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miércoles, 6 de noviembre de 2019

En los siglos XIII, XIV y XV la lengua gallega era hablada por todos los grupos sociales de Galicia y de Portugal

Santiago de Compostela


Alfonso X

En Galicia, como recogen R. Mariño y H. Monteagudo, las primeras referencias documentales a una lengua hablada distinta del latín datan del siglo XII, y de finales de ese siglo son los primeros textos literarios en gallego. En 1260 Alfonso X autoriza el uso de la lengua vulgar en las escrituras públicas. “Este romance occidental, escribe el profesor Justo Beramendo, era el mismo al norte y al sur del Miño, pero la separación política de Galicia y Portugal y la expansión de este último hacia el sur irán creando una creciente divergencia entre gallego y portugués que, sin embargo, nunca llegará a borrar su origen común. Pero en los siglos XIII, XIV y XV la lengua gallega, aparte de ser hablada por todos los grupos sociales de Galicia y del naciente Portugal, es también la normal en todos los documentos, salvo en aquellos de especial solemnidad que se seguían reservando al latín. Se traducen de esta lengua y del castellano libros de leyes, de historia, de religión y obras técnicas y literarias. El gallego es el idioma en que se redactan las actas municipales, los reglamentos de los gremios, los contratos, los libros de cuentas y la documentación notarial. Esto no impedía que circulasen algunos escritos en castellano, especialmente desde que la corte, a partir de Fernando III (1230-1252), se dirigió en esa lengua a todos sus súbditos, incluidos los gallegos. A esto se fue sumando la presencia cada vez más frecuente, por nombramiento regio, de no gallegos al frente de las sedes episcopales y del gobierno de Galicia (adelantados, corregidores mayores). Se iniciaba así, mucho antes de los Reyes Católicos, un lento proceso de substitución desde arriba en los usos públicos, que se acelerará en la segunda mitad del siglo XV y culminará en el siglo XVI. Entretanto, el romance occidental dejó un fruto literario de gran valor. La poesía lírica galaico-portuguesa, que nace en la segunda mitad del siglo XII en Compostela por influencia de estímulos ultrapirenaicos que llegan por el Camino francés. Después se proyecta fuera de Galicia y durante el siglo XIII y parte del XIV llega a ser la lengua lírica por excelencia de toda la Península, con sus centros de gravedad en la corte castellana de Fernando III (1230-1252) y Alfonso X (1252-1284) y en la portuguesa de Don Denis (1279-1325)”.

viernes, 15 de marzo de 2019

La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás


“Cada uno de nosotros tiene su carácter, sus gustos personales, su genio, su mal genio, a veces, y sus defectos. Cada uno tiene también cosas agradables en su personalidad, y por eso y por muchas más razones, se le puede querer. La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás, es decir, cuando hay amor, que anula y supera todo lo que falsamente podría ser motivo de separación o de divergencia. En cambio, si se dramatizan los pequeños contrastes y mutuamente comienzan a echarse en cara los defectos y las equivocaciones, entonces se acaba la paz y se corre el riesgo de matar el cariño”, repetía Josemaría Escrivá .

jueves, 18 de enero de 2018

Cada filósofo pretende tener su sistema.

El profesor García Morente manifestaba que en la filosofía contemporánea existe afán de originalidad. Cada filósofo grande, cada filósofo mediano, cada filósofo pequeño, cada filosofillo, cada filosofito, y hasta los estudiantes de filosofía, pretenden hoy tener su propio sistema. 

Es como los pintores y los músicos. Antiguamente, los pintores y los músicos pertenecían a una escuela y vivían tranquilos dentro de los métodos que su escuela musical o pictórica les daba. Pintaban modestamente, para ganarse la vida, cuadros muy decentes y aceptables, porque estaban sustentados en una estética clara y universalmente aceptada dentro de los recintos de su escuela. Pero hoy cada pintor quiere ser un renovador total de la pintura; y cada músico quiere renovar por completo el arte de la música. Y salen unas algarabías y unos bodrios horrorosos y espantosos. Por uno o dos que en efecto son hombres de genio y traen un elemento original a su arte, hay en cambio, una infinidad de chapuceros que lo único que hacen es, como dicen en París, en el barrio de los artistas, «epatar al burgués». En filosofía pasa algo parecido. Cada filósofo pretende tener su sistema. Si nosotros quisiéramos seguir en todos sus variados matices las divergencias que hay entre ése y éste y éste, estas pequeñas divergencias que hay entre uno y otro, con sus afanes de originalidad y de decir lo que nadie ha dicho, nos perderíamos en una selva de nimiedades muchas veces poco significativas.