No logramos hacer todo lo que queremos (sea por obstáculos externos o por obstáculos internos); nos suceden muchas cosas que no controlamos, ni queremos ni prevemos; vivimos en un flujo de tiempo y de acontecimientos que no podemos invertir ni detener. De manera que nuestra finitud es evidente. Pero, por otro lado, no son menos evidentes ciertos rasgos de nuestra vida que escapan a esa finitud, que de alguna manera la hacen porosa o la abren a lo infinito. Para empezar, constatamos el sorprendente hecho de que, siendo finitos, lo sabemos o tenemos conciencia de ello; pues si sabemos que somos finitos, es porque nuestro entendimiento rebasa de algún modo el límite de la propia finitud.
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domingo, 6 de septiembre de 2026
miércoles, 25 de marzo de 2026
Imaginemos que nos enteramos de que nunca moriremos
Imaginemos que nos enteramos en este momento de que nunca moriremos. No pasaremos después de la muerte a un más elevado modo de vida, como nos enseña la fe cristiana; sino que siempre viviremos tal cual ahora somos, sin dolor y sin hacernos viejos. Quien tenga la suficiente fantasía para imaginar lo que esto significa, comprenderá enseguida que sería una catástrofe. Alguno quizá podría vivir a gusto hasta los doscientos años; pero al ser infinito, cada momento, cada alegría y cada encuentro humano caería poco a poco en la intrascendencia. Todo lo que ahora hacemos, podríamos hacerlo igualmente mañana o pasado mañana; todo daría completamente igual. Pero el momento presente tiene justamente valor porque nunca volverá. En una vida sin fin nada sería valioso. Tenemos así una situación paradójica, sin la preocupación por una vida amenazada por el final no cabe una existencia plena. Ni la autoconservación ni el placer son el verdadero sentido de la vida, ya que, de una parte, deberíamos desear vivir eternamente, y de otra, esa vida no sería valiosa. Por lo demás, ni la conservación ni el placer los queremos a cualquier precio. Uno puede sacrificar su vida por otro, y puede, como dice Brecht, “tener más miedo a su mala vida que a la muerte”, escribe Robert Spaemann, filósofo alemán.
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miércoles, 18 de febrero de 2026
El anhelo natural de felicidad
La película de Fred Zinnemann, Un hombre para la eternidad (1966), está dedicada a los últimos años de la vida de Tomás Moro y sus difíciles relaciones con Enrique VIII. El film está basado en una obra de teatro de Robert Bolt, representada con éxito durante años. La película nos regala una prueba de la existencia de Dios, llamada técnicamente “por el anhelo natural de felicidad”. Ese anhelo natural que hay en todo ser humano supondría la existencia de lo anhelado, pero como el corazón del hombre no puede ser llenado por nada finito, debe existir un ser Infinito que colme sus deseos, que sería Dios. Al final de la película, cuando Tomás Moro va a ser decapitado, le dice a su verdugo a la vez que, como era costumbre, le entrega una moneda: “Haz tu trabajo sin preocuparte, que a mí me llevas junto a Dios”. “Muy seguro estás de ello, sir Thomas”, le contesta burlonamente el alguacil. A lo que Tomás responde con serenidad: “No puede defraudarme Aquel a quien tanto deseo ver”. Al momento, cae el hacha.
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domingo, 7 de septiembre de 2025
Solo Dios puede unirnos a los demás hombres
Solo Dios puede unirnos a los demás hombres. Nuestra unión con Dios es lo que tenemos de más íntimo. Ahí estamos todos más estrechamente unidos a todos de lo que lo estamos a nuestros amigos más próximos. Este lazo entre cada uno y Dios es el único que forma el lazo entre todos y todos…..La amistad total es universal. Y la única amistad universal puedes ser una amistad total. A todo lazo particular le falta profundidad si no está abierto a la amistad universal. El lazo más pleno, que es también el más universal, es el único que colma el deseo de infinito, escribe el filósofo Jean Guitton
Para Gitton amar realmente es estar unido a Cristo siempre vivo y llamamos Iglesia a ese enjambre de abejas espirituales ávidas de la miel del amor divino.
domingo, 15 de junio de 2025
La fe es una apertura sin reservas de la mente a la verdad
La creencia es la insistencia en que la verdad es lo que uno querría o desearía que fuera. El creyente abrirá su mente a la verdad a condición de que esta encaje con sus ideas y deseos preconcebidos. La fe, por otro lado, es una apertura sin reservas de la mente a la verdad, sea esta lo que fuere. La fe carece de concepciones previas; es una zambullida en lo desconocido.
