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domingo, 16 de agosto de 2026

El cristianismo había tenido éxito al propagar la concepción de la vida individual y de la propia conciencia como algo sagrado

La influencia del cristianismo en los asuntos de carácter público ha dejado de sentir su peso en la tendencia a unificar el conjunto de la vida social, la esfera de lo privado y la moral con la esfera de lo público y la política, bajo una perspectiva común, a la luz de una determinada idea del Bien que es omnicomprensiva, pero ha sembrado, al tiempo, una idea de libertad moral capaz de minar la legitimidad de cualquier imposición que pretenda ejercerse por la fuerza, aun si fuese en nombre del bien.
El cristianismo había tenido éxito al propagar la concepción de la vida individual y de la propia conciencia como algo sagrado, como bien que merece respeto en cada momento de la existencia humana, haciendo ver que el amor incondicional al prójimo, que es la divisa moral más innovadora del cristianismo, implica la aceptación de que la comunidad política debería ser, al menos en su esencia tendencial, una prolongación del orden natural querido por Dios.
La naturalización de una visión religiosa del amor como fundamento mismo de la familia y su continuación para e regir esa exigencia moral como regla suprema de las relaciones políticas poniéndolas al servicio del Bien Común ha tenido efectos muy beneficiosos en las relaciones sociales, ha contribuido con fuerza a su dulcificación…..El cristianismo introduce que la justicia y la bondad deberían estar por encima de las diferencias que el egoísmo y la maldad introducen en la vida social como consecuencia de la condición pecadora de los seres humanos, y eso establecía un fundamento moral para el poder político, que se ejercería en nombre de Dios, su obligación de restaurar el orden alterado por el pecado.
La idea de libertad en su aspecto más radical y dramático, en su significado metafísico, es inseparable de la noción cristiana de que cada hombre es un ser creado a semejanza de Dios y por ello es libre, es decir, capaz de hacer el mal, pero también de edificar su propia santificación escogiendo poner su Bien último en Dios mismo. Una noción tan radical como la idea cristiana de libertad exige el respeto a la libertad de conciencia y legitima la insumisión a todo poder establecido pueda oponerse a los designios del mismo Dios.


Referencia: La virtud de la política de José Luis González Quirós

jueves, 23 de febrero de 2023

Goya representa un modelo que miraban con simpatía las novedades que los franceses, sin que por ello dejasen de ser patriotas

La historia en España,escribe el historiador José Calvo Poyato, sin hacer mayores distinciones durante mucho tiempo, dictó un veredicto negativo sobre los afrancesados, a pesar de que algunas de las glorias del momento como Goya o Fernández de Moratín se encontraban entre ellos. Se salvaba tan espinosa cuestión, sobre todo en el caso del pintor aragonés, pasando de puntillas sobre el asunto y resaltando el patriotismo que se reflejaba en cuadros como La carga de los mamelucos o Los fusilamientos de la Moncloa, donde alumbraba el verdadero espíritu del artista. La realidad era que Goya representa un modelo de españoles de su generación que eran liberales por ideología, lo que les llevaba a mirar con simpatía las novedades que los franceses traían, sin que por ello dejasen de ser patriotas, en el sentido de buenos españoles que rechazaban las imposiciones del exterior.

viernes, 7 de mayo de 2021

Ellas mismas


El apóstol Pablo enseña que “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28). La mujer y el hombre tienen el mismo nivel en todos los sentidos de la vida.


Ni el machismo ni el hembrismo, que, busca estar por encima uno de lo otro, con tratos esclavistas, de discriminación, de imposición o de señorío, deberían existir. Las mujeres deben tomar conciencia de ello. No tienen que imitar al hombre, por ser hombre, sino que tienen que ser ellas mismas. Siendo lo que ellas son en el espacio de libertad y de igualdad. 

viernes, 30 de noviembre de 2018

El hecho de que las normas nos sean impuestas no significa que sean represivas o una limitación de la libertad individual.


A menudo se dice que todas las normas sociales son una imposición de unos sobre otros. Todos nos enfadamos cuando alguien nos interrumpe en mitad de una frase; nos enfrentamos a quien intente colarse en una fila; tocamos la bocina al coche que nos cierra en paso en un cruce. Estas son formas de expresar nuestra desaprobación social, de castigar al infractor. Pero el hecho de que las normas nos sean impuestas no significa que sean represivas o que representen una limitación intolerable de la libertad individual. Allá donde exista un conflicto de acción colectiva, siempre habrá una razón para saltarse las normas. Al ver un grupo de gente que espera pacientemente en fila, la tentación de colarse es inevitable. Es necesario algún tipo de control social para mantener un sistema de beneficios mutuos; por eso conviene castigar la desobediencia. Pero esto no significa que todas las normas sociales sean tiránicas o restrictivas, ni que quienes las obedecen sean simples conformistas o cobardes.

jueves, 14 de junio de 2018

La virtud inherente al socialismo.

Churchill en 1954 
Winston Churchill en 1954 dijo que “el vicio inherente al capitalismo es el reparto desigual de los beneficios; la virtud inherente al socialismo es el reparto igualitario de la pobreza”. La futilidad de las tentativas socialistas de construir una sociedad igualitaria mediante una imposición centralizada queda plasmada en un chiste mordaz muy popular entre los europeos orientales de los regímenes comunistas: “Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre; bajo el socialismo, es a la inversa”.