viernes, 14 de agosto de 2026

El respeto a la legalidad que se exige a los ciudadanos es exigible de manera aun más estricta a los políticos

Escribe José Luis González Quirós que el respeto a la legalidad que se exige a los ciudadanos es exigible de manera aun más estricta a los políticos, pero es muy frecuente oír que los políticos consideren las leyes como una traba y ver como maniobran para situarse por encima de cualquier limitación legal y, si esto se hace con normas escritas, cabe suponer lo que puede pasar con lo que solo son hábitos morales o tradiciones institucionales.
Si se prohibe cuanto no nos guste, pronto no habrá más que cosas prohibidas y cosas obligadas, la perfecta dictadura de una inverosímil mayoría moral, siempre encantada de conocerse. En las sociedades contemporáneas existe un riesgo muy real en limitar las libertades porque la mayoría de los ciudadanos no concede un valor moral preciso a la libertad, en la medida en que siente que la posee. La restricción de las libertades con la conformidad pasiva de los ciudadanos puede conducir a sociedades muy eficientes desde un punto de vista de la asignación de recursos, pero sin el menor respeto a la libertad civil e individual. 
La política no debería hacerse con eslóganes, con verborrea y eufemismos, con engaños y promesas absurdas; exige estudios y estrategias bien fundadas, altruismo, piedad y buena intención, cualidades que más que dar por supuestas, habría que saber exigir a los políticos. Cuando no se hace eso, el poder se gana de manera inmerecida y se frustran las expectativas de los electores. No sirve de nada ocultar lo que se piensa y, la mayor parte de las veces, si se oculta es porque o no se sabe o porque es preferible que no se sepa.

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