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lunes, 6 de julio de 2026

Lo difícil que resulta ser humano sin conciencia de eternidad

La eternidad no puede deducirse en modo alguno del interior de la experiencia humana. No puede verse, tocarse, oírse, olerse ni saborearse. Y, sin embargo, en vano buscaríamos una población humana que no considerase evidente la eternidad. La conciencia de la eternidad (o, más bien, deberíamos decir la creencia en la eternidad) puede concebirse como uno de los rasgos definitorios de la humanidad, escribe Zygmunt Bauman.
Iván, el más intelectual de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski, sabía lo difícil que es vivir con conciencia de la eternidad, pero también sabía, en no menor medida, lo difícil que resulta ser humano sin ella… Según otro cultivado personaje de la misma novela, Rakitin, Iván afirmaba que el amor iba en contra de la naturaleza y, si acaecía y seguía acaeciendo entre los seres humanos, era únicamente gracias a la creencia de los humanos en su propia inmortalidad. Una vez que el ser humano pierda esa fe, “se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún, entonces ya nada será inmoral, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. Deténgase la creencia en Dios y en la inmortalidad, sustitúyase la fe por la razón, y el egoísmo se convertirá en la única regla sensata. “No hay virtud si no hay inmortalidad”, admite Iván cuando se le insta a revelar sus convicciones.

miércoles, 17 de junio de 2026

Los extravíos de nuestro corazón tienen su origen en un concepto errado

Jaime Balmes
“Se han atacado los dogmas, pero no se ha reflexionado bastante que con ellos estaba ligada íntimamente la moral, y que esa moral misma es un dogma. Con la proclamación de una libertad de pensar ilimitada, se ha concedido al entendimiento la impecabilidad; el error ha dejado de figurar entre las faltas de que puede el hombre hacerse culpable. Se ha olvidado que para querer es necesario conocer, y que para querer bien, es indispensable conocer bien. Si se examinan la mayor parte de los extravíos de nuestro corazón, se encontrará que tienen su origen en un concepto errado; ¿cómo es posible, pues, que no sea para el hombre un deber el preservar su entendimiento de error? Pero, desde que se ha dicho que las opiniones importaban poco, que el hombre era libre de escoger las que quisiese, sin ningún género de trabas, aun cuando perteneciesen a la religión y a la moral , la verdad ha perdido de su estimación y no disfruta a los ojos del hombre aquella alta importancia que antes tenía por sí misma, por su valor intrínseco; y muchos son los que no se creen obligados a ningún esfuerzo para alcanzarla. Lamentable situación de los espíritus y que encierra uno de los más terribles males que afligen a la sociedad”, escribe Jaime Balmes.
“La religión, dice Balmes, no puede hacerse responsable de todo lo que se hace en su nombre, si no se quiere proceder con la más evidente injusticia. El hombre tiene un sentimiento tan fuerte y tan vivo de la excelencia de la virtud, que aun los mayores crímenes procura disfrazarlos con su manto; ¿y sería razonable el desterrar por esto la virtud de la tierra?”


miércoles, 22 de abril de 2026

El saber que va unido a la virtud

Manifestaba Sir Tomas Moro que “el saber que va unido a la virtud tiene para mi más importancia que todos los tesoros de los reyes. Y si el prestigio del saber no va acompañado de una buena conducta, ¿qué otra cosa es sino estupenda y celebre infamia?…Forma su carácter quien lo eleva hacia la virtud y los bienes verdaderos.”

