¿Cuál es la mejor forma de gobierno?, se pregunta Balmes, para responder: “Parécenos que la respuesta debiera ser otra pregunta: ¿De qué pueblo se trata?”. La mejor forma de gobierno es aquella que mejor se ajusta a la historia y al carácter de cada pueblo en concreto; por lo que no hay una fórmula universal válida para todos los pueblos y todos los tiempos. Pensar en formas de gobierno es pensar en la tradición de cada pueblo, en su particular forma de ser y aprender de lo que enseña su “antigua constitución” o “constitución interna”, según la fórmula empleada por Cánovas del Castillo.
Las formas de gobierno están para la preservación de un pueblo y no al contrario, bien podría suceder que la salus populi, que es siempre suprema lex, exija en una determinada circunstancia un cambio de régimen y abandonar, no sin dolor, la forma vigente hasta ese momento; pues la prudencia de lo concreto siempre prevalece sobre lo idealmente deseable en abstracto.
Toda forma de gobierno no deja de ser un medio al servicio de unos intereses y fines que van más allá de dicha forma. Balmes señala que no hay que adoptar como un absoluto este o aquel sistema, “sino apelar a los grandes principios conservadores de la sociedad, a aquellos principios que no son exclusivamente de ninguna escuela, que no son nuevos, sino antiguos como el mundo, existentes desde toda la eternidad en el tipo de toda perfección, comunicados a las sociedades como un soplo de vida… Razón, justicia, buena fe”. La estima por la democracia estará condicionada por la calidad de sus fundamentos y fines, es decir, por si es acorde con la ley natural y las costumbres del país con vistas al bien común.
Toda forma de gobierno no deja de ser un medio al servicio de unos intereses y fines que van más allá de dicha forma. Balmes señala que no hay que adoptar como un absoluto este o aquel sistema, “sino apelar a los grandes principios conservadores de la sociedad, a aquellos principios que no son exclusivamente de ninguna escuela, que no son nuevos, sino antiguos como el mundo, existentes desde toda la eternidad en el tipo de toda perfección, comunicados a las sociedades como un soplo de vida… Razón, justicia, buena fe”. La estima por la democracia estará condicionada por la calidad de sus fundamentos y fines, es decir, por si es acorde con la ley natural y las costumbres del país con vistas al bien común.
Referencia: Sobre las formas de gobierno, autor:Elio A. Gallego García , profesor de Teoría y Filosofía del Derecho






