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lunes, 14 de julio de 2025

Los que acuden a votar contemplan el voto como un acto social

Hay un montón de estrategas políticos que tratan de convencer a los políticos de que la decisión se puede manipular de igual forma que los anunciantes manipulan la compra de una pastilla de jabón, pero esta analogía entre la decisión política y la de los consumidores me parece incorrecta. No es solo que los votantes sean más inteligentes de lo que la mayoría de los políticos y los expertos en marketing creen. Es que los votantes otorgan un significado a la votación que no dan a la compra de una falda o de un pantalón. Votar es expresar la pertenencia a una comunidad política, decir lo que uno cree y formar parte del acto colectivo de la elección de la dirección de un país. El voto es una expresión de lealtad simbólica más que una expresión fundamental de los intereses. La mayoría de los votantes sabe que su voto individual no cambiará mucho el resultado final, pero aun así salen a votar porque creen que es importante tomar parte en la democracia. Es imposible entender por qué los votantes de muchos estados estadounidenses esperaron horas en fila para votar en las elecciones de 2012 a menos que se entienda que querían ser escuchados, para contar, para que sus voces fueran recogidas en esa competición nacional. Los que acuden a votar contemplan el voto como un acto social, un acto que sienten la obligación de justificar ante los vecinos y los amigos. No tienen que justificar su elección de una pastilla de jabón o de un vestido, pero sí por qué eligieron a un determinado candidato. Ellos saben que solo valen algunos tipos de justificaciones. Puedes decir que has comprado un vestido porque te gustaba el color, pero no es tan fácil decir que has votado por alguien simplemente porque te gustaba el aspecto del candidato. Los votantes deben razonar su elección, y esta obligación de justificar su voto lo diferencia de la compra impulsiva. Esta obligación de razonar es lo que hace del voto un acto racional, escribe Michael Ignatieff que ha ocupado puestos académicos en la Universidad de Cambridge, Universidad de Oxford, Universidad de Harvard y la Universidad de Toronto.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Chávez erradicó la figura del adversario, para dar paso a la de enemigo

Chávez erradicó la figura del adversario, para dar paso a la de enemigo y, a partir de ese marco de amigo-enemigo, ejecutar una política de sometimiento de los demócratas, cada vez más violenta, y que con Nicolás Maduro en el poder, ha alcanzado dimensiones extremas; avanzar hacia la erradicación física, a través de distintos mecanismos, de la oposición política. Erradicar quiere decir perseguir, exiliar, secuestrar, desaparecer, detener, enjuiciar, torturar y hasta asesinar a los demócratas.
En Venezuela la voluntad popular derrotó a la polarización, justo esa polarización que le facilitó al régimen de Chávez y Maduro prolongar la ocupación del poder durante 25 años, y que llegará a su final el próximo 10 de enero.Venezuela,en las elecciones del 28 de julio, Edmundo González Urrutia, con el apoyo de María Corina Machado, obtuvo no menos del 70 % de los votos.Para el analista Miguel Henrique Otero, esta cifra no incluye a los tres millones de jóvenes a los que no se les permitió inscribirse en el registro electoral y votar, ni tampoco a los 4,5 millones de venezolanos que viven en el extranjero, mayores de edad, a los que también se les negó el derecho al voto, violando la Constitución vigente y el más elemental derecho democrático.


lunes, 17 de junio de 2024

Nunca se ha reivindicado tanto la democracia por quienes la repudian

Escribe el profesor Florentino Portero que nunca se ha reivindicado tanto la democracia por quienes la repudian. No hay democracia sin ciudadanos libres y bien informados. Son muchos los interesados en confundirnos para convertirnos en seres más fácilmente manejables.
No hay democracia sin libertad. La primera hace referencia a un conjunto de mecanismos que resuelven el proceso de toma de decisión. La segunda aporta el principio de legitimidad. Son los ciudadanos los que con su voto ratifican libremente las reglas del juego. La izquierda ha entendido que la batalla política es, sobre todo, cultural y que los teatros de operaciones principales son los medios de comunicación y la educación. Estos son imprescindibles para establecer normalidades, para definir lo que es correcto y lo que no lo es. Una normalidad es un condicionante. Es el prisma a través del cual nos acercamos a la realidad, manifiesta el profesor Portero.


