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sábado, 22 de agosto de 2026

El deber de los adultos es asumir la parte difícil de las situaciones, para que estas no se carguen sobre las espaldas de los niños

Katy Faust cuenta como “los niños sufren cuando las familias se desintegran. Madre y padre no son términos intercambiables, un niño necesita específicamente el amor de una madre y un padre y que el marido y la mujer se amen.El deber de los adultos es asumir la parte difícil de las situaciones, para que estas no se carguen sobre las espaldas de los niños……..Los derechos de los niños chocan con lo que quieren los adultos, todos los adultos. Es evidente que los adultos tienden a ignorar la presencia de los niños en los debates, porque consideran que va en contra de sus intereses.”
“Para los que tienen matrimonios difíciles, añade Faust, el reto es no saltarse la parte en la que se pide ayuda y se intentan superar los conflictos, porque es injusto que los niños sean zarandeados de un hogar a otro.No es fácil para nadie, pero es bueno y justo. La única alternativa a los sacrificios de los adultos es que los hagan los niños.El punto fundamental es recordar a los adultos que son los únicos que pueden proteger los derechos naturales de los niños, que deben hacerse cargo porque los pequeños no pueden.”


lunes, 16 de junio de 2025

La seguridad del matrimonio

Escribe Mary Wollstonecraft en su libro Vindicación de los derechos de la mujer que “la seguridad del matrimonio, que permite que la fiebre del amor mengüe hasta una temperatura saludable, es considerada insípida sólo por aquellos que no tienen suficiente intelecto para sustituir la admiración ciega y las emociones sensuales de cariño por la tranquila dulzura de la amistad y la confianza del respeto. Éste es, debe ser, el curso de la naturaleza. La amistad o la indiferencia suceden inevitablemente al amor y esta naturaleza parece armonizarse perfectamente con el sistema de gobierno que predomina en el mundo moral. Las pasiones estimulan la acción y abren la mente; pero se reducen a meros apetitos, convirtiéndose en una gratificación personal y momentánea, cuando se alcanza el objeto y la mente satisfecha reposa en su disfrute. El hombre que poseía alguna virtud mientras luchaba por una corona, con frecuencia se vuelve un tirano voluptuoso una vez que ésta ciñe su frente; y cuando el marido continúa siendo amante, el senil, presa de los caprichos infantiles y los celos, abandona los serios deberes de la vida”.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

La medida de la evolución de la sociedad viene dada por las condiciones en las que se celebra el matrimonio

Durante mucho tiempo los cronistas vieron el matrimonio como una prueba mediante la cual poder analizar el grado de civilización que alcanzaban las distintas sociedades. Los historiadores, sobre todo cristianos, pensaban que la medida de la evolución de cualquier sociedad venía dada por las condiciones en las que se celebraba el matrimonio y el lugar que la mujer ocupaba en él. En aquellos pueblos donde las mujeres estaban en una situación considerablemente inferior al hombre, y tampoco tenían acceso a una mínima educación, se generaba el fenómeno de la poligamia, decían dichos autores. Sin embargo, cuando la cultura y el refinamiento alcanzaban cotas elevadas, las costumbres y las leyes reconocían a la mujer, la situaban como compañera única del marido, como dueña del hogar. Las sociedades más prósperas y avanzadas son, en efecto, aquellas que “cuidan” a la mujer porque le conceden poder. Las que le otorgan un sitio y le permiten desarrollar sus capacidades. Es cierto que, a lo largo de los siglos, la mujer únicamente ha podido ejercer el poder en el ámbito doméstico, y muy pocas veces fuera de él, aunque ser capaces de gobernar ese espacio de la intimidad también ha permitido a algunas de ellas extender su influencia a la política, la cultura, la economía… Ser dueñas del mundo. Cuanto más exquisitas y adelantadas son las sociedades, más poder ofrecen a la mujer.
En el antiguo Egipto, el matrimonio era toda una institución social. La mujer egipcia gozaba de un respeto y consideración del que carecían sus compañeras del resto de África y del Oriente. La madre era objeto de orgullo; quien tenía una madre ilustre presumía de ello, se jactaba de ser “hijo de”. En documentos y contratos, incluso se hacía constar la descendencia materna de los contrayentes. La madre, pues, era una referencia venerable, de la cual presumía su hijo. Era una figura respetada; la palabra que se empleaba en los contratos de matrimonio era neb-t-pa, el “ama de casa”, a quien su marido otorgaba ese título de estimación. Sófocles y Heródoto cuentan que las mujeres egipcias ejercían el comercio mientras los varones se quedaban en casa tejiendo.La egipcia era una mujer refinada que llegaba al casamiento como un ser independiente, capaz de estipular en el contrato matrimonial que ella misma se haría cargo de la administración de sus propios bienes, e incluso que estaba decidida a habitar en una vivienda distinta a la de su marido.
Referencia: Amantes poderosas de la historia (Ángela Vallvey Arévalo)

