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viernes, 5 de septiembre de 2025

El museo debe al siglo XIX su forma habitual

Museo del Prado, Madrid
El museo debe al siglo XIX su forma habitual hoy en día. A pesar de cierta renovación en la pedagogía museística, en la actualidad todavía se vuelve siempre a la disposición y los programas del siglo XIX. Los museos prosperaron en un ambiente de diferenciación creciente de la esfera pública. Pronto fue posible formular también la pregunta de si el arte pertenecía al estado o a sus príncipes; a principios del siglo XIX era un problema delicado, porque la Revolución Francesa había establecido un precedente radical al confiscar y nacionalizar los tesoros artísticos privados que hicieron posible que el Louvre fuera el primer museo público de Europa.
En Estados Unidos, la situación era distinta, porque la construcción de los museos, a partir de la década de 1870, se debió sobre todo a la munificencia personal de los ricos y millonarios de la que Mark Twain bautizó como gilded age (edad dorada). Muchos edificios se financiaron de forma mixta, combinando fondos públicos y privados, pero las colecciones artísticas fueron adquiridas en el mercado, en lo esencial por los inversores privados. En Estados Unidos había pocos fondos antiguos. Sus colecciones se crearon en estrecha simbiosis con el desarrollo del mercado artístico a ambos lados del Atlántico. Este mercado posibilitó asimismo la formación de nuevas colecciones en Europa.

jueves, 28 de septiembre de 2023

Brasilia, una ciudad preciosa pero vacía, hueca, sin alma, sin vida

Brasilia

Brasilia,la ciudad ideal que había sido planeada como el gran triunfo del racionalismo, terminó siendo un enorme fracaso. No porque su belleza y sus trazos no sean impecables, sino porque la gente no se vincula, ni establece lazos ni conexiones porque la razón se lo dicte, sino porque nos relacionamos con los otros a partir de dinámicas afectivas, sentimentales, muchas veces irracionales. Y Brasilia quedó como una ciudad preciosa pero vacía, hueca, sin alma, sin vida. Largas autopistas y parques y museos y panteones que solo visitan los turistas. Falta ese toque genial, amoroso, que tienen Río o Salvador de Bahía; los cafés, las calles, las panaderías, los puestos de empanadas, los restaurantes, las cervecerías donde nos encontramos con los otros para departir, para hablar de fútbol o de política, para despotricar. Una ciudad no se planea racionalmente, se arma desde la pasión y la necesidad. Por eso Brasilia, con sus diseños modernistas y sus centros comerciales norteamericanos, es tan triste. El día de mi cumpleaños, escribe Mario Mendoza, después de vagabundear por avenidas desoladas, logré encontrar finalmente un restaurante para almorzar entre familias de brasileños.



lunes, 29 de junio de 2020

Esta era nuestra no es una edad de razón, sino una edad visual



Picasso estalló colérico: “Los museos apenas son un montón de mentiras, y la gente que hace del arte su negocio son en su mayoría impostores… Hemos inyectado los cuadros de los museos con toda nuestra estupidez, todos nuestros errores, toda nuestra pobreza de espíritu. Los hemos convertido en cosas insignificantes y ridículas. Nos hemos atado a una ficción, en lugar de intentar sentir qué vida interna había en los hombres que los pintaron”. (Picasso, Forty Years of his Art, ed. A. H. Barr Jr.).


“Conservando en la mente estas últimas frases, dice Fritz Saxles, es útil pensar por un momento en nuestra situación actual. Miles y miles de personas hacen cola al sol, la lluvia o el viento para ver las exposiciones de Picasso y Van Gogh, y los movimientos de estas muchedumbres van acompañados de un coro de banalidades y por cartas refinadas o a menudo descaradamente estúpidas en los periódicos. En el museo del Prado la gente habla con sospechosa facilidad sobre buena y mala restauración de cuadros, gente que nunca ha visto mezclar colores y que jamás ha sostenido un pincel. Aún así, ¿se dan cuenta de que quizá nunca en la historia intelectual de este país ha ocurrido antes que la gente haga cola, no para el cine, el teatro, ballet, ópera o los regalos de boda de una princesa, sino para el privilegio de ser admitidos en presencia de una serie de cuadros? ¿Y que esto ocurre a pesar del hecho de que la mayoría de ellos apenas podrán ver los cuadros porque las salas están repletas, y que en cualquier caso sólo los pocos cuyas mentes estén en consonancia con la del artista pueden disfrutar de ellos? ¿Y por qué todo esto? Porque esta era nuestra no es una edad de razón, sino una edad visual, y muchos de nosotros nos inclinamos más a sacar un placer de ilustración e intelectual y de exultación a partir de imágenes que de la palabra impresa o pronunciada”.

martes, 23 de junio de 2020

Bibliotecas y museos



Las bibliotecas más prestigiosas se caracterizaron por su ambición de universalidad. Querían recoger, dice el historiador Jürgen Osterhammel, el saber de todos los pueblos y todos los tiempos. Para ello necesitaban librerías con contactos comerciales internacionales y que el mercado anticuario pudiera disponer de bibliotecas de particulares. En Estados Unidos se hizo mediante la fundación de la Biblioteca del Congreso, en 1800; el hecho de que, desde poco después de 1930, esta biblioteca pasara a poseer el fondo más cuantioso del mundo culminó la emancipación cultural del país.


Formular  la pregunta de si el arte pertenecía al estado o a sus príncipes; a principios del siglo XIX era un problema delicado, porque la Revolución Francesa había establecido un precedente radical al confiscar y nacionalizar los tesoros artísticos privados que hicieron posible que el Louvre fuera el primer museo público de Europa. En Estados Unidos, la situación era distinta, porque la construcción de los museos, a partir de la década de 1870, se debió sobre todo a la munificencia personal de los ricos y millonarios.

jueves, 6 de febrero de 2020

Europa se ha vuelto un gran museo

George Steiner.


No creo en el milagro chino, dice George Steiner. Creo en el milagro indio, en una sensibilidad creadora fantástica, en una capacidad de invención y de originalidad extrema. Desde hace algunos años frecuento mucho a estudiantes chinos y a estudiantes indios. Los chinos aprenden con una energía increíble, añade Steiner, con una disciplina que te deja de piedra, pero no se atreven a criticar, no se atreven a crear. Tener estudiantes indios en torno a una mesa quiere decir oír, una tras otra, voces que se atreven, que se atreven a proponer algo nuevo, que se atreven a pensar, que se atreven sobre todo a decir que no a la autoridad. Por eso tengo la impresión de que de la India surgirán grandes capítulos de la historia del pensamiento y del arte humanos. Ya no estaré allí para verlo, pero será muy interesante. Para George Steiner Europa, por el momento, se ha vuelto el continente del turismo mundial, la gente se pasea para ver la vieja Europa. Se ha vuelto un gran museo y vivir allí se ha convertido en un gran lujo. Pero es difícil decir si tiene un futuro, un futuro positivo.

lunes, 22 de octubre de 2018

El pasado cultural.


En el siglo XVIII europeo, se denominaba “museo” a espacios dedicados a toda clase de estudio del pasado e intercambio de reflexiones particulares; e incluso a publicaciones periódicas creadas para reproducir fuentes históricas y estéticas. El carácter público y de acceso general de los museos apareció en el siglo XIX. Los refugios de la memoria conservan el pasado en un estado de posibilidad, como presente virtual. Dice Osterhammel que el pasado cultural, solo preservado, está muerto; no cobra vida sino en los actos de apropiación, para los que nos prepara la educación recibida.