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jueves, 6 de abril de 2023

El desamparo de los jóvenes

El profesor Xavier Reyes Matheus escribe que tras la implantación del sistema democrático en 1978, el adormecimiento de España en sus laureles ha recibido el baldazo frío de una crisis económica que hunde en su edad más productiva a los jóvenes que buscan trabajo. Este desamparo en el que de pronto se ven los jóvenes, acunados con un discurso muy semejante al que parodiaba Lucas Mallada, ha generalizado entre ellos un sentimiento de alienación que recuerda las admoniciones de José María Blanco White en 1811, cuando escribía que “el pueblo, que como los muchachos pregunta al ver una cosa nueva, ¿para qué sirve?, pierde la paciencia esperando que se le diga para qué sirven las Cortes, y se prepara para que al ver la Constitución y no entenderlo se responda él mismo, para nada”.Se ha cumplido a la letra la advertencia escrita por Tocqueville a mediados del siglo XIX: “Cuando los grandes partidos políticos empiezan a entibiarse en sus amores sin ablandarse en sus odios, y llegan al punto de desear menos su triunfo que el fracaso de sus adversarios, hay que prepararse a la servidumbre, el amo está próximo”.


jueves, 20 de febrero de 2020

Cuando los partidos políticos no han sabido captar la esencia de la democracia

Allan Brewer-Carías es vicepresidente de la Junta Directiva del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y profesor de las universidades de Cambridge y de Columbia. Desde Nueva York hablo con la BBC y reproduzco alguna de sus opiniones sobre el populismo constitucional:“los populismos manipulan la Constitución. El populismo es una estrategia política para llegar al poder y para permanecer en él. Los movimientos populistas, al menos en el mundo reciente y en América Latina, han llegado al poder a costa de la Constitución, convocando asambleas constituyentes, pretendiendo ir a la voluntad popular directamente en contra de las constituciones y luego aprobando cartas magnas que han establecido mecanismos que debilitan los elementos fundamentales de una Constitución. Estos movimientos populistas al llegar al gobierno eliminan el principio de la separación de poderes y convierten al Tribunal Supremo en un instrumento a su servicio, sin que pueda haber realmente control entre las instituciones”.


“Los derechos empiezan a ser reconocidos solo para un grupo y usan el sistema legal para perseguir a los otros, que quedan excluidos y a los que generalmente consideran como un enemigo al que hay que eliminar, porque los movimientos populistas son generalmente maniqueos.Además, cierran los medios de comunicación privados y acaparan los públicos. Prohíben y restringen las ONG. Crean movimientos sociales fieles. Utilizan mecanismos previstos en la Constitución para destruir las bases democráticas de la propia Carta Magna”.

“En Venezuela los culpables de la crisis fueron los partidos políticos, que no entendieron cuál había sido el resultado de lo que habían creado. Durante 40 años en Venezuela funcionó un régimen democrático que en un momento determinado fue incluso la envidia de América Latina.Pero los partidos políticos que acapararon el poder desde 1960 e implantaron la democracia en el que era el país con menos tradición democrática en América Latina, no se dieron cuenta de que la democracia requiere ser abonada, fumigada, podada y regada para que crezca. Los partidos políticos le dieron la espalda, como ha sucedido en todos los países de América Latina. Todas estas crisis derivan de que los partidos políticos no han sabido captar la esencia de la democracia, que es pactar y no matarse entre sí. En un momento determinado, hay que pactar para que la democracia sobreviva”.

sábado, 18 de enero de 2020

Los partidos son máquinas para la fabricación de pasión colectiva



Una característica de los partidos políticos es que son máquinas para la fabricación de pasión colectiva. La pasión colectiva es la única energía de la cual disponen los partidos para la propaganda exterior y para la presión ejercida sobre el alma de cada miembro. Se confiesa que el espíritu de partido ciega, hace sorda la justicia, empuja hasta a la gente honesta al más cruel escarnio contra inocentes.


Los candidatos les dirán a los electores: “Tengo tal etiqueta”, lo cual no informa de nada al público sobre su actitud en relación a problemas concretos.

martes, 30 de julio de 2019

Las técnicas electorales provienen de las órdenes religiosas

A propósito de elecciones, las técnicas electorales no provienen de los griegos (que normalmente recurrían al sorteo), sino de las órdenes religiosas, de los monjes atrincherados en sus conventos-fortaleza, que en la alta Edad Media se veían obligados a elegir a sus superiores. No pudiendo recurrir al principio hereditario ni al de la fuerza, no les quedaba otra salida que elegir votando. Pero los monjes elegían a un jefe absoluto. Se trataba de una elección muy seria para ellos. De modo que el voto secreto y la elaboración de las reglas de voto mayoritarias se los debemos al denuedo de los monjes.