domingo, 23 de junio de 2024

Cuando la vida matrimonial se vuelve aburrida, no es que nuestra vida haya tocado fondo. Lo que ha tocado fondo es nuestro ego

Fulton John Sheen fue un arzobispo estadounidense de la Iglesia Católica conocido por su predicación y especialmente por su trabajo en televisión y radio decía que "...llegado a ese momento, quienes piensan que el amor es una evolución animal en vez de un don de Dios se engañan pensando que otra pareja suplirá las carencias. Una mentira que olvida que el vacío no nace del otro, sino de la vida misma. Esta es la razón de ese sentimiento, el corazón ha sido creado para el infinito y solo el infinito es capaz de llenarlo. Cuando la vida matrimonial se vuelve aburrida, no es que nuestra vida haya tocado fondo. Lo que ha tocado fondo es nuestro ego.” “Aceptar estas pruebas del matrimonio no es una condena a muerte… En la Escritura hay un texto en el que, a pesar de su importancia, muy poca gente piensa. Lo encontramos en Corintios: El marido no creyente es santificado por la mujer, y la mujer no creyente es santificada por el marido creyente (1Cor7,14). Es decir, los méritos, las oraciones, los sufrimientos, la paciencia, la mansedumbre del uno pasa al otro…. Existe una comunicación espiritual que no proporciona mucha satisfacción romántica, pero sus beneficios son eternos. Después de tantas infidelidades y excesos, más de un esposo y más de una esposa se salvarán el día del juicio porque el cónyuge fiel no dejó nunca de derramar oraciones por el otro.”


jueves, 9 de diciembre de 2021

Hay que poner los medios para mantener viva la decisión libre que los convirtió en marido y mujer

Hay que poner los medios para mantener viva la decisión libre y consciente que los convirtió en marido y mujer. Por eso, la “necesidad”, se entiende desde la óptica existencial y ética, de renovar (hacer consciente y voluntariamente nuevo) con frecuencia el momento primero de la celebración matrimonial……Que se quieran siempre, que se quieran con el amor ilusionado que se tuvieron cuando eran novios. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor, une más el sacrificio generosamente compartido, decía Josemaría Escrivá.

viernes, 6 de agosto de 2021

El pasar el tiempo en compañía de los allegados constituye uno de los valores más preciados


