La cristianofobia latente de una parte de la intelectualidad occidental del siglo XIX y XX se confunde con el rechazo al universalismo romano y también con el recelo a lo que la Europa cristiana medieval significó en la historia universal. El filósofo Dalmacio Negro ha llamado oportunamente la atención sobre ello. “Se podría decir que la Iglesia puso en marcha la historia de Europa, impregnándola además de su aspiración a ser historia universal, como efecto del universalismo cristiano. El odio a la Iglesia católica, cosa muy distinta al anticlericalismo y las rivalidades confesionales, se confunde con el odio a la cultura europea”.
Ovidio Capitani señala que “Europa es una creación medieval”, siendo la mejor definición de la Edad Media la que da el historiador francés Robert Fossier al hablar de la “infancia de Europa”.
De igual manera que el prejuicio antimediaval está muy vinculado al anticlericalismo y al anticatolicismo en la genealogía de las ideas modernas, también el relato “necrolegendario” sobre una Edad Media “primitiva”, y sin estados-nación está inscrito en la narrativa de los nacionalismos decimonónicos. Y es que el medievo, escribe Rodriguez de la Peña, es cuna indiscutible de nuestras identidades nacionales, y fue también paradójicamente la época por excelencia del universalismo, el imperial y el eclesiástico.
De igual manera que el prejuicio antimediaval está muy vinculado al anticlericalismo y al anticatolicismo en la genealogía de las ideas modernas, también el relato “necrolegendario” sobre una Edad Media “primitiva”, y sin estados-nación está inscrito en la narrativa de los nacionalismos decimonónicos. Y es que el medievo, escribe Rodriguez de la Peña, es cuna indiscutible de nuestras identidades nacionales, y fue también paradójicamente la época por excelencia del universalismo, el imperial y el eclesiástico.

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