Es consolador poder pensar que en este mundo contradictorio no somos más que extraños y peregrinos, pues si nuestros deseos no concuerdan con nada que el mundo finito pueda ofrecer, da la impresión de que nuestra naturaleza no es de este mundo, que nuestros corazones están hechos no para lo finito, sino para lo infinito.El descontento de nuestra alma parecería ser la señal y el sello de su divinidad.
Referencia: La sabiduría de la inseguridad de Alan Watts
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viernes, 13 de diciembre de 2024
¿Existe Dios?
¿Qué es Dios? Es el ser absolutamente necesario (causa de sí),absolutamente creador (causa de todo),absolutamente absoluto (no depende de nada, todo depende de él): es el Ser de los seres, y el fundamento de todos ellos. ¿Existe Dios? Existe por definición.
¿Cómo se define a Dios? Como el ser supremo (san Anselmo: el ser en relación con el cual es imposible concebir nada más grande), el ser soberanamente perfecto (Descartes), el ser absolutamente infinito (Spinoza, Hegel). Ahora bien, si no existiera, no sería ni el más grande ni realmente infinito. A su perfección, esto es lo menos que se puede decir, le faltaría algo. Por lo tanto,existe por definición; pensar a Dios (concebirlo como ser supremo, perfecto, infinito…), es pensarlo como existente. “De la esencia de Dios no puede separarse su existencia,escribe Descartes, del mismo modo que de la esencia de un triángulo rectángulo no puede separarse el que la suma de sus tres ángulos sea igual a dos rectos, o de la idea de una montaña la idea de un valle; de modo que no es menos contradictorio concebir un Dios (esto es, un ser soberanamente perfecto) al que le faltara la existencia (esto es, al que le faltara alguna perfección), que concebir una montaña sin valle alguno”. Se replicará que esto no demuestra que existan montañas y valles… Ciertamente, responde Descartes, pero sí que demuestra que montañas y valles son inseparables. Lo mismo sucede en el caso de Dios, su existencia es inseparable de su esencia, inseparable de él, pues, y por eso existe necesariamente. El concepto de Dios, escribirá Hegel, “incluye en él el ser”; Dios es el único ser que existe por esencia.
Referencia:Invitación a la filosofía (André Comte-Sponville)
domingo, 23 de junio de 2024
Cuando la vida matrimonial se vuelve aburrida, no es que nuestra vida haya tocado fondo. Lo que ha tocado fondo es nuestro ego
Fulton John Sheen fue un arzobispo estadounidense de la Iglesia Católica conocido por su predicación y especialmente por su trabajo en televisión y radio decía que "...llegado a ese momento, quienes piensan que el amor es una evolución animal en vez de un don de Dios se engañan pensando que otra pareja suplirá las carencias. Una mentira que olvida que el vacío no nace del otro, sino de la vida misma. Esta es la razón de ese sentimiento, el corazón ha sido creado para el infinito y solo el infinito es capaz de llenarlo. Cuando la vida matrimonial se vuelve aburrida, no es que nuestra vida haya tocado fondo. Lo que ha tocado fondo es nuestro ego.” “Aceptar estas pruebas del matrimonio no es una condena a muerte… En la Escritura hay un texto en el que, a pesar de su importancia, muy poca gente piensa. Lo encontramos en Corintios: El marido no creyente es santificado por la mujer, y la mujer no creyente es santificada por el marido creyente (1Cor7,14). Es decir, los méritos, las oraciones, los sufrimientos, la paciencia, la mansedumbre del uno pasa al otro…. Existe una comunicación espiritual que no proporciona mucha satisfacción romántica, pero sus beneficios son eternos. Después de tantas infidelidades y excesos, más de un esposo y más de una esposa se salvarán el día del juicio porque el cónyuge fiel no dejó nunca de derramar oraciones por el otro.”
