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miércoles, 27 de mayo de 2026

Goya, la escisión entre arte público y arte privado

Escribe Tzvetan Todorov en su libro Goya. A la sombra de las Luces que “el acontecimiento decisivo en la evolución de Goya es su decisión de dividir en dos su creación, de aceptar la escisión entre arte público y arte privado, un desdoblamiento totalmente inédito antes de él. En uno de sus caminos sigue pintando según el canon que admite la sociedad de su tiempo y ganando dinero gracias a sus obras; en el otro, sigue investigando sin preocuparse lo más mínimo de la opinión pública. La razón inicial de esta división es su enfermedad de 1792, y la consiguiente sordera, pero esta concatenación en absoluto era previsible. Otra persona, otro pintor habría podido reaccionar de forma totalmente diferente. La enfermedad empuja a Goya a no preocuparse sólo de los encargos que le hace la sociedad, sino a expresar, en los años que le quedan de vida, sus sensaciones, sus visiones y sus emociones, a actuar bajo la presión no de las circunstancias externas, sino de las necesidades internas. Con el paso de los años se añadirán otras razones. Durante la guerra de la Independencia y los años de la Restauración, los gustos y las opiniones de Goya son demasiado diferentes de los que acepta el poder, de modo que su desdoblamiento le permite refugiarse en una especie de exilio interior. Después, en la última década de su vida, y a consecuencia de otra enfermedad, que refuerza su decisión de dedicarse sólo a lo esencial, se sumerge en el mundo de sus fantasmas hasta tal punto que le parece inútil mostrar a sus contemporáneos en general el resultado de sus incursiones. Así adquiere forma una obra única en la historia de la pintura, en el sentido de que obedece sólo a las exigencias del pintor, sin el menor compromiso con el gusto común. Progresivamente, una parte cada vez más importante de la obra de Goya se aleja de la valoración pública. Primero los dibujos (que hace en grandes cantidades y reúne en álbumes), después los grabados, y por último las pinturas.”
Dado que para Goya la pintura es fundamentalmente crear imágenes fieles al mundo (“significar cuanto Dios ha creado”, “conseguir la imitación de la verdad”), podemos decir que se trata de una reflexión sobre el conocimiento y a la vez sobre la representación. En este caso su aportación tiene su origen en el espíritu de la Ilustración, esa corriente de ideas que altera radicalmente la antigua jerarquía de valores, ya que prioriza la libertad individual y el juicio racional en detrimento del respeto a las tradiciones. Los hombres dejan de someterse a la sabiduría ancestral, a las normas y convenciones de la sociedad en la que han nacido, y deciden recurrir a su espíritu crítico, enfrentarse a las instituciones y huir del conformismo. Hemos entrado en la “época de los individuos”, como decía Benjamín Constant a principios del siglo XIX. Las consecuencias de este desplazamiento son incalculables, y afectan tanto a la estructura política de los Estados como al quehacer artístico. Para los europeos del siglo XXI, la oposición a las jerarquías, el derecho a la igualdad, y la libertad respecto de los cánones establecidos se han convertido en evidentes, de modo que olvidamos lo que suponían en la época de Goya, cuando sólo podían surgir de un grito de rebeldía.

martes, 15 de abril de 2025

Alucinaciones

No vemos con los ojos, sino con el cerebro; de ahí que muchas veces veamos cosas que no están delante de nosotros, cosas que a veces llamamos apariciones, fantasmas o visiones, conceptos, todos ellos, que obedecen al término genérico de alucinaciones. Pero las alucinaciones no son sólo visuales. Como explica Oliver Sacks en su libro Alucinaciones, las alucinaciones también pueden ser olfativas o auditivas. Cuántas veces hemos oído que alguien nos llamaba y al volvernos no había nadie; o hemos experimentado un olor cuya presencia es físicamente imposible; o hemos creído que alguien nos seguía; o hemos visto algo que la razón nos dice que no pertenece a nuestro mundo.
Las alucinaciones no son fenómenos negativos sino positivos, y constituyen, de hecho, una de las mejores ventanas que poseemos para asomarnos a la complejidad de los circuitos cerebrales y a la forma en que éstos nos muestran la realidad o, a veces, crean la suya propia.

jueves, 9 de diciembre de 2021

El padre de la mentira

El diablo no ha creado un segundo mundo, sino que opera como un parásito sobre el que ha creado Dios. Se trata del mismo mundo, pero hechizado, y el es el príncipe de este mundo imaginario, porque solo existe a través de nuestros ojos, convicciones y pasiones. Por esta razón las cosas a las que estamos encadenados son irreales, pero las cadenas que nos atan a ellas son muy reales, dice el escritor rumano Nicolae Steinhardt.

