La película de Fred Zinnemann, Un hombre para la eternidad (1966), está dedicada a los últimos años de la vida de Tomás Moro y sus difíciles relaciones con Enrique VIII. El film está basado en una obra de teatro de Robert Bolt, representada con éxito durante años. La película nos regala una prueba de la existencia de Dios, llamada técnicamente “por el anhelo natural de felicidad”. Ese anhelo natural que hay en todo ser humano supondría la existencia de lo anhelado, pero como el corazón del hombre no puede ser llenado por nada finito, debe existir un ser Infinito que colme sus deseos, que sería Dios. Al final de la película, cuando Tomás Moro va a ser decapitado, le dice a su verdugo a la vez que, como era costumbre, le entrega una moneda: “Haz tu trabajo sin preocuparte, que a mí me llevas junto a Dios”. “Muy seguro estás de ello, sir Thomas”, le contesta burlonamente el alguacil. A lo que Tomás responde con serenidad: “No puede defraudarme Aquel a quien tanto deseo ver”. Al momento, cae el hacha.
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miércoles, 18 de febrero de 2026
El anhelo natural de felicidad
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sábado, 7 de febrero de 2026
Peregrinación de la Gracia
Escribe G. K. Chesterton en Breve historia de Inglaterra que “Tomás Cromwell, no tardó en ser identificado como el tirano, y lo cierto es que convirtió rápidamente el gobierno en una pesadilla. El movimiento popular fue reducido en parte por la fuerza; y hay un toque de militarismo moderno en el hecho de que los encargados de hacerlo fueran cínicas tropas profesionales, procedentes de países extranjeros y contratadas para destruir la religión inglesa. Pero, al igual que ocurrió con la vieja revuelta popular, la derrota se logró ante todo por medio del engaño. Tal como sucedió con el antiguo levantamiento, el motín tuvo el éxito suficiente para forzar al gobierno a parlamentar; y el gobierno tuvo que recurrir al sencillo procedimiento de calmar a la gente con promesas y después quebrantar, primero las promesas y luego a la gente, tal como hemos visto hacer tantas veces a los políticos actuales cuando tienen que enfrentarse a una huelga general. La revuelta adoptó el nombre de Peregrinación de la Gracia, y en la práctica su programa se reducía a la restauración de la vieja religión.”
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| Peregrinación de la Gracia |
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