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lunes, 5 de febrero de 2024
El ser humano es el ser que siempre decide
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| Viktor Frankl |
Hubo un momento en que Viktor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido fue literalmente un hombre en busca de sentido; lo buscaba y no lo encontraba. Quien había defendido que la vida siempre, incluso bajo las más penosas e insoportables circunstancias, tenía un sentido escribió en noviembre de 1945, “yo me encuentro aquí, en esta ciudad medio destruida, solo, sin hogar y sin patria. Nada tiene sentido para mí, nada logra alegrarme, ni siquiera el trabajo”. Viktor Frankl sin haber llegado aún a Viena se enteró de que su madre había sido asesinada en Auschwitz. Viktor Frankl que, en la primera mañana en Viena, supo que su querida esposa Tilly Grosser había muerto de tifus en Belsen. Se derrumba. Toca fondo. En sus palabras es difícil reconocer al Frankl de las enciclopedias. “En todo caso, no esperaba que después de todo lo sucedido, las cosas pudiera ir tan a peor. Por lo visto, la persona destinada a sufrir no encuentra un final. Siempre puede hundirse más y más”. “De inmediato me puse a trabajar”.
Trabaja, pero se siente inmensamente solo, cansado y triste. Trabaja por un sentido férreo del deber, porque “ya no me queda ninguna alegría en la vida, solo obligaciones; solo hago lo que me ordena la conciencia”. Estas palabras las dirige a sus amigos Wilhem y Stepha Börner el 14 de septiembre de 1945. Después de manifestar a sus amigos su hastío, su alejamiento de todo, escribe que “sin embargo, ahora veo las cosas desde otra perspectiva. Cada vez soy más consciente de que la vida tiene un sentido infinito, de que también el sufrimiento, e incluso el fracaso, tienen sentido. Y el único consuelo que me queda es que puedo decir con la conciencia tranquila que he utilizado las oportunidades que me han brindado, quiero decir, que las he salvaguardado haciéndolas realidad. Esto puede aplicarse a mi breve matrimonio con Tilly”.
Frankl echa mano de la literatura y se acuerda del ser “digno de sus sufrimientos” de Dostoievsky y del morir “la propia muerte” de Rilke. Quien defendía con vehemencia el hacerse cargo de la vida y ser responsable de la misma hasta darle un sentido, defendía lo mismo para su último momento. Al fin y al cabo el ser humano es “el ser que siempre decide” y, sí, es “la criatura que inventó las cámaras de gas, pero, al mismo tiempo, es el ser que entró en las cámaras de gas, firme, con una oración en los labios”.
domingo, 30 de abril de 2023
Dios no cambia
Todo cambio implica, a su vez, una transformación que mejora o empeora al sujeto que lo experimenta, pero Dios es infinitamente perfecto y no puede mejorar ni empeorar.Si un hombre peca, la actitud de Dios hacia él no cambia en absoluto, es el hombre el que cambia de actitud hacia Dios. El amor infinito de Dios sigue siendo el mismo; lo que pasa es que el hombre, al pecar mortalmente, rechaza ese amor.
miércoles, 22 de marzo de 2023
La pequeñez de los mortales y la grandeza de Dios
Escribe el filósofo Irving Singer que “también Lutero subraya el enorme abismo que separa lo finito de lo infinito, la pequeñez de los mortales y la grandeza de Dios, cuando sostiene que la naturaleza pecadora del hombre le imposibilita amar a Dios con sus propios recursos. Al mismo tiempo, Lutero proporciona una concepción del hombre que no sólo ama a Dios y es amado por él, sino que se fusiona con él formando un “solo ser”. Como el hombre, por su propia naturaleza, es incapaz de amar, este sagrado vínculo es posible gracias a que Dios le otorga su amor mediante una explosión de ágape, convirtiendo al inmerecido receptor en su vehículo. La reciprocidad existe en la medida en que el amor de Dios vuelve a él después de haber descendido hasta la criatura elegida para completar el circuito. Esta trayectoria muestra el amor que Dios se tiene a sí mismo puesto que se originó en él y volvió a él sin ninguna intervención ajena. El que esto pueda ser considerado como un auténtico ejemplo de amor recíproco entre Dios y el hombre (quien es sólo un conducto para el amor divino) es un problema que la doctrina luterana no ha podido resolver. En la romantización del pensamiento de Lutero hallamos dificultades parecidas. Como el amor o ágape romántico es infundido en seres humanos desvalidos, los invade con un poder asombroso, hiere por motivos propios y no porque los individuos lo hayan deseado para sí mismos, es difícil ver en todo esto la presencia genuina de la reciprocidad. Si el amor es la búsqueda de lo desconocido, si no presupone mucho conocimiento de la otra persona, si dos personas se unen mediante una experiencia reveladora de la divinidad pero sin un fundamento objetivo basado en lo que son como hombre y mujer particulares, entonces resulta extraño afirmar que se aman mutua y recíprocamente”.
