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domingo, 19 de abril de 2026

A los monjes se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico

Los monjes a lo largo de los siglos ejercieron la docencia.  Juan Crisóstomo cuenta que en sus tiempos ( 347-407) era costumbre entre las gentes de Antioquía enviar a sus hijos para ser educados entre los monjes. San Benito instruyó a los hijos de los nobles romanos. San Bonifacio creó una escuela en cada uno de los monasterios que fundó en Alemania, mientras San Agustín y sus monjes construyeron escuelas en Inglaterra. Entre los méritos de San Patricio destaca el fomento de la educación en Irlanda, donde los monasterios se convirtieran en importantes centros de conocimiento, que dispensaban instrucción a monjes y legos por igual. 
Los monjes durante la Edad Media, según Adolf von Harnack, estudiaban las canciones de los poetas paganos y los escritos de los historiadores y filósofos. Los monasterios y las escuelas monásticas vivieron un gran florecimiento, y cada casa se convirtió en un centro de enseñanza y de vida religiosa. Alexander Clarence Flick manifiesta que no solo crearon las escuelas y se convirtieron en maestros sino que sentaron los cimientos de las universidades. Fueron los pensadores y los filósofos de su tiempo y modelaron el pensamiento político y religioso. A ellos, tanto individual como colectivamente, se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico a lo largo de la Edad Media y el periodo moderno.


lunes, 13 de abril de 2026

La belleza es digna de ser amada

La belleza es digna de ser amada, pero el amor que se profesa a la belleza es de un tipo especial. No busca hacerse con su objeto, sino que mantiene la distancia que hace posible disfrutar contemplándolo, afirma el filósofo Rémi Brague.
Los monjes en la Edad Media, cuenta Brague, nunca soñaron con hacer algo cultural, y mucho menos con construir una cultura o una civilización cristiana. hasta puede que algunos pensaran que sus obras y su trabajo estaban condenados a desaparecer en un futuro más o menos cercano. Pero esto no les impidió ocuparse de la conservación y promoción de los bienes culturales e incluso de la innovación. Los monjes tenían una visión del mundo como creación de Dios bondadoso y cuya creación era fundamentalmente buena. 


sábado, 7 de febrero de 2026

Peregrinación de la Gracia

Tomás Cromwell

Escribe G. K. Chesterton en Breve historia de Inglaterra que “Tomás Cromwell, no tardó en ser identificado como el tirano, y lo cierto es que convirtió rápidamente el gobierno en una pesadilla. El movimiento popular fue reducido en parte por la fuerza; y hay un toque de militarismo moderno en el hecho de que los encargados de hacerlo fueran cínicas tropas profesionales, procedentes de países extranjeros y contratadas para destruir la religión inglesa. Pero, al igual que ocurrió con la vieja revuelta popular, la derrota se logró ante todo por medio del engaño. Tal como sucedió con el antiguo levantamiento, el motín tuvo el éxito suficiente para forzar al gobierno a parlamentar; y el gobierno tuvo que recurrir al sencillo procedimiento de calmar a la gente con promesas y después quebrantar, primero las promesas y luego a la gente, tal como hemos visto hacer tantas veces a los políticos actuales cuando tienen que enfrentarse a una huelga general. La revuelta adoptó el nombre de Peregrinación de la Gracia, y en la práctica su programa se reducía a la restauración de la vieja religión.”

Peregrinación de la Gracia
“La historia nos cuenta que, pocos años después, las relaciones de la Corona con sus nuevos servidores cambiaron por completo hasta el punto de horrorizar al mundo; y el hacha que había sido santificada con la sangre de Moro y contaminada con la de Cromwell volvió a caer, por orden de uno de los descendientes de ese mismo esclavo, para matar a un rey inglés. La marea que irrumpió así a través de la grieta y acabó por arrastrar al rey y a la Iglesia fue la revuelta de los ricos y, en particular, la de los nuevos ricos. Utilizaron el nombre del rey y no podrían haber triunfado sin su poder, pero el efecto final fue como si hubieran saqueado la Corona después de saquear los monasterios. Sorprendentemente, considerando el nombre y la teoría en que se sustentaba, solo una ínfima parte de la riqueza continuó en manos reales. El caos aumentó, sin duda, por el hecho de que Eduardo VI ascendiera al trono siendo solo un niño, verdad que se pone de manifiesto en la dificultad de trazar una línea de separación entre los dos reinados. Al enlazar con la familia Seymour y lograr así tener un hijo, Enrique le proporcionó también al país el prototipo de familia poderosa dispuesta a gobernar exclusivamente mediante el pillaje. Durante los años de impotencia del rey niño, aconteció una tragedia tremenda y antinatural, la ejecución de un Seymour por su propio hermano, y el Seymour vencedor figuró desde entonces como Lord Protector, aunque ni él mismo supiese a quién estaba protegiendo, ya que ni siquiera cuidaba de su propia familia. En cualquier caso, no es exagerar demasiado decir que las cosas humanas quedaron desprotegidas ante la avaricia de aquellos protectores caníbales. Hablamos de la disolución de los monasterios, pero lo que ocurrió fue la disolución de toda la vieja civilización. Los leguleyos y los lacayos y los prestamistas, los más mezquinos entre los afortunados, saquearon el arte y la economía de la Edad Media como unos ladrones desvalijando una iglesia. Sus nombres (cuando no se los cambiaron) llegaron a ser los de los grandes duques y marqueses de nuestros días. Pero si recorremos la historia con la mirada, tal vez el acto de destrucción más esencial ocurriera cuando la gente armada de los Seymour y otros semejantes pasó de saquear los monasterios a saquear los gremios.” 

