Entre los siglos XII y XIV en el Medievo latino nació el humanismo cristiano, una síntesis del legado espiritual de la Patrística cristiana y el legado filosófico de Sócrates, Platón, Aristóteles y los estoicos. La ética compasiva socrática y evangélica se fusionó con la filosofía especulativa, primero de Platón y luego de Aristóteles, en una nueva cosmovisión sin la cual el Renacimiento italiano o la cultura contemporánea de los derechos humanos nunca hubiesen sido posibles. Un humanismo consciente con Plauto, de que el hombre es “un lobo para el hombre”, pero que aspiraba con Séneca, a que el hombre fuese “sagrado para el hombre”. Lo que diferenciaba a este humanismo medieval y renacentista del posterior humanismo secular de la Ilustración era la conciencia de pecado original y el papel fundamental de lo sobrenatural, de lo divino, en su cosmovisión. La Ilustración supuso un retroceso con respecto a la tradición humanista del Medievo y Renacimiento en la que lo espiritual y lo terrenal tenían ambos cabida, escribe Alejandro Rodriguez de la Peña, catedrático de Historia Medieval.
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domingo, 4 de mayo de 2025
Humanismo cristiano
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sábado, 16 de noviembre de 2024
La confianza en el poder de la razón
El liberalismo político y económico depende de la confianza en que los individuos pueden manejar sus propias vidas. Se les da poder político y libertad económica sólo en la medida en que se piensa que son capaces de usarlos sabiamente. Esa confianza en ellos es fundamentalmente la confianza en el poder de la razón, siendo esta última el medio por el cual los individuos pueden acceder a conocer su mundo, planificar sus vidas e interactuar socialmente en la forma en que las personas razonables lo hacen, por el intercambio, la discusión y la fuerza de los argumentos.
Haber institucionalizado la confianza en el poder de la razón es el logro más sobresaliente de la Ilustración. Una señal de ello es que, de los miles de brillantes y laboriosos individuos que hicieron que la Ilustración tuviera lugar, los tres hombres, todos ellos ingleses, que frecuentemente son identificados como los que en mayor grado influenciaron e hicieron posible la Ilustración, son Francis Bacon, por su trabajo sobre el empirismo y el método científico; Isaac Newton, por su trabajo en física; y John Locke, por su trabajo sobre la razón, el empirismo y la teoría política del liberalismo, escribe Stephen Hicks, profesor de filosofía en el Rockford College.
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lunes, 26 de febrero de 2024
La aclamación metafísica del individuo autónomo lleva a una vida casi invivible
A partir del escepticismo de Descartes surgió la creencia radical de que el individuo que buscaba la certeza era alguien que se adscribía a un Dios o un rey del cual emana la verdad. Por supuesto que la Ilustración que vino a continuación dio paso al concepto de los derechos humanos y liberó a muchos de la opresión. Sin embargo, como destacan Dreyfus y Kelly, a pesar de todas sus bondades en el ámbito político, en el campo metafísico esta forma de pensar dejó al mundo desprovisto del orden y la sacralidad esenciales para producir sentido. En el mundo posterior a la Ilustración nos impusimos la tarea de identificar qué tiene sentido y qué carece de él, un ejercicio que puede parecer arbitrario e inducir un nihilismo insidioso. La aclamación metafísica del individuo autónomo que propició la Ilustración no solo conduce a una vida aburrida, manifiestan con preocupación Dreyfus y Kelly; lleva de manera prácticamente inevitable a una vida casi invivible, escribe Cal Newport, profesor en la Universidad de Georgetown.
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domingo, 29 de octubre de 2023
La suposición de que la fe sea la antítesis de la razón es un embuste que alzó el vuelo durante la Ilustración
En la Edad Media, la cultura de la Europa occidental descansaba en el doble pilar de la razón y la religión. La fe era el elemento que informaba la conducta y la acción, mientras que la razón trataba de explicar los motivos que permitían asignar un sentido a la existencia de lo sobrenatural, siendo este un estado de cosas que impregnaba tanto las especulaciones de los eruditos y las políticas de las élites dominantes como el cotidiano desconcierto del pueblo llano frente al significado de la vida o los problemas derivados de la brega concreta con el mundo material, escribe Christopher Tyerman.
