Si la imagen dominante de Estados Unidos en la década de 1950 había sido el idilio de tranquilidad suburbana unida para resistir a la amenaza roja, en los sesenta los jóvenes y los viejos, los blancos y los negros se gritaban insultos unos a otros.
En los cien años anteriores, madres y abuelas eran primordialmente las responsables de inculcar los valores religiosos a sus hijos.En los sesenta se rompió el ciclo, en el sentido que los padres religiosos solo tienen una posibilidad del cincuenta por ciento de reproducir sus creencias entre sus hijos, mientras que los padres no creyentes consiguen transmitir su propia incredulidad. Durante la década de 1960, una cultura instintivamente juvenil, alimentada por una prosperidad, llevó a que la religión tradicional perdiese el puesto principal para su transmisión a través de generaciones. Según el historiador Calum Brown las revistas para mujeres que celebraban una gama tradicional de virtudes femeninas domésticas quedaron barridas por productos Jackie, en la que “los relatos se centraban en las palabras tú, amor y felicidad”.El contenido Jackie parece inocente de la posición de hoy, en que revistas dirigidas a adolescentes hablan de cuestiones reservadas hasta hace poco a adultos. En esta nueva gama de revistas desaparecían las alusiones a la religión.
En la década de 1960 se abandonaron liturgias seculares en favor de oficios religiosos de “palmoteo fácil”, aunque pocos se aventuraron tan lejos como los colegiales católicos cuyas payasadas en la capilla noveló David Lodge. Durante esos años los cristianos fueron importantes para el éxito de muchas de las nuevas organizaciones benéficas como Amnistía Internacional, Oxfam, Samaritans, Cáritas, cuya tarea en pro de los afligidos, moribundos y desamparados ha sido una manifestación impresionante de caridad cristiana.
El marxismo creó desolación en todos los lugares en que se ensayó, sobre todo en Africa, donde las fuerzas de liberación de Angola, Etiopía y Mozambique presidieron decenios de guerra civil cuyas víctimas directas y colaterales empequeñecieron a las de Sudáfrica.
En Inglaterra, la llegada de muchos emigrantes, que eran sijs, hinduistas y musulmanes, dio un oportuno impulso al número de creyentes religiosos en una sociedad secularizada. La necesidad de reconocer su credo asestó un último golpe a la Constitución exclusivamente cristiana de Inglaterra. Lo que parecía una prometedora celebración de la diferencia ha resultado ser sumamente disgregador.
El periodo final del los años sesenta preparó en gran parte el terreno para lo que han venido a llamarse los credos de la Nueva era, que fusionaron trocitos de misticismo oriental, astrología y ocultismo, ecología y psicoterapia, y cuyas eclécticas filosofías adornan hoy paredes enteras de las librerías.
La década de 1960 estará asociada siempre a la cultura pop y una cultura estudiantil que agitaba pancartas con Marx, Lenin y Mao. La primara tuvo eco en los jóvenes del otro lado del telón de Acero, en sociedades donde escuchar música rock era un delito de subversión. Sin embargo, Marx, Lenin y Mao no tenían ningún poder de compra allí, pues los dos primeros eran los filósofos del orden establecido comunista dominante. Por eso Europa oriental y la Unión Soviética eran una molesta carga para los estudiantes estudiantiles occidentales.
En Inglaterra, la llegada de muchos emigrantes, que eran sijs, hinduistas y musulmanes, dio un oportuno impulso al número de creyentes religiosos en una sociedad secularizada. La necesidad de reconocer su credo asestó un último golpe a la Constitución exclusivamente cristiana de Inglaterra. Lo que parecía una prometedora celebración de la diferencia ha resultado ser sumamente disgregador.
El periodo final del los años sesenta preparó en gran parte el terreno para lo que han venido a llamarse los credos de la Nueva era, que fusionaron trocitos de misticismo oriental, astrología y ocultismo, ecología y psicoterapia, y cuyas eclécticas filosofías adornan hoy paredes enteras de las librerías.
La década de 1960 estará asociada siempre a la cultura pop y una cultura estudiantil que agitaba pancartas con Marx, Lenin y Mao. La primara tuvo eco en los jóvenes del otro lado del telón de Acero, en sociedades donde escuchar música rock era un delito de subversión. Sin embargo, Marx, Lenin y Mao no tenían ningún poder de compra allí, pues los dos primeros eran los filósofos del orden establecido comunista dominante. Por eso Europa oriental y la Unión Soviética eran una molesta carga para los estudiantes estudiantiles occidentales.
La Iglesia Católica estaba en crisis. Las vocaciones religiosas cayeron a plomo. En 1963, habían optado por la vida secular 167 sacerdotes; en 1965 fueron 1.189 y cuatro años después se legaría a la cifra de 3.700. Los jesuitas perdieron un tercio de sus miembros en diez años.En el Pais Vasco y Cataluña muchos sacerdotes hicieron causa común con los autonomistas locales, incluida la organización marxista terrorista ETA. Para las mentes de muchos teólogos de la década de los 60 los Evangelios no eran lo suficientemente sexis si no estaban sazonados con un denso batido de marxismo.
Referencia: Causas sagradas, religión y política en Europa de Michael Burleigh.


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