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lunes, 17 de marzo de 2025

La sociedad de científicos debe ser una democracia

Jacob Bronowski

El físico Jacob Bronowski, un elocuente portavoz de la filosofía humanista, escribió que la independencia y la originalidad, la disensión y la libertad y la tolerancia deben gobernar la sociedad de científicos, puesto que constituyen las necesidades básicas de la ciencia, y son los valores que la ciencia exige y a los que da forma. La sociedad de científicos debe ser una democracia, y sólo puede mantenerse viva y crecer gracias a la tensión constante entre la disensión y el respeto; entre la independencia de los puntos de vista de los otros y la tolerancia hacia ellos. Lo esencial del problema ético consiste en fusionar las necesidades privadas y las del público.


jueves, 6 de febrero de 2020

Europa se ha vuelto un gran museo

George Steiner.


No creo en el milagro chino, dice George Steiner. Creo en el milagro indio, en una sensibilidad creadora fantástica, en una capacidad de invención y de originalidad extrema. Desde hace algunos años frecuento mucho a estudiantes chinos y a estudiantes indios. Los chinos aprenden con una energía increíble, añade Steiner, con una disciplina que te deja de piedra, pero no se atreven a criticar, no se atreven a crear. Tener estudiantes indios en torno a una mesa quiere decir oír, una tras otra, voces que se atreven, que se atreven a proponer algo nuevo, que se atreven a pensar, que se atreven sobre todo a decir que no a la autoridad. Por eso tengo la impresión de que de la India surgirán grandes capítulos de la historia del pensamiento y del arte humanos. Ya no estaré allí para verlo, pero será muy interesante. Para George Steiner Europa, por el momento, se ha vuelto el continente del turismo mundial, la gente se pasea para ver la vieja Europa. Se ha vuelto un gran museo y vivir allí se ha convertido en un gran lujo. Pero es difícil decir si tiene un futuro, un futuro positivo.

domingo, 13 de enero de 2019

Libertad



Libertad significa estar libre de que no interfieran en mi actividad más allá de un límite, que es cambiable, pero siempre reconocible. “La única libertad que merece este nombre es la de realizar nuestro propio bien a nuestra manera”, dijo Mill. Puesto que la justicia exige que cada individuo tenga derecho a un mínimo de libertad, sería necesario reprimir a todas las demás, en caso necesario por la fuerza, para impedir que privaran a alguno de su libertad. En efecto, manifiesta Isaiah Berlin, la única función de la ley era prevenir estos conflictos, y el Estado se reducía a ejercitar las funciones de un sereno o de un guardia de tráfico, como desdeñosamente las describía Lasalle. Según Mill, ¿qué es lo que hacía que fuese tan sagrada la protección de la libertad individual? En su famoso ensayo nos dice que, a menos que se deje a los hombres vivir como quieran, “de manera que su vida sólo concierna a ellos mismos”, la civilización no podrá avanzar, la verdad no podrá salir a la luz por faltar una comunicación libre de ideas, y no habrá ninguna oportunidad para la espontaneidad, la originalidad, el genio, la energía mental y el valor moral. Todo lo que es sustancioso y diverso será aplastado por el peso de la costumbre y de la constante tendencia que tienen los hombres hacia la conformidad, que sólo da pábulo a capacidades marchitas y a seres humanos limitados y dogmáticos y restringidos y pervertidos.

 Isaiah Berlin
La defensa de la libertad consiste en el fin negativo de prevenir la interferencia de los demás. Amenazar a un hombre con perseguirle, a menos que se someta a una vida en la que él no elige sus fines, y cerrarle todas las puertas menos una,y no importa lo noble que sea el futuro que ésta va a hacer posible, ni lo buenos que sean los motivos que rigen a los que dirigen esto, es pecar contra la verdad de que él es un hombre y un ser que tiene una vida que ha de vivir por su cuenta. Esta es la libertad tal como ha sido concebida por los liberales del mundo moderno, desde la época de Erasmo (algunos dirían desde la época de Occam) hasta la nuestra. Toda defensa de las libertades civiles y de los derechos individuales, y toda protesta contra la explotación y la humillación, contra el abuso de la autoridad pública, la hipnotización masiva de las costumbres, o la propaganda organizada, surge de esta concepción individualizada del hombre, dice Isaiah Berlin.

jueves, 18 de enero de 2018

Cada filósofo pretende tener su sistema.

El profesor García Morente manifestaba que en la filosofía contemporánea existe afán de originalidad. Cada filósofo grande, cada filósofo mediano, cada filósofo pequeño, cada filosofillo, cada filosofito, y hasta los estudiantes de filosofía, pretenden hoy tener su propio sistema. 

Es como los pintores y los músicos. Antiguamente, los pintores y los músicos pertenecían a una escuela y vivían tranquilos dentro de los métodos que su escuela musical o pictórica les daba. Pintaban modestamente, para ganarse la vida, cuadros muy decentes y aceptables, porque estaban sustentados en una estética clara y universalmente aceptada dentro de los recintos de su escuela. Pero hoy cada pintor quiere ser un renovador total de la pintura; y cada músico quiere renovar por completo el arte de la música. Y salen unas algarabías y unos bodrios horrorosos y espantosos. Por uno o dos que en efecto son hombres de genio y traen un elemento original a su arte, hay en cambio, una infinidad de chapuceros que lo único que hacen es, como dicen en París, en el barrio de los artistas, «epatar al burgués». En filosofía pasa algo parecido. Cada filósofo pretende tener su sistema. Si nosotros quisiéramos seguir en todos sus variados matices las divergencias que hay entre ése y éste y éste, estas pequeñas divergencias que hay entre uno y otro, con sus afanes de originalidad y de decir lo que nadie ha dicho, nos perderíamos en una selva de nimiedades muchas veces poco significativas.