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viernes, 22 de mayo de 2026

Scott-Vincent Borba, cofundador de elf Cosmetics, será ordenado sacerdote católico

Scott-Vincent Borba
Scott-Vincent Borba, cofundador de elf Cosmetics, será ordenado sacerdote católico en su ciudad natal de Visalia, California, el 23 de mayo de 2026. La Diócesis de Fresno ordenará a este hombre de 52 años, años después de que dejara la industria de la belleza y donara la fortuna que amasó con la empresa.
Borba cofundó elf Cosmetics en 2004 junto con Alan y Joseph Shamah. La marca se convirtió en un referente en el sector de la belleza asequible y libre de crueldad animal, llegando a alcanzar los 100 millones de dólares en ventas en 2014. Pero Borba describió su vida anterior en Los Ángeles como espiritualmente vacía. “Era superficial y llevaba una vida perversa”, dijo Borba. “Me fui a Los Ángeles, me dejé absorber por el estilo de vida de Hollywood; casi llegué al punto de intentar vender mi alma por todas las riquezas del mundo, que no es lo que se supone que debemos ser… Vivía para mí mismo… Era el prototipo del lujo”. “Le pedí a nuestro Señor que me ayudara a ser el hombre que Él me creó para ser, y en ese instante, sentí una inmensa oleada de amor y misericordia que inundó mi vida. Fue una experiencia muy mística”, manifiesta Borba.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Avaricia

El papa Francisco define la avaricia como una "forma de apego que impide al ser humano la generosidad" y que no solo afecta a los "grandes patrimonios”.Se trata de un "vicio transversal" que, según el Papa, "no tiene nada que ver con el saldo de la cuenta corriente. Es una enfermedad del corazón, no de la cartera".Si bien "podemos ser señores de los bienes que poseemos, a menudo ocurre lo contrario, son ellos los que nos poseen”.
"Algunos hombres ricos no son libres, ni siquiera tienen tiempo para descansar, tienen  que mirar por encima del hombro porque la acumulación de bienes también exige su custodia. Están  siempre angustiados porque un patrimonio se construye con mucho sudor, pero puede desaparecer en un  momento. Olvidan la predicación evangélica, que no afirma que las riquezas sean en sí mismas un  pecado, pero sí ciertamente son una responsabilidad", subrayó el Papa. La avaricia se dirige también con frecuencia al "apego a las cosas pequeñas", conformándose como "un apego que quita la libertad" y que en ocasiones "puede desembocar en formas de acaparamiento compulsivo o acumulación patológica”.
El Papa Francisco recomienda para curar la avaricia un "método drástico pero eficaz" de los monjes para recuperarse de esta "enfermedad", y no es otro que "la meditación de la muerte". "Por mucho que una persona acumule bienes en este mundo, de una cosa estamos absolutamente seguros y es que no cabrán en el ataúd. Nosotros no podemos llevar con nosotros los bienes”. Se trata de una reflexión que,  además, hace intuir no solo "la locura" de la avaricia, sino también "su razón más recóndita", pues "es un tentativo de exorcizar el miedo de la muerte. Busca seguridades que en realidad se desmoronan en el mismo momento en el que las agarramos”.

domingo, 19 de agosto de 2018

Buscar la felicidad en triviales cosas mundanas es una equivocación.

Las riquezas, el poder y el honor no sirven de nada puesto que tal como llegan, se van. Nadie debería basar su felicidad en unos cimientos tan frágiles. La felicidad ha de provenir de algo más sólido, algo que no te puedan quitar. El filosofo romano Boecio   creía que seguiría viviendo después de la muerte, buscar la felicidad en triviales cosas mundanas era una equivocación. Al fin y al cabo, las perdería todas al morir. Entonces, ¿dónde puede Boecio encontrar la verdadera felicidad? La respuesta de la Filosofía es que la encontrará en Dios o la bondad (que en realidad son la misma cosa). Boecio era cristiano, pero esto no lo menciona en La consolación de la filosofía. El Dios que describe la Filosofía podría ser el de Platón, la pura Forma de la bondad. Lectores posteriores, sin embargo, reconocerían las enseñanzas cristianas acerca de la inutilidad del honor y las riquezas y la importancia de centrarse en satisfacer a Dios.

La Filosofía, la mujer de la celda de Boecio, tiene algunas respuestas. Sí disponemos de libre albedrío, dice ella. Eso no es una ilusión. Aunque Dios sepa lo que vamos a hacer, nuestras vidas no están predestinadas. O para decirlo de otro modo, el conocimiento de Dios de lo que vamos a hacer es distinto a la predestinación (esto es, la idea de que no tenemos elección acerca de lo que vamos a hacer). Todavía podemos elegir lo que vamos a hacer a continuación. El error es pensar en Dios como si fuera un ser humano y contemplara el desarrollo de los acontecimientos de un modo lineal. La Filosofía le explica a Boecio que Dios es atemporal; se encuentra fuera del tiempo. Esto significa que Dios tiene conocimiento de todo en un instante. Ve el pasado, el presente y el futuro a la vez. Los mortales vivimos un acontecimiento detrás de otro, pero no es así como Dios nos ve. La razón por la que éste puede conocer el futuro sin anular nuestro libre albedrío y convertirnos en una especie de máquinas preprogramadas sin poder alguno de decisión es que no nos observa en ningún momento temporal determinado. Lo ve todo de golpe y de un modo atemporal. Y no deberías olvidar, le dice la Filosofía a Boecio, que Dios juzga a los seres humanos por cómo se comportan y por las elecciones que toman, aunque sepa de antemano lo que van a hacer. Si Dios existe y la Filosofía tiene razón, sabe exactamente cuándo voy a terminar esta frase; sin embargo, todavía depende de mi libre albedrío terminar justo aquí.

martes, 7 de marzo de 2017

Aurea Mediocritas.