miércoles, 19 de marzo de 2025

La idea de Europa

El rapto de Europa de François Boucher

La idea de Europa nació en la Antigua Grecia, donde se contrastaba con una Asia despótica y bárbara. Tras la caída del Imperio romano, el sueño de la reunificación europea apareció de forma recurrente. En la Edad Media, se concretó en la unión de la cristiandad contra el islam. En los siglos XVII y XVIII, mientras las guerras de religión e imperiales hacían estragos, surgieron ideas seculares. En 1712 el abad de Saint-Pierre abogó por una “unión europea”, y en 1795 Immanuel Kant propuso algo parecido en su obra La paz perpetua.
El siglo XIX añadió la idea de las culturas y los pueblos intrínsecamente europeos. Ese nacionalismo se tradujo en más guerras y, en su sentido de culpabilidad posterior, llamamientos a la unidad europea. El movimiento europeo moderno se inició después de la I Guerra Mundial. Algunos de sus fundadores la consideraban una forma de que Europa compitiera con América y la Unión Soviética, lo que implicaba que Rusia no podría unirse nunca. Ni tampoco, según creían algunos, podría hacerlo Gran Bretaña, que se identificaba más con su imperio que con Europa. Cuando un primer gobierno europeo federal finalmente llegó tras la II Guerra Mundial, su misión fue política y económica; hacer que Europa occidental estuviera tan integrada como para que sus Estados no se enfrentaran de nuevo y fuera tan rica como para eludir el comunismo. La pertenencia estaba dictada por las circunstancias de la Guerra Fría, y no tanto por preocupaciones filosóficas insustanciales.
El filósofo europeo del siglo XX, Ludwig Wittgenstein creyó en algún momento que el lenguaje debe referirse a cosas diferenciadas del mundo real, y que la filosofía debería aspirar a hacerlo exacto, como una ciencia. Más tarde, llegó a la conclusión de que eso era absurdo. Las palabras no pueden ser definidas con precisión; sus límites son difusos. Su significado radica en la forma en que las personas las usan para conseguir lo que quieren.
Lo mismo ocurre con la palabra Europa. Los sentimientos de los europeos sobre quién merece estar en la Unión Europea depende de los problemas sobre los que estén discutiendo. La unión monetaria y los conflictos sobre el principio de legalidad son cuestiones de instituciones y cultura, y centran la atención en las distintas identidades e historias de los europeos. Pero los mayores desafíos actuales (la guerra de Ucrania, la competencia con China, el aumento de la migración en el Mediterráneo, la gestión del cambio climático) son geopolíticos. Esto ha hecho que Europa vuelva su mirada a la geografía. Es posible que los franceses y los albanos no estén totalmente de acuerdo en los rasgos civilizadores que los caracteriza, pero saben que comparten el mismo trozo de roca euroasiática. En estos momentos, eso parece más importante.

Referencia:The Economist (30/9/2023)


lunes, 3 de febrero de 2025

Cuanto más se aproxima el ciudadano a la libertad, en mayor medida puede ampararse en el derecho

Dice R. W. Southem, destacado historiador medieval inglés con sede en la Universidad de Oxford, que “el odio a cuanto no dependía de la norma sino de la voluntad adquirió gran importancia en la Edad Media… Cuanto más se aproximaba el ciudadano a la libertad, en mayor medida podía ampararse en el derecho y menos sujeto se encontraba a la voluntad… El derecho no era el enemigo de la libertad. La libertad fue, por el contrario, fruto de la asombrosa variedad de leyes que poco a poco fueron surgiendo durante este periodo… A cualquier nivel, el ciudadano se acercaba a la libertad acrecentando el número de normas a las que estaba sujeto… Solo cuando la libertad quedó articulada al quedar adscrita a los estados de caballero, burgués o noble, pudo ser observada, analizada y medida… La libertad es creación del derecho y el derecho es la razón en acción. Es la razón la que asigna su condición al ser humano. La tiranía, sea del rey Juan o del Demonio, es consecuencia de la ausencia de ley”(The Making of the Middle Ages, New Haven, 1953)
Adam Ferguson, filósofo, científico social e historiador de la Ilustración escocesa, en Principies of Moral and Political Science (Edimburgo, 1792) escribe que “la libertad no es, como pudiera parecer teniendo en cuenta el origen del término, la total ausencia de freno, sino, por el contrario, la aplicación efectiva de adecuadas limitaciones al comportamiento de todos los miembros integrados en un Estado libre, trátese de magistrados o de meros ciudadanos”. “Solo al amparo de adecuadas restricciones está la persona segura y a cubierto de agresión contra su libertad, hacienda o lícito comportamiento. El establecimiento de un gobierno justo y eficaz es, entre todas las realidades de la sociedad civil, la más esencial para la libertad; porque solo cabe en justicia decir que alguien es libre si el gobierno es lo bastante fuerte como para protegerlo. Deberá, sin embargo, al propio tiempo, hallarse tan sometido a restricciones como sea oportuno para que no pueda abusar de su poder”. 