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domingo, 5 de marzo de 2023
¿Existe Dios?
¿Existe Dios? Existe por definición, sin que no obstante podamos tomar su definición por una demostración. Esto es lo que hay de fascinante y de irritante a la vez en la famosa prueba ontológica, que atraviesa, al menos desde san Anselmo a Hegel, el conjunto de la filosofía occidental. ¿Cómo se define a Dios? Como el ser supremo (san Anselmo: “el ser en relación con el cual es imposible concebir nada más grande”), el ser soberanamente perfecto (Descartes), el ser absolutamente infinito (Spinoza, Hegel). Ahora bien, si no existiera, no sería ni el más grande ni realmente infinito; a su perfección, esto es lo menos que se puede decir, le faltaría algo. Por lo tanto, existe por definición: pensar a Dios (concebirlo como ser supremo, perfecto, infinito…), es pensarlo como existente. “De la esencia de Dios no puede separarse su existencia, escribe Descartes, del mismo modo que de la esencia de un triángulo rectángulo no puede separarse el que la suma de sus tres ángulos sea igual a dos rectos, o de la idea de una montaña la idea de un valle; de modo que no es menos contradictorio concebir un Dios (esto es, un ser soberanamente perfecto) al que le faltara la existencia (esto es, al que le faltara alguna perfección), que concebir una montaña sin valle alguno”. Se replicará que esto no demuestra que existan montañas y valles… Ciertamente, responde Descartes, pero sí que demuestra que montañas y valles son inseparables. Lo mismo sucede en el caso de Dios, su existencia es inseparable de su esencia, inseparable de él, pues, y por eso existe necesariamente. El concepto de Dios, escribirá Hegel, “incluye en él el ser”. Dios es el único ser que existe por esencia.
El Dios de los filósofos es menos importante que el Dios de los profetas, de los místicos o de los creyentes. Fueron Pascal y Kierkegaard, antes que Descartes o Leibniz, quienes dijeron lo esencial, Dios es objeto de fe más que de pensamiento o, mejor dicho, Dios no es objeto alguno sino sujeto, absolutamente sujeto, y solamente lo encontramos en la experiencia inmediata o en el amor. Pascal, en una noche ardiente, creyó tener una experiencia de este tipo: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el de los filósofos y los científicos. Certeza, sentimiento, gozo, paz. Dios de Jesucristo… Gozo, gozo, gozo, llanto gozoso”. Esto no es una demostración. Pero sin esta experiencia, la fe no se daría por satisfecha con ninguna demostración. Probablemente éste sea el punto en el que la filosofía se detiene. ¿Qué sentido tiene demostrar lo que se experimenta de forma inmediata? ¿Cómo probar lo que no se experimenta? El ser no es un predicado, Kant tiene razón en este punto, y por eso, como decía ya Hume, la existencia no se demuestra ni se refuta. El ser se constata, no se demuestra; se comprueba, no se prueba.
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domingo, 26 de septiembre de 2021
Si Dios está muerto, todo está permitido
La intención más profunda era la de no limitarse a contemplar la Naturaleza, el mundo, sino a poder construirlo por sí mismo, cuenta el filósofo Erich Fromm. “Para condensarlo en una sola frase el hombre quería ser Dios él mismo. Lo que Dios había logrado, también él lo podía lograr. Creo que la representación a la que todos hemos asistido, el entusiasmo que se produjo en el momento en que los astronautas pisaron con sus botas el suelo de la Luna, fue un acontecimiento religioso pagano, un primer paso por el camino en que el hombre se vuelve Dios y osa sobrepasar sus límites. También en los diarios cristianos se podía leer que éste es el suceso más grande desde la creación del mundo. Ahora bien, a los cristianos les resulta un poco imprudente afirmar que después de la creación del mundo haya ocurrido algo más importante que la encarnación de Dios. Pero eso se olvidó en el momento en que se vivenció subjetivamente como verdad que el hombre había superado las leyes que lo limitaban, había dejado atrás las leyes de la gravedad y caminaba por el infinito.
