Olivier Bonnassies escribe que “el ADN es un lenguaje que nació hace 3.800 millones de años. Las leyes del universo han permitido que surja un lenguaje extremadamente tecnológico. Y este lenguaje del ADN contiene miles de millones de veces más densidad de información que lo más denso que el hombre haya hecho en circuitos integrados a lo largo del siglo XXI. En consecuencia, se trata de un prodigio tecnológico que despliega por sí mismo las leyes del universo para crear este lenguaje, el lenguaje que codifica todo lo que está vivo. Asimismo, para formar una célula no basta con disponer de este extraordinario lenguaje, sino que, además, debe haber al menos doscientos tipos diferentes de proteínas, tiene que haber enzimas, ribosomas, membrana. Es extremadamente complejo. Hasta ahora pensábamos que el paso de lo inerte a lo vivo resultaba muy sencillo. Pero nos estamos dando cuenta de que es un abismo inmenso. Y para cruzar este inmenso abismo hacen falta ajustes, mucho más finos en biología que en física. ¿Cómo es que el universo creó por sí solo el lenguaje del ADN? Esta es una gran pregunta. ¿Todo cuanto se necesita para la vida ya estaba inscrito en las leyes del universo desde el Big Bang? Estamos seguros de que la noción de casualidad, para explicar el universo y la aparición de la vida, hoy ya no se sostiene.” Michel-Yves Bolloré complementa esta afirmación manifestando que “en 1850, Darwin explicó que la vida apareció en una pequeña sopa primitiva, una charca de agua caliente al pie de un volcán donde había muchos productos químicos, minerales, vapor de agua, relámpagos, viento y lluvia. Todo el mundo creyó, durante mucho tiempo, que así había surgido la vida. Entre la década de 1950 y la de 1960 hubo una decena de laboratorios en Estados Unidos que trabajaron sobre estas "sopas primitivas". Se realizaron experimentos muy famosos, como el célebre del profesor Miller. Pero después de la década de 1960 hemos comenzado a descubrir la complejidad del ADN, y los científicos dejaron de trabajar en sopas primitivas. Porque entendieron que, por mucho que removieran esa sopa, no obtendrían ADN y células. La probabilidad de encontrar una célula viva, en una "sopa primitiva", es la misma que la de encontrar un Phone guisando una sopa de pescado.
“Sólo el átomo de carbono, dice Olivier Bonnassies, puede permitir la vida, porque es complejo, único en sus enlaces y porque permite cadenas largas como el ADN. Esa es prácticamente la única posibilidad de crear vida en todo el universo. Y cuando aparece una molécula de ADN, es mucho más compleja en comparación con los átomos de carbono que se generaron en las estrellas, y que todos los elementos de la tabla periódica de Mendeléyev. Al comienzo del Big Bang, sólo había energía, luego aparecen los núcleos de los átomos, después las estrellas, luego todos los átomos complejos, y al final la Tierra y los materiales que hacen posible la vida. Parece el desarrollo de un programa.”







