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viernes, 24 de julio de 2026

Los ocho atributos de las empresas sobresalientes

Según Thomas Peters y Robert Waterman Jr., autores del libro En busca de la excelencia, los ocho atributos de las empresas sobresalientes son:
1- Enfasis en la acción. Según un alto ejecutivo de Digital: “Aquí, cuando tenemos algún problema grave, tomamos a diez individuos de categoría y los encerramos en una habitación durante una semana. Salen con una respuesta y la ponemos en práctica.”
2- Proximidad al cliente. Aprenden de las personas a quienes sirven. Muchas de las empresas innovadoras obtuvieron sus mejores ideas, sobre productos, de sus clientes, y eso se consigue a fuerza de escuchar con atención y de modo regular.
3- Autonomía e iniciativa. No tratan de sujetar a todo el mundo con las riendas tan cortas que les impiden ser creativos. 
4- Productividad contando con las personas. Tratan al personal subordinado como fuente fundamental de calidad y aumento de productividad. No fomentan las actitudes ddd “nosotros-ellos” entre el personal ni consideran la inversión de capital como fuente fundamental de las mejoras de eficacia. 
5- Manos de obra eficazmente. Thomas Watson dijo que “los logros de una organización tienen mucho más que ver con su ideario básico que con sus recreos tecnológicos o económicos, su estructura organizativa, sus dotes de innovación o su sentido de la oportunidad”. Los factores favoritos de Mc Donalds son calidad, servicio, limpieza y valor.
6- Zapatero a tus zapatos. Nunca adquieras una empresa que no sepas dirigir. 
7- Estructuras sencillas, staff reducido. En las empresas sobresalientes el personal de alta dirección es escaso; no es infrecuente encontrar un staff de menos de cien personas dirigiendo empresas cuya cifra de negocio son de miles de millones de dólares.
8- Tira y afloja simultáneo. Las empresas sobresalientes están centralizadas y descentralizadas a la vez. 

domingo, 31 de octubre de 2021

Se puede respetar por lo que es en sí mismo


C. S. Lewis escribe que “había que obedecer a Dios sólo porque era Dios. Desde hacía mucho tiempo, a través de los dioses de Asgard y luego a través de la noción del Absoluto, Él me había enseñado cómo se puede respetar algo no por lo que puede hacer por nosotros, sino por lo que es en sí mismo. Por esto, aunque me daba miedo, no me sorprendía descubrir que hay que obedecer a Dios por lo que es en sí mismo. Si se pregunta por qué debemos obedecer a Dios, la respuesta es, como último recurso, “Yo Soy”. Conocer a Dios es saber que nuestra obediencia se debe dirigir a Él. En su naturaleza se revela su soberanía de jure. Por supuesto, como ya he dicho, el asunto es más complicado que eso. El ser primero y necesario, el creador, tiene soberanía de facto tanto como de jure. Tiene el poder, tanto como el reino y la gloria. Pero me hizo conocer la soberanía de jure antes que el poder, el derecho antes que el deber. Y se lo agradezco. Creo que es bueno, incluso ahora, decirnos a nosotros mismos de vez en cuando que Dios es tal que si (per impossibile) su poder desapareciera permaneciendo el resto de sus atributos, de tal forma que se privara para siempre del derecho supremo al deber supremo, aún le deberíamos el mismo tipo y grado de obediencia que ahora”.

domingo, 8 de agosto de 2021

Cuando decimos que Dios es bueno o sabio

Dios es llamado “bueno” porque es la causa de la bondad, también podría ser llamado, y con igual derecho, “cuerpo”, ya que es la causa última de los cuerpos. La respuesta de santo Tomás al problema es que, cuando se predican términos como “sabio” o “bueno” de Dios, se predican no unívoca ni equívocamente, sino en sentido analógico. Algunos términos denotan características, modos de ser o “perfecciones” que sólo pueden encontrarse en las cosas finitas. Por ejemplo, nada que no sea finito y material puede ser piedra. Y los términos de este género sólo pueden predicarse de Dios metafóricamente. Pero las “perfecciones puras”, como la bondad, que no están inseparablemente unidas, por así decirlo, a un nivel particular del ser, pueden ser predicadas de Dios; y son éstos los términos que se predican en sentido analógico. Esto es posible porque las criaturas tienen una relación real con Dios, dependen de Él y de Él derivan sus perfecciones.

Cuando decimos que Dios es sabio afirmamos de Él un atributo positivo; pero no somos capaces de dar una descripción adecuada de lo que el término significa objetivamente cuando se predica de Dios. Si se nos pregunta qué queremos decir al afirmar que Dios es sabio, podremos contestar que nos referimos a que Dios posee sabiduría en un grado infinitamente más alto que los seres humanos. Pero no podemos dar una descripción adecuada del contenido, por así decirlo, de este grado infinitamente más alto; sólo podemos aproximarnos a ella empleando la vía negativa. Lo que afirmamos es positivo, pero el contenido positivo del concepto de nuestro entendimiento está determinado por nuestra experiencia de la sabiduría que se encuentra en las criaturas; y lo único que podemos hacer es tratar de purificar o corregir su inadecuación por medio de negaciones. Es lo bastante evidente que este proceso nunca llevará a una comprensión adecuada y positiva del significado objetivo, escribe Copleston.

martes, 29 de mayo de 2018

Envidia.

Tocante al sentimiento de la envidia, de todos los sentimientos es el más inoportuno y constante; pues otros sentimientos se dan en ocasiones, por lo cual se dijo acertadamente: Invidia festos dies non agit, pues siempre actúa sobre uno u otros, manifiesta Francis Bacon. Y también es de notar, dice el filósofo, que la envidia abate al hombre, lo cual no hacen otros sentimientos porque no son tan constantes. Es también el más vil de los sentimientos y el más depravado; por esa causa es el atributo más apropiado del demonio, del cual se dice que durmiendo los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo; y siempre ocurre que la envidia opera sutilmente, en la sombra y en perjuicio de las cosas buenas, opina Bacon.