martes, 11 de junio de 2024

El ser humano es además

El rico Epulón y el pobre Lázaro (1570)
Leandro Bassano
Dice el filósofo Leonardo Polo que el ser humano es “además”, no se agota en una consideración, tiene una equivalencia trascendental, está más allá de la autorrealización. El ser humano es un ser inagotable.El profundo drama de nuestro tiempo radica en la pérdida del sentido trascendente de la persona, que es el bien fundamental y condición para todos los demás bienes. Uno de sus perversos frutos es el aborto. No existe mayor muestra de insolidaridad ante quienes somos y estamos llamados a ser. Lo expresa Miguel Delibes: “El abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna progresía. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple, apoyar al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizás porque el embrión carecía de voz y voto; políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables, la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme puede atentarse impunemente…. Los demás fetos callan, no pueden hacer manifestaciones callejeras, no pueden protestar, son aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo. Nadie puede recurrir”. 


sábado, 20 de abril de 2024

Cuando dicen que el pueblo está en el poder o el proletariado está en el poder, se trata de mitología

Raymond Aron considera que la realidad no puede ser aprehendida de manera global y las verdades en economía, en sociología y en ciencia política siempre son parciales y reflejan tan solo una parte de la complejidad social. “Al tratar de explicar la actitud de los intelectuales, despiadados con las debilidades de las democracias, indulgentes con los mayores crímenes, siempre y cuando estos se cometan en nombre de las doctrinas correctas, me encontré en primer lugar con las palabras sagradas: izquierda, revolución, proletariado. La crítica de estos mitos me llevó a reflexionar sobre el culto de la historia y, posteriormente, a interrogarme sobre una categoría social a la que los sociólogos no han prestado aún la atención que merece: la intelligentsia. Si observamos la realidad, si nos proponemos objetivos concretos, comprobaremos lo absurdo de estas amalgamas político-ideológicas con las que juegan los revolucionarios de gran corazón y cabeza ligera, así como los periodistas ávidos de éxito. Dejemos la superioridad del fanatismo para los fanáticos sin remordimientos. Si la tolerancia nace de la duda, enséñese a dudar de los modelos y de las utopías, a rechazar a los profetas de la salvación, a los heraldos de las catástrofes. Apelemos, pues, al advenimiento de los escépticos, si ellos han de extinguir el fanatismo.” Una obra en general destinada a mantener el combate filosófico contra los mitos de la izquierda, el historicismo y, en suma, la alienación a la que conducían ambas cosas.
Raymond Aron
En su obra Introducción a la Filosofía Política. Democracia y revolución. Su punto de partida era bien concreto: “En el fondo, el problema central que quiero abordar en el presente curso es exactamente el planteado por Tocqueville: siendo un hecho el camino hacia la igualdad, ¿conservan nuestras sociedades la libertad política como un anacronismo o cabe la posibilidad de combinar una sociedad igualitaria con una liberal?”. Su respuesta principal consiste en una cerrada defensa de la democracia contemporánea, entendida como un régimen no revolucionario, o antirrevolucionario, donde la competencia por el poder se hace de modo pacífico y según las reglas del juego. Dado que los actores del Gobierno no están compuestos por una masa uniforme, sino por individuos concretos, para Aron la democracia es sobre todo una oligarquía, renovable por el voto, pero una oligarquía al final. Por eso para él expresiones grandilocuentes como las usadas desde la izquierda pertenecían más a una especie de religión que a la realidad: “Cuando dicen que el pueblo está en el poder o el proletariado está en el poder, se trata de mitología”, afirma. De ahí la necesidad de asegurar por todos los medios un sistema electoral honesto, asegurándose de que existirá siempre una nueva elección al final del mandato. De este modo, para Aron la Libertad es “el derecho a la participación en la competencia por el poder”. El filósofo galo no duda que la democracia es el sistema que mejor preserva las libertades. Afirma que democracia y liberalismo van unidos. “Las democracias occidentales desean salvaguardar los derechos de las personas, dejar un margen a la acción espontánea de cada cual. Se prohíben a sí mismas la ambición de edificar el orden social según un determinado plan y de someter el porvenir a su voluntad. Democráticos, los liberalismos occidentales reconocen en la voluntad del pueblo un principio de legitimidad y en la elección disputada la aplicación de su principio.” De este modo, la libertad subsiste definida como la elección de los gobernantes, si bien no de forma completa, pero ¿lo ha sido alguna vez? En su defensa de los principios y reglas del juego democrático, Raymond Aron se encontrará frente a la izquierda marxista que tildaba todas aquellas libertades de meramente formales. Compañero de pupitre en la École Normale de Jean Paul Sartre, era casi inevitable que la polémica surgiese entre ellos “El comunismo es una versión degradada del mensaje occidental. Retiene su ambición de conquistar la naturaleza y mejorar el destino de los humildes, pero sacrifica lo que fue y tiene que seguir siendo el corazón mismo de la aventura humana: la libertad de investigación, la libertad de controversia, la libertad de crítica, y el voto” afirma Aron ante el natural disgusto de Sartre.

