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viernes, 20 de febrero de 2026

Snob

Oswald Spengler avisó que “en una cultura que se eleva, los pobres tratan de imitar las maneras de los ricos, pero que, en una cultura declinante, ocurre lo contrario”. 
Virginia Woolf definía al snob “como una criatura de una mentalidad revolotean e inestable, tan escasamente satisfecha de su condición que, a fin de consolidarla, está siempre alardeando públicamente de títulos u honores, para que los otros crean, y le ayuden a creer, lo que él o ella realmente no cree; que es una persona importante”.
Blaise Pascal se preguntaba “¿Quien se considera infeliz por no ser rey excepto aquel que ha sido desposeído? ¿Quien se consideraría infeliz por tener una sola boca, y quien no por tener un solo ojo? Es probable que nadie se haya angustiado jamás por no tener tres ojos, mas no hay consuelo para quien no tiene ninguno”. Dice Enrique García-Máiquez que “cambien rey por noble; y ahí tienen retratada la ejemplar encrucijada del snob”.


lunes, 29 de diciembre de 2025

El liberalismo es una teoría de lo correcto, no de lo bueno


El liberalismo es una teoría de lo correcto, no de lo bueno. Esto significa dos cosas. La primera es que excluye del debate político sobre la justicia aquellos razonamientos que apelan a las concepciones particulares de la vida buena; por ejemplo, debemos hacer X porque es la única manera de vivir según el mandato de Dios. La segunda, más importante en el presente contexto, es que da libertad a los individuos para que guíen su conducta según la concepción de vida buena que juzguen más conveniente. Prescribe cómo han de comportarse en su relación con los demás en la esfera pública, pero guarda silencio sobre el carácter y las aspiraciones que deben cultivar. Lo primero es universalizable; lo segundo, no. Este agnosticismo respecto a lo bueno explica la austeridad del ideal de ciudadanía liberal que, en lo esencial, acaba siendo parasitario del ideal de justicia. El buen ciudadano es el que cumple las exigencias impuestas por instituciones justas. Los liberales asumen que, en condiciones ideales, los individuos son capaces de actuar de manera justa; pero su teoría no ofrece certeza alguna de que lo vayan a hacer. Al liberalismo, según la filósofa Victoria Camps, le falta un “vértice aristotélico” que desarrolle, sin complejos, un catálogo de virtudes cívicas. 
Las instituciones, por sí solas, no pueden erradicar toda clase de injusticias, ni es deseable que lo hagan. Un reparto equitativo de las tareas domésticas entre hombres y mujeres, por ejemplo, no puede imponerse por decreto. Puede fomentarse mediante políticas que faciliten las decisiones adecuadas, dando incentivos y contribuyendo a crear un ethos social igualitario. La educación cívica de los ciudadanos promete bondades en este sentido, pero es una empresa hercúlea. La ampliación del currículo escolar con materias específicas es sólo el punto de partida. No basta, según Victoria Camps, por dos razones. La primera es que la virtud requiere práctica. Lo importante no es saber en qué consiste ser valiente, sino no amilanarse ante cualquier circunstancia desfavorable. Cuando se trata de practicar las virtudes cívicas, el escenario idóneo es la interacción con los conciudadanos más allá del aula. La segunda es que, a juicio de Camps, el peso de la educación cívica no ha de recaer sólo sobre la escuela, ni tampoco sobre la familia. Tiene responsabilidad de educar cívicamente cualquier sector o profesión que transmita formas de actuar que los jóvenes imitan. Es decir, todos.