Ryszard Kapuściński, periodista, escritor, ensayista y poeta polaco, famoso por sus narraciones sobre el continente africano escribe en su libro Ebano: “Si el clan de la madre le ordena abandonar al marido y regresar a la aldea natal, ella se lleva a todos los hijos (si bien es cierto que vive en la aldea y en la casa del marido, no deja de permanecer allí como una invitada). La posibilidad de volver con su clan hace que la mujer, si el marido la abandona, tenga dónde acudir. También ella puede dejar a éste por iniciativa propia, si él resulta un déspota. Pero tales situaciones extremas son una rareza, pues la familia suele ser una célula vital y fuerte y en la cual todo el mundo tiene asignado su papel tradicional y conoce sus obligaciones. La familia, siempre numerosa, a veces llega a un centenar de personas. El marido, la mujer (las mujeres), los hijos, los primos… Si las circunstancias lo permiten, los miembros de una familia se reúnen lo más a menudo posible para pasar el tiempo juntos. El pasar el tiempo en compañía de los allegados constituye uno de los valores más preciados y todo el mundo intenta respetarlo. Lo importante es vivir juntos o los unos cerca de los otros. Hay muchos trabajos que sólo se pueden hacer de forma colectiva; si no, las posibilidades de sobrevivir desaparecen. El niño se forma en el seno de su familia, pero a medida que crece ve cómo las fronteras de su mundo social se ensanchan, ve que al lado viven otras familias y que varias familias juntas constituyen un clan. Lo forman todos aquellos que creen haber tenido un antepasado común. Si creo que tú y yo compartimos un mismo antepasado, pertenecemos a un mismo clan. Consecuencias de suma importancia se derivan de tales convicciones. Por ejemplo, una mujer y un hombre miembros de un mismo clan tienen vetadas las relaciones sexuales”.

sábado, 12 de septiembre de 2020

No es el matrimonio lo que obstaculiza el desenvolvimiento de la personalidad de la mujer




El ala radical del movimiento feminista olvida que no es la institución del matrimonio la que obstaculiza el desenvolvimiento de la personalidad de la mujer. Lo que la perjudica en el desarrollo de sus fuerzas y de sus facultades no es que se halle unida a su marido y a sus hijos, al hogar, sino el hecho de que la función sexual exige mucho más del cuerpo de la mujer que del cuerpo del hombre. El embarazo, la lactancia, gastan los mejores años de la mujer, años durante los cuales el hombre puede concentrar sus energías en tareas ambiciosas. Puede deplorarse la injusticia que la naturaleza ha cometido al repartir desigualmente las cargas de la reproducción; puede pensarse que es indigno de la mujer el hecho de ser procreadora de hijos y nodriza; pero esto no cambia las condiciones establecidas por la naturaleza. La mujer tiene la facultad de elegir entre renunciar a la felicidad más profunda, la maternidad, o renunciar a la evolución de su personalidad, para actuar y competir como los hombres, escribe el intelectual austriaco Ludwig von Mises.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Buscar un marido



Barnaby Rudge, subtitulada A Tale of the Riots of Eighty (Relato de los disturbios del año 80), es una novela histórica del escritor inglés Charles Dickens. En ella Dickens escribe: “Todos los días digo a mi hija, cuando hablamos de buscarle un marido, que no se fíe nunca de su buena estrella, sino que se asegure con tiempo de que tiene un joven excelente y fiel, porque una vez casada, no será su estrella la que la hará feliz ni desgraciada”.

viernes, 4 de mayo de 2018

La institución del hogar es la única institución anarquista.

Decía Chesterton que la institución del hogar es la única institución anarquista. Es decir, es más antigua que la ley y permanece fuera del Estado. Por su naturaleza, la renuevan o corrompen fuerzas indefinibles de costumbre o parentesco. No debe entenderse que esto signifique que el Estado no tiene autoridad sobre las familias; pero el Estado no tiene la capacidad de entrar en la mayoría de los casos normales de alegrías y penas familiares. No es que la ley no deba interferir, es que no puede hacerlo.

Chesterton
Un marido y una mujer, o una madre y un hijo, tienen la capacidad de hacer al otro feliz o desgraciado con métodos a los que no puede recurrir ningún poder público, añade Chesterton. El niño debe depender de la más imperfecta de las madres, la madre puede estar dedicada al más indigno de los hijos; en esas relaciones, las venganzas legales son inútiles.El Estado no tiene herramienta lo bastante delicada como para desenraizar las costumbres enraizadas y los afectos mutuos de la familia; los dos sexos, ya sean felices o infelices, están unidos con demasiada fuerza como para que nosotros metamos la hoja de una navaja legal en medio de ellos. El hombre y la mujer son una carne; sí, incluso cuando no son un espíritu.


viernes, 23 de marzo de 2018

La Reina Victoria nunca habló ingles perfectamente.

