propios dogmas, ritos y ceremonias que, en cierto modo, aspiraba a sustituir a la cristiana. Los dos dogmas principales del nazismo eran la superioridad de la raza aria, alemana y nórdica, y su derecho a esclavizar o a exterminar a las razas inferiores usurpadoras del “espacio vital” al que la raza superior tenía derecho. A la raza aria no le bastaba con estar constituida por individuos altos y apuestos, rubios, de ojos azules, nobles, inteligentes y sanos. Además era la única creadora de cultura, la única verdaderamente humana, el pueblo de los señores (Herrenwolk), destinado a dominar a las razas inferiores (en realidad especies distintas, infrahumanas: Untermenschen) y a neutralizar a una raza particularmente ponzoñosa, la judía. El joven Hitler pudo contaminarse de ariosofía, una doctrina popular en ciertas esferas de la Viena de su juventud que pretendía rescatar la religión ancestral de los antiguos germanos arrinconada por el Dios judío de la Biblia. La ariosofía atrajo a algunos románticos adictos al excursionismo y añorantes de las sociedades ancestrales que en 1911 fundaron una hermandad, la Hoher Armanen Orden (HAO), en la que se ingresaba mediante certificado de pureza de sangre. Esta sociedad inspiró, a su vez, al grupo Thule, otra agrupación de tenderos y funcionarios subalternos aficionados al ocultismo y a la fantasía. En su impreso de ingreso leemos que “el abajo firmante jura que, hasta donde su conocimiento abarca, ninguna sangre judía fluye por sus venas ni por las de su mujer, y que entre sus antepasados no hay miembros de razas inferiores”.

Mujer libre e independiente

La mujer "libre e independiente" es, actualmente, un modelo intocable. Pero pocos saben que fue un modelo creado con intereses comerciales del tabaco por un mago de la publicidad, Edward Bernays. En 1928, en La ingeniería del consentimiento, Bernays escribía: "Si comprendes los mecanismos y la lógica que regulan el comportamiento de un grupo, puedes controlar y someter a tu placer a las masas sin que estas se den cuenta".
Bernays, cuyos estudios inspiraron al jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, actuó sobre todo en el ámbito de las relaciones públicas industriales, con resultados que, sin duda, fueron espectaculares. Su primer "golpe" pasó a la historia.¿Cuál es uno de los símbolos más poderosos de la emancipación femenina? La mujer que fuma. Desde luego, no en el Occidente actual, en el que el tabaco es, justamente, obstaculizado, sino en el de hace algunos años.Durante gran parte del siglo pasado fumar representaba un gesto de desafío y de afirmación de la propia independencia en una sociedad tradicional, bienpensante y reacia a reconocer la igualdad de derechos.
Hoy en día, casi nadie sabe que el humo como símbolo de rebelión femenina no fue para nada espontáneo, sino que fue inventado por Bernays. Naturalmente, por encargo. Era el año 1929 y para oponerse a los frecuentes ataques a la industria tabacalera, Bernays organizó en Nueva York, durante una manifestación pública, la "Procesión nocturna con antorchas de la Brigada de la Libertad", durante la cual hizo desfilar a decenas de chicas jóvenes vestidas de manera anticonformista. Jóvenes altas, que llevaban pantalones (en esa época las mujeres solo usaban falda), una camisa blanca, tirantes negros y en la cabeza una boina ladeada.Esas chicas fumaban de manera exhibicionista.Esa provocación en las calles de la Gran Manzana suscitó un clamor enorme en la opinión pública. En unos Estados Unidos con tendencia al puritanismo y a opinar, fueron los periódicos los que se desencadenaron, poniendo en marcha polémicas que a veces fueron feroces. El escándalo fue clamoroso, pero fue acogido con gran euforia por Bernays, que consiguió su objetivo. Aunque subliminal, el simbolismo era perfecto.La libertad evocaba una valor fundamental para la cultura estadounidense, la milicia era una forma de rebelión con una acepción positiva, la antorcha evocaba el cigarrillo y emitía humo. Las polémicas tuvieron el efecto opuesto al deseado por los indignados editoriales estadounidenses, porque llevaron a miles de mujeres a emular a las sufragistas neoyorquinas y, por ende, a sublimar una mensaje capaz de cambiar las costumbres de generaciones enteras; quien quiere ser anticonformista e independiente no puede no fumar.

domingo, 21 de diciembre de 2025

No podemos permitir que toda una masa humana pierda toda conciencia

Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II, escribe la obra Hermano de nuestro Dios. En esta obra de teatro Wojtyla hace decir a uno de los personajes que “no podemos permitir que toda una masa humana se hacine en refugios nocturnos, lleve una vida casi animal, pierda poco a poco toda conciencia salvo el hambre y el miedo…”. Los indigentes tienen derecho a un mínimo de vida decente y respeto propio, y no solamente a la misericordia y la compasión.
Un personaje al que se identifica como “El Orador” dice a los sin hogar del refugio que “tenéis derecho a tener derechos humanos”.