viernes, 20 de diciembre de 2024

La humanidad debe regresar a la Edad Media

Rémi Brague
Rémi Brague, profesor emérito de Filosofía Medieval en la Sorbona de París, piensa que la humanidad debe regresar a la Edad Media. No la Edad Media del presunto atraso y barbarie, sino una Edad Media que entendía la creación, incluidos los seres humanos, como el producto de un Dios inteligente y bondadoso. Los desarrollos positivos que se han producido dentro del proyecto moderno ya no se basan en un proyecto racional porque la existencia humana en sí ha dejado de ser el bien que alguna vez fue.

sábado, 23 de noviembre de 2024

En los textos medievales no encontramos un término para designar a aquellos que llamamos hoy artistas

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas? La célebre pregunta de Brecht opone el anonimato de los muchos que en la sombra hacen la historia a la notoriedad de los pocos que son presentados como sus protagonistas. Y habría que aplicarla a la situación de los artistas en la Edad Media. ¿Quién proyectó los mosaicos de San Vital? ¿Quién pintó los frescos de Castelseprio? ¿Quién esculpió los capiteles de Cluny? ¿Quién construyó la catedral de Chartres? Las obras de arte desempeñan un gran papel cuando intentamos representarnos, visualizar el Medievo, y, entre las imágenes que podemos tener de esta época, una se abre camino estimulada por los monumentos, las crónicas y los documentos. Más que cualquier otra, esta época se nos presenta marcada por su blanca veste de iglesias que bullen de esculturas, mosaicos o vidrieras multicolores, de orfebrerías centelleantes, de coloreadísimos libros miniados, de marfiles esculpidos, de inmensas puertas de bronce, de esmaltes, de pinturas murales, de tapices, de bordados, de paños y tejidos de colores cambiantes y con singulares dibujos, y de tablas pintadas con fondos de oro. Pero frente a la profusión y variedad de las producciones artísticas que despiertan nuestra admiración y estimulan nuestra fantasía, podemos reunir un restringido número de nombres de artistas y, además, muy a menudo son nombres aislados, ligados solamente a una obra. Incluso el creador de un monumento importantísimo, como la capilla palatina de Aquisgrán, una piedra militar de la arquitectura medieval, se nos escapa, resulta inasible. ¿Quién fue Odo de Metz? ¿Cómo definirlo y situarlo? Hubo un tiempo en que, lamentando el egocentrismo, el protagonismo y la vanidad de los artistas modernos, fueron ensalzadas, por contraste, la dedicación, la modestia, las virtudes del artífice medieval, no deseoso de otra recompensa que no fuera la divina, reacio a la exaltación de su propio nombre, humilde y feliz en el anonimato, deseoso solo de participar en el gran esfuerzo colectivo de exaltación de la fe.
En los textos medievales no encontramos un término para designar a aquellos que llamamos hoy artistas; los artesanos son llamados comúnmente artífices, así como los artistas: «Obiit Berengarius huius matris ecclesiae artifex bonus» indica alrededor de 1050, sin precisar más, un obituario de la catedral de Chartres y sería vano preguntarse a qué se dedicaba este Berengarius (probablemente fue el arquitecto que dirigió la reconstrucción de la catedral después del incendio de 1020). El término artista, con el que a veces nos encontramos, indica a una persona que estudia o practica las artes liberales. Solo a finales del siglo XIII, en la crónica de Salimbene, estará referido a una persona dotada de una capacidad técnica especial.La idea que se tiene del arquitecto en la Edad Media es muy variada. Cierta imagen, heredada de la antigüedad clásica, que ve en él un profesional de la proyección y de la organización del taller, sobrevivirá hasta la época carolingia. Para Isidoro de Sevilla, autor a principios del siglo VII de la enciclopedia más difundida en el Medievo hasta que aparecieron en el siglo XIII las Summae escolásticas, el arquitecto es una unión de albañil (caementarius) y de proyectista, y esta definición fue retomada por Rábano Mauro en época carolingia.
En la Edad Media la relación entre artista y destinatario es una relación desigual; la posición jerárquica, las posibilidades económicas y, frecuentemente, la cultura del destinatario, rebajan hasta humillarlo el rango del artista. “Ars auro gemmisque prior. Prior Omnibus autor”. El arte es superior al oro y a las gemas, pero antes que ninguno está el destinatario, advierte la inscripción sobre un esmalte con la imagen de Henri de Blois, arzobispo de Winchester (c. 1150).
Referencia: El hombre medieval. Capítulo sexto EL ARTISTA Enrico Castelnuovo