La suposición, dice Tyerman, de que la fe o la creencia sea la antítesis de la razón, y viceversa, es un embuste que alzó el vuelo durante la Ilustración y el proceso de demolición de la ciencia medieval (que dinamitó también, no lo olvidemos, la ciencia clásica). Sin embargo, en la era moderna no habría un solo presidente de Estados Unidos que pudiese aspirar a la Casa Blanca si se atreviera a expresar un escepticismo religioso de base racional similar al que mostró en su día el rey Amalarico de Jerusalén (que reinó entre los años 1163 y 1174), preocupado por la ausencia de toda prueba externa, no basada en las Escrituras, de la resurrección. Las dudas de Amalarico constituyen una indicación de que la fe medieval no era ni irreflexivamente pasiva ni hostil a la explicación racional. Del mismo modo, y a pesar de que sus premisas y su cosmovisión puedan diferir de los de otros filósofos posteriores, el método de Tomás de Aquino (fallecido en 1274) era tan racional como, por ejemplo, el de David Hume (fallecido en 1776), incluso al bregar con el problema de los milagros, como se ha argumentado recientemente.En la Edad Media no había nadie con dos dedos de frente que se imaginara que el mundo era plano; los intelectuales conocían con bastante precisión la circunferencia de la Tierra. Las interpretaciones literales de las Escrituras nunca monopolizaron la comprensión de la Biblia. El razonamiento lógico y empírico era un rasgo característico del mundo de la Edad Media central, tal como sucede en nuestros días. No se procedía de la misma manera ni se seguían procesos idénticos a los de ahora (un anacronismo que lastra buena parte de las ficciones y dramatizaciones históricas), pero no por ello deja de poderse reconocer que lo que se aplicaba era la racionalidad, en tanto que fórmula con la que intentar descubrir la verdad objetiva.
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jueves, 30 de diciembre de 2021
Hispanofóbicos
Philip Wayne Powel, historiador estadounidense especializado en la historia colonial española, escribe que “los conceptos hispanofóbicos que más han influido en la deformación del pensamiento occidental, tuvieron su origen entre franceses, italianos, alemanes y judíos, y se propagaron de forma extraordinaria durante los siglos XVI y XVII, merced al vigoroso y múltiple empleo de la imprenta. A mayor abundamiento, las pasiones de la Reforma Protestante, mezcladas con los intereses antihispanos de Holanda e Inglaterra, contribuyeron a formar un ambiente propicio para el desarrollo del amplio y frondoso árbol de odio que floreció y se puso muy de moda en el mundo occidental durante la época de la Ilustración del siglo XVIII cuando tantos dogmas de hoy tomaron forma clásica. La escala de los héroes de la anti-España se extiende desde Francis Drake hasta Teodoro Roosevelt; desde Guillermo El Taciturno hasta Harry Truman; desde Bartolomé de Las Casas hasta el mejicano Lázaro Cárdenas, o de los puritanos de Oliverio Cromwell a los comunistas de la Brigada Abraham Lincoln, de lo romántico a lo prosaico, y desde lo casi sublime, hasta lo absolutamente ridículo. Hay mucha menos distancia de concepto que la que hay de tiempo entre el odio anglo-holandés a Felipe II y sus ecos en las aulas de las universidades de hoy; entre la anti-España de la Ilustración y la anti-España de tantos círculos intelectuales de nuestros días.La deformación propagandística de España y de la América Hispana, de sus gentes y de la mayoría de sus obras, hace ya mucho tiempo que se fundió con lo dogmático del anticatolicismo. Esta torcida mezcla perdura en la literatura popular y en los prejuicios tradicionales, y continúa apoyando nuestro complejo nórdico de superioridad para sembrar confusión en las perspectivas históricas de Latinoamérica y de los Estados Unidos”.
| Defensa de Cartagena de Indias contra la flota de Lord Vernon |
El auténtico español, especialmente en su apogeo imperial, fue un soldado y diplomático de primera clase, con muchas victorias en su haber; podría significar una gran desilusión para nuestros escolares y público el conocer cuán a menudo desbarató los planes de nuestros antepasados anglosajones, añade Powell. Vayan como prueba unos pocos ejemplos, la derrota de Juan Aquines (John Hawkins) y Francis Drake en Veracruz (Méjico) en 1568; la airosa defensa de Cartagena de Indias contra la flota de Lord Vernon en 1740; la derrota por los hispano argentinos de dos intentos sucesivos de invasión inglesa en 1806 y 1807; el fracaso del proyecto de Cromwell contra las Indias Españolas, en contraposición con sus grandes objetivos; y un éxito general al mantener, e incluso aumentar, sus dominios americanos no sólo contra los ingleses, sino contra cuantos les amenazaron y atacaron.
