Una vida no puede ser rechazada o anulada por otra vida, ninguno de nosotros está en condiciones de hacerlo, aunque practiquemos el ejercicio de la denotación de los demás de mil maneras distintas (criticamos, menospreciamos, rechazamos, olvidamos, expulsamos, envidiamos, hostigamos, acosamos…), porque cualquier adquisición, cualquier avance, cualquier brillo, venga de la vida que venga, es provechoso para la humanidad, escribe Anna Caballé.

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