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miércoles, 29 de octubre de 2025

Una conversación entre Michel Onfray y Michel Houellebecq


Transcribo una conversación entre Michel Onfray y Michel Houellebecq publicada en un número especial de la revista  Front Populaire. Michel Houellebecq es poeta, ensayista y novelista, autor de novelas donde afronta temas de actualidad. Michel Onfray lleva más de treinta años construyendo una obra filosófica y literaria de la que dan cuenta un centenar de libros inspirados en la sabiduría latina, el socialismo libertario y la crítica nietzscheana al idealismo occidental. 
Michel Houellebecq: La Reconquista empezó en España cuando estaba bajo la dominación musulmana. Todavía no estamos en esta situación, pero sí se puede constatar ya que la gente se está armando. Y no se trata de tarados. Cuando territorios enteros estén bajo control islámico, pienso que habrá actos de resistencia como un Bataclan* a la inversa. Y ellos no se van a contentar con poner velitas y flores, así que sí las cosas pueden ir bastante deprisa. Una de las cosas más llamativas entre las reacciones a la Carta de los generales es la proporción de franceses que esperaba una guerra civil en un futuro próximo (uno de los peligros contra los que alertaban los firmantes de la llamada Carta de los Generales, que apareció en abril de 2021 en la revista Valeurs actuelles con el título Por una vuelta al honor de nuestros gobernantes. En la carta se denunciaba el auge del islamismo, la delincuencia, la desintegración del país y se invitaba a los representantes a tomar medidas contundentes. es la proporción de franceses que esperaba una guerra civil en un futuro próximo).  
Michel Onfray : Aquí se separan nuestros puntos de vista porque yo creo que la guerra civil ya está aquí, latente. Cada día la gente es apaleada, atropellada por bandas….. Nos abocamos a un primitivismo y el problema es que este estado de violencia en el que nos encontramos no es reconocido por el presidente de la República. Julien Freund, un filósofo político muy interesante definía la soberanía como la posibilidad de decidir quién es el enemigo. Esto es bien cierto, pero se ha retorcido, de modo que, a menudo, son los enemigos los que nos eligen. Macron ha decidido que a los enemigos les diremos todo el rato “gracias”, “por favor”, “perdón”. Pero una democracia en forma es una democracia que no se impide emplear la violencia, que se defiende. Las personas prefieren vivir sometidas antes que morir libres y triunfantes. Si reciben una agresión, bajan la cabeza y los de alrededor se largan, no quieren saber nada. Es humano, sobre todo para los representantes de una cierta izquierda que vienen a decir que la policía mata, que aquellos que se supone que quieren impedir la violencia estarían en el origen de esta misma. Qué vergüenza.
Michel Houellebecq: “La cobardía está muy extendida, sí. Muchas veces me he preguntado qué pasaría cuando hoy los de la interseccionalidad se encontrarán cara a cara con la más flagrante de sus contradicciones, la oposición frontal entre islam y feminismo. Bueno, las violaciones en Colonia me han abierto los ojos, en caso de duda, con el islam o, simplemente, con la inmigración. Las feministas occidentales no son tan peligrosas como los otros, ellas son tan cobardes como los hombres occidentales… Todos dispuestos a someterse”.

jueves, 2 de octubre de 2025

Que uno quiera perderse por otro y que, perdiendo, salga uno ganando

Maxence Van der Meersch
Absorbíase en sus amargas meditaciones,miserable conciencia aterrada ante su propio nihilismo, incapaz de llevar su egoísmo hasta las últimas consecuencias y acusándose de cobardía ante la conciencia de haber perdido hasta la posibilidad de distinguir el bien del mal.
Quien sólo cree en la vida, que equivale a no creer en nada, no tienen casi nunca ocasiones de sonreír.
Lo inexplicable es esto. Que uno quiera perderse por otro y que, perdiendo, salga uno ganando. ¡El amor! ¡Todo el misterio de la existencia! Que uno se avenga a perder y perdiendo gane.
Cuerpos y almas de Maxence Van der Meersch.

