Resulta que a Dios no se le puede aplicar las ideas simplistas que nos hacemos los hombres sobre la justicia y resulta también que nuestras relaciones con Dios no se fundamentan con un doy para que me des contable, en el que nosotros seriamos siempre los acreedores y los beneficiarios pasivos. Dios cosecha donde no ha sembrado, significa que tenemos que poner algo de nuestra parte, esforzarnos, dar un préstamo, tener iniciativas, La actitud de ¿que mal he hecho?, No he hecho mal a nadie; hago lo que puedo, no puedo más, es una actitud bobalicona en contradicción con la parábola de los talentos y demuestra que no hemos entendido lo grave que es el pecado de la pereza y lo concreto que es para Dios el estímulo, los cielos se conquistan.Tampoco hemos comprendido la gravedad e insistencia con la que se nos pide el esfuerzo, que aspiramos a lo imposible, e incluso el imposible mismo.
Con Dios no se juega. “Sal de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre”, “Coge tu cruz”, “Sígueme”, “Estad atentos” “Lavaros y limpiaros”, “Vete y grita”, Levántate coge tu camilla y echa a andar”. No hay que estarse quieto; no se trata de conseguir cosas, del confort, de sueños dulces; Oblomov está condenado; nadie puede encontrar un pretexto para la pereza, en la enfermedad, en la locura.Y ni siquiera en la justicia, la higuera. ¿Entonces por qué se amonesta a Marta? Porque la retienen cosas triviales, se fatiga en balde y pierde la medida, se agita. El Señor nos llama a tareas serias. La muerte está sobre nosotros y nosotros con el cigarro en la cama (como Oblomov) o nos partimos los riñones por unos platos, como si fueran esencias (como Marta), escribe Nicolae
Steinhardt en El diario de la felicidad.
Steinhardt en El diario de la felicidad.

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