Tomás Moro

Hay que evitar, dice Moro, los precipicios de la soberbia y de la ostentación, caminando por las llanas praderas de la modestia. Que no deslumbre jamás a sus hijos el fulgor del oro; que no suspiren nunca por poseer lo que admiran en el prójimo. Quiere que practiquen “la piedad hacia Dios, la caridad para con el vecino y la modestia y humildad cristiana para consigo mismo. De esta forma el Señor premiará su vida con la inocencia; y en la certidumbre de esa espera no sentirán horror de la muerte”.



viernes, 13 de febrero de 2026

Nobleza de corazón

Para Poggio en su De Nobilitate la verdadera nobleza es la nobleza del corazón. La idea de que la nobleza de corazón es más importante moralmente que la nobleza de sangre “nació de la exaltación del amor cortesano en la poesía de los trovadores” ( J. Huizinga, El Otoño en la Edad Media). En cuanto a la idea de la igualdad de naturaleza y dignidad de todos los seres humanos tiene su raíz en el Evangelio, siendo codificada por el papa Gregorio Magno en un dictum que los escolásticos repitieron una y otra vez: “Todos los hombres somos iguales por naturaleza”.
Dante al definir en que consiste la nobleza “consta que todos los hombres se ennoblecieron con el mérito de la virtud, de la virtud propia o de la de sus antepasados. Porque la nobleza es virtud y antigüedad de riquezas”. 


viernes, 23 de enero de 2026

La hipocresía se ha impuesto como un modus operandi

Asumir que hay algo que transciende al ser humano es algo absolutamente poderoso. Todos somos responsables frente a algo, y eso afecta a nuestro comportamiento. Considerar que estamos al servicio de algo transcendental es maravilloso, pero considerar que lo transcendental está a nuestro servicio es una perversión absoluta.
Vivimos en un mundo en el que no tienes que ser virtuoso, sino mostrar que lo eres, y eso es lo contrario a la virtud cristiana, al menos, a la humildad, que ha desaparecido de la ecuación de las buenas virtudes públicas. En muchos casos, la supuesta virtud se demuestra atacando a los demás y mostrando los vicios ajenos, sin ver la viga en el ojo propio. La hipocresía se ha impuesto como un modus operandi admitido en la conversación pública, sobre todo en las redes sociales, manifiesta Victor Lapuente, catedrático de la Universidad de Goemburgo en Suecia.


miércoles, 14 de enero de 2026

La felicidad es una actividad del alma

Aristóteles define a los humanos como seres dotados de razón, a diferencia de los animales. La razón es la mayor cualidad humana, lo más excelente que hay en nosotros. 
Quienquiera que cultive sus capacidades intelectuales a lo largo de la vida lleva una vida próspera y plena que, según Aristóteles, se identifica con la felicidad y o la dicha, que a su vez es la meta de toda actividad humana y el bien supremo. La felicidad no es un estado pasivo como el enamoramiento, sino una actividad del alma, un esfuerzo, un logro. Los bienes externos como la salud, la belleza, la riqueza, un determinado cargo, la amistad y la felicidad familiar también pueden contribuir, aunque de manera secundaria, a la felicidad perfecta; el placer puede acompañar a lo perfecto, si bien lo decisivo para alcanzar la verdadera felicidad es la vida activa conforme a la razón.
El hombre virtuoso para Aristóteles no debe su bondad al conocimiento obtenido mediante la formación académica, sino al hábito de obrar a menudo de forma justa, prudente y razonable….Obrar prudentemente requiere un carácter firme capaz de controlar los impulsos y deseos recurriendo a la razón. El buen carácter es el resultado del poso de la razón y del ejercicio del dominio de uno mismo. Si a este buen carácter se le añade la prudencia necesaria para cada ocasión concreta, el acto moral virtuoso resulta perfectamente logrado.
La prudencia como principal orientación al decidir lo que debe desearse y lo que debe evitarse, la prudencia señala y pondera los requisitos y las exigencias concretas en las múltiples situaciones imprevisibles en las que es necesario actuar. Constituye, dice Aristóteles, una virtud intelectual irrenunciable, ya que permite tomar la decisión correcta al actuar en cada caso particular. 


viernes, 2 de enero de 2026

El deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria

Decía Séneca que en la misma sociedad crecen las manadas de glotones entregados a la disipación y el lujo, hunden sus hocicos en nauseabundos platos extravagantes, como cerdos en el estiércol: “ya no agrada tomar los alimentos por separado, los sabores se mezclan, se realiza durante la comida que debería realizarse en el estómago…No resultaría más confuso el alimento vomitado”. Escribe el filósofo Volker Spierling que “el deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria. El placer es la consigna de cualquier afán humano, mientras que la virtud parece haber caído en el olvido. La abundancia y los excesos causan enfermedades propias de la vida acomodada, como el hastío, el tedio y el vacío interior. El natural amor propio, la preocupación por la propia vida, degeneran en egoísmo desaforado”.