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lunes, 29 de junio de 2020
Esta era nuestra no es una edad de razón, sino una edad visual
Picasso estalló colérico: “Los museos apenas son un montón de mentiras, y la gente que hace del arte su negocio son en su mayoría impostores… Hemos inyectado los cuadros de los museos con toda nuestra estupidez, todos nuestros errores, toda nuestra pobreza de espíritu. Los hemos convertido en cosas insignificantes y ridículas. Nos hemos atado a una ficción, en lugar de intentar sentir qué vida interna había en los hombres que los pintaron”. (Picasso, Forty Years of his Art, ed. A. H. Barr Jr.).
“Conservando en la mente estas últimas frases, dice Fritz Saxles, es útil pensar por un momento en nuestra situación actual. Miles y miles de personas hacen cola al sol, la lluvia o el viento para ver las exposiciones de Picasso y Van Gogh, y los movimientos de estas muchedumbres van acompañados de un coro de banalidades y por cartas refinadas o a menudo descaradamente estúpidas en los periódicos. En el museo del Prado la gente habla con sospechosa facilidad sobre buena y mala restauración de cuadros, gente que nunca ha visto mezclar colores y que jamás ha sostenido un pincel. Aún así, ¿se dan cuenta de que quizá nunca en la historia intelectual de este país ha ocurrido antes que la gente haga cola, no para el cine, el teatro, ballet, ópera o los regalos de boda de una princesa, sino para el privilegio de ser admitidos en presencia de una serie de cuadros? ¿Y que esto ocurre a pesar del hecho de que la mayoría de ellos apenas podrán ver los cuadros porque las salas están repletas, y que en cualquier caso sólo los pocos cuyas mentes estén en consonancia con la del artista pueden disfrutar de ellos? ¿Y por qué todo esto? Porque esta era nuestra no es una edad de razón, sino una edad visual, y muchos de nosotros nos inclinamos más a sacar un placer de ilustración e intelectual y de exultación a partir de imágenes que de la palabra impresa o pronunciada”.
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martes, 5 de noviembre de 2019
Creatio
En el cristianismo sí existe la creatio,es producto de un acto divino, propio de Dios. Se refiere a la “creación a partir de la nada”, diferente del hacer a partir de otros entes o realidades anteriores(facere). Los humanos, en ese sentido, no seríamos “creativos”, “creadores”, pues trabajamos en el facere más que en la creativo.
Con la Ilustración el concepto de creativo aparece en la teoría del arte, en general vinculado con la noción de imaginación. Solo el arte sería creativo.
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lunes, 29 de octubre de 2018
La Reforma Protestante provocó una gran crisis en la cultura.
Cuenta el historiador de arte Ernst Gombrich que en los países nórdicos, Alemania, Países Bajos e Inglaterra, los artistas se enfrentaron con una crisis muy seria. En el norte se convirtió en problema en si se podía y se debía continuar pintando. Esta gran crisis fue producida por la Reforma. Muchos protestantes pusieron objeciones a los cuadros y estatuas que representaban a los santos en las iglesias, considerándolos signo de la idolatría papal. De este modo, los pintores de las regiones protestantes perdieron su mejor fuente de ingresos, la de la pintura de retablos de altar. Los más estrictos entre los calvinistas rechazaron incluso lujos de otra índole, tales como las alegres decoraciones de las
casas, pero hasta cuando éstas eran permitidas en teoría, la atmósfera y el estilo de las construcciones resultaban inadecuados por lo general para grandes frescos como los que los nobles italianos encargaban con el fin de adornar sus palacios. Todo lo que quedó como fuente de ingresos habitual para los artistas fue la ilustración de libros y la pintura de retratos, lo que no era suficiente para vivir. Podemos observar los efectos de esta crisis en la carrera del mayor pintor alemán de su generación, en la vida de Hans Holbein el Joven (1497-1543).