domingo, 12 de marzo de 2023

La Regla de San Benito

Benito de Nursia

El monacato no se extendió tan deprisa en Occidente como en Oriente. En Europa occidental no comenzó a aumentar hasta el siglo VI, cuando san Benito de Nursia (c. 480- c. 547) esbozó su famosa Regla en latín, e incluso entonces adoptó muchas formas, de las cuales la tradición benedictina fue sólo una y no se convirtió en el modelo dominante hasta el siglo VIII.

Monasterio de santa Escolástica en Subiaco

Benito copió buena parte de su Regla de un texto latino anterior mucho más duro, conocido como la Regla del Maestro, pero creó un documento muy diferente, una regla sencilla para principiantes, lo denominó, notable por su brevedad, flexibilidad y moderación. La Regla establecía un ciclo cuidadosamente definido de oraciones, lecciones y culto comunal diarios. Fijaba pautas sobre cómo debían vivir los monjes juntos; qué tenían que comer (alimentos suficientes y sencillos; un poco de vino; pero carne sólo para los enfermos o las ocasiones especiales); y cómo debía realizarse el trabajo del monasterio. Se alentaban las tareas físicas, según declaraba Benito, la indolencia era “un enemigo del alma”, pero también reservaba tiempo para el estudio y la contemplación privados. Sin embargo, en todos estos asuntos Benito dejaba mucho a la discreción del abad, la cabeza del monasterio, a quien se esperaba que todos los monjes obedecieran sin vacilación. Los que pretendían entrar en un monasterio benedictino tenían que cumplir un extenso período de prueba y sólo una vez transcurrido podían hacer los votos perpetuos como monjes. A veces los estudiosos han resumido los votos benedictinos en pobreza, castidad y obediencia; sin duda, éstas eran virtudes importantes, pero no constituían la esencia de la Regla a la que se comprometía un monje benedictino. Más bien las virtudes principales de la vida benedictina eran la estabilidad, la perseverancia y el compromiso con la vida monástica. La meta de la Regla, como la de la vida monástica en general, era permitir a los monjes que vivían según marcaba transformar sus vidas de acuerdo con la voluntad de Dios. La Regla era el medio por el cual esta transformación podía lograrse.(Judith G. Coffin y Robert C. Stacey)