Dostoievski dice que“si Dios está muerto, todo está permitido”. La moral se había basado hasta entonces en el reconocimiento de Dios. “Si el hombre ya no cree en Dios, si Dios ya no es una realidad que imprima su sello en su pensamiento y en su conducta, hay en verdad que preguntarse si el hombre se ha vuelto total y directamente amoral, si ya no se orienta por ningún principio moral. En realidad, hay que tomar muy en serio esta pregunta. Y si uno es pesimista, puede querer significar con ello que eso es lo que ha ocurrido y que nuestra moral se va hundiendo cada vez más. Existen significativas diferencias entre nuestra época y las anteriores. Por ejemplo, en 1914 aún se respetaban dos reglas internacionales válidas, en la guerra no se mataban civiles y no se torturaban personas. Hoy se da como cosa natural que en todas las guerras se maten civiles, porque ya no se reconoce ninguna limitación al uso de la fuerza. Tampoco la técnica podría admitir tales distinciones. Mata en forma anónima, oprimiendo botones. Como ya no se ve al enemigo, no surgen sentimientos de piedad, de compasión. Y en segundo lugar, se tortura. Por supuesto, todos lo niegan, pero todos lo saben. La tortura es un instrumento ampliamente difundido para arrancar informaciones. Nos quedaríamos pasmados supiéramos en cuántos países se emplea la tortura”, escribe Erich Fromm.
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martes, 12 de mayo de 2020
En la libertad se fundamenta la dignidad de la persona
En la libertad se fundamenta la dignidad de la persona, como sujeto dueño de sus actos, capaz de dirigirse por sí mismo a un fin. Pero, aplicada a la criatura,y el hombre lo es, que es relativa por definición, la libertad no es un absoluto. Se define por el bien al que se ordena. La libertad, escribe Josemaría Escrivá de Balaguer, otorga al hombre la capacidad de amar con un amor que llega hasta lo infinito.
viernes, 10 de abril de 2020
Si no hubiera madres, ¿qué sabríamos del amor? Si no hubiera amor, ¿qué sabríamos de Dios?
Pensad en el niño que toma el pecho, escribe el filósofo André Comte-Sponville. Y en la madre que se lo da. También ella ha sido un bebé. Todos comenzamos tomando, y esto es ya una forma de amar. Después aprendemos a dar, al menos un poco, al menos algunas veces, y ésta es la única forma de ser fieles hasta el final al amor recibido; al amor humano, nunca demasiado humano; al amor tan frágil, tan inquieto, tan limitado y que, sin embargo, es como una imagen del infinito; al amor del que hemos sido objeto, y que ha hecho de nosotros sujetos; al amor inmerecido que, como una gracia, nos precede, que nos ha engendrado, y no creado; al amor que nos ha mecido, lavado, alimentado, protegido, consolado; al amor que nos acompaña, definitivamente, y que nos falta, y que nos da alegría, y que nos transforma, y que nos ilumina. Si no hubiera madres, ¿qué sabríamos del amor? Si no hubiera amor, ¿qué sabríamos de Dios?
sábado, 14 de marzo de 2020
La filosofía del poder es siempre ayer
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| Joseph Brodsky |
El poeta ruso y premio Nobel de literatura Joseph Brodsky escribió que “la repugnancia, la ironía o la indiferencia ante el poder, tan a menudo expresadas por la literatura, constituyen, en esencia, la reacción de lo permanente, mejor aún, de lo infinito, contra lo temporal, contra lo finito.La filosofía del poder, su ética, y no digamos su estética, es siempre ayer. La lengua y la literatura son siempre hoy, y a menudo, sobre todo allí donde haya un sistema político digno, pueden llegar a constituir mañana. Uno de los méritos de la literatura reside precisamente en que ayuda a las personas a individualizar más su vida, a distinguirse de la multitud de sus predecesores y de sus coetáneos, y evitar así la redundancia, es decir, ese destino de ser, como se dice eufemísticamente, una víctima de la historia. Lo más destacable del arte en general y de la literatura en particular, lo que los diferencia de la vida, es precisamente su aborrecimiento de la repetición. En la vida diaria uno puede convertirse en el alma de una fiesta contando tres veces el mismo chiste y consiguiendo tres veces una carcajada. En arte, este tipo de conducta recibe el nombre de cliché”.