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| Hans Holbein el Joven |
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| Erasmo de Rotterdam retratado por Hans Holbein el Joven en 1523. |
Holbein se formó en el norte, y se halló en las mejores condiciones de convertirse en el maestro más sobresaliente de los países de habla germana, cuando la convulsión que supuso la Reforma puso fin a tales expectativas. En 1526 abandonó Suiza, para trasladarse a Inglaterra con una carta de recomendación de Erasmo de Rotterdam. “Aquí, las artes se están congelando”, escribió éste al recomendar al pintor a sus amigos, entre los cuales se hallaba sir Thomas More. Uno de los primeros encargos de Holbein en Inglaterra fue la preparación de un numeroso grupo de retratos de la familia de este otro gran erudito, conservándose aún algunos detallados estudios al respecto en el Castillo de Windsor. Si Holbein confió en evadirse del tumulto de la Reforma debió quedar desengañado ante los acontecimientos posteriores, pero cuando finalmente se estableció de manera definitiva en Inglaterra, y recibió el título oficial de pintor de cámara de Enrique VIII, acabó por encontrar una esfera de actividad que le permitió vivir y consagrarse a su trabajo.
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martes, 15 de agosto de 2017
¿Por qué las naciones cristianas empezaron a dominar tantos territorios e incluso a derrotar a los antaño victoriosos ejércitos otomanos?
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| Mahmud I |
En 1732, Ibrahim Müteferrika, un funcionario otomano de origen cristiano nacido en Transilvania, presentó al sultán Mahmud I sus Bases racionales de la política de las naciones, donde planteaba la cuestión que atormentaría a los musulmanes desde entonces: “¿Por qué las naciones cristianas, que fueron tan débiles en el pasado en comparación con las naciones musulmanas, empezaron en los tiempos modernos a dominar tantos territorios e incluso a derrotar a los antaño victoriosos ejércitos otomanos?”.
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| La respuesta de Müteferrika era muy amplia |
La respuesta de Müteferrika era muy amplia. Aludía al sistema parlamentario de Inglaterra y Holanda, a la expansión cristiana en América y Extremo Oriente, y hasta mencionaba que, mientras que el Imperio otomano estaba sujeto a la ley de la sharía, los europeos tenían leyes y reglas inventadas por la razón. Pero era sobre todo la brecha militar la que había que salvar. “Que los musulmanes actúen con previsión y pasen a estar íntimamente familiarizados con los nuevos métodos, la organización, la estrategia, la táctica y la guerra europeas… Todos los sabios del mundo convienen en que el pueblo de Turquía supera a todos los demás pueblos en su naturaleza de aceptar el gobierno y el orden. Si aprenden las nuevas ciencias militares y son capaces de aplicarlas, ningún enemigo podrá resistir a este Estado". El mensaje estaba claro, el Imperio otomano tenía que adherirse tanto a la revolución científica como a la Ilustración si pretendía resultar creíble como gran potencia.
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lunes, 15 de mayo de 2017
La intolerancia de la Ilustración.
Los escritores de la Ilustración eran profundamente anticatólicos.Opinaban que si el hombre es útil cuando sirve a la felicidad material, los que no entran en esta categoría son considerados inútiles. Y el que no es útil no es virtuoso. Constituye, pues, una amenaza para el Estado; hay que forzarle a ser útil o hacerle desaparecer. Y para los enciclopedistas, el arquetipo del inútil es el contemplativo.
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| Delisle de Sales |
Los escritos de combate de la Ilustración contienen miles de páginas en contra de las órdenes religiosas. “Trabajos útiles pueden sustituir a oraciones demasiado largas”, asegura D’Holbach. Y Delisle de Sales proclama: “Puesto que la filosofía ha progresado tanto alrededor de los tronos, hace falta que antes de medio siglo hayan desaparecido los monjes en Francia o que lleguen a ser útiles”. Hombres o mujeres, los religiosos representan una categoría a extinguir.
El historiador Jean de Viguerie resume que toda verdad es subjetiva, y por consiguiente nadie tiene derecho a imponer su norma; toda religión no es más que una opinión entre otras; el Estado no tiene por qué intervenir en las cuestiones que implican una definición de la salvación eterna.
Helvetius es igual de explícito: “Hay casos en los que la tolerancia puede llegar a ser funesta para la nación, cuando tolera una religión intolerante como la católica”.
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| Voltaire |
Voltaire es el heraldo más ilustre de este anticatolicismo militante:“Aplastemos a la Infame”, fórmula que resuena como un grito de guerra. La escritora y dramaturga madame de Grafigny observa que Voltaire puede ser “más fanático que todos los fanáticos que aborrece”.
