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viernes, 16 de mayo de 2025

Los americanos siempre habían venerado sus bares

Steve creía que la barra de un bar era el punto de encuentro más igualitario de todos los que existían en América, y sabía que los americanos siempre habían venerado sus bares, sus salones, sus tabernas y sus gin mills, una de sus expresiones favoritas. Sabía que los americanos dotan a sus bares de significado y que acuden a ellos para todo, en busca de glamour y de auxilio y, sobre todo, para hallar alivio contra el azote de la vida moderna, la soledad.
Un viejo bebedor de bourbon me dijo una vez que la vida era siempre cuestión de montañas y de cuevas. Montañas que debemos escalar y cuevas en las que escondernos cuando no somos capaces de enfrentarnos a nuestras montañas.
El bar de las grandes esperanzas (J. R. Moehringer)

viernes, 21 de julio de 2023

No encuentro ninguna razón mejor que la avaricia para reclamar que merezco parte del patrimonio de otro

Escribe David Friedman que los liberales modernos sostienen que el progreso se debe a la legislación estatal, la limitación de horas de trabajo, la prohibición del trabajo infantil, la imposición de normas de seguridad y otras violaciones del principio del laissez-faire. Sin embargo, todo apunta a que la legislación siempre ha seguido al progreso en lugar de precederlo. Hasta que la mayoría de los trabajadores no disfrutó de una jornada laboral de diez horas, no fue políticamente posible legislarla.
Para los verdaderos igualitarios que consideran la igualdad como un fin en sí misma, esto no tiene justificación, dice Friedman. La herencia es desigual y, por tanto, injusta. Yo no simpatizo con esta opinión. No encuentro ninguna razón mejor que la avaricia para reclamar que “merezco” parte del patrimonio de otro, que no he ayudado a producir, cuando este muere. No encuentro un motivo más noble que la envidia por el que a alguien le pueda molestar la buena suerte del que recibe una herencia “no merecida”.


miércoles, 2 de septiembre de 2020

¿Cómo responden los liberales a los argumentos posmodernos izquierdistas igualitarios?




¿Cómo responden los individualistas y los liberales a los argumentos posmodernos izquierdistas igualitarios? “En algunos casos, las disparidades que encuentran los izquierdistas son genuinas, y el racismo y el sexismo sí son un factor dentro de esas disparidades. Pero en lugar de dedicarse a la redistribución, los individualistas sostienen que debemos resolver esos problemas enseñando a las personas a ser racionales, de dos maneras. Primero, debemos enseñarles a desarrollar sus capacidades y sus talentos, y a ser ambiciosas, para que puedan hacer su propio camino en el mundo. Segundo, debemos enseñarles el hecho evidente de que el racismo y el sexismo son estúpidos, y que a la hora de juzgarse uno mismo y a los demás lo importante son el carácter, la inteligencia, la personalidad y las habilidades y, por ejemplo, que el color de la piel es siempre intrascendente”, contesta el profesor y filosofo Stephen Hicks.

jueves, 14 de junio de 2018

La virtud inherente al socialismo.

Churchill en 1954 
Winston Churchill en 1954 dijo que “el vicio inherente al capitalismo es el reparto desigual de los beneficios; la virtud inherente al socialismo es el reparto igualitario de la pobreza”. La futilidad de las tentativas socialistas de construir una sociedad igualitaria mediante una imposición centralizada queda plasmada en un chiste mordaz muy popular entre los europeos orientales de los regímenes comunistas: “Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre; bajo el socialismo, es a la inversa”.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Revolución jemer roja.

En la revolución jemer roja, ese gran cuerpo que constituye el pueblo debe estar unido, cohesionado, ser homogéneo, que cada individuo sea irreconocible. Para ello el pueblo debe ser expurgado de sus enemigos imperialistas. Sin embargo, el combate es infinito contra el otro oculto en uno mismo. Los “técnicos de la revolución” definen así, en el seno del pueblo, otro pueblo, ese “nuevo pueblo” es un cuerpo molesto. De hecho, se trata de un cuerpo extraño. El pueblo convertido en su propio enemigo. Sólo queda amputar ese miembro. La invención, en su seno, de un grupo humano considerado diferente, peligroso, tóxico, al que conviene destruir, ¿no es la pura definición del genocidio? Las uniones organizadas por los jemeres rojos hacen gala de esa misma obsesión. El consentimiento individual no existía. Un hombre y una mujer no tenían nada que consentir. Era el Angkar quien elegía, pues la única pasión era la revolucionaria. Aparear a los seres no significa únicamente conocer su historia y organizarles la vida, sino también mantenerlos dentro del círculo. Significa asegurar su pureza y la de las generaciones venideras.



Algunas familias de las minorías del norte, al comprender que la llegada de los jemeres rojos suponía su fin, decidieron adentrarse en la jungla impenetrable en la que ni siquiera los revolucionarios se aventuraban. Vivieron ocultos, olvidados por todos. Aprendieron a sobrevivir sin nada, a pesar de los animales salvajes, las serpientes y las arañas, a pesar del clima y de la humedad. Cultivaron cuanto pudieron, cazaron, comieron cortezas, raíces y pescado. Se curaron. Se casaron. Tuvieron hijos. Por supuesto, vivieron sin electricidad, sin agua potable, sin médicos, sin papel, sin libros. Cuando su ropa estuvo ya demasiado vieja, se
confeccionaron otra con hojas y lianas. En 2009, uno de ellos se aventuró fuera de la jungla y se acercó a un pueblo. Se quedó estupefacto al descubrir que los jemeres rojos se habían ido. Todos abandonaron su campamento. Según las últimas noticias, han construido casas en ese pueblo y tratan de acostumbrarse a nuestro mundo. No es fácil, con la modernidad, sus cosas extrañas, sus bellezas, sus locuras, y deben aprender también de nuevo qué son las leyes, la propiedad, el dinero. Han vivido en un mundo duro pero igualitario, una perfección a la manera de Rousseau. En la actualidad, enferman a menudo, a pesar de haber sobrevivido treinta años en la jungla.