Reina Victoria
En los canales televisivos de pago se pueden ver varias series sobre la Reina Victoria, monarca británica desde la muerte de su tío paterno, Guillermo IV, el 20 de junio de 1837, hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1901. Lo que no conoce mucha gente es que la lengua materna de la Reina Victoria no fue el inglés. Su madre, hija de un duque germano, hablaba alemán en casa, y Victoria, aunque reinó sobre Inglaterra 64 años, nunca pudo hablar inglés perfectamente.

Estaba tan enamorada de su esposo y primo, el Príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, que durante los 40 años siguientes a la muerte de su Príncipe Consorte, la Reina Victoria ordenó que la ropa de noche de éste fuese puesta todos los días sobre su cama, en sus habitaciones del Castillo de Windsor. El Principe Alberto fue para la Reina Victoria un marido perfecto. Como asesor de la reina, el Principe Alberto se encargó de promover que Gran Bretaña se convirtiese en el menor tiempo posible en una nación poderosa e industrializada, es por ello que muchos historiadores consideran a Alberto como el promotor del crecimiento industrial de la nación y de la llamada Revolución Industrial. 

miércoles, 7 de junio de 2017

Conocer, aprender del ejemplo de los propios padres.

Es deber de los padres proveer a la educación de los hijos. Educar es un proceso cotidiano, llevado a cabo en un clima familiar de aceptación y de afecto, que permite al hijo madurar su propia humanidad.La primera condición para que sea eficaz, más allá de los límites de cada progenitor, radica en la dinámica de la relación de amor entre los esposos, marido y mujer. Conocer, aprender del ejemplo de los propios padres, cómo se es mujer y cómo se es varón, el valor de la diferencia en la igualdad, es de gran importancia.

viernes, 21 de abril de 2017

La unión monogámica.

actitud monogámica
Debemos considerar, dice Viktor Frankl,la capacidad interior del hombre para contraer una unión monogámica como el verdadero criterio de la madurez erótico-sexual de un individuo. La actitud monogámica es, por lo tanto, la etapa última del desarrollo sexual, la meta superior de la pedagogía sexual y el ideal de la ética sexual. Como ideal, rara vez se consigue, en términos generales, y en la mayoría de los casos sólo de un modo asintótico. Como todo ideal, es una norma puramente regulativa, “es algo así como lo negro de la diana, en el blanco, hacia lo que hay que mirar siempre, aunque no siempre pongamos en él el tiro” (Goethe). Del mismo modo que el hombre corriente rara vez es capaz de sentir un auténtico amor, rara vez logra remontarse a la etapa más alta del desarrollo de la vida erótica madura. Claro está que, en última instancia, toda tarea o misión humana es “eterna” y todo progreso humano es un progreso indefinido, un progreso hacia el infinito, hacia una meta inasequible.



A la mujer le resulta más fácil que al hombre marchar derechamente por el camino que conduce a esta meta ideal del proceso normal de maduración, en las relaciones sexuales. Claro está que esta afirmación sólo puede hacerse de un modo general. Para no sentir el apetito sexual más que en aquellos casos en que la apetencia sexual sea la expresión física de una unión anímico-espiritual, basta con que la mujer sea simplemente normal (en el sentido de “corriente”), sin que tenga que ser, para ello, una mujer “refinada”; el hombre, en cambio, necesita haber alcanzado ya un grado de madurez ideal para poder elevarse hasta este plano, dice Frankl. Otro factor que ayuda a la mujer a marchar derechamente por este camino es el siguiente. La conservación de la virginidad hasta llegar a la unión física con el hombre real y definitivamente amado le facilita a la mujer la orientación monogámica hacia él, en el sentido de que así, después de entrar en relaciones sexuales con el marido, se entrelaza casi automáticamente a la persona de la otra parte tanto lo erótico como lo sexual, lo que hace que la sexualidad de la mujer sea despertada casi como un reflejo condicionado exclusivamente por “su” marido.

lunes, 27 de febrero de 2017

Distintas razones por las que llorar.