La democracia electoral no decide las cuestiones, sino que decide quién decidirá las cuestiones. La patata caliente pasa así del electorado a los electores, del demos a sus representantes.

Joseph Schumpeter dice que “el método democrático es ese expediente institucional para llegar a decisiones políticas en virtud del cual algunas personas adquieren el poder de decidir mediante una lucha competitiva por el voto popular”. Giovanni Sartori dice que “Las organizaciones están en competencia entre sí, y la competencia política, como todas las competencias, se dirige a un consumidor, que es el elector, prometiéndole ventajas y beneficios. Ese mecanismo activa el poder del pueblo y también la recompensa al pueblo. Aunque los partidos políticos prometan demasiado, en cualquier caso, siempre le llega algo al pueblo”.

viernes, 27 de abril de 2018

Gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.

19 de noviembre 1863: Lincoln dice el famoso discurso de Gettysburg, que es un momento fundamental para la historia de los Estados Unidos de 'América
En el discurso pronunciado en Gettysburg en 1863, Lincoln tuvo a bien caracterizar la democracia con un aforismo que parece haber expresado mejor que ningún otro el espíritu del gobierno democrático: “Government of the people, by the people, for the people”. Es sintomático que este aforismo no se deje nunca aprehender con precisión. En castellano, la fórmula de Lincoln se puede expresar como gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. ¿Queda claro? A primera vista sí, pero sólo a primera vista.

Stalin.
El aforismo de Lincoln es sinónimo de democracia porque fue Lincoln el que lo dijo. Pero pongámoslo, hipotéticamente, en boca de Stalin. ¿Hipótesis absurda? No. Stalin no habría tenido dificultad en suscribirlo, interpretando gobierno del pueblo en el sentido de que el proletariado era el objeto de su gobierno, y que él gobernaba mediante el pueblo en interés del proletariado, para el pueblo. Por lo tanto, la fórmula de Lincoln destaca por su ímpetu estilista, por su carga poética. Pero, decía, el aforismo nunca se deja aprehender con precisión, no estrecha, no concluye.

La cuestión es, aquí, la de fundar la democracia. Y un fundamento de legitimidad no atribuye verdad, atribuye un derecho. El pueblo no tiene siempre razón en el sentido de que nunca se equivoca, sino en el sentido de que tiene el derecho a equivocarse, y que el derecho a equivocarse compete a quien se equivoca por sí solo, en perjuicio propio.


Giovanni Sartori dice que “la democracia se basa en la
competencia entre partidos, de la misma forma que la economía de mercado se basa en la competencia entre productores. Por otra parte, la analogía entre mercado político y mercado económico no se sostiene demasiado bien. La diferencia es que la competencia entre productores económicos está sometida al control de los consumidores, que precisamente consumen, y por lo tanto están en condiciones de apreciar de manera tangible las mercancías que les son ofrecidas. En cambio la competencia entre partidos políticos está sometida a una criba mucho menos eficaz, ya que en este caso los bienes no son muy tangibles ni de consumo inmediato. Añádase que la competencia económica está sujeta a control legal, que el fraude comercial está penado, mientras que el fraude político queda legalmente impune. El comerciante que vende perlas falsas por verdaderas va a la cárcel; el político que vende humo a menudo consigue venderlo de verdad y de todas formas no va a la cárcel. Por lo tanto, la diferencia es que en política la competencia desleal, mentirosa y, precisamente, demagógica queda impune y a menudo resulta rentable para el demagogo. Legalmente no lo podemos impedir, estamos impotentes. El único correctivo consiste en un público que no se deje engañar, o por lo menos que no lo sea masivamente y todo el tiempo”.

lunes, 5 de junio de 2017

Los sindicatos no tienen carácter de partidos políticos que luchan por el poder.

Son conocidos los estrechos lazos que existen entre el sindicato UGT y el Partido Socialista. En otro momento histórico esta vinculación podría estar justificada, pero hoy es perjudicial para los trabajadores.
En la encíclica "Laborem exercens" Juan Pablo II dice que “los sindicatos no tienen carácter de partidos políticos que luchan por el poder y no deberían ni siquiera ser sometidos a las decisiones de los partidos políticos o tener vínculos demasiado estrechos con ellos. En efecto, en tal situación ellos pierden fácilmente el contacto con lo que es su cometido específico, que es el de asegurar los justos derechos de los hombres del trabajo en el marco del bien común de la sociedad entera y se convierten en cambio en un instrumento para otras finalidades”.

jueves, 1 de junio de 2017

Algunas veces el sistema político parece animar a los que especulan.


