El hombre postmoderno no sabe aprovechar los inmensos recursos de la ciencia, de la técnica, para ser feliz. Buscando su comodidad, queriendo tenerlo todo previsto, ser dueño absoluto y controlarlo todo, jugando a ser Dios, está provocando una gran desertización de la humanidad. Hobbes tiene razón al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre”. Hay que volver a Dios para hacer bella la vida, para redescubrir lo bello que es vivir.
El documento Dignitas infinita de la Iglesia católica dice que “el respeto de la dignidad de todos y de cada uno, es la base indispensable para la existencia misma de toda sociedad que pretenda fundarse en el derecho justo y no en la fuerza del poder. Es sobre la base del reconocimiento de la dignidad humana como se sostienen los derechos humanos fundamentales, que preceden y sustentan toda convivencia civilizada”.

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