martes, 6 de octubre de 2026

Lo que distingue al cristianismo es el hecho de que ha convertido el amor en el principio dominante en todos los campos del dogma

“Lo que distingue al cristianismo y le confiere un lugar único en la vida intelectual del ser humano es el hecho de que sólo él ha convertido el amor en el principio dominante en todos los campos del dogma. No importa lo que hayan hecho los cristianos a otros o a ellos mismos, su fe es la única en la que Dios y amor son lo mismo. Los dos mil años de la teología y la filosofía cristianas consisten en un intento tras otro de entender un amor que podría ser Dios y volverlo susceptible de veneración”, escribe el filósofo Irving Singer.
“El Dios cristiano, como el Dios aristotélico, lo atrae todo a sí porque es amado, pero también es amante. En efecto, todo amor tiene su origen en él, en tanto que nada podría amar si él no lo hubiera amado primero. Mediante este tipo de idealización, los cristianos podrían ver en el cosmos un significado y una intencionalidad que nadie antes había encontrado. Su Dios se interesa de manera personal por cualquier cosa que la naturaleza produzca. Él contiene la forma platónica superior, la misma esencia de la bondad o de la belleza. Al mismo tiempo, él es infinitamente poderoso, terminante, sabio. Él es un gran benefactor que siempre procura lo mejor. Y, por último, no se desperdicia nada del amor que él genera porque, en definitiva, todo vuelve a él. Por muy tortuosamente que sea, Dios siempre se ama a sí mismo. Enamorado, desciende constantemente y entra en sus criaturas. Éstas tampoco tienen en definitiva ningún otro objeto que la Divinidad. Ella es por lo tanto alfa y omega, principio y fin, la apoteosis de eros, la perfección del amor propio intencional.”

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