José Manuel Horcajo en su libro Al cruzar el puente escribe que no hay que confundir lástima con compasión.“La primera es una caricatura de la segunda. La compasión edifica, es positiva y sabe ayudar porque se implica con el otro y padece con él. La lástima es un sentimiento, de por sí, ciego, por el cual podemos hacer incluso cosas injustas, se puede matar a una persona terminal, por ejemplo. Es un sentimiento incapaz de construir una acción justa, como sí lo hace la compasión. Es un dato de nuestra sensibilidad a tener en cuenta, pero no puede decidir nuestras acciones. La lástima acompaña nuestra percepción de las realidades sufrientes, pero no podemos dejarnos guiar por su escasa luz porque no alcanza a ver el verdadero drama del otro, sino que solamente nos permite ver nuestra propia sensibilidad. La lástima habla más de nosotros mismos que del que sufre. No me permite llegar al otro en sí mismo, a su verdadera identidad, a su persona. Es una emoción que describe más nuestra escala de valores que la situación real de los demás."