Y añade Steinhardt que el diablo solo nos puede ofrecer lo que posee, es decir la ilusión. Mientras nuestra relación con esta ilusión o con este fantasma esté fundada en nuestro acto de adhesión, él mantiene su palabra, da lo que ha prometido. Pero en el momento de la muerte, o de un estremecedor arrepentimiento, o de cualquier otra ocasión de balance, cuando nos vuelven a llamar a la realidad, está claro que el trato “se liquida” y se comprueba que la aportación diabólica es meramente ilusoria, un simple reflejo en el espejo….. El padre de la mentira solo tiene poder sobre la imagen desviada, sobre el error y la esencia corrupta. Es el principio del terror, porque es terrible ver que, de hecho, estas encerrado y contratado (contratado quiere también decir reclutado y a sueldo como un criado) en una inmensa construcción quebradiza, errónea, que ha de derrumbarse necesariamente como un castillo de naipes.

domingo, 24 de octubre de 2021

En ausencia de Dios reinan los fantasmas


Novalis afirmó que en ausencia de Dios reinan los fantasmas. En ninguna época de la historia humana, escribe el autor colombiano William Ospina, hubo tal vez tantos fantasmas como en esta sociedad industrial empapelada de iconos, cuyas multitudes pasan los días oyendo voces de vivos y de muertos que son en realidad surcos de acetato y bandas magnetofónicas, deseando seres vivos y muertos que son en realidad mancha de tinta incapaces de satisfacer los deseos que suscitan, viendo vivir a seres vivos y muertos que son en realidad rayos de luz. Lo peor es que cada vez nos miramos menos los unos a los otros porque esos cubos de cristal vertiginosos de imágenes son más interesantes y a la vez no exigen de nosotros más que docilidad y pasividad.


domingo, 17 de marzo de 2019

La brujería goza de buena salud.

Un fenómeno es lo que se manifiesta ante la vista y, por tanto, propone ser vivido. En este caso, el retorno de la fantasía, de lo fantástico, del fantasma y otras frivolidades de la misma índole. Por mucho que frunzamos el ceño con mohín de disgusto, los libros, películas y productos derivados nos dicen que la brujería goza de buena salud.


El fenómeno Harry Potter está ahí, de un modo indiscutible, y prueba, en una perspectiva temporal amplia, un importante cambio en el espíritu de la época. Las cifras también hablan por sí mismas. Los trescientos millones de ejemplares vendidos, en distintas lenguas, por todo el mundo, han hecho de la escritora J. K. Rowling la primera fortuna de Inglaterra.

miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Shakespeare murió papista?

Retrato y firma de Shakespeare

En el comentario muy breve de finales del siglo XVII acerca del fallecimiento de Shakespeare: “Murió papista”. Este comentario, escrito por un capellán del Corpus Christi College de Oxford llamado Richard Davies, resulta intrigante.

La invitación del fantasma en la que se fija el Hamlet de Shakespeare no es su vibrante llamamiento a la acción, sino algo muy distinto: “Adiós, Hamlet, adiós; acuérdate de mí”. “¿Que me acuerde de ti?”, repite Hamlet echándose las manos a la cabeza. sí, pobre espectro, mientras tenga asiento en este mundo desquiciado la memoria. ¿Que me acuerde de ti?. A primera vista, como da a entender el tono de incredulidad de Hamlet, la petición es absurda: no cabe imaginar que el hijo olvide el regreso de la tumba de su padre. Pero en realidad Hamlet no se precipita a llevar a cabo su venganza, y resulta que acordarse de su padre (acordarse de él como es debido, acordarse de él sin más) es más difícil en realidad de lo que cabría imaginar. Algo interfiere con la ejecución directa del plan, una interferencia cuyo símbolo es la locura fingida que no encaja con la trama de la obra. Y resulta que esa interferencia procede de las mismas fuentes que tal vez indujeran al padre de Shakespeare a firmar el “testamento espiritual” católico, con su desesperada súplica a familiares y amigos: Acordaos de mí. “Yo soy el espectro de tu padre”, dice el fantasma a su hijo: "Condenado durante cierto tiempo a vagar en la noche, y en el día confinado a ayunar entre las llamas mientras son consumidos y purgados los crímenes soeces que llenaron mis días naturales. Si no estuviera para mí vedado revelar los secretos de mi cárcel, podría hacerte tal relato que la menor de sus palabras llenaría de horror tu alma". 
Hamlet
Shakespeare tenía que ir con cuidado, las obras de teatro eran censuradas y no habría sido permisible hacer referencia al purgatorio como si fuera un lugar que realmente existiera. Por lo tanto, el comentario que hace el espectro acerca de que tiene prohibido “revelar los secretos de mi cárcel” es de una maliciosa literalidad. Pero prácticamente todo el público de Shakespeare habría entendido cuál era esa cárcel, localización a la que el propio Hamlet alude cuando unos instantes más tarde jura “por san Patricio” (1.5.140), el santo patrono del purgatorio. El espectro ha corrido la suerte que tanto temían los católicos piadosos. Ha sido arrancado de una forma repentina de este mundo, sin tiempo para prepararse ritualmente para su fin. “Segado en plena flor de mis pecados”, dice a su hijo, y a continuación añade en uno de los versos más extraños de la obra: “Impreparado, sin extremaunción, sin viático”. “Sin viático”: no recibió la última comunión administrada a los agonizantes; “impreparado”: no tuvo tiempo de realizar la confesión o preparación definitiva en su lecho de muerte; “sin extremaunción”: no recibió la bendición última o unción de su cuerpo con los santos óleos. Se fue al otro mundo sin haber llevado a cabo cualquier tipo de penitencia preparatoria y ahora está pagando por ello: “¡Ay, horrible, ay, horrible; más que horrible!”. ¿Qué significa que un espectro o ánima del purgatorio entre violentamente en el mundo de Hamlet pidiendo que se acuerden de él? Dejando a un lado incluso por un momento el hecho de que el purgatorio, según la Iglesia protestante, no existe, las alusiones que se hacen a él aquí constituyen todo un enigma, escribe Stephen Greenblatt.