El Papa Francisco en su visita a Genova el 27 de Mayo de este año ha ensalzado las virtudes del "buen empresario", "la creatividad, el amor por su propio negocio, la pasión y el orgullo por el trabajo de sus manos y de su inteligencia y de los trabajadores" la ""capacidad de crear, crear puestos de trabajo, crear “productos”. Están también las virtudes del trabajador: "A veces se piensa que un trabajador trabaja bien sólo porque se le paga, esto es un grave desprecio a los trabajadores y la mano de obra, ya que niega la dignidad del trabajo que comienza justamente en el trabajar bien por la dignidad, por el honor”.

Por la dignidad del trabajo y del trabajador el Papa rechaza "la marca de ciudadanía o de desempleo" que algunos partidos políticos parecen sugerir para abordar el desempleo. El pontífice pidió "no ceder a la ideología que se afianza e imagina un mundo en el que sólo la mitad trabajan y los demás serán mantenidos por un subsidio social, debe quedar claro que el objetivo que se persigue no es el ingreso para todos, pero si el trabajo para todos, porque sin trabajo para todos no habrá dignidad para todos”.

El Papa Francisco también declaró que "una enfermedad de la economía es la transformación gradual de los empresarios en especuladores. El empresario no debe confundirse con el especulador, son dos tipos diferentes. El especulador es una figura similar a la que Jesús en el Evangelio llama 'mercenario', en oposición al Buen Pastor. El especulador no ama a su empresa, no ama a los trabajadores, pero ve a los trabajadores y la empresa sólo como un medio para obtener beneficios. Utiliza la empresa y los trabajadores para obtener beneficios. Despedir, cerrar, mover la compañía no le crea ningún problema porque el especulador utiliza, explota, come personas y medios para sus objetivos de beneficios".
burocracia y controles

"Sin embargo, paradójicamente, algunas veces el sistema político parece animar a los que especulan con el trabajo y no invierten y creen en el trabajo. ¿Por qué? Porque crea burocracia y controles, en el supuesto de que los actores económicos son los especuladores, y así quienes no lo son quedan en desventaja y quienes lo son les es posible encontrar los medios para evadir los controles y lograr sus objetivos. Se sabe que las regulaciones y leyes diseñadas para los deshonestos terminan penalizando al honesto. Y hoy hay tantos verdaderos empresarios,  empresarios honestos que aman a sus trabajadores, que aman la compañía, trabajando junto a ellos para llevar adelante la empresa, y estos son los más desfavorecidos por estas políticas que fomentan a los especuladores. Sin embargo, los empresarios honestos y virtuosos se están moviendo hacia adelante, al final, a pesar de todo."

martes, 28 de junio de 2016

El miedo está resurgiendo como un ingrediente activo de la vida política en las democracias occidentales.

Miedo.
El miedo está resurgiendo como un ingrediente activo de la vida política en las democracias occidentales. El miedo al terrorismo, por supuesto, pero también, y quizá de forma más insidiosa, el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, a perder el empleo, a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual, a perder el control de las circunstancias y rutinas de la vida diaria. Y, quizá sobre todo, miedo no sólo a que ya no podamos definir nuestras vidas, sino también a que quienes tienen la autoridad hayan perdido el control en favor de fuerzas que están más allá de su alcance. 

Miedo al terrorismo.
Pocos gobiernos democráticos pueden resistir la tentación de sacar provecho político de esta sensación. Algunos ya lo han hecho, por lo que no nos debería sorprender asistir a una revitalización de grupos de presión, partidos políticos y programas basados en el miedo: miedo a los extranjeros, miedo al cambio, miedo a las fronteras abiertas y a las comunicaciones libres, miedo a la expresión
Partidos políticos y programas basados en el miedo
de opiniones incómodas. En los últimos años, estas personas y estos partidos han progresado en una serie de países impecablemente democráticos Bélgica, Suiza e Israel, así como en repúblicas más vulnerables como Rusia, Polonia y Venezuela,y el desafío que presentan ha tentado a los principales partidos en Estados Unidos, Dinamarca, Holanda, Francia y el Reino Unido a adoptar una línea más dura con los visitantes, los “extraños”, los inmigrantes ilegales y las minorías culturales o religiosas.
 

La política de la inseguridad es contagiosa.
En el futuro podemos esperar más desarrollos en esta línea probablemente dirigidos a restringir el flujo de bienes e ideas, así como de personas, “que representen una amenaza”. La política de la inseguridad es contagiosa.

El miedo en las democracias occidentales.

La política de la inseguridad. 

Sacar provecho político del miedo.