Referencia:La fragilidad de una ética liberal, de Victoria Camps

miércoles, 15 de octubre de 2025

Tomás Moro equipara el mal con el orgullo

Tomás Moro( 1478-1535) equipara el mal con el orgullo cuando escribe al preceptor de sus hijos, William Gonell, haciéndole ver los medios y fines de la educación: “Querido Gonell: el orgullo es un mal que solo difícilmente se puede extirpar; por eso y desde temprana edad se ha de poner esfuerzo para no permitir que aflore demasiado. Este mal es tan obstinado por varias razones. Apenas llegamos al mundo cuando ya nos es implantado en nuestros sensibles corazones de niño, después es casi cultivado por los maestros y fomentado por los padres. Ya nadie quiere enseñar el bien sin exigir de inmediato una alabanza como recompensa y si uno se acostumbra a ser alabado por las masas, es decir, por gente insignificante, al final se avergüenza de ser contado entre los honrados. A todo trance quiero apartar a mis hijos de tal desgracia. Vosotros, mi querido Gonell, mi mujer y todos mis amigos, tenéis que explicarles lo reprochable e indigna que es tal gloria efímera. Tenéis que explicarles que nada es más adecuado que aquella humilde modestia que Cristo nos recomienda repetidas veces. Actuad con prudente caridad; instruidlos en la virtud, sin censurar el vicio; pues con amor alcanzaréis más que con rigidez. Quien desee proceder cautelosamente, lea los escritos de los Padres de la Iglesia; nunca se enfurecieron. Su santidad, que nos mueve a la obediencia, nos exhorta a imitarlos”.


sábado, 3 de febrero de 2024

Los hijos necesitan no sólo protección y comida, sino también modelos y educación

Se supone que somos buenos, si toleramos la mala conducta de los niños y jóvenes, pero lo cierto es que debemos enseñarles cuanto antes lo que no han aprendido y es mucho lo que deben aprender; desde vestirse y recoger sus juguetes, hasta conversar y saber esperar su turno. Claro que ni los padres ni el propio niño suelen ver esto como “aprendizaje”. Son cosas que simplemente se hacen. Si el niño tiene como modelo a padres ordenados o a los hermanos mayores disciplinados y los quiere y admira, intentará imitarlos por amor. El proceso de educación se hará sin que ni padres ni hijos lo vean como algo programado o enervante.
Los hijos necesitan no sólo protección y comida, sino también modelos y educación. Quizá podemos retomar el título de un libro reciente, Hijo, aquí estoy, para señalar la importancia de estar presente, constantemente presente, en la vida de los hijos, pero no como sirvientes ni banqueros, sino como un punto de referencia sobre cómo ha de vivirse la vida. Sobre todo, los hijos se fijan en la manera de conducir nuestras relaciones con los demás y en primer lugar dentro de la familia, escribe Inger Enkvist, pedagoga sueca y exasesora del Ministerio de Educación de Suecia.

