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miércoles, 1 de octubre de 2025

La inteligencia artificial avanza, pero sus efectos económicos siguen siendo desiguales y difíciles de medir

Solo en este año, los centros de datos de inteligencia artificial están añadiendo entre 93 mil millones y 163 mil millones de dólares a la economía estadounidense, valorada en 23 billones, según Reuters. Algunas proyecciones elevan todavía más el impulso a comienzos de 2025. Sin ese gasto colosal en infraestructura y energía, el crecimiento sería prácticamente plano. Aquello que parecía una burbuja es, al mismo tiempo, el músculo invisible que hoy sostiene el movimiento de la economía más poderosa del mundo.
“La inteligencia artificial avanza con una velocidad que impresiona en los laboratorios y en los comparativos, pero sus efectos económicos siguen siendo desiguales y difíciles de medir. Puede ser, al mismo tiempo, una tecnología de progreso real y un negocio financieramente frágil; una promesa que aún no respalda las valuaciones que genera. El desenlace dependerá menos de la retórica bursátil que de la ingeniería. Si la IA no resuelve el desafío de la eficiencia en el aprendizaje y la capacidad de sostener proyectos largos y complejos, la historia la recordará como otra burbuja alimentada por capital barato, una reedición de la fiebre puntocom. Pero si logra superar ese umbral, el futuro podría acelerarse, como si la humanidad hubiera encontrado de nuevo una tecnología fundacional capaz de reescribir el destino de este siglo.”
“La inteligencia artificial progresa en el conocimiento (hechos, datos, memoria enciclopédica) pero aún tropieza en la inteligencia fluida, la toma de decisiones, la continuidad y el contexto necesario para ejecutar proyectos complejos. El futuro dependerá de si logra cerrar esa brecha. Tal vez descubramos que la transición hacia una “inteligencia artificial general” no llegue como una epifanía repentina, sino como una lenta acumulación de avances invisibles que solo podremos reconocer en retrospectiva en el tiempo”, escribe Eduardo Turrent Mena.

miércoles, 7 de mayo de 2025

La población joven del África subsahariana es especialmente apta para aprovechar la tecnología e impulsar el desarrollo económico

Para 2050, una de cada cuatro personas en la Tierra (y cerca de la mitad de los niños) será de alguno de los 54 países del continente africano. En 1950, los africanos representaban solo un 9% de la población. Estas cifras demuestran que las proyecciones y el posible dividendo demográfico para estas naciones tendrá efectos sociales y económicos sin parangón.Los jóvenes africanos representarán el 42% de la juventud global en la próxima década. “El crecimiento de la población en el continente africano se debe a una de las tasas de natalidad más altas a nivel mundial y tasas de mortalidad en declive atribuidas al acceso mejorado a la atención médica y el saneamiento”, afirma Tighisti Amare, subdirectora del Programa África del think thank británico Chatham House. 
“África son muchos países diferentes que experimentan una amplia gama de situaciones culturales, económicas y demográficas”, manifiesta Mark Wheldon, oficial de Asuntos de Población de Naciones Unidas. “Por ejemplo, muchos en el África Subsahariana, con poblaciones jóvenes, forman parte del grupo de Países Menos Adelantados (PAM); con bajos ingresos, que enfrentan severos impedimentos estructurales para el desarrollo sostenible. Son altamente vulnerables a los shocks económicos y ambientales y tienen bajos niveles de activos humanos”.
África está perdiendo terreno. Su contribución a la manufactura global es menor hoy que en 1980. Su economía tiene un gran peso en el sector primario y el avance de su industria es desigual, mientras que Sudáfrica, Egipto, Marruecos y Túnez tienen sectores relativamente desarrollados, en los países subsaharianos el peso del sector es muy pequeño.
“La gran población de África, si se aprovecha adecuadamente, tiene el potencial de impulsar el crecimiento socioeconómico en la región al ofrecer mano de obra y mercado para productos, atrayendo así inversiones domésticas y extranjeras”, subraya desde Accra (Ghana) Francis Agbere, responsable de Programas y Políticas de Economía Justa de Oxfam Intermón. Con un 70% de su población menor de 30 años, la población joven del África subsahariana es especialmente apta para aprovechar la tecnología e impulsar el desarrollo económico. Pero, para sacar provecho del dividendo demográfico, los gobiernos deben implementar políticas que se traduzcan en ciudadanos sanos y capacitados, y promover los derechos laborales para protegerlos contra la explotación económica. Un informe de Oxfam reveló que siete africanos tienen más riqueza que la mitad inferior de la población. “En el continente más desigual, el crecimiento del PIB no significa mucho si la riqueza está en manos de unos pocos”, comenta Agbere. “Los gobiernos africanos deben implementar políticas que reduzcan la brecha entre ricos y pobres, deben priorizar los servicios sociales como la salud y la educación, implementar políticas de impuestos progresivos e invertir en el sector agrícola, donde la mayoría de los agricultores a pequeña escala que trabajan para alimentar al continente son mujeres”. Porque, en todo caso, una gran población joven que carece de oportunidades no solo no tiene las condiciones para impulsar el desarrollo, sino que además podría sentar las bases para agravar los conflictos y la fragilidad del mundo.

miércoles, 19 de enero de 2022

La inequidad imperante en México


La inequidad imperante en México, derivada de la brecha cada vez más abismal entre ricos y pobres, es una de las peores del mundo, de acuerdo con un informe del World Inequality Lab. Según el informe sobre la Desigualdad Global 2022, la lacerante diferencia entre las personas más prósperas y las de menores ingresos es un fenómeno que se arrastra desde el siglo pasado. De acuerdo con el cálculo del informe, en la décima parte de la población se concentra el 78% de todos los activos financieros y no financieros del país. La riqueza neta de los más pobres "es negativa, pues en promedio tiene más deudas que activos", sostiene.



