Según el informe publicado por el Observatorio para la Libertad Religiosa en África (ORFA), expone el enorme coste humano de la crisis de seguridad de Nigeria en los últimos seis años, revelando que más de 79.000 personas han sido asesinadas y cerca de 35.000 secuestradas en una ola de violencia etno-religiosa orquestada en gran medida por grupos militantes fulani. Basándose en investigación localizada y en los datos de conflictos del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED) entre octubre de 2019 y septiembre de 2025, el informe dibuja un cuadro de terror sistemático que el Estado no ha logrado contener. En una sección titulada Cuatro veces Boko Haram: cómo el mundo malinterpreta la violencia de Nigeria”, el informe revela que “79.323 personas fueron asesinadas en Nigeria entre 2020 y 2025, una media de siete ataques por día. Más de 42.000 eran civiles inocentes”.
El informe identifica como principal motor de esta matanza al grupo nómada y predominantemente musulmán de la Milicia Étnica Fulani (FEM), desafiando así la idea largamente sostenida de que los asesinatos en Nigeria son cometidos mayoritariamente por Boko Haram. “Boko Haram y el Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (los grupos terroristas más señalados por la violencia) cometieron juntos el 12 % de los asesinatos de civiles. Boko Haram el 8 % e ISWAP el 4 %”. La milicia étnica fulani y sus filiales fueron responsables del 44 % de todas las muertes de civiles y del 53 % de todos los asesinatos de civiles cristianos. “El terrorismo religioso de Boko Haram y similares ha sido gradualmente “superado” por el terrorismo etno-religioso de la FEM”, señala el documento.
En el norte de Nigeria, un movimiento de clérigos adoctrinados en Arabia Saudita, llamado Izala, había estado difundiendo una interpretación extremista del islam y ganando poder. Para el año 2000, doce estados del norte de Nigeria habían impuesto la ley sharía, pese a que la constitución nigeriana prohíbe una religión de Estado. El movimiento Izala, combinado con la supremacía étnica fulani, capturó al establishment político en el norte. Ello condujo a la formación de un grupo terrorista etno-religioso llamado Milicia Étnica Fulani, que comenzó a sembrar el terror sobre los civiles musulmanes no fulani y los civiles cristianos por igual, cita el informe.
El setenta y cinco por ciento de las víctimas civiles fueron asesinadas durante ataques directos contra sus comunidades. Para los agricultores cristianos de la zona geopolítica del Centro-Norte, los meses más letales fueron sistemáticamente el corazón de la temporada agrícola, en abril y mayo. Durante esa ventana agrícola crítica, las fuerzas de seguridad estuvieron notoriamente ausentes, señala el informe, que sugiere que el ejército concentró sus operaciones en el Noroeste y el Noreste para combatir a Boko Haram, dejando muy vulnerable la zona del Centro-Norte. “Las fuerzas gubernamentales en gran medida no intervinieron, centrando sus esfuerzos en otros lugares mientras estos ataques continuaban sin oposición”, afirman los investigadores.






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