Mostrando entradas con la etiqueta impostor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta impostor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de octubre de 2023

La metamorfosis de Lucifer en Satanás

La transformación suprema del bien en el mal, la metamorfosis de Lucifer en Satanás. Lucifer, el portador de luz, era el ángel favorito de Dios hasta que se enfrentó a la autoridad divina y fue arrojado al infierno junto con los otros ángeles caídos. “Mejor es reinar en el infierno que servir en el cielo”, se jacta Satanás, el “adversario de Dios” en El paraíso perdido de Milton. En el infierno, Lucifer-Satanás se convierte en un embustero, en un vanidoso impostor que alardea con lanzas, trompetas y estandartes, como los dirigentes de muchos países de hoy. En el congreso demoníaco que reúne a los principales demonios del infierno, se le dice a Satanás que no podrá recuperar el cielo mediante una confrontación directa. Sin embargo, al príncipe de Satanás, Belcebú, se le ocurre la más malvada de las soluciones para vengarse de Dios, corromper su creación suprema, el género humano. Aunque Satanás tiene éxito al tentar a Adán y Eva para que desobedezcan a Dios y caigan en el mal, Dios decreta que, al final, el ser humano se salvará. Sin embargo, hasta que llegue ese momento, Satanás tiene libertad para tentar a la humanidad y hacerla caer en el mal, escribe Philip George Zimbardo, psicólogo e investigador del comportamiento.

lunes, 29 de junio de 2020

Esta era nuestra no es una edad de razón, sino una edad visual



Picasso estalló colérico: “Los museos apenas son un montón de mentiras, y la gente que hace del arte su negocio son en su mayoría impostores… Hemos inyectado los cuadros de los museos con toda nuestra estupidez, todos nuestros errores, toda nuestra pobreza de espíritu. Los hemos convertido en cosas insignificantes y ridículas. Nos hemos atado a una ficción, en lugar de intentar sentir qué vida interna había en los hombres que los pintaron”. (Picasso, Forty Years of his Art, ed. A. H. Barr Jr.).


“Conservando en la mente estas últimas frases, dice Fritz Saxles, es útil pensar por un momento en nuestra situación actual. Miles y miles de personas hacen cola al sol, la lluvia o el viento para ver las exposiciones de Picasso y Van Gogh, y los movimientos de estas muchedumbres van acompañados de un coro de banalidades y por cartas refinadas o a menudo descaradamente estúpidas en los periódicos. En el museo del Prado la gente habla con sospechosa facilidad sobre buena y mala restauración de cuadros, gente que nunca ha visto mezclar colores y que jamás ha sostenido un pincel. Aún así, ¿se dan cuenta de que quizá nunca en la historia intelectual de este país ha ocurrido antes que la gente haga cola, no para el cine, el teatro, ballet, ópera o los regalos de boda de una princesa, sino para el privilegio de ser admitidos en presencia de una serie de cuadros? ¿Y que esto ocurre a pesar del hecho de que la mayoría de ellos apenas podrán ver los cuadros porque las salas están repletas, y que en cualquier caso sólo los pocos cuyas mentes estén en consonancia con la del artista pueden disfrutar de ellos? ¿Y por qué todo esto? Porque esta era nuestra no es una edad de razón, sino una edad visual, y muchos de nosotros nos inclinamos más a sacar un placer de ilustración e intelectual y de exultación a partir de imágenes que de la palabra impresa o pronunciada”.

miércoles, 4 de octubre de 2017

La extraña historia de una teoría científica.

Lyssenko
Un raro ejemplo de longevidad de una estafa científica fue, en la Unión Soviética, el de la teoría biológica de Lyssenko, que se impuso desde 1935 hasta 1964. Más exactamente, fue impuesta por un Estado totalitario a todo un país como doctrina oficial. El lyssenkismo no gozó jamás del menor crédito en los medios científicos internacionales. Lyssenko, que rechazaba la teoría cromosómica, negaba la existencia de los genes y condenaba la “desviación fascista y trotskista-bukharinista de la genético”, debió la hegemonía local de su biología delirante, menos a su habilidad como impostor que a la voluntad política de Stalin y de Jruschov. 



Fue un éxito excepcional de la mentira. Durante treinta años, una inmensa población, privada de toda información científica externa, fue obligada a vivir el sueño de un iluminado sostenido por un Estado totalitario. Los auténticos biólogos fueron perseguidos, encarcelados, deportados, fusilados; los manuales escolares, las enciclopedias, los cursos universitarios, expurgados de toda referencia a la ciencia verdadera, reputada “ciencia burguesa” y opuesta a la “ciencia proletaria”. El sublime desinterés de esta mentira
intelectual fue atestiguado, además, por los efectos desastrosos del lyssenkismo sobre la agricultura soviética. La “agrobiología” de Lyssenko, decretada agronomía de Estado, profesaba la inutilidad de los abonos, prohibía las hibridaciones, puesto que era notorio, según la doctrina, que una especie se transformaba por sí misma en otra, sin cruces; el centeno en trigo, la col en nabo, el pino en abeto, y recíprocamente. Se prescribía a los campesinos el “trigo hendido de los faraones”, lo que hizo bajar a la mitad los rendimientos, ya fuertemente disminuidos por la colectivización forzosa de las tierras, que lo había precedido. La tragicomedia lyssenkiana nos cuenta la extraña historia, difícil de creer en nuestro siglo, de una teoría científica impuesta a un país por un Estado totalitario.

martes, 2 de mayo de 2017

Sincretismo.

Al estudiar filosofía es muy probable que hayamos leído el término sincretismo, sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes, y las posturas sincréticas. Pues bien, la palabra procede de una peculiar forma de ser los cretenses, que tenían fama entre los griegos de ser falsos y taimados, por lo que el término kretízein, que designaba esa actitud, pasó a significar ‘ser un impostor’. Plutarco, en sus Moralia, le añadió el prefijo syn (con) para obtener la palabra syncretikós, y designar así a quien se alía con un enemigo para luchar contra un tercero.