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jueves, 30 de julio de 2026

Soberbia y vanidad

Escribe Jaume Balmes que “la exageración del amor propio, la soberbia, no siempre se presenta con un mismo carácter. En los hombres de temple fuerte y de entendimiento, sagaz es orgullo; en los flojos y poco avisados es vanidad.”
“El orgullo tiene más malicia, la vanidad más flaqueza; el orgullo irrita, la vanidad inspira compasión; el orgullo sugiere quizá grandes crímenes, la vanidad ridículas miserias; el orgullo está acompañado de un fuerte sentimiento de superioridad e independencia, la vanidad se aviene con la desconfianza de sí mismo, hasta con la humillación; el orgullo tiende los resortes del alma, la vanidad los afloja; el orgullo es violento, la vanidad es blanda; el orgullo quiere la gloria, pero con cierta dignidad, con cierto predominio, con altivez, sin degradarse; la vanidad la quiere también, pero con lánguida pasión, con abandono, con molicie.”


viernes, 2 de enero de 2026

El deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria

Decía Séneca que en la misma sociedad crecen las manadas de glotones entregados a la disipación y el lujo, hunden sus hocicos en nauseabundos platos extravagantes, como cerdos en el estiércol: “ya no agrada tomar los alimentos por separado, los sabores se mezclan, se realiza durante la comida que debería realizarse en el estómago…No resultaría más confuso el alimento vomitado”. Escribe el filósofo Volker Spierling que “el deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria. El placer es la consigna de cualquier afán humano, mientras que la virtud parece haber caído en el olvido. La abundancia y los excesos causan enfermedades propias de la vida acomodada, como el hastío, el tedio y el vacío interior. El natural amor propio, la preocupación por la propia vida, degeneran en egoísmo desaforado”.

sábado, 19 de abril de 2025

El hombre es malvado cuando, pese a tener conciencia de la ley moral se aparta de ella

Para Kant la perversa “resistencia” contra la ley moral pone de manifiesto una tendencia humana que puede ir en aumento hasta el extremo de subvertir el orden moral de las motivaciones y atenerse solo a la ley cuando resulta útil y procura placer. La condición humana es malvada porque establece el amor propio y las inclinaciones como condiciones para obedecer la ley. Según Kant, la errónea subordinación de la razón a la sensualidad, esa inversión del orden moral, significa una “perversidad del corazón humano” que con “principios que corrompen el alma, mina secretamente la intención”. “El mal auténtico consiste en que uno no quiere resistir a aquellas inclinaciones cuando le incitan a la transgresión, y esta intención es propiamente el verdadero enemigo”. El hombre es malvado cuando, pese a tener conciencia de la ley moral se aparta de ella, aunque solo sea ocasionalmente, dice el filósofo Volker Spierling. Para Spierling la mala orientación de la voluntad, el rechazo de la ley moral como disposición, es el “mal radical”, porque corrompe el fundamento de toda máxima. 

sábado, 23 de noviembre de 2024

Soberbia

Según el psiquiatra Enrique Rojas, la soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo, la trampa del amor propio, la falta de humildad y de lucidez. Se trata de un sentimiento de valoración en el que la persona concentra su foco de atención en ella misma porque se considera excelente, única y muy por encima de los demás.  Desde la psicología y la filosofía, se establece una distinción difusa entre la soberbia y el orgullo. Algunos conciben a este último con un sentido más positivo y emocional desde el que podemos valorarnos y valorar a los demás y que a veces es fácil de disimular; mientras que la soberbia es concebirse a uno mismo como superior a los otros por el hecho de ser sí mismo, razón por la que además le deben respeto y admiración.En la soberbia, los otros no existen. Ahora bien, quien no tenga cuidado con su orgullo puede ir más allá y acabar cultivando actitudes soberbias.Así, la soberbia es amiga del orgullo, la vanidad, las ansias de poder, el narcisismo y el egocentrismo. Todo le queda pequeño. Quien tiene soberbia tan solo está centrado en sí mismo, no da valor a las opiniones de los demás porque está ciego; sin embargo, sí que necesita un feedback constante sobre la imagen que están proyectando a los otros. Lo que ocurre es que las estrategias que pone en marcha para recibirlo son muy sutiles.
Detrás de la soberbia hay miedo, escribe la psicóloga Gema Sánchez Cuevas, miedo a no ser capaz, a no ser bueno, suficiente o reconocido. Y ante la incapacidad de asumirlo, de aceptar esos temores y heridas, se maquillan. Por esta razón, la soberbia sirve para “equilibrar” esos vacíos y como mecanismo de defensa porque ayuda a rechazar antes que ser rechazado.Así, quien es soberbio no suele admitir sus errores porque hacerlo le recuerda que no es tan perfecto como pensaba y como consecuencia será muy difícil que pida perdón porque considera que nunca se equivoca. Al igual que también piensa que lleva la razón porque incurre en la falacia de la autoridad.No obstante, al soberbio le importan mucho la opinión y la atención de los demás, aunque se muestre indiferente, por lo que lleva a cabo ciertos comportamientos para obtenerlas.