"A pesar de la recuperación económica y un fuerte crecimiento de los países emergentes, el mundo sigue siendo particularmente desigual en la actualidad", señala el documento. En las últimas cuatro décadas, los países se han vuelto considerablemente más ricos pero sus gobiernos han sufrido la suerte opuesta, ya que se han hecho más pobres, sobre todo durante la pandemia global de Covid-19. Esto se refleja en la capacidad de los Estados para afrontar los contrastes sociales en el futuro y los desafíos clave del siglo XXI, indica el análisis.



La pandemia de Covid 19 arrojó a la pobreza a 3,8 millones de personas, el mayor nivel en seis años, de acuerdo con un informe publicado en octubre pasado por el Consejo Nacional de Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social (Coneval). La crisis provocó, además, un incremento de 15 millones de personas con carencias de acceso a servicios de salud.El perfil de los nuevos pobres es el de personas que viven en el ámbito urbano y están en edad laboral.La población urbana en situación de pobreza subió del 37% en 2018 al 40% en 2020, mientras que en el ámbito rural disminuyó del 58% al 57%, indicó la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares, levantada entre agosto y noviembre del año pasado. 

domingo, 9 de agosto de 2020

La inseguridad vuelve a ser un ingrediente activo de la vida política en las democracias occidentales




La inseguridad vuelve a ser un ingrediente activo de la vida política en las democracias occidentales. La inseguridad causada por el terrorismo, desde luego, pero también, de forma más insidiosa, el temor a la velocidad incontrolable del cambio, el temor al paro, el temor a perder terreno frente a otros en una distribución de recursos cada vez más desigual, el temor a perder el control de las circunstancias y rutinas de nuestra vida diaria. Y, quizá sobre todo, el temor de que no es sólo que nosotros no podemos dirigir nuestras vidas, sino que quienes ostentan el poder también han perdido el control, que ahora está en manos de fuerzas que se encuentran fuera de su alcance.

jueves, 14 de junio de 2018

La virtud inherente al socialismo.

Churchill en 1954 
Winston Churchill en 1954 dijo que “el vicio inherente al capitalismo es el reparto desigual de los beneficios; la virtud inherente al socialismo es el reparto igualitario de la pobreza”. La futilidad de las tentativas socialistas de construir una sociedad igualitaria mediante una imposición centralizada queda plasmada en un chiste mordaz muy popular entre los europeos orientales de los regímenes comunistas: “Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre; bajo el socialismo, es a la inversa”.

lunes, 9 de octubre de 2017

Nada destruye tanto la autoridad como el cambio desigual y a destiempo del poder.

Nerón cantando el incendio de Roma.
Vespasiano preguntó a Apolonio que "cuál fue el defecto de Nerón", y este le contestó que "Nerón podía cantar y tocar el arpa bien, pero en el gobierno unas veces apretaba las clavijas demasiado y otras las dejaba demasiado flojas". Y cierto es que nada destruye tanto la autoridad como el cambio desigual y a destiempo del poder, apretar demasiado y aflojar mucho.



lunes, 14 de agosto de 2017

La desigualdad es corrosiva.

Cuanto mayor es la distancia entre la minoría acomodada y la masa empobrecida, más se agravan los problemas sociales, lo que parece ser cierto tanto para los países ricos como para los pobres. No importa lo rico que sea un país, sino lo desigual que sea. Así, en Suecia o Finlandia, dos de los países más ricos del mundo en cuanto a su renta per cápita o su PIB, la distancia que separa a sus ciudadanos más ricos de los más pobres es muy pequeña, y siempre están a la cabeza en los índices de bienestar mensurable. Por el contrario, Estados Unidos, pese a su gran riqueza agregada, siempre figura abajo en esos índices. Estados Unidos gasta grandes sumas de dinero en salud, pero su esperanza de vida sigue estando por debajo de la de Bosnia y sólo es un poco mejor que la de Albania.

La desigualdad es corrosiva. Corrompe a las sociedades desde dentro. El impacto de las diferencias materiales tarda un tiempo en hacerse visible, pero, con el tiempo, aumenta la competencia por el estatus y los bienes, las personas tienen un creciente sentido de superioridad (o de inferioridad) basado en sus posesiones, se consolidan los prejuicios hacia los que están más abajo en la escala social, la delincuencia aumenta y las patologías debidas a las desventajas sociales se hacen cada vez más marcadas, escribe el profesor Tony Judt.