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lunes, 2 de marzo de 2020

Felipe IV

Felipe IV


Cuenta el historiador Antonio Domínguez Ortiz que la vida de Felipe IV fue un drama íntimo; su fe le enseñaba que su prosperidad y la de sus Estados dependía de que Dios estuviera satisfecho de su conducta, pero aquel soberano de apariencia impasible escondía una sensualidad ardiente que le proporcionó grandes placeres y también grandes remordimientos. Entre las muy copiosas fuentes de información que tenemos acerca de la vida pública y privada de aquel rey ocupa lugar destacado la correspondencia que mantuvo durante muchos años con sor María de Agreda, y una especie de autobiografía en la que relata cómo se esforzó en el aprendizaje que requería el dominio de los conocimientos necesarios para regir tan vasto Imperio; entre ellos se encontraba el dominio de los idiomas de sus vasallos, citando expresamente el catalán y el gallego; también el francés, usado por sus fidelísimos vasallos de Flandes y el Franco Condado; pero su idioma preferido fue el italiano por los grandes escritores que Italia ha producido. Para perfeccionarse en esa lengua realizó la no pequeña tarea de traducir la Historia de Italia de Guicciardini.

El conde duque de Olivares

Era amigo de la buena mesa, cazaba, fue el más grande y más entendido coleccionista de pinturas de su tiempo; incluso pintaba él mismo. Le apasionaba el teatro y escribió alguna comedia. Tuvo numerosas amantes y, al menos, seis hijos bastardos, a los que procuró dar instrucción y puestos competentes, aunque sólo reconoció uno, don Juan José de Austria. Y todavía tenía tiempo (muchas veces robándolo al sueño) para ocuparse de las materias de Estado. La privanza de don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares y duque de Sanlúcar la Mayor, no fue, como la de Lerma, producto de una dejación de atribuciones, sino de una colaboración entre dos personas que compartían unas ideas políticas y unos secretos íntimos. No es censurable que Felipe IV delegara gran parte de sus inmensas tareas de gobierno en una persona de su confianza, pero sí que no moderase el talante despótico de su favorito, que no sólo se creó enemigos personales, sino que fue directamente responsable de las sublevaciones de Cataluña y Portugal por su falta de tacto y de previsión.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

En los siglos XIII, XIV y XV la lengua gallega era hablada por todos los grupos sociales de Galicia y de Portugal

Santiago de Compostela


Alfonso X

En Galicia, como recogen R. Mariño y H. Monteagudo, las primeras referencias documentales a una lengua hablada distinta del latín datan del siglo XII, y de finales de ese siglo son los primeros textos literarios en gallego. En 1260 Alfonso X autoriza el uso de la lengua vulgar en las escrituras públicas. “Este romance occidental, escribe el profesor Justo Beramendo, era el mismo al norte y al sur del Miño, pero la separación política de Galicia y Portugal y la expansión de este último hacia el sur irán creando una creciente divergencia entre gallego y portugués que, sin embargo, nunca llegará a borrar su origen común. Pero en los siglos XIII, XIV y XV la lengua gallega, aparte de ser hablada por todos los grupos sociales de Galicia y del naciente Portugal, es también la normal en todos los documentos, salvo en aquellos de especial solemnidad que se seguían reservando al latín. Se traducen de esta lengua y del castellano libros de leyes, de historia, de religión y obras técnicas y literarias. El gallego es el idioma en que se redactan las actas municipales, los reglamentos de los gremios, los contratos, los libros de cuentas y la documentación notarial. Esto no impedía que circulasen algunos escritos en castellano, especialmente desde que la corte, a partir de Fernando III (1230-1252), se dirigió en esa lengua a todos sus súbditos, incluidos los gallegos. A esto se fue sumando la presencia cada vez más frecuente, por nombramiento regio, de no gallegos al frente de las sedes episcopales y del gobierno de Galicia (adelantados, corregidores mayores). Se iniciaba así, mucho antes de los Reyes Católicos, un lento proceso de substitución desde arriba en los usos públicos, que se acelerará en la segunda mitad del siglo XV y culminará en el siglo XVI. Entretanto, el romance occidental dejó un fruto literario de gran valor. La poesía lírica galaico-portuguesa, que nace en la segunda mitad del siglo XII en Compostela por influencia de estímulos ultrapirenaicos que llegan por el Camino francés. Después se proyecta fuera de Galicia y durante el siglo XIII y parte del XIV llega a ser la lengua lírica por excelencia de toda la Península, con sus centros de gravedad en la corte castellana de Fernando III (1230-1252) y Alfonso X (1252-1284) y en la portuguesa de Don Denis (1279-1325)”.

sábado, 27 de octubre de 2018

El plurilingüismo de las Comunidades.

Patxo Unzueta
Patxo Unzueta ha apuntado cómo sólo desde concepciones premodernas “puede sostenerse que el castellano no sea tan lengua nacional de los vascos como el euskera”; sería ése, afirma Unzueta, un “criterio especialmente absurdo si se tiene en cuenta que ésa (el castellano) es no sólo la lengua mayoritariamente hablada por los ciudadanos vascos de hoy, sino que el castellano o español nació como lengua diferenciada del latín en territorio vasco de Álava y sus lindes, conviviendo con el euskera desde entonces”.


Las conclusiones que se derivan del Estudio n.º 2.228 del CIS, realizado en el año 1996, son  reveladoras. El 54% de los entrevistados declaran en Cataluña que su lengua materna es el castellano frente al 39% que declaran que lo es la vernácula; en el País Vasco, los porcentajes son, respectivamente, del 78% y del 16%; y en Galicia del 29% y del 56%. En cuanto al uso, los datos revelan un notable equilibrio entre las dos lenguas en Cataluña, un claro predominio del castellano en el País Vasco y del gallego en Galicia. 

Aunque los datos han podido variar ligeramente desde
1996, constatan el plurilingüismo de las Comunidades en donde, además del castellano, se habla una lengua vernácula. En el Estudio se contienen también datos para Baleares, donde se daría un ligero predominio del catalán, y para la Comunidad Valenciana y Navarra, donde sería claro el predominio del castellano. 

El filósofo Fernando Savater dice que “reivindicar el derecho de los hablantes a su lengua es una cosa”, y otra muy distinta “reivindicar el derecho de una lengua a crearse hablantes obligatorios”.