lunes, 29 de diciembre de 2025

El liberalismo es una teoría de lo correcto, no de lo bueno


El liberalismo es una teoría de lo correcto, no de lo bueno. Esto significa dos cosas. La primera es que excluye del debate político sobre la justicia aquellos razonamientos que apelan a las concepciones particulares de la vida buena; por ejemplo, debemos hacer X porque es la única manera de vivir según el mandato de Dios. La segunda, más importante en el presente contexto, es que da libertad a los individuos para que guíen su conducta según la concepción de vida buena que juzguen más conveniente. Prescribe cómo han de comportarse en su relación con los demás en la esfera pública, pero guarda silencio sobre el carácter y las aspiraciones que deben cultivar. Lo primero es universalizable; lo segundo, no. Este agnosticismo respecto a lo bueno explica la austeridad del ideal de ciudadanía liberal que, en lo esencial, acaba siendo parasitario del ideal de justicia. El buen ciudadano es el que cumple las exigencias impuestas por instituciones justas. Los liberales asumen que, en condiciones ideales, los individuos son capaces de actuar de manera justa; pero su teoría no ofrece certeza alguna de que lo vayan a hacer. Al liberalismo, según la filósofa Victoria Camps, le falta un “vértice aristotélico” que desarrolle, sin complejos, un catálogo de virtudes cívicas. 
Las instituciones, por sí solas, no pueden erradicar toda clase de injusticias, ni es deseable que lo hagan. Un reparto equitativo de las tareas domésticas entre hombres y mujeres, por ejemplo, no puede imponerse por decreto. Puede fomentarse mediante políticas que faciliten las decisiones adecuadas, dando incentivos y contribuyendo a crear un ethos social igualitario. La educación cívica de los ciudadanos promete bondades en este sentido, pero es una empresa hercúlea. La ampliación del currículo escolar con materias específicas es sólo el punto de partida. No basta, según Victoria Camps, por dos razones. La primera es que la virtud requiere práctica. Lo importante no es saber en qué consiste ser valiente, sino no amilanarse ante cualquier circunstancia desfavorable. Cuando se trata de practicar las virtudes cívicas, el escenario idóneo es la interacción con los conciudadanos más allá del aula. La segunda es que, a juicio de Camps, el peso de la educación cívica no ha de recaer sólo sobre la escuela, ni tampoco sobre la familia. Tiene responsabilidad de educar cívicamente cualquier sector o profesión que transmita formas de actuar que los jóvenes imitan. Es decir, todos.

Referencia:La fragilidad de una ética liberal, de Victoria Camps

lunes, 1 de diciembre de 2025

El superhombre

Al igual que Narciso, los superhombres se quedan absortos contemplando su propia belleza. Narcisistas que se miran al ombligo y se obsesionan con su grandeza, su inteligencia superior y su glorioso destino.No nos equivoquemos, la persona que cree en la teoría del superhombre realmente cree que pertenece a la élite. El narcisista nietzscheano, como un adolescente masturbador, está enamorado de sí mismo y de nadie más. Las viejas decían que la gente así acababa volviéndose loco y justamente eso es lo que le sucedió al pobre Nietzsche. Pero lo más inquietante es que sus profecías se han hecho realidad. Asesinamos a millones de personas mediante el aborto por razones que suenan bien, que son utilitarias, pero que en última instancia son egoístas. Marchamos bajo estandartes revolucionarios proclamando un mundo nuevo y feliz que gira en torno a nuestras ideologías egocéntricas. 
Nietzsche consideraba que su übermensch estaba por encima de la ley. Como la mayoría de los locos, veía la realidad al revés. En lugar de estar por encima de la ley, el superhombre está por debajo de la ley. Porque se considera superior, es inferior. Cuando un hombre se comporta como un narcisista, no se eleva por encima de la humanidad común, sino que se rebaja al nivel de la bestia instintivamente interesada sólo en sí misma. Por lo tanto, no es más que humano, sino menos que humano. El narcisista nietzscheano se aísla de la sociedad, de la familia, de los amigos y del amor. Lo único que rompe este ciclo de autoadoración es el amor sacrificial, pero el amor sacrificial es lo único que el narcisista no puede comprender y de lo que es incapaz. Nietzsche despreciaba las virtudes cristianas de humildad, el servicio y el autosacrificio y las consideraba como una debilidad. Lo que no comprendió es que el verdadero ejercicio de estas virtudes requiere una fuerza sobrehumana. En lugar de rebajar al hombre, el amor sacrificial es lo que lo eleva de simio a ángel. El verdadero superhombre es el hombre humilde y penitente. Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. 