lunes, 18 de noviembre de 2024

Nación

En 1944, Guido Zernatto publicó Nation: the History of a Word, un artículo en el que a través de una perspectiva lingüística pretendía analizar la evolución de la palabra nación a lo largo de la historia, con el fin de acceder a un significado completo de la misma. Partía de la antigua Roma, donde el término natio poseía un cariz despectivo y se usaba para designar a los grupos de extranjeros no ciudadanos procedentes de una misma región geográfica y que habitaban en las ciudades coloniales del territorio bajo dominio romano. Durante la Alta Edad Media, Zernatto reduce el uso del término nación al ámbito universitario, donde se utilizaba para separar a los estudiantes según sus regiones de origen. Nación fuera del ámbito universitario, aunque por extensión comenzó a aplicarse en los concilios ecuménicos, es decir, las asambleas celebradas por la Iglesia en las que eran convocados los obispos para debatir sobre la teoría y práctica religiosa. Se denominaba, entonces, nación a las secciones entre las que se dividía el voto en dichos concilios. En el siglo XIV cómo, en algunas Cortes y otras asambleas, los estamentos llamados a las mismas comenzaban a denominarse naciones. Esto mantuvo la concepción de nación como una comunidad de élites con un mismo origen geográfico hasta el siglo XIX, sin que la Revolución francesa alterara en su momento esta característica del término. La propia Revolución francesa, de hecho, quiso distinguir entre los conceptos pueblo y nación desde sus inicios. Su objetivo era que las altas clases burguesas pasaran a engrosar las filas de la nación, pero no el pueblo llano. La forma de llevar esto a cabo era el sufragio censitario, que impedía que todo el pueblo francés pudiera ser considerado como nación en tanto que la gran mayoría no poseían derecho a la participación política y, por lo tanto, no formaban parte de la soberanía nacional. 
Hasta el siglo XIX la nación no adquirió su último significado, el que hace referencia al pueblo soberano. Así, la palabra nación pasa a significar un grupo de personas diferenciado y único, procedente de un mismo origen y portador de la soberanía. La nación pasa a convertirse, en la vida política, en base de la solidaridad y objeto supremo de lealtad. Sin embargo, esto supone que el pueblo soberano que compone la nación solamente aparece en un estadio muy reciente de la historia de la humanidad y debido a unos cambios impensables antes del siglo XIX. Otto Bauer publicó en 1907 La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia, donde expone que es imposible concebir el nacimiento de la nación alemana sin hacer referencia al contexto de expansión del capitalismo en el siglo XIX. Es decir, no podemos pensar que una gran extensión del territorio sea accesible a la mayoría de la población sin tener en cuenta el desarrollo de la prensa, los transportes, la ampliación de los mercados y la sustitución de una sociedad estamental por una sociedad de clases que permita cierta movilidad. 


domingo, 10 de marzo de 2024

La población del siglo XIII era más limpia que la del siglo XVII


Escribe Georges Duby, historiador francés especializado en historia social e historia de las mentalidades de la Edad Media, que la población del siglo XIII era más limpia que la del siglo XVII. Los compañeros de San Luis se bañaban más que los de Luis XIV. La higiene mejoró en el siglo XIV, por efecto del mejor nivel de vida y cuando se adoptó la costumbre de llevar ropa interior. Aparecieron camisas lavables. Pero no se terminó la miseria. ¡Difícil protegerse de ella! Toda una fauna parasitaria cohabitaba con la especie humana y este ecosistema de hombres y bestias favorecía el contagio.
Para mediados del siglo XIII, los baños públicos eran tan numerosos en París que los estuviers, o propietarios, formaron su propio gremio. La popularidad de estos baños públicos desencadenó otras actividades. De hecho, la palabra en inglés stew, cuya una de sus acepciones significa burdel, proviene del francés etuves, o baño público. En el siglo XV estos términos eran considerados sinónimos en varias ciudades de la Europa medieval.
El baño era también una parte importante en los rituales de los caballeros medievales. Para su nombramiento, el candidato debía bañarse antes de pasar la noche en oración, con la finalidad de que estuviera corporal y espiritualmente purificado antes de convertirse en caballero.
En la Edad Media se encerraba a los leprosos tal como Le Peri sugirió que se encerrara a los enfermos de Sida. Pero Francisco de Asís encontró a Cristo en un leproso que se cruzó en su camino y a quien tomó en sus brazos. Había santas mujeres en el norte de Francia que consagraban su vida a bañar y a cuidar a los leprosos. Junto a cada leprosario vivía un grupo de cristianos inflamados de compasión.En fin,esta enfermedad se propagaba de modo más equitativo que la peste. No infectaba sólo a los pobres. Hubo hasta un rey leproso, Balduino de Jerusalén.