martes, 5 de abril de 2022

La confianza es el factor más importante para un partido político

En los Estados Unidos los dos grandes partidos poseen una fuerte impronta popular. No es sólo que cada uno de ellos puede recurrir a su historia para demostrar que hubo épocas en las que defendía a cualquier parte de la población oprimida. En la corona de laureles del partido republicano la hojas de su defensa en favor de los esclavos todavía no se han marchitado. Los demócratas cuidaron de los granjeros explotados, etc. Más importante es que en el presente toda su organización está bien arraigada en la masa del pueblo. Sus activistas han surgido del pueblo llano, subiendo a menudo a puestos dirigentes en el partido. Tenemos aquí algo semejante al sistema de la Iglesia católica en el sentido de que produce los mismos efectos; la jerarquía del partido, al descansar sobre un fundamento democrático, conserva la confianza del pueblo.La confianza es el factor más importante para toda formación de un partido. Es indefinidamente más importante que el más y mejor pensado de los programas, escribe el sociólogo alemán Werner Sombart. 



El partido, por razones obvias, debe velar constantemente por que las masas estén en una disposición favorable, ya que, naturalmente, su éxito en las elecciones depende de los votos de las multitudes.

domingo, 10 de mayo de 2020

Si los gobernantes fueran ángeles, ningún control sobre los gobiernos sería necesario




“Si los gobernantes fueran ángeles, ningún control, externo o interno, sobre los gobiernos sería necesario. La gran dificultad para diseñar un gobierno de hombres sobre hombres estriba en que, primero, debe otorgarse a los dirigentes un poder sobre los ciudadanos y, en segundo lugar, obligar a este poder a controlarse a sí mismo. No cabe duda que depender del voto de la gente constituye un control primario sobre el gobierno, pero la experiencia enseña a la humanidad que son necesarias precauciones adicionales.” manifiesta James Madison, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y su cuarto presidente.


martes, 30 de julio de 2019

Las técnicas electorales provienen de las órdenes religiosas

A propósito de elecciones, las técnicas electorales no provienen de los griegos (que normalmente recurrían al sorteo), sino de las órdenes religiosas, de los monjes atrincherados en sus conventos-fortaleza, que en la alta Edad Media se veían obligados a elegir a sus superiores. No pudiendo recurrir al principio hereditario ni al de la fuerza, no les quedaba otra salida que elegir votando. Pero los monjes elegían a un jefe absoluto. Se trataba de una elección muy seria para ellos. De modo que el voto secreto y la elaboración de las reglas de voto mayoritarias se los debemos al denuedo de los monjes.

La democracia electoral no decide las cuestiones, sino que decide quién decidirá las cuestiones. La patata caliente pasa así del electorado a los electores, del demos a sus representantes.

Joseph Schumpeter dice que “el método democrático es ese expediente institucional para llegar a decisiones políticas en virtud del cual algunas personas adquieren el poder de decidir mediante una lucha competitiva por el voto popular”. Giovanni Sartori dice que “Las organizaciones están en competencia entre sí, y la competencia política, como todas las competencias, se dirige a un consumidor, que es el elector, prometiéndole ventajas y beneficios. Ese mecanismo activa el poder del pueblo y también la recompensa al pueblo. Aunque los partidos políticos prometan demasiado, en cualquier caso, siempre le llega algo al pueblo”.

viernes, 24 de mayo de 2019

El federalismo sirve para juntar a quienes desean unirse, no a quienes ya juntos pretenden separarse.

Algunos políticos españoles insisten en el federalismo como solución, mientras lo imposibilitan de hecho, porque la solución federal se basa en la lealtad al conjunto estatal y sólo sirve para juntar a quienes estando separados desean unirse, no a quienes ya juntos pretenden una coartada para separarse. Lo más grave, a mi juicio, dice Savater,  es que ni los separatistas ni quienes se les oponen resaltan que lo que se está proponiendo es una automutilación. Es decir, que los catalanes independientes renunciarían a gran parte del país que ahora es suyo y del que son co-gobernantes por medio de sus votos. Y, de igual modo, se privaría al resto de los españoles de una parte esencial del Estado nacional del que son ciudadanos. Se ha dicho en otros contextos que lo pequeño es hermoso, pero a nadie he escuchado que automutilarse sea engrandecedor.