viernes, 26 de julio de 2024

Con la familiaridad, otras personas se convierten en parte de nosotros mismos

La capacidad de las personas para ponerse en el lugar de otro depende de si la persona es un extraño o alguien conocido. El cerebro humano separa a la gente conocida de los demás, de modo que la gente del entorno social se entrelaza con el sentido de uno mismo a un nivel neurológico. En este sentido, James Coan, profesor de la Universidad de Virginia, afirma que “con la familiaridad, otras personas se convierten en parte de nosotros mismos”. Los seres humanos han evolucionado para tener una identidad propia en la que los seres queridos forman parte del propio entramado neural. Por eso necesitamos tener amigos y aliados.
Las regiones del cerebro responsables de la respuesta a la amenaza entran en actividad cuando un amigo corre peligro de forma básicamente idéntica a la actividad que se muestra cuando la amenaza es propia. Sin embargo, cuando la amenaza se refiere a un extraño estas áreas del cerebro apenas muestran actividad. Según Coan, el cerebro tiene una gran capacidad para integrar a los demás, de tal modo que las personas cercanas se convierten en una parte de uno mismo. Esto provoca que realmente una persona se sienta bajo amenaza cuando un amigo o una persona amada está en peligro. En palabras del propio Coan, “si un amigo está en peligro, se hace lo mismo que si nosotros mismos estuviéramos bajo amenaza. Podemos entender el dolor o la dificultad que pueden estar pasando del mismo modo que podemos entender nuestro propio dolor.”
Teniendo en cuenta lo anterior resulta inevitable hacer las siguientes pregunta: ¿Por qué, entonces, algunas veces hacemos daño a las personas que queremos? ¿Por qué se producen arrebatos de ira? La contestación estaría según este estudio en que  cuando las personas no se aman a sí mismas, proyectan esta aversión hacia los demás. En particular, si este desprecio por sí mismos se debe a un comportamiento abusivo que han experimentado en el pasado, se involucrarán en comportamientos hirientes hacia las personas que aman.Cuando las personas se valoran poco a sí mismas, que es esencialmente lo que es la baja autoestima, es posible que no se den cuenta de lo hirientes que son sus acciones para otras personas. Algunas personas disfrutan lastimar a otras personas. Esto puede deberse a una infancia profundamente perturbada y potencialmente abusiva. El hecho de no ser empático con los seres queridos refleja la falta de amor propio. Comprender que ese odio hacia uno mismo es neurobiológico y que por eso hacemos daño a los seres queridos debe servir para darse cuenta y no continuar con ese ciclo de ira hacia el otro.

domingo, 4 de junio de 2023

El final del Imperio romano dio paso al nacimiento de Europa

San Agustín mantuvo la existencia mística de dos ciudades, creadas por dos amores. El amor propio, que conlleva el desprecio de Dios, creó la ciudad terrena; y el amor de Dios, que supone el desprecio de sí mismo, la ciudad celestial. Estas dos ciudades no pueden confundirse con el Estado y la Iglesia, sino con las voluntades que se rigen o no por la ley de Dios. Todos los cristianos de todos los tiempos, lugares, culturas y lenguas están unidos por un mismo amor a Dios, por lo que forman un solo pueblo, cuyo territorio místico puede llamarse “Ciudad de Dios”.
Caída el Imperio Romano  por Thomas Cole

El final del Imperio romano dio paso al nacimiento de una nueva época, una nueva etapa de la historia, Europa. Al preguntarse la filósofa María Zambrano por el nacimiento de Europa no podía sino recordar al obispo de Hipona: “Su vida, hecha transparente por las Confesiones, nos ofrece, en su concreción personal, el tránsito del mundo antiguo al mundo moderno. Sus Confesiones, en verdad, nos muestran en estado de diafanidad el doble proceso coincidente de una conversión personal que al propio tiempo es histórica. La Historia misma se confiesa en él. Pues lo que cambia no es tanto el alma de san Agustín, sino el alma del mundo antiguo que se convierte en el nuevo. Es una conversión histórica o, si se prefiere, la salida de una crisis, de la crisis en que el mundo antiguo (filosofía griega y poder romano) muere para pervivir, es cierto, pero en otra forma. El mundo antiguo del que san Agustín sale, no muere en sus esencias más verdaderas; va a formar la nueva cultura que se llama Europa” 

viernes, 6 de mayo de 2022

Aniquilar la autoestima

Existe algo más importante que el empleo o el pan. Hay algo que, en una situación de peligro, es más importante para la mayoría de la gente que cualquier otra cosa que se pueda perder en una gran prueba, la autoestima. Succionar a la víctima todo lo que tuviera de amor propio y dignidad. Como habían hecho los nazis en los campos de exterminio, donde mantenían a sus víctimas en condiciones más propias de bestias, no solamente matándolas y obligándolas a trabajar, sino también procurando que todas perdieran su condición humana mediante la tortura y la humillación. En última instancia, los nazis se contentaron con poco, con la aniquilación física de sus víctimas. Los comunistas querían otra cosa, querían algo más, exigían que la víctima se mantuviera con vida y que festejara y celebrara el régimen que estaba aniquilando su conciencia y su amor propio.

jueves, 25 de julio de 2019

Antes de coger la pluma

Henri Frédéric Amiel
“Sé grande, para hablar de cosas grandes; y patriota, para hablar de la patria, decía el escritor y filósofo Henri Frédéric Amiel. Arroja de tu seno el amor propio, el rencor, las impresiones pasajeras y personales; edúcate en la imparcialidad, en la objetividad, en la serenidad, antes de coger la pluma, o de otra forma tu pluma sólo contará las bajezas y las vulgaridades de tu corazón. Vuelve a la serenidad, por la esperanza y el ideal; combate las impaciencias de tu naturaleza cambiante; la aridez de tu corazón en seguida decepcionado; los celos de tu amor propio irritable; la torpeza de tu inercia; los humos de tu orgullo, la amargura, los arrebatos. La fuerza está en la serenidad. El orden; la firmeza; la modestia; la precisión y el movimiento; el impulso y la medida; el fuego y el cálculo; la impetuosidad dueña de sí misma. Exactitud psicológica, pintoresquismo en el estilo; unir el análisis a la realidad plástica. Transformarme al ritmo de las necesidades de la cosa, de las exigencias del objeto. Brevedad, vigor, brillo, nitidez mordiente”.