Referencia: Dwight Longenecker en The Imaginative Conservative

domingo, 23 de noviembre de 2025

Para Sócrates lo primero es el cuidado y el mejoramiento del alma


Sócrates no hacía otra cosa que ir por todos lados y persuadir a jóvenes y viejos que lo primero no es el cuidado del cuerpo ni el acumular riquezas, sino el cuidado y el mejoramiento del alma por la virtud.


miércoles, 15 de octubre de 2025

Tomás Moro equipara el mal con el orgullo

Tomás Moro( 1478-1535) equipara el mal con el orgullo cuando escribe al preceptor de sus hijos, William Gonell, haciéndole ver los medios y fines de la educación: “Querido Gonell: el orgullo es un mal que solo difícilmente se puede extirpar; por eso y desde temprana edad se ha de poner esfuerzo para no permitir que aflore demasiado. Este mal es tan obstinado por varias razones. Apenas llegamos al mundo cuando ya nos es implantado en nuestros sensibles corazones de niño, después es casi cultivado por los maestros y fomentado por los padres. Ya nadie quiere enseñar el bien sin exigir de inmediato una alabanza como recompensa y si uno se acostumbra a ser alabado por las masas, es decir, por gente insignificante, al final se avergüenza de ser contado entre los honrados. A todo trance quiero apartar a mis hijos de tal desgracia. Vosotros, mi querido Gonell, mi mujer y todos mis amigos, tenéis que explicarles lo reprochable e indigna que es tal gloria efímera. Tenéis que explicarles que nada es más adecuado que aquella humilde modestia que Cristo nos recomienda repetidas veces. Actuad con prudente caridad; instruidlos en la virtud, sin censurar el vicio; pues con amor alcanzaréis más que con rigidez. Quien desee proceder cautelosamente, lea los escritos de los Padres de la Iglesia; nunca se enfurecieron. Su santidad, que nos mueve a la obediencia, nos exhorta a imitarlos”.


domingo, 12 de octubre de 2025

Para Robespierre el ateísmo era un vicio exclusivo de señoritos ociosos y de sus filósofos falderos

Robespierre
Para Robespierre el ateísmo era un vicio exclusivo de señoritos ociosos y de sus filósofos falderos, pensadores de salón. “El ateísmo es aristocrático”, escribe en noviembre de 1793. Por el contrario, la idea de un Ser Supremo (en Robespierre siempre resuena la voz de Rousseau) que vela por la inocencia del oprimido y castiga el crimen aparentemente triunfante, es completamente popular (esto es lo que escandalizará a Marx). Sentía una gran animadversión contra los filósofos que confundían la causa religiosa con la de los déspotas y veían conspiradores contra el Estado en todo aquel que iba a misa. Son enemigos del pueblo, concluye Robespierre, quienes pretenden forzarlo a ver en la Revolución el triunfo del ateísmo, y no el de la virtud, cuando el ateísmo es un crimen político. “El ateísmo es la antítesis de la virtud, y por lo tanto es antirrepublicano”. 


sábado, 11 de octubre de 2025

Tanta abundancia de escritores y comentaristas, y tanta falta de hombres sabios y elocuentes