lunes, 1 de abril de 2024

La libertad, que es un bien tan grande que, perdida, todos los males la siguen

Así como el fuego de una pequeña chispa se hace grande y se refuerza, y cuanta más madera encuentra más dispuesto está a quemar, y sin que se le eche agua para apagarlo, tan sólo con no darle más madera, al no tener nada más que consumir, se consume por sí mismo, y pierde toda su fuerza, y ya no es fuego…, de la misma manera los tiranos, cuanto más pillan, más exigen, cuanto más arruinan y destruyen, más se les da, más se les sirve, tanto más se fortifican y se hacen siempre más fuertes y más vigorosos para aniquilar y destruirlo todo. Pero si nada se les da, si no se les obedece, sin combatir, sin golpear, se quedan desnudos y son derrotados, y ya no son nada, como las ramas que se secan y mueren cuando la raíz se queda sin humores o alimento. Los audaces, para adquirir el bien que desean, no temen el peligro; los avisados no rechazan el esfuerzo. Los cobardes y embotados no pueden soportar el mal ni recobrar el bien, se limitan a desearlo. Y aunque su cobardía les arrebata la fuerza para pretender alcanzarlo, el deseo de poseerlo permanece en ellos por naturaleza. Este deseo, esta voluntad de todas las cosas que, una vez adquiridas, les harían felices y les contentarían, es común a los sabios y a los indiscretos, a los valientes y a los cobardes. Una sola cosa hace la excepción, y no sé cómo la naturaleza abandona a los hombres para desearla, es la libertad, que es no obstante un bien tan grande y tan placentero que, perdida, todos los males la siguen, y los mismos bienes que permanecen tras su pérdida, pierden enteramente su gusto y su sabor, corrompidos por la servidumbre. Lo único que los hombres no desean es la libertad, y no por otra razón, eso parece, que esta; si la deseasen la obtendrían, ¡como si rechazasen esta bella adquisición tan solamente porque es demasiado fácil! ¡Pobres y miserables pueblos insensatos, naciones obstinadas en vuestro mal y ciegas a vuestro bien! Os dejáis arrebatar ante vosotros lo mejor y lo más claro de vuestros bienes, saquear vuestros campos, robar vuestras casas y despojarlas de los muebles antiguos y paternales. Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie

viernes, 1 de septiembre de 2023

El secreto de la felicidad es la libertad, y el secreto de la libertad es el coraje

Hoy en día hay una escasa tendencia a asociar el coraje con la libertad. “El secreto de la felicidad es la libertad, y el secreto de la libertad es el coraje” decía Pericles. Hoy el coraje es una mercancía de lujo, una extravagancia de la que todo el mundo se ríe y que tacha de locura. En cambio la cobardía es el pan que por poco dinero se vende en todas las tiendas. Como los prepotentes que dicho pan lo venden empaquetado en el papel del falso revolucionarismo, la mayoría sólo se mueve si al moverse no arriesga nada.
Los hombres aman la libertad mucho menos que la igualdad, y la aman bastante menos porque desembocando en el colectivismo la igualdad quita a los individuos el peso de la responsabilidad. Porque no exige los sacrificios que exige la libertad, no requiere el coraje que requiere la libertad, no necesita la libertad. (Se puede ser iguales incluso en la esclavitud).

lunes, 22 de noviembre de 2021

No existe ninguna cultura que piense que la mentira es mejor que la verdad

No existe ninguna cultura ni moderna, ni antigua, ni atrasada, ni adelantada que piense que la mentira es mejor que la verdad, o que la cobardía es mejor que el valor, o que la avaricia es mejor que la generosidad; no existe. ¿Por qué? Porque son debilidades, contesta Fernando Savater, nadie miente por fuerza, se miente por debilidad; nadie es avaro porque tiene tanta fuerza que se siente seguro, sino porque se siente inseguro sobre el futuro y quiere asegurarse ante él; naturalmente nadie es cobarde por fuerza, sino todo lo contrario. Y como son debilidades, ninguna cultura en el mundo las sanciona como positivas porque el hombre lo que quiere es la plenitud y el triunfo de la excelencia.

domingo, 10 de noviembre de 2019

No seguirás a una multitud para hacer el mal

Bertrand Russell
Bertrand Russell, en su Autobiografía, recuerda que su abuela “me dio una Biblia con sus textos favoritos escritos en la guarda. Entre ellos estaba “No seguirás a una multitud para hacer el mal”. El hincapié que ella ponía en esta frase me indujo más adelante a no tener miedo de pertenecer a pequeñas minorías”. 