sábado, 28 de octubre de 2023

Galerías Dufayel

Dufayel compró un edificio en el barrio obrero de Goutte D’Or y se puso manos a la obra. Cuando acabó, las galerías Dufayel eran un palacio para el pueblo. El local parecía un verdadero palacio, con una torre central y enormes ventanas en la fachada, y por dentro estaba decorado con doscientas estatuas, iluminado por grandes lámparas colgadas de un techo altísimo, y en cuyas paredes de estuco lucían incontables cuadros. En el centro, una enorme y elegante escalera conducía al visitante a donde éste quisiera ir, al cine de mil quinientas butacas situado en la planta baja o a los pasillos llenos de todo lo que uno pudiera querer comprar, de vasos a juguetes, pasando por bicicletas. Dufayel revolucionó el negocio del consumo. Con su enfoque centrado en las clases trabajadoras, introdujo las rebajas, la posibilidad de devolver lo comprado si uno no estaba satisfecho y la venta a plazos. En las galerías, el cliente pagaba un veinte por ciento del precio del artículo e iba pagando el resto semana a semana. Ni siquiera tenía que volver a pasarse por el local, las galerías tenían contratados a trescientos hombres que iban recogiendo el dinero casa por casa. El mismísimo Víctor Hugo trabajó durante un tiempo como recaudador de dinero. La estrategia de Dufayel iba más allá de facilitar la compra a aquellos a los que no les sobraba el dinero. Uno de sus principales objetivos era enganchar a las clases menos acaudaladas al consumo, dándoles la posibilidad de participar en esa ostentación de riqueza y éxito que tanto había calado entre los privilegiados. Así que inundó sus tiendas de artículos baratos fabricados en masa que imitaban el lujo de productos exclusivos.
La luz que se había instalado en la punta de la cúpula del edificio, casi igual de potente que la de la torre Eiffel, era una de sus mejores estrategias publicitarias. Visible desde diecinueve kilómetros, indicaba claramente la situación de un lugar que los visitantes de la ciudad no se podían perder. La idea de Dufayel triunfó, y pronto otros negocios imitaron su estrategia. Se presentaban como un lugar en el que las compras eran también una forma de ocio. Eran lugares amplios y limpios, donde se podía pasear tranquilamente ojeando las estanterías, parar para tomar un café y, dependiendo del lugar, utilizar la biblioteca. Además, el ocio que ofrecían estas galerías era un ocio respetable, lo cual era muy importante en la sociedad del momento. Las mujeres podían acudir a comprar solas a estos lugares, pasarse horas husmeando entre los distintos artículos o empolvarse la nariz en los aseos cuando la ocasión lo requería. El Au Bon Marché en París, Harrods en Londres, Muir & Mirrilees en Moscú, Holzer & Fischer en Budapest, Tietz en Alemania… todas estas grandes superficies se convirtieron en el lugar ideal para pasar el rato y demostrar que se tenía la posición social y el dinero para comprar cosas lujosas y bonitas.
Hubo un sociólogo estadounidense de origen noruego, Thorstein Veblen, que se dio cuenta de la importancia de este fenómeno y se atrevió a llamar al siglo XIX “la edad del consumo conspicuo”. Este consumo conspicuo, sin embargo, bien sirvió a los intereses de algunas personas. Por ejemplo, la estrategia publicitaria del champán se centró en convertir a este producto en un elemento de distinción. Antes de la Belle Époque, este vino espumoso de la región francesa de Champagne no era demasiado apreciado. Con el nuevo pulso del fin de siglo, sus productores empezaron a vender el champán como el complemento perfecto de las ocasiones especiales, algo que no todos se podían permitir y que, por tanto, demostraba riqueza y exclusividad. La estrategia tuvo éxito.Con las nuevas técnicas de venta se desarrolló la publicidad.
Referencia:Breve historia de la Belle Époque de Ainhoa Campos Posada.


miércoles, 9 de agosto de 2023

Lo esencial en dirigir el avance es que el jefe esté presente en los lugares críticos

Freeman Dyson,físico teórico y matemático, escribe: “¿Sabe usted?, lo esencial en la idea de dirigir el avance es que el jefe esté presente permanentemente en los lugares críticos. Sin esa presencia, las cosas no funcionan……..Sobre el ataque y la defensa, es llamativo el hecho de que la mayoría de la gente crea que el ataque cuesta más bajas. Ni que decir tiene que el ataque es la operación menos costosa… Esta cuestión es en realidad sobre todo psicológica. En el ataque solo hay tres o cuatro hombres de la división que lo llevan a cabo; todos los demás se limitan a seguirles. En la defensa cada hombre debe mantener su posición él solo. No ve a sus vecinos; se limita a ver si algo o alguien avanza contra él. A menudo no está en igualdad de condiciones. Ésa es la razón por la que suele ser eliminado fácilmente. Nada produce más bajas que una defensa fallida. Por consiguiente hay que atacar siempre que sea posible. El ataque tiene una desventaja, todas las tropas y todo el operativo están en movimiento y tienen que saltar. Esto es bastante fatigoso. En la defensa podemos buscarnos una buena madriguera y echar un sueñecito”.

