En toda crítica rastrera gratuita se esconde un complejo, que la persona que lo sufre arrastra dejando tras de sí un jugo viscoso que envenena a todo aquel que se cruza con ella o hasta la sigue imitándola con camaradería interesada. Es el mal de la propia complacencia, que con las redes está explosionando mucho más de lo que ya venía haciendo en los últimos años. Nos creemos el centro del Universo, y no somos más que paja que esparce el viento.

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