Katy Faust cuenta como “los niños sufren cuando las familias se desintegran. Madre y padre no son términos intercambiables, un niño necesita específicamente el amor de una madre y un padre y que el marido y la mujer se amen.El deber de los adultos es asumir la parte difícil de las situaciones, para que estas no se carguen sobre las espaldas de los niños……..Los derechos de los niños chocan con lo que quieren los adultos, todos los adultos. Es evidente que los adultos tienden a ignorar la presencia de los niños en los debates, porque consideran que va en contra de sus intereses.”
“Para los que tienen matrimonios difíciles, añade Faust, el reto es no saltarse la parte en la que se pide ayuda y se intentan superar los conflictos, porque es injusto que los niños sean zarandeados de un hogar a otro.No es fácil para nadie, pero es bueno y justo. La única alternativa a los sacrificios de los adultos es que los hagan los niños.El punto fundamental es recordar a los adultos que son los únicos que pueden proteger los derechos naturales de los niños, que deben hacerse cargo porque los pequeños no pueden.”

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