Decía Séneca que en la misma sociedad crecen las manadas de glotones entregados a la disipación y el lujo, hunden sus hocicos en nauseabundos platos extravagantes, como cerdos en el estiércol: “ya no agrada tomar los alimentos por separado, los sabores se mezclan, se realiza durante la comida que debería realizarse en el estómago…No resultaría más confuso el alimento vomitado”. Escribe el filósofo Volker Spierling que “el deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria. El placer es la consigna de cualquier afán humano, mientras que la virtud parece haber caído en el olvido. La abundancia y los excesos causan enfermedades propias de la vida acomodada, como el hastío, el tedio y el vacío interior. El natural amor propio, la preocupación por la propia vida, degeneran en egoísmo desaforado”.
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