Aristoteles.
“¿Qué podemos hacer para incrementar nuestra posibilidad de eudaimonia?”. La respuesta de Aristóteles es: “desarrollar el carácter adecuado”. Has de sentir las emociones adecuadas en el momento justo y éstas te conducirán a un buen comportamiento. En parte, esto dependerá de cómo has sido educado, pues el mejor modo de desarrollar buenos hábitos es practicarlos desde temprana edad. Los buenos patrones de conducta son virtudes; los malos son vicios. Piensa en la virtud de la valentía en tiempos de guerra. Puede que un soldado tenga que arriesgar su vida para salvar a unos civiles del ataque de un ejército. A una persona temeraria no le preocuparía su propia seguridad y no vacilaría en involucrarse en una situación peligrosa, aunque no necesitase hacerlo. Sin embargo, eso no es valentía, sólo imprudencia a la hora de afrontar los riesgos. En el otro extremo, un soldado cobarde no podría vencer su miedo para actuar de un modo adecuado y se quedaría paralizado de terror cuando más se le necesitara. En esta situación, sin embargo, una persona verdaderamente valiente o audaz sentiría miedo, pero sería capaz de sobreponerse y hacer algo. Aristóteles creía que
Cuatro virtudes.
toda virtud se encontraba entre dos extremos. Aquí la valentía está a medio camino entre la temeridad y la cobardía. Esto se suele conocer como la doctrina aristotélica de la Aurea Mediocritas. El interés del planteamiento ético de Aristóteles no es únicamente histórico. Muchos filósofos modernos piensan que estaba en lo cierto acerca de la importancia de desarrollar las virtudes, y que su opinión sobre la felicidad era acertada e inspiradora. En vez de procurar incrementar nuestro placer en la vida, dicen, deberíamos intentar ser mejores personas y hacer lo correcto. Esto es lo que hace que la vida vaya bien.


Según Aristóteles, el fin o bien último que persigue el hombre es la eudemonía o sea, felicidad, entendida como plenitud de ser. El problema viene dado entonces en determinar qué se entenderá por felicidad, y es aquí, que la Etica a Nicómaco hace mención a cuatro tipos de vida y su consiguiente forma de encontrar la felicidad. Según Aristóteles, el hombre cree alcanzar la felicidad con riquezas; o con honores y fama; y otros creen obtenerla por placer. Concluye diciendo que no se alcanza la felicidad mediante ninguno de los cuatro caminos mencionados, sino mediante la práctica de la virtud. Hay que vivir la vida de acuerdo a nuestra razón y búsqueda de la verdad, actuando bien, es decir, vivir en la concepción teológica de la naturaleza humana.

el fin o bien último que persigue el hombre es la eudemonía o sea, felicidad, entendida como plenitud de ser. 

Hay que vivir la vida de acuerdo a nuestra razón y búsqueda de la verdad

viernes, 7 de octubre de 2016

Porque existen preocupaciones, sufrimientos,pobreza, la vida no se vuelve superficial y monótona.

Un amigo se quejaba contra la vida.Una vida llena de sufrimientos y preocupaciones, decía. Unas veces de desgracias provocadas por el propio hombre y otras arrastrados por la naturaleza. 


Mani Shankar Mukherjee(1933) es un escritor muy conocido en lengua bengalí. Sus novela de mayor éxito, que recomiendo personalmente, es Chowringhee.En ella Sankar,que es como generalmente se le conoce, escribe: “si no fuese por esos problemas que nos presenta la vida, la mitad de las alegrías de estar vivo se perderían. Precisamente porque existían las preocupaciones, los sufrimientos, la pobreza, la vida no se volvía superficial y monótona. Ninguno de nosotros está interesado en la historia de la felicidad en este mundo. Los grandes espíritus del mundo, a los que reverenciamos, se forjaron en medio del sufrimiento, ninguno de ellos fue educado en la comodidad ni fue esclavo de las riquezas”.
Russel Street in Chowringhee in Calcutta
Chowringhee Lane.Calcuta
En este mismo libro Shankar cuenta la siguiente historia:
—Entonces, señor, ¿se queda con algunos cestos? —le pregunté. Con una palmadita, llegó su respuesta: —Dame seis, pero no te olvides de mi parte. Vender seis cestos significaba una comisión de una rupia y media. Con el producto de la venta en la mano, le dije: —Esto es lo que saco cuando vendo seis cestos. Tome usted lo que le parezca justo. El hombre echó una calada a su cigarrillo y dijo: —De otro podría haber obtenido un treinta por ciento, pero, dado que eres bengalí, me daré por satisfecho con un veinticinco. A continuación, cogió la totalidad del importe y empezó a lamentarse por la falta de honestidad de los de nuestra raza. —Se ve que estás hecho todo un profesional, ya que afirmas que no sacas más de una rupia y media con la venta de seis cestos. ¿Crees que somos tontos? Yo estaba demasiado desconcertado como para contestar, así que me fui en silencio, perplejo otra vez ante las cosas de este extraño mundo. ¡Increíble! ¿Acaso no era el mismo mundo en el que una vez había descubierto la belleza, donde había conocido a tanta gente respetable, en el que creía que Dios habitaba en el hombre?

Los grandes espíritus del mundo se forjaron en medio del sufrimiento, ninguno de ellos fue educado en la comodidad ni fue esclavo de las riquezas

creía que Dios habitaba en el hombre

si no fuese por esos problemas que nos presenta la vida, la mitad de las alegrías de estar vivo se perderían