martes, 17 de febrero de 2026

Cuando nos posicionamos contra nuestros padres nos convertimos en portavoces de un mundo peor

Hace más de sesenta años, Adorno describió esta inesperada actitud en el segundo aforismo de Mínima moralia: En la sociedad hostil, incluso las relaciones entre generaciones son unas relaciones competitivas tras las cuales se esconde una violencia simple y llana. Pero hoy estamos empezando a retroceder, involucionando hacia un escenario que, más que conocer el complejo de Edipo, lo que conoce es el parricidio. La eliminación de la gente muy anciana es uno de los delitos simbólicos del nazismo. Y estamos obligados a tener en cuenta, con terror, que cuando muy a menudo nos posicionamos contra nuestros padres en tanto que son representantes del mundo, nos convertimos, sin saberlo, en portavoces de un mundo aún peor.

Referencia: Sobre la educación en un mundo líquido (Zygmunt Bauman, amp y  Riccardo Mazzeo)

Eros y ágape

Eros y ágape, que a menudo se han radicalizado y opuesto entre sí (como amor de deseo y amor de benevolencia, amor ascendente y amor descendente, amor posesivo y amor oblativo, amor a uno mismo y amor al otro, etc.) se integran elevándose y purificándose.  Benedicto XVI escribe en Deus caritas esta que “en realidad, eros y agapé (amor ascendente y amor descendente) nunca llegan a separarse completamente. Cuanto más encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente (fascinación por la gran promesa de felicidad), al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos cuestiones sobre sí misma, para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará “ser para” el otro. Así, el momento del agapé se inserta en el eros inicial; de otro modo, se desvirtúa y pierde también su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don”.

lunes, 16 de febrero de 2026

Ser un mal hombre es una tragedia


Escribe J. R. Moehringer en su novela El bar de las grandes esperanzas : “creían que ser un buen hombre es un arte, y que ser un mal hombre es una tragedia, tanto para el mundo como para quienes dependen de ese trágico hombre en cuestión”.


El amor abre el espíritu al mundo en su plenitud de valor

El amor no es ningún “mérito”, sino sencillamente una “gracia”. No solamente gracia, sino también encanto. Para el amante, el amor hechiza el mundo, lo transfigura, lo dota de un valor adicional. El amor aumenta y afina en quien ama la resonancia humana para la plenitud de los valores. Abre el espíritu al mundo en su plenitud de valor, a la “totalidad de los valores”. De este modo, debido a su entrega al tú, el yo, el amante, adquiere una riqueza interior que trasciende del tú, del ser amado. El cosmos entero gana, para él, en extensión y en profundidad de valor, resplandece bajo la luz brillante de aquellos valores que sólo el enamorado acierta a ver, pues el amor no hace al hombre ciego, como a veces se piensa, sino que, por el contrario, le abre los ojos y le aguza la mirada para percibir los valores.
El amor (en el exacto sentido de la palabra) es la más alta forma posible de lo erótico (en el sentido más amplio del término), como la más profunda penetración posible en la textura personal de la otra parte, la vinculación con algo espiritual. La relación directa con lo espiritual en la otra parte constituye, por tanto, la más alta forma posible de emparejamiento. Quien ama en este sentido no se ve tampoco excitado en su propia corporalidad, ni conmovido en su propia emotividad, sino afectado en lo más hondo de su espíritu por el portador espiritual de lo que en el ser amado hay de corpóreo y de emocional, por su meollo personal. El amor es, por tanto, la orientación directa hacia la persona espiritual del ser amado, en cuanto algo único e irrepetible (rasgos que hacen de ella una persona espiritual)…….No ve un “tipo” de cuerpo capaz de excitarle, ni tampoco un tipo de alma capaz de conmoverle, sino que ve al mismo ser humano, a la persona misma a quien ama como un ser incomparable e insustituible.
En su amor, quien verdaderamente lo siente, no “tiene en mientes” (mentar, intendere) jamás esas o las otras cualidades psíquicas o físicas que puedan darse “en” la persona amada, este o aquel modo de ser que la persona “tenga”, sino lo que el ser amado “es” como algo único en el mundo. Por serlo, precisamente, no es nunca ni en modo alguno sustituible por ninguna especie de “doble”.

Referencia: Psicoanálisis y existencialismo (Viktor Frankl)

domingo, 15 de febrero de 2026

Como si la Justicia pudiera quitarse la venda de los ojos

Cándido Conde-Pumpido, presidente del Tribunal Constitucional de España actúa con frecuencia como si estuviera entre las funciones de esa alta instancia juzgar los efectos de sus fallos y hacer pronósticos políticos. Como si la Justicia pudiera quitarse con alegre impunidad la venda de los ojos con la que se la simboliza para mirar a quién juzga y calcular las consecuencias sociales de sus decisiones táctica y estratégicamente.

