La izquierda tiene que diferenciar su interés por los problemas sociales de su teoría contracultural, abanderando lo primero y abandonando lo segundo. En cuanto a la justicia social, todos los grandes logros obtenidos durante el último medio siglo proceden de una reforma sistemática llevada a cabo dentro del sistema. Tanto los movimientos pro derechos civiles como el feminismo han beneficiado enormemente a determinados sectores desfavorecidos, al tiempo que la protección social proporcionada por el Estado del bienestar mejoraba las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Pero estas mejoras no se han conseguido “desenchufando” a las personas de la red de ilusiones que gobierna sus vidas. Se deben a un laborioso proceso de política democrática basada en el debate, la investigación, la coalición y la reforma legislativa. Éste nos parece el camino que hay que seguir, escriben Joseph Heath y Andrew Potter. Puede que sea menos ameno, pero potencialmente es mucho más útil.
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viernes, 28 de febrero de 2020
La izquierda tiene que diferenciar su interés por los problemas sociales de su teoría contracultural
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lunes, 14 de agosto de 2017
La desigualdad es corrosiva.
Cuanto mayor es la distancia entre la minoría acomodada y la masa empobrecida, más se agravan los problemas sociales, lo que parece ser cierto tanto para los países ricos como para los pobres. No importa lo rico que sea un país, sino lo desigual que sea. Así, en Suecia o Finlandia, dos de los países más ricos del mundo en cuanto a su renta per cápita o su PIB, la distancia que separa a sus ciudadanos más ricos de los más pobres es muy pequeña, y siempre están a la cabeza en los índices de bienestar mensurable. Por el contrario, Estados Unidos, pese a su gran riqueza agregada, siempre figura abajo en esos índices. Estados Unidos gasta grandes sumas de dinero en salud, pero su esperanza de vida sigue estando por debajo de la de Bosnia y sólo es un poco mejor que la de Albania.
La desigualdad es corrosiva. Corrompe a las sociedades desde dentro. El impacto de las diferencias materiales tarda un tiempo en hacerse visible, pero, con el tiempo, aumenta la competencia por el estatus y los bienes, las personas tienen un creciente sentido de superioridad (o de inferioridad) basado en sus posesiones, se consolidan los prejuicios hacia los que están más abajo en la escala social, la delincuencia aumenta y las patologías debidas a las desventajas sociales se hacen cada vez más marcadas, escribe el profesor Tony Judt.
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