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viernes, 14 de agosto de 2026

El respeto a la legalidad que se exige a los ciudadanos es exigible de manera aun más estricta a los políticos

Escribe José Luis González Quirós que el respeto a la legalidad que se exige a los ciudadanos es exigible de manera aun más estricta a los políticos, pero es muy frecuente oír que los políticos consideren las leyes como una traba y ver como maniobran para situarse por encima de cualquier limitación legal y, si esto se hace con normas escritas, cabe suponer lo que puede pasar con lo que solo son hábitos morales o tradiciones institucionales.
Si se prohibe cuanto no nos guste, pronto no habrá más que cosas prohibidas y cosas obligadas, la perfecta dictadura de una inverosímil mayoría moral, siempre encantada de conocerse. En las sociedades contemporáneas existe un riesgo muy real en limitar las libertades porque la mayoría de los ciudadanos no concede un valor moral preciso a la libertad, en la medida en que siente que la posee. La restricción de las libertades con la conformidad pasiva de los ciudadanos puede conducir a sociedades muy eficientes desde un punto de vista de la asignación de recursos, pero sin el menor respeto a la libertad civil e individual. 
La política no debería hacerse con eslóganes, con verborrea y eufemismos, con engaños y promesas absurdas; exige estudios y estrategias bien fundadas, altruismo, piedad y buena intención, cualidades que más que dar por supuestas, habría que saber exigir a los políticos. Cuando no se hace eso, el poder se gana de manera inmerecida y se frustran las expectativas de los electores. No sirve de nada ocultar lo que se piensa y, la mayor parte de las veces, si se oculta es porque o no se sabe o porque es preferible que no se sepa.

martes, 5 de marzo de 2024

En 2016 Trump ganó, y los cronistas y analistas no supieron anticiparlo


En 2016, el 90% de la prensa estadounidense hizo explícito su respaldo a la candidata demócrata Hillary Clinton y llamó a bloquear la llegada del republicano a la Casa Blanca. En vísperas de la elección presidencial, de los cien diarios de mayor difusión en Estados Unidos, 57 publicaron su endorsement a la ex primera dama, mientras Trump sólo obtuvo el de dos diarios, lo que constituyó el récord de la menor cantidad de apoyos en la historia norteamericana para uno de los dos grandes partidos. Y se trataba de los responsables editoriales de los diarios; probablemente, si este respaldo se hubiese resuelto por votación en las redacciones, el desequilibro habría sido aún mucho mayor. En cualquier caso, el resultado final de la contienda dejó expuesto un claro divorcio entre la visión de quienes confeccionan el relato informativo, que además fallaron a la hora de anticipar la victoria republicana, y los electores.Trump ganó, y los cronistas, analistas y agoreros que lo ridiculizaron y subestimaron el fenómeno que representaba no supieron anticiparlo. Instalar que la suerte estaba echada y que Hillary Clinton sería la sucesora natural de Obama no sólo infravaloró la capacidad de Trump, sino que además dio alas a los seguidores de Bernie Sanders, quienes se sintieron a sus anchas para torpedear a la archifavorita, una exsecretaria de Estado.
The New York Times, que en el editorial del 13 de noviembre de 2016 se preguntaba si este medio, como otros, había subestimado el apoyo a Trump entre los votantes estadounidenses. “¿Qué fuerzas y tensiones condujeron esta elección divisiva y su resultado?”, preguntaba angustiado el diario de referencia de Estados Unidos, escribe Alejo Schapire,periodista, especializado en política exterior.

sábado, 18 de enero de 2020

Los partidos son máquinas para la fabricación de pasión colectiva



Una característica de los partidos políticos es que son máquinas para la fabricación de pasión colectiva. La pasión colectiva es la única energía de la cual disponen los partidos para la propaganda exterior y para la presión ejercida sobre el alma de cada miembro. Se confiesa que el espíritu de partido ciega, hace sorda la justicia, empuja hasta a la gente honesta al más cruel escarnio contra inocentes.


Los candidatos les dirán a los electores: “Tengo tal etiqueta”, lo cual no informa de nada al público sobre su actitud en relación a problemas concretos.

sábado, 13 de julio de 2019

Occidente hoy sufre inestabilidad, constatada en la fractura entre el pueblo y la clase dirigente


El presidente Vladimir Putin en una entrevista al Financial Times manifiesta que tiene la convicción de que la democracia liberal ya ha agotado su función. Hoy, el mundo exige reglas más rígidas, formuladas sobre las necesidades individuales de los pueblos y de las naciones.

Recuerda que “la Guerra Fría fue algo malo, pero al menos había reglas que todos los protagonistas de las relaciones internacionales debían respetar de un modo u otro”.  Hoy, en cambio, las reglas se pasan por alto, y el mundo ha quedado demasiado fragmentado, convirtiéndose en algo impredecible.


En cuanto a Trump, Putin expresa un cumplido, “un hombre de talento, que tiene una sensibilidad especial para captar lo que los electores esperan de él”. Putin reconoce, ante todo, la gran perspicacia de los chinos, que han sido capaces de “aprovechar la globalización para rescatar de la miseria a cientos de millones de ciudadanos”

En todas partes, al repartir la torta, la clase media ha quedado con las manos vacías. Esto explica el surgimiento de los “soberanismos”, que velan por las expectativas decepcionadas de las poblaciones de sus países. En el caso de Rusia, “nosotros siempre hemos puesto en primer lugar nuestros intereses”.



El presidente ruso vuelve sobre el tema de la “tragedia del colapso de la Unión Soviética”, en contraste con el modelo chino, del partido único, que consiguió no perder el control de la sociedad y de la economía. Lo más importante, según Putin, es lograr garantizar “la estabilidad, y hacerlo lo más posible”, que es justamente lo que han hecho los chinos y lo que él mismo intenta ofrecer a Rusia. Según el mandatario ruso, Occidente hoy sufre precisamente por esta inestabilidad, constatada en la “fractura entre el pueblo y la clase dirigente”. Por el contrario, quien gobierna debe procurar el modo de “dar a la gente una vida estable, normal, segura y predecible, con esperanzas de mejorar”. Es por ello que él se atreve a afirmar que “la idea liberal hoy ha agotado su función… muchos elementos no son realistas, empezando por el multiculturalismo y una acogida de migrantes carente de reglas”. 

miércoles, 31 de enero de 2018

En la democracia no se tiene derecho a tratar a un ciudadano de fanático.

En la democracia no se tiene derecho a tratar a un ciudadano de fanático, incluso si se detestan sus ideas, cuando ese ciudadano se limita a expresar libremente unas opiniones en el marco de una campaña electoral. Habiendo sido autorizado el aborto en virtud de una ley, ¿no tiene un hombre derecho a tratar de hacer votar una ley contraria mediante una llamada a los electores?  Los que no estén de acuerdo no tienen más que hacer campaña, a su vez, contra él, mediante la persuasión y la argumentación. El fanatismo no se define por el contenido de las opiniones que se profesan, sino por la manera en que pretende imponerlas. Si no es por la violencia, ni la intolerancia, ni la persecución, ni el terror, no se falta a la democracia.