Y añade Savater que en España, abundan los que exigen cambiar la Constitución para que se convierta en una ley insólita, que sacralice las diferencias prepolíticas en lugar de establecer los derechos y deberes ciudadanos por igual a pesar de ellas. Es decir, una Constitución que asiente los distingos entre leones, bueyes, cerdos y quien sabe cuántas especies más de animales en la nueva granja que pide a gritos otro George Orwell como satírico cronista. Ninguno de ellos pide en cambio que se suprima la mención a esos supuestos “derechos históricos” que han introducido en la raíz de la Constitución vigente el germen de la desigualdad radical. 



viernes, 3 de mayo de 2019

Vox, Ciudadanos y la gente del PP


El PP como tal, está en proceso de desaparición, hay gente en el PP que estaría mucho mejor en Vox, y gente del PP que estaría mucho mejor en Ciudadanos.

El PP no se definió y ahora el tiempo y las circunstancias políticas lo irán decantando. Ciudadanos crecerá y será un centro liberal, y Vox se consolidará como un partido de valores conservadores, absorbiendo incluso todavía más a gente que hasta aquí ha permanecido en el PP. El Partido Popular ya no le sirve al votante. 

viernes, 22 de febrero de 2019

Vida monástica.

Desde el siglo VI, con la fundación de la Orden benedictina, cuya regla establecía la vida en común supeditada a la máxima ora et labora que predicaba la entrega a Dios por encima de todas las cosas, y la llegada a Él a través de la santificación y el trabajo para evitar la ociosidad del alma, la vida monástica imbuyó en el ambiente social un modelo de existencia orientado al otro mundo, siendo la religión el eje vertebrador también de la sociedad laica.

El monasterio se tuvo por una casa de contenido no solo material que cubría las necesidades vitales y espirituales tanto de los monjes como de todos los fieles, sino que su simbolismo se extendió a la casa del cielo en la tierra. Los monasterios fueron centros autosuficientes en un mundo lleno de miseria y calamidades. Siglos de donaciones y entregas de bienes terminaron produciendo un efecto adverso en la ideología monástica, dice el escritor Carlos Taranilla,  puesto que la gran acumulación de riqueza
San Odón de Cluny.
condujo a la relajación del voto de pobreza y, tanto en el siglo XI primero como en la centuria siguiente después, las sucesivas reformas de Cluny,los monjes negros, llamados así por el hábito de ese color, y Citeaux, donde volvieron al blanco de los primeros tiempos, tuvieron que velar por la pureza de la vida monástica. No obstante, tal abundancia económica había tenido como consecuencia positiva el desarrollo de una gran actividad artística que se plasmó en la promoción del arte románico. 

jueves, 27 de septiembre de 2018

Los Estados Unidos no conoce ningún “gobierno de partidos”.

Se ha comparado a los dos antiguos grandes partidos norteamericanos con unos trusts gigantescos que disponen de un poderoso capital dominando todos los terrenos de compra y venta, de tal suerte que parece excluida toda posible competencia de terceros partidos que les puedan hacer sombra. Si aparece un competidor, los grandes partidos hacen todo lo posible para expulsarle de la arena electoral. Si hace falta, incluso aúnan esfuerzos por un tiempo para poder eliminar a unos competidores atrevidos.

Por otro lado, al norteamericano le es insoportable la idea de
pertenecer a un partido que sale una y otra vez de las urnas con unas cifras minúsculas de votos, que en el futuro previsible no va a tener ningún éxito palpable, y que, por lo tanto, lleva encima el estigma de lo ridículo, dice el economista y sociólogo alemán  Werner Sombart. En los días de elecciones, cuando el éxtasis que acompaña el éxito numeroso de los grandes partidos llega a su punto álgido, cuando en todos los periódicos se leen en grandes titulares los resultados electorales de sus candidatos, el político de minorías está obligado a quedarse al margen con cara de sufrimiento, resignado, y esto no se compadece nada con el carácter enérgico del norteamericano.