lunes, 4 de marzo de 2024

La enseña con las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo

En la Edad Media no hay banderas nacionales. La enseña con las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo (o cuatro palos de gules sobre campo de oro en su denominación heráldica), que hoy, con variantes, identifica a las Comunidades Autónomas de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares, no fue la bandera de ningún reino, sino el estandarte del rey de Aragón.La primera cita documental escrita sobre su uso data de 1187. Ese año, tras ayudar a Alfonso VIII de Castilla en el asedio de Cuenca, el rey Alfonso II de Aragón adopta las barras en su escudo de armas. Zurita dice que el rey “mudó las armas y señales de Aragón y prendió bastones”. El rey habla de vexilium nostro; es decir, que se trata de armas heráldicas de su linaje, y no de territorio alguno. Y aparecen claramente definidos en los sellos del propio Alfonso II y de su hijo Pedro II. En la Crónica de San Juan de la Peña, escrita en la segunda mitad del siglo XIV, se lee: “Al fin, estando el rey de Castilla en gran peligro, pues los moros le tenían Cuenca cercada, le envió a rogar al rey don Alfonso de Aragón y que le fuese a romper el cerco de aquella ciudad, le liberó del homenaje y de los lugares que por ello tenía, y como buen caballero ayudó a librar el asedio, de donde partió con gran honor y victoria y cambió las armas y señales del rey de Aragón y tomó los bastones”.En un sello de 1186 ya aparece el rey Alfonso II de Aragón portando una banderola triangular en la que se atisban unas franjas; se ha considerado la primera representación gráfica de la bandera real. En el reinado de Jaime I las bandas rojas sobre fondo amarillo ya ondean como bandera del rey, y desde 1230 al menos se consideran colores exclusivos del monarca y de sus herederos: es la senyal real, como la nombra el propio Jaime el Conquistador en su crónica.

Alfonso II de Aragón

El cronista Bemat Desclot cuenta que en 1285 las naves y galeras que participan en la conquista de Sicilia llevan la senyal del rey de Aragón, y que hasta los peces lucen en su lomo los colores de Aragón. En la batalla, el grito de guerra es siempre “¡Aragón, Aragón!”, y Jaime I, en su crónica, afirma que grita “¡Aragón, Aragón!” cuando en 1225 persigue por los campos de Burbáguena, a orillas del río Jiloca, a don Pedro de Ahonés. Los colores de Aragón, sí, pero Aragón en cuanto nombre de la casa real, en cuanto a linaje, no en cuanto a reino. De ahí que a estas armas heráldicas se las llame siempre armas reales y nunca armas condales.Esos colores y esos emblemas no están ligados a ningún territorio concreto, como señala Alberto Montaner Frutos, sino a una familia, los Aragón, como ya comentan Ramón Muntaner en el siglo XIII (La alta casa de Aragón), Pedro IV en el XIV (Nuestra casa de Aragón), o el historiador catalán Joan Montsó en el siglo XV (La casa de Aragón).
Referencia: La Corona de Aragón de José Luis Corral

viernes, 26 de enero de 2024

No tiene sentido es pensar que el final de la Edad Media es la caída de Constantinopla en 1453

Para el historiador Luis Suarez no tiene sentido pensar que el final de la Edad Media es la caída de Constantinopla en 1453. Esto ya no fue un acontecimiento. Constantinopla ya había caído en 1204, y, aunque se había instaurado un supuesto Imperio bizantino, no tenía significación, era un estado agónico, condenado a desaparecer antes o después.



domingo, 29 de octubre de 2023

La suposición de que la fe sea la antítesis de la razón es un embuste que alzó el vuelo durante la Ilustración

En la Edad Media, la cultura de la Europa occidental descansaba en el doble pilar de la razón y la religión. La fe era el elemento que informaba la conducta y la acción, mientras que la razón trataba de explicar los motivos que permitían asignar un sentido a la existencia de lo sobrenatural, siendo este un estado de cosas que impregnaba tanto las especulaciones de los eruditos y las políticas de las élites dominantes como el cotidiano desconcierto del pueblo llano frente al significado de la vida o los problemas derivados de la brega concreta con el mundo material, escribe Christopher Tyerman.
La suposición, dice Tyerman, de que la fe o la creencia sea la antítesis de la razón, y viceversa, es un embuste que alzó el vuelo durante la Ilustración y el proceso de demolición de la ciencia medieval (que dinamitó también, no lo olvidemos, la ciencia clásica). Sin embargo, en la era moderna no habría un solo presidente de Estados Unidos que pudiese aspirar a la Casa Blanca si se atreviera a expresar un escepticismo religioso de base racional similar al que mostró en su día el rey Amalarico de Jerusalén (que reinó entre los años 1163 y 1174), preocupado por la ausencia de toda prueba externa, no basada en las Escrituras, de la resurrección. Las dudas de Amalarico constituyen una indicación de que la fe medieval no era ni irreflexivamente pasiva ni hostil a la explicación racional. Del mismo modo, y a pesar de que sus premisas y su cosmovisión puedan diferir de los de otros filósofos posteriores, el método de Tomás de Aquino (fallecido en 1274) era tan racional como, por ejemplo, el de David Hume (fallecido en 1776), incluso al bregar con el problema de los milagros, como se ha argumentado recientemente.En la Edad Media no había nadie con dos dedos de frente que se imaginara que el mundo era plano; los intelectuales conocían con bastante precisión la circunferencia de la Tierra. Las interpretaciones literales de las Escrituras nunca monopolizaron la comprensión de la Biblia. El razonamiento lógico y empírico era un rasgo característico del mundo de la Edad Media central, tal como sucede en nuestros días. No se procedía de la misma manera ni se seguían procesos idénticos a los de ahora (un anacronismo que lastra buena parte de las ficciones y dramatizaciones históricas), pero no por ello deja de poderse reconocer que lo que se aplicaba era la racionalidad, en tanto que fórmula con la que intentar descubrir la verdad objetiva.