Ninguna persona es un verso suelto

Todos componemos un tejido de relaciones; el que nos ha acogido a nuestra llegada al mundo, y que nos sostiene a lo largo de nuestra existencia. Nos necesitamos unos a otros: “Por el hecho de ser animal social, un hombre le debe naturalmente a otro todo aquello sin lo cual la conservación de la sociedad sería imposible”, dice Tomás de Aquino. Y, si es verdad que el primer apoyo que requerimos suele ser de tipo material, o de supervivencia, necesitamos también sostenernos mutuamente en nuestro camino hacia el futuro; necesitamos sabernos parte de una misma cadena que se extiende hacia adelante con esperanza. Por eso, continúa Tomás de Aquino en la  Suma de teología que “la convivencia humana no sería posible si los unos no se fiaran de los otros”.
Nuestro corazón no se satisface con una vida absolutamente autónoma, en soledad: “ninguna vida humana es una vida aislada, sino que se entrelaza con otras vidas. Ninguna persona es un verso suelto”, escribe Josemaría Escrivá.

¿Dudar de todo?

Descartes
Descartes fue científico además de filósofo, hasta el punto de que la obra donde debía exponer todo su sistema, Principios de la filosofía, contiene mucho más material científico que estrictamente filosófico.Aunque su física ejerció una notable influencia durante el siglo XVII, e incluso en los primeros años del XVIII, tanta, de hecho, que el propio Isaac Newton (1642-1727) construyó en parte su obra en discusión con aquella, la historia de la ciencia reserva un lugar relativamente modesto a las contribuciones de Descartes. Ciencia y filosofía no tomaron caminos distintos, como quizá pueda ocurrir hoy. La teoría física general que pretendió construir se concibió desde el principio en estrecha y estricta continuidad con su teoría filosófica acerca del “ser”, imposible de separar una de la otra en su obra. La física general, que, a partir de una concepción mecanicista de la realidad, pretendió aunar las explicaciones astronómicas, meteorológicas, mecánicas, biológicas, etc., hasta construir una imagen unificada del mundo, a ojos de Descartes era inseparable de la cuestión de cómo era esencialmente la realidad, es decir, de cuáles eran las estructuras constitutivas del ser en tanto que ser. Según la célebre imagen que estableció Descartes en los Principia, el saber era un único árbol cuyas raíces eran la filosofía, el tronco la física general o la filosofía natural, y las ramas y los frutos las distintas ciencias particulares, como la mecánica, la astronomía, la biología, la psicología y la medicina, entre otras.
El primer precepto del Discurso del método era no aceptar nunca ninguna cosa como verdadera sin saber evidentemente que lo era “y no incluir en mis juicios nada más que lo que se presentara a mi espíritu tan claramente y tan distintamente que yo no tuviese ningún motivo de ponerlo en duda”. Por tanto, Descartes se impuso como método filosófico el método de la duda, dispuesto como estaba a no tomar por verdadero nada de lo que pudiera dudarse. Es lo que se conoce como la “duda metódica”. ¿Dudar de todo? Esta duda era, evidentemente, artificial y provisional. No fue ni real ni permanente, como la duda que asalta al espíritu escéptico, sino metódica o programática, de tipo radical, en el sentido de no aceptar nada de lo que uno no pudiera estar completamente seguro. Si se ejerció como método filosófico fue con vistas a alcanzar las certezas a partir de las cuales reconstruir todo el sistema del conocimiento.
¿Esta duda alcanza a las ciencias matemáticas, que no presuponen la existencia de sus objetos ni se valen de los sentidos para conocerlos? En este momento de sus reflexiones, Descartes parecerá afirmar que no, que las matemáticas pueden salir airosas de estas dudas. Si los sentidos no son fiables, en cambio sí que pueden merecer nuestra confianza enunciados tales como 2 + 3 = 5. Aun pudiendo ser imaginarias estas cosas generales (ojos, cabezas, manos y otras semejantes) es preciso confesar, de todos modos, que hay cosas aún más simples y universales realmente existentes, por cuya mezcla (ni más ni menos que por la de algunos colores verdaderos) se forman todas las imágenes de las cosas que residen en nuestro pensamiento, ya sean verdaderas y reales, ya fingidas y fantásticas.