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domingo, 9 de junio de 2019
Alas para volar
El alma tiene alas, y las tiene para volar a Dios. Cuando el lodo del mundo cae sobre las alas, pesan tanto que no pueden levantarse ni cernerse en los aires. Pero cuando un soplo celeste las impulsa, vuelven a tomar su rumbo, y nos llevan a lo infinito, que es nuestra patria, que es el centro de nuestras almas. ¿Quién no ha sentido alguna vez ese misterioso y extraño éxtasis?
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miércoles, 5 de junio de 2019
Discurrir
Según Santo Tomás de Aquino, el discurrir es señal de poco alcance del entendimiento; es una facultad que se nos ha concedido para suplir a nuestra debilidad, y así es que los ángeles entienden, mas no discurren. Cuanto más elevada es una inteligencia, menos ideas tiene, porque encierra en pocas lo que las más limitadas tienen distribuido en muchas. Así, los ángeles de más alta categoría entienden por medio de pocas ideas; el número se va reduciendo a medida que las inteligencias creadas se van acercando al Creador, el cual como ser infinito e inteligencia infinita, todo lo ve en una sola idea, única, simplicísima, pero infinita, su misma esencia.
domingo, 17 de febrero de 2019
Los defensores del intelectualismo religioso confunden la religión con la metafísica.
El psicólogo de la religión Oesterreich dice que “donde quiera que existe una intensa vida religiosa, hallamos la creencia de estar en inmediato contacto de conciencia con Dios. Lo divino deja de ser trascendente, entra en la esfera de lo inmanente,es experimentado, vivido, inmediatamente”. Lo mismo juzga Volkelt, ¿Qué es la religión?, cuando ve lo peculiar de la vida religiosa en que “intimamos de un modo inmediato, esto es, no por medio del pensamiento, ni del raciocinio, ni de la demostración, con un objeto que se extiende hasta la esfera de lo inexperimentable”. “De millones de maneras se ha atestiguado el hecho de que existe una certeza intuitiva, absolutamente peculiar, allí donde el hombre está inmediatamente cierto de sentirse en unión con lo Infinito, con lo Absoluto, con el principio más profundo de todo ser, con lo eternamente uno”
Los defensores del intelectualismo religioso confunden la religión con la metafísica. En la esfera metafísica sólo hay en último término un conocimiento racional. La razón tiene la última palabra. No ven que Dios no es objeto de la metafísica, sino de la religión. Para Johannes Hessen la metafísica trata exclusivamente de lo absoluto, del principio
del universo. Pero este absoluto de la metafísica es distinto del Dios de la religión. Aquél es un ser, éste es en primer término un valor. Y como todos los valores, también el valor de Dios nos es dado exclusivamente en la experiencia interna. Dios llega a nuestra presencia sólo en la experiencia religiosa. Debemos oponer al intelectualismo religioso el hecho de que la certeza que el hombre religioso posee respecto de Dios es de una índole completamente distinta de la que se obtiene mediante complicados razonamientos metafísicos. Si la fe religiosa en Dios reposase en semejantes bases, no poseería esa absoluta invencibilidad que tiene efectivamente en el hombre religioso. Nadie se ha dejado martirizar hasta hoy por una hipótesis metafísica; pero millones de hombres han derramado la última gota de su sangre por su fe en Dios.
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miércoles, 19 de diciembre de 2018
La ciencia promete la verdad, pero no puede lograrla.
Coger a un pájaro, analizarlo, fragmentarlo, no es comprender lo que es el pájaro, porque este animal, al igual que el resto de seres, es más que la suma de sus partes. Conocer los elementos que lo configuran, que a su vez están compuestos de esos átomo, no nos permite aclarar qué es. El pájaro es también sus movimientos, su canto, lo que come, su relación con otros seres, el árbol en el que se posa, el bosque en el que ese árbol se integra. Así, llegamos al infinito; en este caso, a lo infinitamente grande. La parte no es ajena al todo en el que se integra, pero nuestra razón busca comprender analizando, fragmentando, por lo que, lejos de darnos la explicación que buscamos, nos sitúa ante una serie de elementos aislados que ya no dicen nada de aquello sobre lo que reflexionábamos.
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| Pascal. |
Con todo lo anterior, Pascal nos muestra, como el viejo cuento del emperador, que la ciencia está desnuda. Promete la verdad, pero no puede lograrla, y lo único que ofrece son anécdotas acerca de los fenómenos físicos. Anécdotas, además, que no nos sirven de nada a la hora de resolver las preguntas que más deberían importarnos, aquellas que tienen que ver con el sentido de nuestra vida.
