martes, 7 de abril de 2026

Irlanda del Norte

La actitud y la retórica de los terroristas adultos se ha infiltrado en la mente de todos los golfillos y pequeños delincuentes , muchos de los cuales son de una violencia brutal en Irlanda del Norte. Inglaterra tiene delincuentes juveniles en abundancia que siempre conocen sus derechos. En Irlanda del Norte disponen de los guetos dominados por los paramilitares a los que pueden huir , en los que se resiste a entrar el Servicio de Policía de Irlanda del Norte, por miedo a que acompañen al lanzamiento de botellas y ladrillos los disparos de las armas de fuego. Hasta los adolescentes sospechosos parecen haber memorizado los apartados sobre contrainterrogatorio del manual de los Provisionales.El respeto a la autoridad legítima prácticamente ha desaparecido. Esa tendencia puede generalizarse más en Inglaterra y en todas partes, pues las fuerzas policiales temen que las acusen de islamofobia o de racismo y entregan el poder local a hombres fuertes y vigilantes de la comunidad, de un modo que recuerda vagamente a los romanos de la decadencia del Imperio viendo como se iba pasando el poder a los bárbaros. 
Nadie puede prever el futuro de una paz precaria, que entraña hacer la vista gorda ante extraordinarias explosiones de violencia comunal y ante el control mafioso por parte de ejércitos paramilitares de comunidades enteras. Nadie lo quiere. Desde luego no la próspera República de Irlanda, porque la cuantía del subsidio del gobierno británico a la provincia equivale a todos los ingresos fiscales de la República. 
Nos equivocamos espantosamente al imaginar que Irlanda del Norte es una especie de regresión ancestral a las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII. Su modelo de entrega por parte del Estado de “comunidades” a los tiernos cuidados de sus supuestos dirigentes puede presagiar el futuro, salvo que incluirá minorías que adoren a otro Dios. Los lúgubres campanarios de Fermanagh y Tyrone seguirán acosando, a pesar de acontecimientos tan trascendentales como el hundimiento del comunismo en Europa oriental; pero pueden verse superados en número por las cúpulas de las mezquitas que se multiplican en Europa, en zonas en las que el estado se ha retirado silenciosamente. 

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