Francisco Petrarca (1304-1374) en su obra Remedios para la vida hablando de la educación dice:“creo adivinar que das más importancia a los títulos y diplomas, hoy en día no hay nada que se entregue más libremente, pero los títulos no bastan para hacer sabios a quienes no lo son”. Sobre la superficialidad de la vida cultural dice que “en ninguna otra época ha habido tanta abundancia de escritores y comentaristas, ni tanta falta de hombres sabios y elocuentes. Ojalá escribiesen solamente los que saben y los que pueden, y los demás leyesen u oyesen”. O sobre la polarización dice que “dos extremos que distan lo mismo del centro, que es la virtud, son igualmente malos”. Cuando el personaje Dolor se queja de que “la guerra civil nos destruye”, Razón le hace esta recomendación, “te ruego que evites ser uno de los que, con obras o con palabras, encienden el fuego de la contienda civil. Son muchos los que obran así y que, como si las heridas se debiesen a otros, acaban abrasados por el fuego que ellos mismos encendieron.”
Hablando de la muerte Petrarca escribe que “todos los que están alrededor de tu cama, todos cuantos has visto, oído y leído, todos cuantos podrías conocer, todos los nacidos o por nacer en cualquier tiempo y lugar han seguido o seguirán ese mismo camino. Piensa pues en la gran multitud de compañeros que van delante y detrás de ti y en los que mueren al mismo tiempo que tú, que no serán pocos. Creo que debes avergonzarte por lamentar algo que todos padecen, pues entre ellos no encontrarás ni uno solo a quien envidiar”. 
Hablando de los libros dirá que “si quieres vanagloriarte de tus libros, sigue otra vía. No te precies de tenerlos, sino de entenderlos; no los guardes en tus anaqueles, sino en tu memoria; no en tu biblioteca, sino en tu entendimiento”, pero añade que los libros «han hecho sabios a unos y locos a otros que tomaron de ellos más de lo que podían digerir”. Con respecto a la envidia hace la siguiente pregunta, “¿No os parece  bastante vivir atormentados por los propios males, que no son pocos, para que además os atormenten los bienes ajenos, con lo que rematáis vuestra desgracia?”.


miércoles, 17 de septiembre de 2025

Maritain acusa a Rousseau

Rousseau
En cuanto a la aureola de santidad que  rodeó a Rousseau, puesta de manifiesto, entre otras expresiones, en las peregrinaciones a su tumba de numerosos admiradores de varios países, Maritain la califica de santidad falsa. “Incapaz de imponerse ante la realidad por medio de ese supremo acto de mando racional sin el cual no existe virtud moral”, él juzga pero no obra. Se contenta con soñar su vida, construyendo en el mundo de las imágenes y de los juicios artísticos “una asombrosa vida de dulzura y bondad, de candor, de simplicidad, de facilidad, de santidad sin clavos y sin cruz”. Desdoblamiento, más que hipocresía; mimetismo de la santidad, le acusa Maritain. Con Rousseau, afirma, nos hallamos en los antípodas de la vida moral y de la santidad. “Al verter en tantas almas el contagio de esta religiosidad pervertida”, prosigue el filósofo francés, Juan Jacobo “ha dado al mundo moderno uno de sus aspectos característicos. Todos sabemos lo que el romanticismo le debe”. “En cuanto que el romanticismo significa una religiosa victoria sobre la razón, y sus obras el desenfreno sagrado de la sensibilidad, la santa ostentación del yo y la adoración de la primitividad natural, el panteísmo como teología y la excitación como norma de vida, hay que confesar que Rousseau, por su naturalismo, es causa inmediata de semejante mal de espíritu”. Y más allá del romanticismo, “el pensamiento actual, en lo que tiene de mórbido, sigue todavía bajo su influjo”.“Pervertidor prodigioso, Rousseau… evoca las potencias de anarquía y de languidez que dormitan en cada uno de nosotros. Se aprovecha de todas las insuficiencias de la razón… Sobre todo, nos ha enseñado a complacernos en nosotros mismos y a descubrir el encanto de esas secretas heridas de la sensibilidad más individual que las edades menos impuras abandonaban temblando a la mirada de Dios… Costará mucho a la literatura y al pensamiento moderno, así heridos por él, encontrar la pureza y rectitud que una inteligencia vuelta hacia el ser conocía antaño”.
Maritain
Rousseau, en fin, abre el camino a la Revolución laicizando el Evangelio y conservando las aspiraciones humanas después de suprimir a Cristo. “Fue Juan Jacobo quien consumó esta inaudita operación iniciada por Lutero, de inventar un cristianismo separado de la Iglesia de Cristo, y fue él quien terminó de naturizar el Evangelio. A él le debemos ese cadáver de ideas cristianas, cuya inmensa putrefacción emponzoña hoy al universo. La doctrina rusoniana es una herejía cristiana de carácter místico… una radical corrupción naturalista del sentimiento cristiano”, escribe Maritain, que concluye: “Si el mundo no vive del cristianismo vivificante de la Iglesia, muere del cristianismo corrompido fuera de la Iglesia”. El balance que Maritain hace del pensamiento del ginebrino es definitivamente negativo: “Siendo personalmente mucho menos vil y despreciable que Voltaire, al cual tuvo el mérito de odiar, en realidad Rousseau implica una gravedad inmensamente mayor, porque proporcionó al hombre no ya una negación, sino una religión al margen de la Verdad indivisible”.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Virtud y fama

