
El gusto de John Ronald Reuel Tolkien por la cerveza es conocido, como relatan sus biógrafos. Y hay un elemento del gusto por la cerveza en la vida de Tolkien que se traspasa a su obra. Tolkien no bebía solo, sino junto a sus amigos. No se le conoce por haber tenido “problemas con la bebida” o desarrollar problemas de alcoholismo. De hecho, en un borrador de una carta a su amigo Lewis, sobre el comentario de este relativo a los tipos de matrimonios (el religioso, que ata para toda la vida, y el civil, que no tiene dicha exigencia), señala que la “temperancia alcohólica es la mejor manera de disfrutar el vino y la cerveza”.La cerveza se asocia a los momentos con los amigos, y por ende, a la sana alegría. Podríamos decir que, para Tolkien y su obra, la cerveza es símbolo de amistad y de gozo. De hecho, el daño asociado al exceso de la bebida se refleja muy bien en la “charlatanería” y la pérdida de la prudencia. En la escena de la taberna de Bree, cuando Pippin “delata” a Frodo luego de tomar unas cervezas de más, provoca la escena en que este se pone el anillo y desaparece, y el posterior ataque de los Espectros a la aldea.Como relata Humphrey Carpenter, primer y mejor biógrafo de Tolkien, cuando este se juntaba con el autor de Las Crónicas de Narnia, las discusiones entre ambos tenían lugar “cuando podían reunirse por una o dos horas a beber cerveza en el Eastgae, un pub cercano”. De hecho, la relación entre ambos en un principio fue de desconfianza, pero Lewis pronto “empezó a sentir sincero afecto por ese hombre de rostro alargado y mirada vivaz a quien le gustaban la buena conversación, la risa y la cerveza”. Y la Comunidad del Anillo, también abusando de la analogía, podría ser la representación de los Inklings, el famosillo grupo de amigos de Tolkien en el que se comentaba sobre literatura propia y ajena, o uno de sus antecesores, el Viking Club. En este último, también en palabras de Carpenter, la triada cerveza-amistad-alegría se hacía presente; E.V. Gordon compartía el sentido del humor de Tolkien. Ambos ayudaron a crear un Viking Club entre los estudiantes, que se reunían allí para beber grandes cantidades de cerveza, leer sagas y entonar canciones humorísticas. Éstas eran escritas en su mayoría por Tolkien y Gordon, quienes componían toscos poemas acerca de los estudiantes, traducían versos infantiles al anglosajón y cantaban canciones de bebedores en noruego antiguo.
Una carta de Tolkien a su hijo Christopher, fechada en septiembre de 1944, demuestra, algo exageradamente, que la celebración sin cerveza no le hace justicia a la victoria. Los Inklings han convenido ya en que el modo en que celebrarían la victoria, si quedan con vida para hacerlo, será ocupar una taberna en el campo por una semana cuando menos, dedicándola por entero a la cerveza y la conversación sin hacer caso alguno del reloj.