viernes, 14 de julio de 2023

En el Renacimiento se planteo la cuestión de compaginar la Antigüedad clásica con el mundo cristiano

Filosóficamente, se planteó en el Renacimiento la cuestión de compaginar la Antigüedad clásica, en su paganismo, con el mundo cristiano. En el arte, se optó por tratar ambos mundos por igual. Así, en arquitectura, surgieron iglesias cristianas que presentaban elementos propios de los templos paganos, como cúpulas y frontones. En la escultura y en la pintura, al mismo tiempo que se buscaba la simetría, el equilibrio compositivo y las proporciones del cuerpo humano, se realizaron obras tanto de tema religioso como mitológico, dependiendo del cliente que hiciera los encargos. La Iglesia solicitará siempre obras de temática cristiana, además de retratos papales o cardenalicios, y la aristocracia, junto a la nueva burguesía comercial y financiera, presente, sobre todo, en el centro y norte de Europa, encargará, además de temas profanos, obras mitológicas. El Renacimiento, en general, se caracterizó por una vuelta a las formas clásicas de la Antigüedad grecolatina y el abandono total del espíritu de la Edad Media y de sus cánones morales y artísticos, afirma Carlos Javier Taranilla.

sábado, 29 de enero de 2022

Los banqueros en la Edad Media


La principal función de los banqueros en la Edad Media, que pronto se dedicaron al préstamo, consistía en la cesión temporal de dinero a cambio de unos intereses determinados (30-40%), que constituían su beneficio. Por la costumbre de realizar las operaciones siempre en el mismo lugar, generalmente un banco de la plaza pública, la denominación actual de las oficinas, bancos, procede de entonces, al igual que el término bancarrota, que hoy día se emplea para designar la quiebra de una entidad, ya que en aquel tiempo, cuando alguno se arruinaba, rompía públicamente el banco o asiento donde realizaba las operaciones habituales. Se trataba de personas mal vistas, tenidas por usureras porque los préstamos que concedían llevaban aparejados intereses abusivos. El historiador Luis Suárez las describe diciendo que proporcionaban préstamos a cambio de elevados intereses o solicitando una prenda (objetos personales, ropa…) que era devuelta a su propietario si este pagaba el préstamo. Los campesinos se veían obligados a recurrir a ellos para comprar herramientas, pagar otras deudas o conseguir su libertad del señor feudal. Los prestamistas fueron conocidos como usureros; las leyendas y los rumores les convirtieron en culpables de todos los males que aquejaban a la población, sobre todo en tiempos de crisis económica. La Iglesia tuvo a los prestamistas por grandes pecadores, ya que ejercer la usura era uno de los delitos más graves que se podían cometer contra el prójimo. 

En general, la nobleza se hallaba ausente de las transacciones financieras, puesto que basaba su riqueza en la tierra; por ello, las finanzas fueron una actividad propia de los burgueses, quienes lograron enriquecerse de esta manera. La circulación de dinero fue teniendo un papel determinante en el consumo de productos orientales de lujo, en lo cual repercutió el refinamiento de la vida ciudadana y las clases burguesas acomodadas frente a la rudeza en los usos de la nobleza feudal.

jueves, 6 de enero de 2022

Sobre la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos


*Mucho antes de que España intentase expulsar a sus judíos, y aún antes de que hubiera apreciables demostraciones antijudías, otros países, particularmente Inglaterra (1290) y Francia (1306), habían ya seguido tal camino. Esta persecución había empezado a ser fenómeno común y popular en Europa, y a ello debe agregarse y tenerse en cuenta el hecho de que el poder judío, su influencia y su número, eran en España, durante la Edad Media, muy superiores a los de cualquiera otra parte del continente. Durante los siglos medievales, los judíos residentes en la Península alcanzaron un nivel cultural, una prosperidad material y una influencia política, económica y religiosa, muy superiores, y que jamás podrían compararse a sus posibilidades de haberlos logrado en cualquier otra región de Europa. Escritores judíos, tales como Cecil Roth y el influyente y abiertamente hispanofóbico Heinrich Graetz, exaltan con orgullo el singular poderío y prosperidad de su raza en la España de entonces. Otros muchos escritores, desde entonces hasta ahora, han dado testimonio de este hecho histórico.


Después de la expulsión por los Reyes Católicos, muchos judíos continuaron viviendo en España y sus dominios, bien como auténticos cristianos o como cripto-judíos. Estos llamados conversos, alcanzaron posiciones de importancia hasta cerca del mismo trono; se ocuparon de asuntos comerciales y financieros; y fueron hasta miembros de la Inquisición, tratantes de esclavos, sacerdotes, etc.. Es un grave error ignorar esta continuidad hebrea en España, pues esta significativa característica de la historia española es, a menudo, ignorada en aras de concentrar la atención sobre las más sensacionales historias de torturas inquisitoriales o expulsiones en masa.Louis Israel Newman, en su obra Jewish Influence…, muestra la labor hebrea en este aspecto, que ciertamente inquietaría a la piadosa Isabel: "los apóstatas y Marranos, solapadamente judaizaron las doctrinas de la Iglesia desde dentro”. Los monarcas medievales, luego Fernando e Isabel y aún algunos reyes posteriores, dieron muy claras pruebas de su favoritismo hacia los judíos y conversos, incluso cuando el cristianismo de los últimos era sospechoso.