Dios creó a hombres y mujeres con libre albedrío

Desde que Dios creó a hombres y mujeres con libre albedrío, que incluye la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, el sufrimiento no se debe a una incapacidad o injusticia por parte de Dios. Es culpa de los individuos que hacen un mal uso de su libertad y provocan sus propias penalidades. Habiéndole dado a la humanidad libertad de elección, no hay motivos para culpar a Dios por las consecuencias de esa libertad. 
Dios no puede crear algo independiente y mantener el control completo sobre ello o limitarlo. Por ejemplo, no podemos disponer de un agua que sacie nuestra sed pero que no ahogue a la gente. Es imposible tener un fuego que caliente nuestros hogares pero que no abrase nuestra piel. Tampoco es posible para Dios crear mentes que sean libres y que no tengan la posibilidad del mal. Esto no es lo mismo que decir que la creación requiera el mal, sino que lo que afirmamos es la idea de que es absurdo esperar de Dios que haga unas criaturas que carezcan de las características y las posibilidades de ambos, el bien y el mal. 
Cuando una madre pierde a un hijo por una penosa enfermedad y se le permite pensar que Dios quiso que el niño sufriese. La única razón por la cual podemos tener una idea tal es la noción errónea de que Dios no sólo es el principio creativo fundamental de todas las cosas, sino que también es la única e inmediata causa de todo lo que tiene lugar en el mundo.


Referencia: El existencialista hastiado (Howard Mumma)

El acuerdo UE-Mercosur

En España, los sectores más sensibles al acuerdo (vacuno, azúcar o la producción de biocombustibles asociada a cereales o residuos agrícolas) tienen un peso limitado en su estructura productiva y carecen de una ventaja competitiva clara a escala global. En cambio, España es una potencia agroalimentaria en aquellos segmentos que el acuerdo beneficia de forma directa como son el aceite de oliva, el vino, el porcino, los productos transformados y algunas otras especialidades de alto valor añadido.
El acuerdo elimina progresivamente aranceles que hoy penalizan severamente estas exportaciones. Concretamente, en la actualidad, un 10% en el aceite de oliva, hasta un 35% en vinos y bebidas alcohólicas, un 20% en chocolates y otros transformados. En mercados como Brasil o Argentina, donde existe una clase media urbana creciente y una demanda cada vez mayor de productos europeos, estos aranceles no son un detalle técnico, sino la diferencia entre competir o no. Específicamente, para el vino o el cava que están pasando una crisis de demanda en la UE, el acuerdo con Mercosur es la oportunidad (en singular) de aumentar y diversificar clientes, más aún viendo la evolución de los flujos de comercio con Estados Unidos.
El problema estructural del agroalimentario español no es la capacidad de producción, sino la dificultad para capturar valor. Algunos productos tienen severos problemas de organización de mercado interno, lo cual facilita que entren producciones de países extracomunitarios que no cumplen con los mismos estándares europeos, con los que no hay ningún acuerdo comercial reglado vigente y que provocan según la época del año bajadas en los precios en origen hasta el punto de que los empresarios agrícolas dejen la cosecha sin recoger por ir a pérdidas. Durante décadas, buena parte de los productos agro ha competido en precio, no en diferenciación. El acuerdo UE–Mercosur empuja exactamente en la dirección contraria porque incentiva al productor que exporta calidad, origen y transformación. La protección de más de 350 denominaciones de origen e indicaciones geográficas europeas en los países de Mercosur es uno de los grandes activos del tratado y, paradójicamente, uno de los menos mencionados en el debate público. Para un país como España, cuyo modelo competitivo se apoya crecientemente en figuras de calidad, esta protección es fundamental. 
Buena parte del malestar del sector agrario tiene poco que ver con Mercosur y mucho con decisiones internas de la UE. El desarrollo del Pacto Verde europeo ha elevado costes, reducido márgenes y aumentado la sensación de asfixia regulatoria, sin un acompañamiento financiero suficiente. Bloquear Mercosur no aliviaría las tensiones que sufren los agricultores europeos; simplemente les privaría de nuevas oportunidades de mercado. Para Europa, y para España en particular, reforzar alianzas con regiones afines, diversificar mercados y reducir dependencias no es una opción ideológica, sino una necesidad económica. 
Referencia: Javier Santacruz. The Objetive