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jueves, 23 de abril de 2026

La muerte está sobre nosotros y nosotros con el cigarro en la cama


Resulta que a Dios no se le puede aplicar las ideas simplistas que nos hacemos los hombres sobre la justicia y resulta también que nuestras relaciones con Dios no se fundamentan con un doy para que me des contable, en el que nosotros seriamos siempre los acreedores y los beneficiarios pasivos. Dios cosecha donde no ha sembrado, significa que tenemos que poner algo de nuestra parte, esforzarnos, dar un préstamo, tener iniciativas, La actitud de ¿que mal he hecho?, No he hecho mal a nadie; hago lo que puedo, no puedo más, es una actitud bobalicona en contradicción con la parábola de los talentos y demuestra que no hemos entendido lo grave que es el pecado de la pereza y lo concreto que es para Dios el estímulo, los cielos se conquistan.Tampoco hemos comprendido la gravedad e insistencia con la que se nos pide el esfuerzo, que aspiramos a lo imposible, e incluso el imposible mismo.
Con Dios no se juega. “Sal de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre”, “Coge tu cruz”, “Sígueme”, “Estad atentos” “Lavaros y limpiaros”, “Vete y grita”, Levántate coge tu camilla y echa a andar”. No hay que estarse quieto; no se trata de conseguir cosas, del confort, de sueños dulces; Oblomov está condenado; nadie puede encontrar un pretexto para la pereza, en la enfermedad, en la locura.Y ni siquiera en la justicia, la higuera. ¿Entonces por qué se amonesta a Marta? Porque la retienen cosas triviales, se fatiga en balde y pierde la medida, se agita. El Señor nos llama a tareas serias. La muerte está sobre nosotros y nosotros con el cigarro en la cama (como Oblomov) o nos partimos los riñones por unos platos, como si fueran esencias (como Marta), escribe Nicolae
Steinhardt en El diario de la felicidad. 

viernes, 2 de enero de 2026

El deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria

Decía Séneca que en la misma sociedad crecen las manadas de glotones entregados a la disipación y el lujo, hunden sus hocicos en nauseabundos platos extravagantes, como cerdos en el estiércol: “ya no agrada tomar los alimentos por separado, los sabores se mezclan, se realiza durante la comida que debería realizarse en el estómago…No resultaría más confuso el alimento vomitado”. Escribe el filósofo Volker Spierling que “el deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria. El placer es la consigna de cualquier afán humano, mientras que la virtud parece haber caído en el olvido. La abundancia y los excesos causan enfermedades propias de la vida acomodada, como el hastío, el tedio y el vacío interior. El natural amor propio, la preocupación por la propia vida, degeneran en egoísmo desaforado”.

sábado, 25 de marzo de 2017

La carta de comida.

Enrique VIII
A Enrique VIII le gustaba comer. Una vez fue a cenar a la casa de un duque. Los demás invitados se dieron cuenta de que el rey no apartaba la vista de una hoja de papel que estaba sobre la mesa, a la que miraba una y otra vez antes de volver a prestar atención a la comida. Los lores allí reunidos, los condes y duques no podían explicárselo. Aquél debía de ser un documento de suma importancia, pensaron, tan importante como para que Su Majestad necesitara leerlo durante la cena. Después de la comida, sin embargo, el rey dejó aquel pliego de papel encima de la mesa y se retiró al salón. Los comensales se agruparon en torno a la mesa pero, cuál no sería su sorpresa al ver que aquel pedazo de papel no contenía ningún secreto de Estado, sino los nombres de unos pocos platos. Los mismos que acababan de comer. 
El anfitrión los había escrito en aquel folio y se lo había entregado al rey. Todos dijeron:Qué idea tan estupenda. De ese modo no tienes que aprenderte de memoria esos aburridos nombres ni lamentarlo luego, cuando algo parece sabrosísimo y no lo es. Si sabes de antemano, puedes decidir lo que vas a comer y lo que no, de cuál plato comer más y de cuál comer menos.Y ésos fueron los inicios de la carta.