La Inquisición que Isabel estableció en Castilla en 1480, a pesar de todas las críticas contra dicha institución, pareció ser una necesaria y acertada solución, aunque la soberana la hubiese de establecer con repugnancia. Cualquier otro monarca en la Europa de aquel tiempo, enfrentado con similares condiciones, hubiera utilizado medidas mucho más duras. La Inquisición castellana, tuvo entre sus objetivos eliminar la posibilidad o probabilidad de un estado judío dentro del Estado y, en este aspecto, la Inquisición fue un brazo de la monarquía y una defensa contra la traición.
* Fuente:Árbol de odio de Philip Wayne Powell


sábado, 30 de octubre de 2021

El mito de Castilla

Castilla

“Los estudios sobre Edad Media en España tuvieron como modelo las escuelas alemanas surgidas con el movimiento del Romanticismo, lo mismo que las de otros países europeos. Tales escuelas alemanas estuvieron en íntima relación con la aparición de Alemania como nación moderna en el siglo pasado. Pero en su conjunto partieron de la idea de que Prusia había sido la creadora de la nueva nación. Esta simple idea la adoptaron inmediatamente todos los historiadores europeos. Y para los franceses su patria se habría formado gracias a la isla de Francia (París). Los italianos relacionarían el origen de su nación con el Piamonte. Y así los demás países. En España la generación de historiadores del 98, lo mismo que los literatos, tuvieron que buscar el correspondiente paralelismo nacionalista. Y así desarrollaron el “mito de Castilla”. Es sencillamente una regla de tres: “Prusia es a Alemania como Castilla es a España.” Así aparece una España cidiana, monárquica, nobiliaria, clerical y que desdeña a la burguesía, porque según el adagio medieval “las cabras paren cabritos, pero el dinero no pare dinero”. Y así frente a la “otra España”. Y, naturalmente, el Cantar de Mío Cid tenía obligación de ser un poema castellano. Tanto más cuanto que iba a servir para crear una serie de nuevos mitos, como el de la historicidad de la épica castellana. La épica europea estaría informada por la fantasía; la castellana, por la más pura Historia”, narra Antonio Ubieto Arteta, Catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Valencia.



sábado, 31 de julio de 2021

Profesores y estudiantes universitarios en la Edad Madia


Durante la Edad Media la mayoría de profesores y estudiantes universitarios eran miembros del clero y a menudo pertenecían a órdenes religiosas, sobre todo a los dominicos, que contaron con personalidades como Tomás de Aquino, el más famoso profesor medieval. Incluso investigadores de la naturaleza como Alberto el Grande y Roger Bacon fueron frailes. Los estudiantes pasaban a menudo de una universidad a otra, de forma que llegaron a formar un grupo internacional, conscientes de las diferencias que los separaban de los habitantes normales de la ciudad donde residían temporalmente. Los profesores eran principalmente filósofos y teólogos. Algunos de estos hombres de letras, como el inglés Juan de Salisbury en el siglo XII, se movieron también por las cortes de la época. 
El término “escolásticos” (scholastici, es decir, hombres de escuela) fue una expresión despectiva inventada por los partidarios de un currículo universitario de nuevo estilo; las “humanidades”. Los profesores de este nuevo currículo fueron calificados de “humanistas” (humanistae) y luego el término se extendió primero por Italia y posteriormente por otras partes de Europa. Estos humanistas constituyeron una nueva forma de clerecía. Algunos habían recibido las órdenes sagradas, pero muchos otros eran laicos; enseñaban en escuelas o universidades o ejercían de tutores privados o estaban al servicio de generosos mecenas. Por lo menos para algunos de ellos, la enseñanza fue más un destino fatal que una vocación, manifiesta el historiador y académico británico Peter Burke

jueves, 15 de julio de 2021

El camino de Compostela fue la gran universidad en la que se instruyó la Edad Media


Hacia el primer cuarto del siglo XI se produjo un acontecimiento particularmente importante, una especie de toma de posesión del camino de Compostela por parte de Cluny, escribe el historiador Louis Charpentier. “Además del estudio y la oración, las actividades principales de la Orden benedictina fueron siempre desde su creación, la agricultura y la construcción. Una buena parte de los monjes eran carpinteros, talladores de piedra y albañiles. Los abades fueron muy a menudo maestros de obras. Este arte de la construcción alcanzó su punto culminante con la reforma cluniacense, y Cluny mismo fue un semillero de maestros de la construcción en la Edad Media, fuera esta construcción religiosa o laica. 