Para Ramón Lull y para los maestros de la escuela de Salamanca el ser humano, dotado de razón y libre albedrío, tiene capacidad para conocer y merecer. Según Alberto Tenenti el ser humano está dotado de tres y no de dos dimensiones, ya que al cuerpo y al alma hemos de sumar el tiempo, que es un regalo de duración indefinida que hace Dios al hombre. Durante su existencia el hombre está en condiciones de desarrollar sus potencias sumisas, convirtiéndolas en virtudes. La virtud se practica con la vida; al termino de esta se convierte en fama. Es lo que Jorge Manrique o Cervantes con más empeño tratarán de defender.
Para España estos dos términos, virtud y fama, se llenan de sentido y eficacia. Lull sostiene sostiene que si la razón y la fe salen de las manos de Dios no puede haber entre ambas incompatibilidad, de modo que la meta de una y la otra persiguen es exactamente la misma, conquista de la Verdad, que es lo único que puede hacer libre.

Aristarquía

Un ministro de educación socialista, Fernández de los Ríos, hablaba de aristarquía, un término que habla de la posibilidad de ascender de los mejores. Para él, el socialismo era precisamente eso, el régimen político que no cerraba las puertas a la mejora. Es diferente de la aristocracia, que es el gobierno de los mejores, pero no contempla el ascenso. Cuando quieres un mecánico quieres el mejor, lo mismo con un médico o un dentista… Si para tu satisfacción personal quieres lo mejor, ¿por qué no para la comunidad? ¿Qué ha sido del bien común?, se pregunta el filósofo Gregorio Luri.
Si miras a los ojos a un niño pobre, ¿puedes asegurar cuáles serán sus resultados en matemáticas? No. El individuo no está determinado, por mucho que se quiera determinarlo sociológicamente. Ese niño, dice  el filósofo Luri, exige que le des todo lo que puedas, y necesitas que él te corresponda de alguna manera.La inspiración a mejorar no es ni de derechas, ni del neoliberalismo; tiene que ver con la concepción de la virtud de cada persona. Cualquier defensor y cualquier crítico de la meritocracia, delante de un niño pobre, ¿justificarán sus suspensos por su pobreza? Eso es dar por supuesto que si eres pobre eres menos moral.La aspiración a superarnos es lo que nos hace humanos. No se trata ni de pobres ni de ricos, sino de aceptar que somos responsables de nuestros actos. Diluir la responsabilidad en ideología es inmoral.

viernes, 8 de agosto de 2025

Cuando el principio rector de la vida es hacer hacer aquello que produce placer inmediato, el hombre no es distinto de una bestia

