Tras su sorprendente victoria en las elecciones de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero introdujo una novedosa forma de izquierdismo en España que ni se parece al antiguo revolucionarismo ni a la socialdemocracia constructiva de Felipe González. Se trata de un nuevo izquierdismo basado en la corrección política internacional y en unas extrañas ideas de multiculturalidad, atomización de la cultura y la sociedad y deconstrucción de España en interés de una especie de ilusorio y renacido frente popular con el que consolidar su poder político. La memoria histórica o colectiva es en sí misma un concepto ficticio, un espejismo, porque, hablando con propiedad, tal cosa no existe. La memoria no es ni colectiva ni histórica, sino intrínsecamente personal, individual y, por tanto, subjetiva, escribe el historiador Stanley Payne.
Para Stanley Payne la mayor parte de la memoria histórica de la España del siglo XXI ni es memoria ni historia, sino un discurso político elaborado por la izquierda en torno a ciertos incidentes que se interpretan según un esquema partidista. La violencia política y la represión tienen mucho peso en este discurso porque son muy rentables, y se conciben de una forma sesgada y reduccionista. Sin embargo, casi no se presta atención a sus orígenes o a cómo las aplicó la izquierda; por el contrario, se atribuye a Franco el dudoso honor de haberlas inventado y ser el único que las puso en práctica, lo que es justo lo opuesto de adquirir conocimientos acerca de la historia. La recuperación de los tropos de la guerra por parte de la izquierda de finales del siglo XX también fue lógica, ya que la larga dictadura los había convertido en un evidente objetivo para tales ejercicios. Uno de los rasgos más sorprendentes de los primeros años del siglo XXI ha sido la forma en que, en ciertos libros, las investigaciones serias han dado paso a un sensacionalismo politizado, dando la impresión de que la historiografía no avanza, sino que retrocede.
Se puede argumentar que en la política española existe una cierta circularidad de tipo latinoamericano en la que cada logro político es más difícil de alcanzar de lo que se pensaba. A finales del siglo XX, antes de que Rodríguez Zapatero llegase a la Presidencia, existía el convencimiento de que España había alcanzado un nivel educativo, de desarrollo político y transformación económica que hacía posible trascender ciertos problemas de una vez por todas.