La política antirreligiosa alcanza su paroxismo en esta
época. El calendario de Fabre d’Églantine, en vigor a partir del 5 de octubre de 1793, sustituye el domingo por el décadi. Igual que para el recuento de años a partir del nacimiento de la República, esta cronología, que rompe con el pasado, tiene como objetivo borrar la antigua división del tiempo instituido por el cristianismo.(Jean Sévillia)
El 10 de noviembre de 1793, Nuestra Señora de París pasa a ser templo de la Razón. Ahí es donde se desarrollará el culto al Ser Supremo, rito laico inventado por Robespierre. El 23 de noviembre de 1793, se cierran todas las iglesias parisinas. Se toma idéntica decisión en los lugares controlados por los “implacables”. En la capital o en provincias, una oleada de vandalismo ataca los edificios religiosos, que son saqueados, mutilados y a veces destruidos. El diputado de l’Oise, Anacharsis Cloots, se proclama “enemigo personal de Jesucristo”.(Jean Sévillia)
Entre noviembre de 1793 y marzo de 1795, no es únicamente el catolicismo el que está fuera de la ley, reformados o judíos, se cierran todos los lugares de culto. En Metz, las sinagogas son devastadas. En Alsacia, se queman los libros hebraicos y los ornamentos sagrados. Los rabinos pasan a ser clandestinos.
Baudot, comisario de la Convención para los ejércitos del Rin y del Mosela, reclama “la regeneración guillotina” para los judíos que “ponen la codicia en lugar del amor por la patria, y sus ridículas supersticiones en lugar de la Razón”. Un judío de Burdeos declarado sospechoso, Jean Mendès, se atreve a afirmar en la audiencia que “sus principios religiosos no concuerdan con la Constitución”. Se le envía a la guillotina.(Jean Sévillia)
Los escritores de la Ilustración eran profundamente anticatólicos.
Los escritos de combate de la Ilustración contienen miles de páginas en contra de las órdenes religiosas.
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viernes, 16 de septiembre de 2016
Existen aspecto de la Ilustración que hoy son cuidadosamente ocultados.
El siglo XVIII se limita a los hechos visibles.No se trata de comprender el mundo, sino de transformarlo. El hombre ha nacido para la acción, afirma Voltaire; y añade que “no estar ocupado o no existir es lo mismo para el hombre”. Y la finalidad de la acción es el progreso material y moral, a fin de asegurar la felicidad del hombre.Esta razón abstracta no se dirige a los hombres tal como son, a los hombres concretos, sino a un ser ideal, soñado, tal como lo imaginan los filósofos, ilustrado y virtuoso.
Los historiadores demuestran una extraña discreción con
respecto al inmenso desprecio expresado por algunas figuras del siglo XVIII por las clases populares. “Es conveniente que el pueblo sea guiado, y no que sea instruido, no es digno de serlo”, escribe Voltaire a Damilaville. “El bien de la sociedad requiere que los conocimientos del pueblo no se extiendan más allá de sus labores”, afirma La Chalotais en su Essai d’éducation nationale. Philipon de La Madeleine, otro filósofo, expresa el deseo de que la práctica de la escritura sea prohibida a los hijos del pueblo. El pueblo de la Ilustración, el pueblo ideal, es el pueblo sin el pueblo.
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| Voltaire |
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| Obispo de Meaux. |
En la Política sacada de las Sagradas Escrituras, Bossuet dice que “Dios ha establecido la fraternidad de los hombres haciéndoles nacer a todos de uno solo, por lo que su padre es común”. El obispo de Meaux concreta: “Ningún hombre es ajeno a otro hombre”. Los filósofos, alimentados por un espíritu científico y considerando la teoría de la primera pareja como una fábula, insisten en la división de la humanidad en especies, dicho de otra manera, en razas. ¿Cómo es posible que Adán, que era pelirrojo y tenía pelo, se pregunta Voltaire, sea el padre de los negros, que son oscuros como la tinta y tienen lana negra en la cabeza?. Costumbres y moralidad proceden, pues, de los caracteres raciales, unidos al aspecto físico, al color de la piel.
