La hipocresía del feminismo contemporáneo es flagrante. Se rasgan las vestiduras defendiendo el derecho de las mujeres musulmanas a llevar el velo en España, pero guardan un silencio cómplice frente a los regímenes islámicos donde el velo no es una opción, sino una imposición bajo amenaza de castigo. El objetivo real de estas feministas no es la mujer, sino la destrucción de la tradición cristiana, la única que ha garantizado en la historia la verdadera igualdad y dignidad de la mujer. No buscan la defensa de la mujer, sino la imposición de una ideología que promueve el odio a los valores cristianos. Se han convertido en las aliadas de una cosmovisión que esclaviza a la mujer en lugar de liberarla.
En Occidente las mujeres tienen la libertad de elegir gracias a la tradición cristiana que, durante siglos, ha construido los cimientos de una sociedad que defiende la dignidad humana. Frente a esto, el islam, carente de un magisterio sólido y uniforme, es susceptible a interpretaciones extremas que muchas veces han llevado a la opresión de la mujer. Mientras que la Iglesia Católica ha sostenido la dignidad de la mujer con un corpus doctrinal firme y claro, el islam se desenvuelve en un mar de subjetividades que, en múltiples ocasiones, han desembocado en normas y costumbres profundamente injustas y discriminatorias.
En Occidente las mujeres tienen la libertad de elegir gracias a la tradición cristiana que, durante siglos, ha construido los cimientos de una sociedad que defiende la dignidad humana. Frente a esto, el islam, carente de un magisterio sólido y uniforme, es susceptible a interpretaciones extremas que muchas veces han llevado a la opresión de la mujer. Mientras que la Iglesia Católica ha sostenido la dignidad de la mujer con un corpus doctrinal firme y claro, el islam se desenvuelve en un mar de subjetividades que, en múltiples ocasiones, han desembocado en normas y costumbres profundamente injustas y discriminatorias.






