domingo, 19 de abril de 2026

El hombre ha olvidado amar a Dios y debe aprenderlo de nuevo


Cuenta Guillermo de Saint-Thierry (1075-1148) que antes de la caída, el hombre sabe naturalmente que debe amar a Dios y cómo debe amarlo. Después de la caída lo ha olvidado y debe aprenderlo de nuevo. Si hoy necesitamos la gracia para amar a Dios sobre todas las cosas, no es, pues, porque nuestra naturaleza sea de suyo incapaz, sino porque ha llegado a ser incapaz sin una gracia que primero la cure de sus heridas y la oriente hacia su verdadero objeto, dirá Etienne Gilson (1884- 1978).
Tomás de Aquino (1224- 1274) dice que “así primitivamente, el hombre era naturalmente capaz de amar a Dios sobre todo; el único socorro divino que entonces necesitaba era una moción divina ejerciéndose sobre su naturaleza. Luego de la caída, por lo contrario, primero es menester que la gracia cure nuestra naturaleza, para que ésta pueda recibir la ayuda de la moción divina. De modo que en lo sucesivo ya no es más nuestra naturaleza simplemente la que puede amar a Dios por sobre todas las cosas, sino nuestra naturaleza restaurada por la gracia.”


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