Estuve leyendo el libro de Julio Llamazares titulado “Distintas formas de mirar el agua”.En la pagina 30 se lee el pensamiento de la nieta. 
Dice el libro: 
…..yo también lloro con facilidad y soy joven todavía. Y, si estoy sola, es porque quiero estarlo (ya tendré tiempo de complicarme la vida como mi hermana cuando me parezca). 
Pero yo lloro por cosas muy diferentes: por una puesta de sol, por una escena de una película, por la música que suena en un bar de copas y que me recuerda a alguien… 
Mi abuela, en cambio, como mi madre, como la mayoría de las mujeres a las que conozco, con excepción de algunas de mis amigas, lloran siempre por sus hijos, por sus padres, por sus hermanos, siempre por otras personas, nunca por ellas. 
Mi abuela, por ejemplo, lleva llorando dos días por su marido (y mi madre por su padre igual), pero ninguna de las dos llora por ellas, cuando deberían hacerlo, pues son las que se quedan huérfanas.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Las relaciones hombre-mujer en el pensamiento de Shakespeare.


Shakespeare piensa que nuestras inclinaciones van, sedientas, al mal, como las ratas a su propio veneno lo devoran; y al beberlo, morimos. El deseo natural que puede ser reconocido con tanta franqueza y naturalidad dentro de los límites del matrimonio se convierte en veneno fuera de él. La intensidad de las infaustas visiones del sexo premarital y sus consecuencias quizá tuvieran mucho que ver con el hecho de que Shakespeare era padre de dos hijas adolescentes. Sus advertencias más explícitas acerca de los peligros del sexo premarital adoptan en La tempestad la forma de las severas palabras que dirige un padre al joven que corteja a su hija. Pero en los versos de Próspero correspondientes a esta obra, escrita al final de su carrera, da la impresión de que Shakespeare echa la vista atrás y contempla su propio casamiento infeliz, y que vincula esa infelicidad con la forma en que empezó todo, muchos años antes. “Toma a mi hija”, dice Próspero a Fernando, para a continuación añadir unas palabras que están a medio camino entre la maldición y la profecía: “Pero si llegas a romper el nudo virginal antes que las santas ceremonias sean celebradas según los sagrados ritos, los cielos no derramarán dulce rocío que fecunde este contrato; odio estéril, torvo desdén y discordia sembrarán el lecho de la unión con cizaña tan maligna, que llegarán a detestarlo”.  Estos versos, mucho más intensos y enérgicos de lo que exigiría la obra, parecen emanar de un profundo pozo de amargura, fruto de un matrimonio desgraciado. En vez de una lluvia de gracias (“dulce rocío”), la unión se verá irremediablemente infestada de desgracias, advierte Próspero, si la consumación del acto sexual precede a los “sagrados ritos”

En cuanto a la relación entre los esposos,Shakespeare escribe en Julio César, donde la esposa de Bruto, Porcia, se lamenta de haber quedado deliberadamente excluida de la vida interior de su esposo. Porcia no es desterrada del lecho de su esposo, pero la exclusión de la mente de su marido que padece la hace sentir, según ella misma afirma, como una puta: “Soy parte de ti, o eso creo, mas ¿solo cuando te conviene? Acompañarte a la mesa, complacerte en la cama, hablarte de vez en cuando, rondar los márgenes de tu deseo, ¿ese es mi lugar en tu vida? Entonces, podría decirse que Porcia es la ramera de Bruto, pero jamás su esposa”.