En España, si analizamos el conflicto catalán, debemos cuestionarnos sobre cuál es la dimensión de las mentiras establecidas y las manipulaciones legitimadas de los dos bandos en el conflicto y cuál es la construcción de la realidad en el doble eje independentismo/españolismo. ¿Cuáles son las verdades y cuáles las mentiras de ambos lados? Se ha comprobado que alrededor de los hechos acaecidos en Cataluña con motivo del referéndum de independencia del 1 de octubre de 2017 se fusionaron imágenes reales con imágenes falsas. Ésta es una práctica muy habitual en un mundo como el de hoy que no coloca significativas barreras para la manipulación de imágenes digitales. El resultado es que el usuario de redes, el espectador de televisión, no toma conciencia del engaño, desconoce que le están mintiendo. Existe una tendencia a creer en la verosimilitud de lo audiovisual por mostrarse como una testificación, una demostración de que algo de verdad está sucediendo. “Yo lo he visto”, afirma el engañado ciudadano cuando lo que realmente ha visto no es sino algo construido, elaborado artificialmente, un relato creado ad hoc para servir los intereses ideológicos de un sector u otro. Una mentira…. En la generación de esta falsedad, el miedo es una de las herramientas fundamentales. El miedo al diferente y la expulsión de lo distinto están presentes en muchos de los relatos de posverdad que tenemos en la actualidad, en diferentes contextos, distintos países y situaciones diversas. El recurso al miedo como factor emocional clave en la generación de posverdad en numerosos partidos políticos europeos. El miedo es especialmente efectivo en las redes, donde se combina con la familiaridad. Una relación de proximidad entre sujeto y origen de la información le otorga verosimilitud a los relatos. Cuando una información falsa compartida en las redes sociales procede de alguien que nos resulta cercano, su credibilidad aumenta de forma exponencial. En este contexto, entendemos la familiaridad como la proximidad que mantienen sujeto y fuente de información no necesariamente desde el punto de vista del parentesco, sino también desde su conexión ideológica o desde la pertenencia a un mismo grupo de afinidad. Que la fuente de una información falsa tenga algún tipo de conexión o relación de similitud con nosotros, o si pertenece a nuestro mismo grupo, hace que sintamos una relación de identificación con ella. A la vez, sentirnos identificados con la fuente de la información es también un poderoso motor de verosimilitud y de legitimación de la mentira, escriben David García-Marín y Roberto Aparici.

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