Los Estados Unidos no conoce, sin embargo, ningún “gobierno de partidos”. En el fondo, en el Parlamento en Washington ya no existe ningún partido. La fuerte disciplina durante las elecciones finaliza en el umbral del Parlamento. Aquí, el diputado individual actúa a su libre albedrío. La política, dice Werner Sombart, se disuelve en una serie de negocios privados que los diferentes diputados pactan, si les conviene, bien con el Gobierno, bien con los diferentes grupos de intereses de la población, que tienen sus representantes correspondientes en el Parlamento. Por ello las decisiones importantes se toman en la semiclandestinidad de las comisiones mientras que las asambleas plenarias han perdido importancia. Relacionado con lo anterior está también el fenómeno de que las mayorías ejecutiva y legislativa pertenecen con igual frecuencia tanto a los mismos partidos como a partidos diferentes.

martes, 4 de septiembre de 2018

Con John McCain se cumple aquella sentencia de que no hay muerto malo.

Con John McCain se cumple aquella sentencia de que no hay muerto malo. El país entero, y el mundo, salvo excepciones, mostraron su consternación por su fallecimiento el 25 de Agosto pasado. Incluso su carcelero durante los cinco años en que estuvo preso en Vietnam,
Tran Tron Duyet, dijo estar apenado por la muerte de quien es considerado un héroe en todo Estados Unidos.“Las cosas le van a ir muy mal”, le dijo el encargado de interrogarlo. Cinco años estuvo allí. Fue torturado. La vida para él ya no sería igual, necesitó terapia psiquiátrica y nunca más pudo levantar sus manos sobre su cabeza.  Su espíritu militar le sobrevivió en su carrera política. McCain es producto de una época en que la hegemonía estadounidense era incuestionable, dice  el periódico El Comercio.

Apoyó desde el Senado todas las guerras en que intervenía
Estados Unidos, incluso a pesar de todo lo que él sufrió. “John McCain es un héroe americano de la era de la guerra y el terrorismo”, dice The Guardian. Varios ciudadanos de férrea orientación demócrata en Estados Unidos no habrían depositado jamás su voto por McCain.


martes, 10 de octubre de 2017

Nuestras ideas y nuestras preferencias pueden ser controladas a través de los medios de comunicación.

Noam Chomsky
Cada vez que Noam Chomsky se refiere al sistema de poder activo en las democracias occidentales reitera que quien ostenta el poder, en la gran mayoría de casos, no hace lo que tendría que hacer. Lo que dice la teoría, simplificando un poco, es que en democracia representativa una comunidad elige a algunos de sus miembros y delega en ellos el poder para ejercer ciertas funciones y tomar algunas decisiones. Esta delegación de poder se convierte en una competición democrática, las elecciones, en las que el pueblo, mediante su derecho a voto, escoge entre una serie de candidatos, que se supone que están capacitados para ejercer el poder. El juego se complica, sin embargo, porque las oligarquías que, según Chomsky, gestionan el poder sin las limitaciones que un verdadero orden democrático debería imponer, tienen los medios económicos y políticos para fabricar el consenso. “Fabricar el consenso” significa aquí modelarlo, crearlo incluso; crear,
elecciones
por ejemplo, la impresión difusa de que una guerra es necesaria y tiene un amplio consenso popular. Pero si los votantes, los principales actores de la democracia, tuvieran realmente la capacidad de entender cuáles son las consecuencias de su voto, de aquello que avalan con él, no podrían estar de acuerdo con estas ideas impuestas, sobre todo porque perjudican a sus propios intereses. 