San Juan de la Peña

¿Sintió el gran abad de Cluny que fue Odilón la necesidad de hacer reemprender a los constructores el camino iniciático para dar al románico, que nació del bizantino y del romano, la base de ciencia tradicional que le faltaba? Es posible. Todo lo que atañe a la construcción religiosa se ha mantenido siempre y en todas partes sumamente secreto, pero lo cierto es que vemos desarrollarse, a partir de Odilón, una sutil política en la que participa el rey don Sancho de Aragón. La primera etapa de esta acción es la introducción por don Sancho de la regla cluniacense en el monasterio de San Juan de la Peña, en 1025. Monjes españoles viajan a Cluny y monjes cluniacenses a San Juan; luego los intercambios se extienden a Leyre, que pronto abraza también la regla de Cluny. Es la época en que, con ayuda del abad de Leyre, obispo de Pamplona, Cluny abre a los peregrinos de Santiago la ruta de Roncesvalles. En esta misma época se organizan los caminos de Santiago en Francia, caminos que dan lugar a este derroche de monasterios, de albergues de etapa y de hospitales que hemos mencionado. Y este mismo derroche nos revela el verdadero objetivo de esa peregrinación a Compostela. Son caminos de constructores. Vemos desfilar por ellos resueltamente a penitentes, místicos, salteadores de caminos y mendigos, pero los constructores marchan delante, los constructores que no hacen su peregrinación en calidad de penitentes, ni como místicos, sino como aprendices, como candidatos a la iniciación. Constructores y filósofos, y místicos desde san Francisco de Asís a Nicolás Flamel. Se ha dicho, y es evidente, que el camino de Compostela fue la gran universidad en la que se instruyó la Edad Media. Sin el camino de Compostela, el románico no habría sido lo que fue, nutrido por una ciencia simbólica nuevamente hallada, por una ciencia tradicional nuevamente aplicada”.

lunes, 18 de mayo de 2020

Nunca ha estado Europa más unida que en los siglos XII y XIII



Si la Edad Media no nos es extraña, se lo debemos a los monjes que se dedicaron a escribir su historia. Sabemos mucho más acerca de los siglos XI y XIII europeos que sobre la historia de la India, por ejemplo, o del África; no existía en estas regiones del mundo la misma decisión de inscribir con exactitud lo digno de notar que ocurriera en el curso de los días.Los monjes y sacerdotes eran los únicos que sabían escribir y leer, y consideraban su deber explicar la Historia para detectar allí señales de Dios. Estaban convencidos de que no hay compartimentos estancos entre el mundo real y el sobrenatural, que siempre hay pasos entre ambos, y de que Dios se manifiesta en lo que creó, en la naturaleza pero también en el modo como ha orientado el destino de la humanidad. En el examen de los hechos del pasado se podía encontrar entonces una especie de advertencia divina.


Las sociedades medievales, tal como son las africanas, eran sociedades de solidaridad. El hombre estaba inserto en grupos, el grupo familiar, el de la aldea; el señorío, que era un organismo de exacción, también lo era de seguridad social. El señor abría sus graneros para alimentar a los pobres si acontecía una hambruna. Era su deber, y estaba convencido de ello. Estos mecanismos de ayuda evitaron, en esta sociedad, la miseria terrible que hoy conocemos. Existía el miedo a la súbita penuria, pero no la exclusión de una parte de la sociedad así ocluida en desesperanza. Se era muy pobre, pero junto con los demás. Los mecanismos solidarios, comunes a todas las sociedades tradicionales, desempeñaban plenamente su función, como hoy en África. Los ricos tenían el deber de dar, y el cristianismo estimulaba este deber de ayuda.

Escribe el historiador Georges Duby que nunca ha estado Europa más unida que en los siglos XII y XIII. Esta unidad provenía de que los europeos de la época tenían la sensación de constituir un solo pueblo, el pueblo cristiano, al cual controlaban, en el nivel institucional, dos potencias superiores, la del papa y la del emperador. Los países, pequeños, celosos unos de otros y muy divididos internamente, se sentían unidos en un conjunto superior que los englobaba. Había gran diversidad de dialectos locales, y sin embargo la gente se entendía. Todo el mundo comprendió a santo Domingo, un español, cuando fue a predicar a Alemania. La cristiandad latina constituía la comunidad esencial cuya armadura era la Iglesia, una Iglesia centralizada y con universidades donde gran número de personas enseñaba un mismo saber en una lengua común, el latín. A partir del siglo XIII Europa empezó a ser infectada por el nacionalismo, ese veneno. La guerra se tornó casi continua. Pero ya se estaba al final de la Edad Media.

lunes, 10 de febrero de 2020

Dios y el diablo dominan la vida de la cristiandad medieval

Jacques Le Goff
El historiador medievalista y escritor francés Jacques Le Goff afirma que frente a Dios, un poderoso personaje le disputa el poder en la tierra, el demonio. Satanás no tiene en la alta Edad Media un papel de primer plano, y aún menos el papel de una personalidad acusada. Aparece con nuestra Edad Media y se consolida en el siglo XI. Es una creación de la sociedad feudal. Con sus satélites, los ángeles rebeldes, es exactamente el tipo del vasallo felón, del traidor. Dios y el diablo dominan la vida de la cristiandad medieval y cuya lucha explica a los ojos de los hombres de la Edad Media todo el detalle de los acontecimientos. Claro está que, según la ortodoxia cristiana, Satanás  es una criatura, un ángel caído.



Por otro lado la iconografía se resiste a la penetración del purgatorio en el siglo XIII, ignora el juicio individual después de la muerte y durante mucho tiempo aún no representará más que la partición de la humanidad en buenos y malos, en elegidos y condenados en el Juicio final.