¿Qué es bien?, ¿qué es mal?, las cosas no están tan claras. Por eso se vio como más intuitiva y cierta la expresión “no quieras para otro lo que no quieres para ti”. Está en el Evangelio y también en libros de otras religiones o cosmovisiones. En la filosofía de Confucio: “¿Hay alguna máxima que deba uno seguir en la vida? Lo que no deseamos que nos hagan no lo hagamos a los demás”. En el Avesta indio: “Es bueno el que se abstiene de hacer a otros lo que no es bueno para uno mismo”. En el Corán: “Ninguno de vosotros será verdadero creyente, a no ser que desee para su hermano lo mismo que desea para sí mismo”. En la tradición hebrea del Talmud: “Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tu prójimo; esto es toda la ley; lo demás es comentario”.
En el Antiguo Testamento y por Jesucristo en los Evangelios se manifiesta “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Salvo en casos extremos de desesperación o de graves enfermedades mentales, cada ser humano desea lo bueno para sí mismo, que eso es amar, desear el bien. Y esa es la medida del amor al prójimo, que sería, en positivo, la regla áurea: “quiere para otros lo bueno que quieres para ti”.
En el Antiguo Testamento y por Jesucristo en los Evangelios se manifiesta “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Salvo en casos extremos de desesperación o de graves enfermedades mentales, cada ser humano desea lo bueno para sí mismo, que eso es amar, desear el bien. Y esa es la medida del amor al prójimo, que sería, en positivo, la regla áurea: “quiere para otros lo bueno que quieres para ti”.

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