“Hemos perdido la noción de una realidad objetiva. La noticia está en describir qué ocurre en las redes” dice el catedrático de Ciencias Políticas Fernando Vallespín.“Ya no vivimos en una democracia, vivimos en una emocracia, donde los sentimientos importan más que la razón. Y nunca te valgas de palabras cuando puedas usar un emoji”, dice el historiador Niall Ferguson.
“Las redes sociales han erosionado la conversación pública, ineludible en una democracia; y ya no hay gatekeepers o intermediadores, como eran los medios de comunicación de masas tradicionales”. Y estos últimos en lugar de observar la realidad, como hacían antes, “cada vez observan más cómo las redes sociales observan la realidad”. De forma que, “ya nadie filtra o tutela la opinión pública”.Al perder esos medios o gatekeepers, la “auctoritas de intermediadores”, las redes se han convertido en “un espacio donde cualquiera puede entrar; donde nadie se cree nada y donde opiniones disidentes cuestionan la posición científica oficial”. Se trata, generalmente, de opiniones “reactivas, no se dialoga o argumenta”; y el usuario entra en las redes “para enfrentarse a alguien”, opina Fernando Vallespín.

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