Una de las cosas más arduas de afrontar para alguien es la conclusión de que en una guerra está en el bando equivocado. La presión para guardar silencio y ser un jugador de equipo se refuerza mediante las acusaciones de cobardía o traición que enseguida se formularán contra  el disidente, escribe Christopher Hitchens. Hay un proverbio de la antigüedad romana; “Fiat justitia… ruat caelum” (haz justicia… y que se venga abajo el cielo). En todas las épocas ha habido quienes aducen que los bienes mayores, como la solidaridad tribal o la cohesión social, prevalecen sobre las exigencias de justicia. Se supone que es un axioma de la civilización occidental que el individuo, o la verdad, no pueden ser sacrificados en beneficios hipotéticos como el orden.

martes, 7 de marzo de 2017

Aurea Mediocritas.

Aristoteles.
“¿Qué podemos hacer para incrementar nuestra posibilidad de eudaimonia?”. La respuesta de Aristóteles es: “desarrollar el carácter adecuado”. Has de sentir las emociones adecuadas en el momento justo y éstas te conducirán a un buen comportamiento. En parte, esto dependerá de cómo has sido educado, pues el mejor modo de desarrollar buenos hábitos es practicarlos desde temprana edad. Los buenos patrones de conducta son virtudes; los malos son vicios. Piensa en la virtud de la valentía en tiempos de guerra. Puede que un soldado tenga que arriesgar su vida para salvar a unos civiles del ataque de un ejército. A una persona temeraria no le preocuparía su propia seguridad y no vacilaría en involucrarse en una situación peligrosa, aunque no necesitase hacerlo. Sin embargo, eso no es valentía, sólo imprudencia a la hora de afrontar los riesgos. En el otro extremo, un soldado cobarde no podría vencer su miedo para actuar de un modo adecuado y se quedaría paralizado de terror cuando más se le necesitara. En esta situación, sin embargo, una persona verdaderamente valiente o audaz sentiría miedo, pero sería capaz de sobreponerse y hacer algo. Aristóteles creía que
Cuatro virtudes.
toda virtud se encontraba entre dos extremos. Aquí la valentía está a medio camino entre la temeridad y la cobardía. Esto se suele conocer como la doctrina aristotélica de la Aurea Mediocritas. El interés del planteamiento ético de Aristóteles no es únicamente histórico. Muchos filósofos modernos piensan que estaba en lo cierto acerca de la importancia de desarrollar las virtudes, y que su opinión sobre la felicidad era acertada e inspiradora. En vez de procurar incrementar nuestro placer en la vida, dicen, deberíamos intentar ser mejores personas y hacer lo correcto. Esto es lo que hace que la vida vaya bien.


Según Aristóteles, el fin o bien último que persigue el hombre es la eudemonía o sea, felicidad, entendida como plenitud de ser. El problema viene dado entonces en determinar qué se entenderá por felicidad, y es aquí, que la Etica a Nicómaco hace mención a cuatro tipos de vida y su consiguiente forma de encontrar la felicidad. Según Aristóteles, el hombre cree alcanzar la felicidad con riquezas; o con honores y fama; y otros creen obtenerla por placer. Concluye diciendo que no se alcanza la felicidad mediante ninguno de los cuatro caminos mencionados, sino mediante la práctica de la virtud. Hay que vivir la vida de acuerdo a nuestra razón y búsqueda de la verdad, actuando bien, es decir, vivir en la concepción teológica de la naturaleza humana.

el fin o bien último que persigue el hombre es la eudemonía o sea, felicidad, entendida como plenitud de ser. 

Hay que vivir la vida de acuerdo a nuestra razón y búsqueda de la verdad