Thomas Woods manifiesta que dotado de razón el ser humano no está condenado a actuar por mero instinto. Es capaz de reflexión moral. Si no reflexiona ni evalúa con rigor moral su propio comportamiento, ¿de que le sirve ser humano? Cuando el principio rector de la vida es hacer hacer aquello que produce placer inmediato, el hombre no es distinto de una bestia. Seneca decía: “qué despreciable es el hombre cuando no logra elevarse por encima de su condición humana”.
Una vida buena no es simplemente una vida de actos externos irreprochables. No basta con evitar el asesinato o el adulterio. No solo es el cuerpo quien no debe ceder a tales crímenes; también el alma debe abstenerse de inclinarse hacia ellos. No solo no debemos robar al vecino, sino que tampoco debemos albergar pensamientos de envidia por sus posesiones. Hemos de apartar de nosotros la ira y el odio, que solo envenenan el alma. Es famosa la frase de Sócrates que afirma que el conocimiento es virtud y conocer el bien es hacer el bien. Aristóteles y San Pablo lo entendieron, pues todos recordamos momentos de nuestra vida en la que sabíamos perfectamente qué era bueno, y sin embargo no lo hicimos. Como pecar resulta más fácil cuando nos acostumbramos al pecado, también así, según Aristóteles, más fácil se vuelve esa vida de virtud cuando nos comprometemos con ella y la convertimos en un hábito.


lunes, 4 de agosto de 2025

Todo malo

Aristóteles dice que “ todo malo es ignorante de lo que debería hacer y de ello de lo que debería abstenerse; por culpa de un error de ese genero nos hacemos injustos y malos”. Aristóteles se representa al hombre como entregado a la persecución de una felicidad, desde luego muy relativa, cuya conquista es el término de la vida moral. Sus acciones son buenas cuando le acercan a ella, malas cuando la alejan.
La virtud es el hábito razonable que nos hace capaces de alcanzar la felicidad, como el vicio es el hábito desrazonable que nos condena a no alcanzarla, escribe el filósofo Etienne Gilson.

martes, 29 de julio de 2025

Virtud es conocimiento


Isaiah Berlin
Crimen, vicio, imperfección, nacen todos de la ignorancia y la indolencia mental o de la confusión. Esta ignorancia puede estar fomentada por gentes malvadas que quieren arrojar polvo a los ojos de otros para dominarlos, y que al final pueden, la mayor parte de las veces, acabar siendo víctimas de su propia propaganda. “Virtud es conocimiento” significa que, si sabes lo que es bueno para el hombre, no puedes, si eres un ser racional, vivir de un modo diferente a aquel según el cual realización plena es aquello hacia lo cual se orientan todos los deseos, esperanzas, oraciones y aspiraciones, eso es lo que se quiere decir al llamarlas esperanzas. Diferenciar realidad de apariencia, diferenciar lo que de verdad realizará plenamente al hombre de lo que tan solo parece prometer hacerlo así, eso es conocimiento, y eso solo lo salvará. Este vasto supuesto platónico, a veces en su forma cristiana, bautizada, es el que anima a los grandes utópicos del Renacimiento, la maravillosa fantasía de Moro, la Nueva Atlantis de Bacon, la Ciudad del Sol de Campanella y la docena, más o menos, de utopías cristianas del siglo XVII, de las que la de Fénelon es solo la más conocida, escribe el filósofo Isaiah Berlin.


miércoles, 9 de julio de 2025

La violencia aplasta a los que toca

“La violencia aplasta a los que toca. Termina por parecer exterior al que la maneja y al que sufre. Entonces aparece la idea de un destino bajo el cual verdugos y víctimas son igualmente inocentes; vencedores y vencidos, hermanos en la misma miseria. El vencido es causa de desgracia para el vencedor como el vencedor para el vencido”, escribe la filósofa Simone Weil.
Para Simone Weil “un uso moderado de la fuerza, que es lo único que permitiría escapar al engranaje, demandaría una virtud más que humana, y tan rara como el mantenerse digno en la debilidad”.