“No puede haber esquemas fijos. Todo esquema, toda pauta, es un error. No hay dos situaciones que sean idénticas. Ésta es la razón por la que el estudio de la historia militar puede ser extremadamente peligroso. Otro principio que se deduce de éste es que nunca se debe hacer lo mismo dos veces. Incluso si algo nos funciona bien una primera vez, para la segunda el enemigo se habrá adaptado a la situación. Por lo tanto, hay que pensar algo nuevo. Nadie cree que se va a convertir en un gran pintor por el mero hecho de imitar a Miguel Ángel. De igual modo, no se puede llegar a ser un buen jefe militar sin más que imitar esto y lo otro. Tiene que salir de dentro. Según un último análisis, el mando militar es un arte: un hombre puede hacerlo, pero la mayoría nunca aprenderá. Después de todo, el mundo tampoco está lleno de pintores como Rafael.”

jueves, 11 de noviembre de 2021

Es del alma

Poe

Es Borges quien cuenta que cuando Poe fue acusado de imitar los cuentos de Hoffmann, contestó: “El horror no es de Alemania, es del alma”. Lo mismo podrían haber dicho Novalis de la belleza, Beethoven de la pasión, William Turner del deslumbramiento, Caspar David Friedrich de la reverencia, Whitman del entusiasmo, Hölderlin de la divinidad.

viernes, 7 de mayo de 2021

Ellas mismas


El apóstol Pablo enseña que “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28). La mujer y el hombre tienen el mismo nivel en todos los sentidos de la vida.


Ni el machismo ni el hembrismo, que, busca estar por encima uno de lo otro, con tratos esclavistas, de discriminación, de imposición o de señorío, deberían existir. Las mujeres deben tomar conciencia de ello. No tienen que imitar al hombre, por ser hombre, sino que tienen que ser ellas mismas. Siendo lo que ellas son en el espacio de libertad y de igualdad. 

sábado, 28 de septiembre de 2019

Ni el varón debe imitar a la mujer, ni la mujer al varón




Josemaría Escrivá proclamaba la igualdad radical entre varón y mujer, pero a la vez rechaza la uniformidad. Ni el varón debe imitar a la mujer, ni la mujer al varón. “Sería una pérdida para la mujer: no porque sea más, o menos que el hombre, sino porque es distinta”. La diferencia es querida por Dios,“no en vano los creó Dios hombre y mujer”.

Como dice Juan Pablo II: “Los recursos personales de la feminidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad, son sólo diferentes”

martes, 7 de mayo de 2019

¿Podemos decir que un pintor fabrica algo?

“¿Podemos decir que un pintor fabrica algo?”, preguntaba Platón en La República, y contestaba: “Es seguro que no, simplemente imita”. Un artista se diferenciaba de un creador, según los antiguos, incluso de otro modo; es decir, el concepto de creador y de creatividad implica la libertad de acción, mientras que el concepto griego de artista y de las artes presuponía una sujeción a una serie de leyes y normas. El arte se definía como “la fabricación de cosas según unas normas”. El artista no crea, sino que imita y se rige por leyes, no por la libertad. Esta postura de los antiguos puede expresarse como sigue, el artista es un descubridor, no un inventor. La naturaleza es perfecta y el hombre debería parecerse a ella a través de sus actividades. La naturaleza está sujeta a leyes, por tanto él debería descubrir sus leyes y someterse a ellas, y no buscar la libertad que puede desviarle fácilmente de ese posible optimum a alcanzar en sus actividades.


Para los griegos había sólo una excepción a esto, la poesía. El poeta era el que fabricaba. Los griegos no asociaron al poeta con los artistas, ni tampoco la poesía con el arte. El poeta hace cosas nuevas, trae un nuevo mundo a la vida, mientras que el artista imita simplemente. El poeta no está sometido a una serie de leyes como lo están los artistas, es libre en lo que hace.

viernes, 7 de diciembre de 2018

El aprendizaje moral se realiza con la ejemplaridad.


El aprendizaje moral se realiza de forma parecida al aprendizaje lingüístico, asistiendo al comportamiento de personas rodeadas de un fuerte halo de ejemplaridad y tratando de emularlas. Al imitar al modelo entramos en conocimiento implícito de las reglas seguidas por este en su conducta. Ambas cosas, manifiesta Juan Antonio Rivera, la conducta y las reglas, forman parte del mismo lote y, de hecho, lo que capta expresamente el aprendiz es la conducta del modelo, no las reglas subyacentes que la acompañan como sombras. No hace falta que conozcamos teóricamente las reglas por separado, lo que equivale a decir que no es necesario leer manuales de ética o de buenas maneras para comportarse bien.