lunes, 20 de abril de 2026

Parsis

Edwin Oliver James, fue profesor de historia y filosofía de la religión en la Universidad de Londres, escribe que del gran movimiento iniciado por Zaratustra sólo quedó en el Irán un pequeño resto después de la conquista musulmana en el siglo VII d. C. Estos pocos creyentes recibieron en Persia el nombre de gabaríes (infieles) porque se negaban a aceptar la autoridad de Mahoma, y las persecuciones prolongadas han reducido su número hasta menos de diez mil en la actualidad. Pero esta disminución progresiva no les ha impedido seguir practicando tenazmente su antigua fe en sus templos del fuego, depurada de muchos de sus aditamentos dualistas y mágicos posteriores. Los demás pasaron en los siglos VII y VIII a la India, donde se les conoce como parsis (pobladores de Pars, la Persia antigua). Allí se establecieron en condiciones menos inhóspitas, principalmente en la zona de Bombay, y no tardaron en formar una comunidad muy próspera que hoy día integran unas cincuenta mil personas, con aproximadamente otras tantas distribuidas por el resto del país y unos cuantos grupos aislados en Londres y otros centros comerciales de todo el mundo, porque los parsis han sido sobre todo hombres de negocios e industriales. Dondequiera que se hayan asentado, siempre han sido correctos, prósperos y muy competentes, generosos y respetados por sus conciudadanos. Han ocupado, en fin, un lugar en la sociedad no muy distinto del de los miembros de la Sociedad de Amigos, con quienes comparten la misma dignidad, reserva y conformidad, la misma independencia y la misma decisión de practicar su fe a su manera, sin trabas ni impedimentos. A los siete años o más tarde se impone a los niños la camisa y el cordón sagrados que simbolizan su iniciación (naojate) en la comunidad de “adoradores zoroástricos de Dios”; se comprometen entonces a “alabar los buenos pensamientos, las buenas palabras y las buenas obras”, y mantenerse fieles a “la religión zoroástrica, que es santa, y, entre todas las religiones que han florecido o florecerán, la más grande, mejor y más excelente, y que es la religión que Dios dio a Zaratustra”. Los parsis tiene la obligación de repetir a diario esta profesión de fe, y de labrarse la propia salvación pensando, hablando y obrando sólo la verdad.

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