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jueves, 8 de junio de 2023

Quien tiene armas, tiene comida. Quien tiene comida, tiene poder.

Ryszard Kapuściński escribe en Ebano:  “¿Contra quién van todos esos ejércitos, destacamentos y frentes, esas hordas, cohortes y mesnadas tan numerosas y que llevan tantos años luchando? A veces, unos contra otros, pero las más, en contra de su propio pueblo, es decir, contra los indefensos, lo que tiene una definición particular: las mujeres y los niños. ¿Y por qué precisamente contra las mujeres y los niños? ¿Acaso guía a estos hombres alguna especie de antifeminismo zoológico? Por supuesto que no. Atacan y expolian a los colectivos de mujeres con niños porque a ellos va dirigida la ayuda internacional, son ellos los destinatarios de los sacos de harina y de arroz, de las cajas de tostadas y leche en polvo, cosas que en Europa no despertarían el interés de nadie pero que aquí, entre los grados seis y doce de latitud, son más preciadas que nada. De todos modos, estos tesoros no siempre hay que arrebatárselos a las mujeres. Cuando un avión trae comida, basta, sencillamente, con rodearlo, descargar los sacos y las cajas y llevárselo todo, a pie o en coche, al destacamento propio. El régimen de Jartum lleva años utilizando el arma del hambre para aniquilar la población del Sur. Hace hoy con los dinka y con los nueros lo que Stalin hizo con los ucranianos en 1932, condenarlos a la muerte por hambre. La gente pasa hambre no porque en el mundo falte comida. La hay, y mucha, de sobra. Pero entre los que quieren comer y los almacenes llenos se levanta un obstáculo muy alto, el juego político. Jartum limita el número de vuelos con ayuda para las víctimas de las hambrunas. Muchos de los aviones que, a pesar de todo, llegan a su destino son saqueados por jefecillos locales. Quien tiene armas, tiene comida. Quien tiene comida, tiene poder. Nos movemos entre personas que no piensan en la esencia y la trascendencia ni en el sentido y la naturaleza del ser. Estamos en un mundo en que el hombre, arrastrándose y escarbando en el barro, intenta encontrar en él cuatro granos de cereal que le permitan vivir hasta el día siguiente”.

viernes, 6 de agosto de 2021

El pasar el tiempo en compañía de los allegados constituye uno de los valores más preciados


Ryszard Kapuściński, periodista, escritor, ensayista y poeta polaco, famoso por sus narraciones sobre el continente africano escribe en su libro Ebano: “Si el clan de la madre le ordena abandonar al marido y regresar a la aldea natal, ella se lleva a todos los hijos (si bien es cierto que vive en la aldea y en la casa del marido, no deja de permanecer allí como una invitada). La posibilidad de volver con su clan hace que la mujer, si el marido la abandona, tenga dónde acudir. También ella puede dejar a éste por iniciativa propia, si él resulta un déspota. Pero tales situaciones extremas son una rareza, pues la familia suele ser una célula vital y fuerte y en la cual todo el mundo tiene asignado su papel tradicional y conoce sus obligaciones. La familia, siempre numerosa, a veces llega a un centenar de personas. El marido, la mujer (las mujeres), los hijos, los primos… Si las circunstancias lo permiten, los miembros de una familia se reúnen lo más a menudo posible para pasar el tiempo juntos. El pasar el tiempo en compañía de los allegados constituye uno de los valores más preciados y todo el mundo intenta respetarlo. Lo importante es vivir juntos o los unos cerca de los otros. Hay muchos trabajos que sólo se pueden hacer de forma colectiva; si no, las posibilidades de sobrevivir desaparecen. El niño se forma en el seno de su familia, pero a medida que crece ve cómo las fronteras de su mundo social se ensanchan, ve que al lado viven otras familias y que varias familias juntas constituyen un clan. Lo forman todos aquellos que creen haber tenido un antepasado común. Si creo que tú y yo compartimos un mismo antepasado, pertenecemos a un mismo clan. Consecuencias de suma importancia se derivan de tales convicciones. Por ejemplo, una mujer y un hombre miembros de un mismo clan tienen vetadas las relaciones sexuales”.