Aquí tenemos un aspecto de la Ilustración que hoy es
cuidadosamente ocultado: el racismo. Negando la existencia del alma, el materialismo conlleva la negación de la naturaleza humana. Estamos, comenta Jean de Viguerie, ante un sistema diferencialista y desigualitario. La unidad del género humano ya no tiene ninguna realidad. Esta visión procede de una antropología pesimista. La literatura de la época, explica Xavier Martin, considera al buen salvaje estilo Rousseau como un ser primitivo, de cociente intelectual y afectivo limitado, cuya única aspiración es el goce y el placer.
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| Jean de Viguerie |
A partir de 1789 unas minorías se apoderan del poder y se lo disputan. De manera que el momento fundador de la República francesa lleva en sí una contradicción inconfesable. Dirigida en nombre del pueblo, la Revolución se realizó sin el consentimiento del pueblo, e incluso a menudo contra el.
La Revolución francesa es un bloque, decía Clemenceau. En este bloque, se busca en vano el respeto a la ley, el culto a las libertades, los valores de concertación y el sentido del diálogo democrático que nacieron, según se nos dice de forma imperturbable, en esta época.
Los historiadores demuestran una extraña discreción con respecto al inmenso desprecio expresado por algunas figuras del siglo XVIII por las clases populares
Es conveniente que el pueblo sea guiado, y no que sea instruido, no es digno de serlo, escribe Voltaire
La Revolución francesa
martes, 28 de junio de 2016
Juan Pablo II, paladín de Dios.
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| Juan Pablo II. |
Las expectativas que despertó la elección del cardenal Karol Wojtyla no han tenido precedentes en los tiempos modernos. En la Iglesia católica algunos le consideraban un radical: abierto, imaginativo y joven (sólo tenía cincuenta y ocho años cuando fue elegido papa en 1.978), pero ya era un veterano del Vaticano II. Enérgico, carismático y aparentemente moderno, era el hombre que completaría la obra de Juan XXIII y Pablo VI, y que conduciría a la Iglesia a una nueva era, un pastor más que un burócrata curial.
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| Completaría la obra de Juan XXIII y Pablo VI. |
Había algo asombrosamente inmodesto en la ambición de este papa,dice el profesor Tony Judt, que visitó treinta y seis países en sus primeros seis años de pontificado y que proclamaba sin ambages su objetivo de quitar a Iglesia su complejo de inferioridad ante el mundo.
Rompiendo con la Ostpolitik de sus predecesores, visitó Polonia al año siguiente de su nombramiento, atrajo a grandes masas de fieles y admiradores y puso definitivamente a la Iglesia del lado de las fuerzas del cambio que poco después se fundirían en el movimiento de Solidaridad. Asimismo disuadió a los católicos de los países de Europa central y oriental de negociar, debatir o llegar a compromisos con el marxismo, presentando a su Iglesia no sólo como silencioso refugio, sino como un polo alternativo de moral y autoridad social, un aliado crucial aunque temporal de la oposición política en los países comunistas.
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| Visita a Polonia. |
En la década que siguió a su primera visita a Polonia,dice el profesor Judt, no cabe duda de que Juan Pablo II desempeñó un papel central en la disminución y derrota del dominio soviético en Europa central y oriental.
Desde sus primeros días en el arzobispado de Cracovia (cargo para el que fue nombrado en 1.958) Wojtyla hizo patente que le agradaba la compañía intelectual, con frecuencia invitaba a debates a teólogos y a otros estudiosos y mostraba una capacidad admirable para escuchar opiniones muy diferentes de las suyas. Durante su pontificado fue anfitrión de una serie regular de conversaciones en su residencia de verano en Castelgandolfo, en las que sociólogos, filósofos e historiadores fueron invitados a examinar problemas del mundo moderno en presencia del Papa.
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| Invitaba a debates a teólogos y a otros estudiosos. |
Se trata de un hombre cuya tesis principal sobre el mundo moderno, tal y como la expone en muchos de sus escritos,dice Judt, es que desde hace trescientos años se libra una guerra contra Dios y los valores cristianos, y en este conflicto el Papa ha intentado involucrar al máximo a sí mismo y a su Iglesia. Los dilemas y paradojas del Liberalismo, la Ilustración, la Ciencia y la especulación filosófica secular interesan por sí mismos a la mayoría de sus invitados a esas reuniones. Sin embargo, al Papa, aunque la discusión de esas cuestiones puede informarle, deprimirle o incluso en alguna ocasión divertirle, sobre todo le sirve para confirmar lo que ya sabe y cree.
Juan Pablo II.
Juan Pablo II rompió con la Ostpolitik
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