Peor que el sufrimiento es el mal moral encerrado en la pasividad ante sus causas. El problema surge cuando, extremando esta posición, se la traiciona; cuando se asume que todo está permitido,desde mentir hasta matar, con tal de erradicar las causas del sufrimiento. Quien admite esto ya no puede fingir que sea combatir el mal moral lo que le mueve, pues se dispone a cometerlo con tal de evitar el sufrimiento. El sufrimiento le importa más que el mal moral (es, para él, el peor de los males) y ello desligitima moralmente su lucha contra el sufrimiento; la cual, a veces, termina revelándose como simple excusa. Cometer injusticias en nombre de la justicia es un contrasentido y supone confesar que se anhela, en el fondo, algo menos noble. Este retorcido falso moralismo anima a más de una poderosa ideología contemporánea, tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político, y usurpa con descaro creciente el puesto de la genuina moral.
El sufrimiento y sus causas solo son dignos de erradicación si ello supone una mejora moral, y no siempre es así. Cuando la mentalidad contemporánea, cegada por el dolor, olvida esto y ve en el sufrimiento (sea o no correcto)el mayor de los males (erradicable por cualquier medio), no hace sino corromper lo que hubiera de justo en su intención original, abriendo la puerta a nuevos males morales y a sufrimientos más profundos, manifiesta el filósofo Miguel Armando Martínez Gallego.

No hay comentarios:
Publicar un comentario