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domingo, 22 de abril de 2018
La fe es la fuerza de la vida.
Tolstói habla de la necesidad de la fe:
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| León Tolstói |
“Mi desarraigo de la fe se produjo del modo habitual entre la gente que ha recibido nuestro mismo tipo de educación. Me parece que en la mayoría de los casos sucede así, la gente vive como vive todo el mundo, y todo el mundo vive basándose en principios que no sólo no tienen nada que ver con la fe, sino que, las más de las veces, se oponen a ella. La fe no participa en la vida, no regula en modo alguno nuestras relaciones con los demás ni es preciso que la confirmemos en nuestra propia vida; la fe se profesa en algún lugar lejos de la vida e independientemente de ella. Si nos topamos con la fe, será sólo como un fenómeno externo, no ligado a la vida.
Pensando en la gloria que me proporcionarían mis obras, me decía: «Muy bien, serás más famoso que Gógol, Pushkin, Shakespeare, Molière, y todos los escritores del mundo, ¿y después qué?». Y no podía responder nada, nada…….Mi pregunta, la que a los cincuenta años me condujo al borde del suicidio, era la más sencilla: reside en el alma de todo ser humano, desde el niño estúpido hasta el anciano más sabio, una pregunta sin la cual la vida es imposible, como yo mismo he experimentado. La pregunta es: «¿Qué resultará de lo que hoy haga? ¿De lo que haga mañana? ¿Qué resultará de toda mi vida?». Expresada de otra forma, la pregunta sería la siguiente: «¿Para qué vivir, para qué desear, para qué hacer algo?». O formulada todavía de otro modo: «¿Hay algún sentido en mi vida que no será destruido por la inevitable muerte que me espera?»
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| Tolstoi con sus nietos |
Si nos volvemos hacia las disciplinas que no tratan de resolver las cuestiones de la vida, sino que dan respuesta a sus preguntas específicas, científicas, nos admiramos de la fuerza del intelecto humano, aun sabiendo por anticipado que no encontraremos respuesta a la cuestión de la vida. Esas ciencias la ignoran abiertamente. Dicen: «No podemos responderte quién eres ni por qué vives; no tenemos respuestas a esas preguntas, y no nos ocupamos de eso. Pero si necesitas conocer las leyes de la luz y de los compuestos químicos, las leyes del desarrollo de los organismos; si necesitas conocer las leyes de los cuerpos, su forma y la relación entre números y tamaños; si necesitas conocer las leyes de tu intelecto, para todo eso tenemos respuestas claras, precisas y categóricas».
Si el filósofo llama a esa esencia de la vida que está en mí y en todo lo que existe «idea», «sustancia», «espíritu» o «voluntad», no dice más que una sola cosa, esto es, que esta esencia existe y que yo soy esa misma esencia, pero por qué existe él no lo sabe, y, si es un pensador riguroso, no lo responde. Y pregunto yo: «¿Por qué existe esa esencia y qué resultará del hecho de que ella es y será?». Y la filosofía no sólo no da una respuesta, sino que todo lo que puede hacer es esa pregunta.
Me di cuenta de que las respuestas dadas por la fe, por muy irracionales y distorsionadas que fueran, tenían la ventaja de introducir la relación entre lo finito y lo infinito, sin la cual no puede haber solución. Sea cual sea la manera en que planteo la pregunta de cómo debo vivir, la respuesta es: «Conforme a la ley de Dios». «¿Cuál será el resultado auténtico de mi vida?». El tormento eterno o la felicidad eterna. ¿Cuál es el sentido que no destruye la muerte? La unión con el Dios infinito, el paraíso. Así, fui conducido de un modo inevitable a reconocer que toda la humanidad posee, además del conocimiento racional, que antes me parecía el único conocimiento posible, otro conocimiento, de tipo irracional: la fe, que nos da la posibilidad de vivir……..La fe es el conocimiento del sentido de la vida humana, gracias al cual el hombre no se aniquila, sino que vive. La fe es la fuerza de la vida. Si un hombre vive, es porque cree en algo. Si no creyera que debe vivir por algo, no viviría. Si no ve ni comprende el carácter ilusorio de lo finito, cree en lo finito. Si comprende el carácter ilusorio de lo finito, es preciso que crea en lo infinito. Sin fe es imposible vivir."
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