“Naturalmente, dice Aceti, el hijo o la persona con discapacidad tiene más necesidad e involucra más afectivamente toda mi persona; me pone ante la capacidad de brindar ayuda, asumir una responsabilidad y respeto hacia esta persona necesitada. Parece absurdo, la discapacidad de los demás me hace más humano. Por supuesto, un niño discapacitado implica momentos difíciles y de preocupación, especialmente por la incertidumbre sobre su futuro. Desasosiego que mantienen vivo nuestro ser “padres” y nos hacen comprender lo esencial de la vida”.
“Un Estado que dedica sus energías a las personas “débiles” se convierte en un Estado digno y sucede un milagro, del cual los ciudadanos serán conscientes, porque atender a los débiles saca lo mejor del hombre, altruismo, la escucha, el coraje, la generosidad, la paciencia y la empatía hacia los más necesitados.”
“Un Estado que dedica sus energías a las personas “débiles” se convierte en un Estado digno y sucede un milagro, del cual los ciudadanos serán conscientes, porque atender a los débiles saca lo mejor del hombre, altruismo, la escucha, el coraje, la generosidad, la paciencia y la empatía hacia los más necesitados.”