En el libro Los guardianes de la libertad (1988), escrito junto a Edward S. Herman (profesor de finanzas y analista de los medios de comunicación), Chomsky formula y sistematiza esta idea. Los dos autores describen un modelo de propaganda que se aplica a los medios de comunicación estadounidenses, pero que, en palabras de los propios autores, puede extenderse a cualquier otra nación que comparta el sistema económico de los Estados Unidos. El modelo parte de los siguientes supuestos, los medios privados pertenecen a empresas interesadas, ante todo, en vender un producto (lectores o audiencia) a otras empresas (las que pagan por hacer publicidad), cuyo interés es, asimismo, la venta de otros productos. Los medios, por lo tanto, ocultan bajo un supuesto fin social (completamente pervertido), el de la información, su verdadero objetivo, mediar entre una demanda y una oferta en la que el público es simplemente el producto. La teoría se enriquece con una lista de cinco filtros, que determinan qué noticias se publican o emiten y cuáles no, y qué tratamiento concreto reciben las que se
publican. Estos son los filtros, ordenados de más fuerte a menos fuerte: la propiedad del medio (habitualmente,grandes corporaciones): quién financia al medio (la publicidad, por ejemplo): las fuentes de las noticias (departamentos de prensa de gobiernos o empresas, por ejemplo): el Flak, que es como se denominan las respuestas sistemáticas de grupos de interés ante la línea editorial de los medios (por ejemplo, retirando publicidad, o mediante quejas formales, o mediante demandas legales); y, finalmente, el miedo (cuando se escribió el libro, sus autores identificaron el miedo con el anticomunismo, y en ediciones sucesivas, a partir del atentado del 11S, lo han actualizado como miedo al terrorismo). Los tres primeros filtros se derivan del análisis de los mercados, mientras que los dos últimos son más específicos de la realidad concreta de los Estados Unidos. Este modelo que explica cómo los supuestos guardianes de la libertad fabrican un consenso constituye, en fin, un ejemplo de cómo nuestras ideas y nuestras preferencias pueden ser controladas a través de los medios de comunicación.

lunes, 8 de mayo de 2017

El pueblo de Atenas se dejó ganar por la igualdad para todos ante la ley.

En el año 510 a.C, y en respuesta a un oráculo de Delfos que ordenaba a los espartanos la liberación de Atenas, el rey Cleómenes de Esparta, al frente de sus tropas, expulsó de Atenas al tirano Hipias. Cleómenes confiaba en que Atenas le pagara el servicio implantando un régimen aristocrático, favorable y atento a los intereses de Esparta, como ésta tenía por costumbre fomentar entre sus vecinos; pero en vez de hacerlo así, la mayoría de los atenienses se entusiasmó con la simple idea de igualdad para todos ante la ley, y sin más programa que ése, abrió el camino a una serie de innovaciones que desembocaron en una Constitución democrática. Realmente no era extraño que después de sufrir durante decenios los abusos y las injusticias perpetradas por Hipias, y antes por su padre, Pisístrato, el pueblo de Atenas se dejase ganar por la simple perspectiva de igualdad para todos ante la ley, por mucho que ello disgustase a los espartanos. Porque es de saber que la democracia ateniense
era una democracia directa. Si en las democracias modernas el pueblo elige a sus representantes y se abstiene de intervenir en política hasta una nueva elección, en Atenas el votante no se limitaba a depositar su voto, sino que intervenía directamente en el gobierno como obligación diaria y compatible con sus tareas cotidianas. Esto es lo que se llama democracia directa, y no democracia representativa.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Conservadurismo.

 Lord Tennyson
A veces se retrata injustamente el conservadurismo como una opción meramente reaccionaria, una forma de obsesión por lo antiguo, fijada en el pasado sin más razón de peso que el que sea pasado. El poeta británico lord Tennyson mostró que entendía mejor el concepto en su poema Hands all Round (1882): “El hombre que es un auténtico conservador / es el que poda la rama podrida”. “Pero, añadió más adelante en una conversación con el filósofo escocés William Angus Knight, la rama debe estar podrida antes de arriesgarnos a podarla”.

Edmund Burke
El conservadurismo otorga gran valor a la tradición y la sabiduría extraídas de las prácticas y costumbres de las generaciones previas. Esta reserva de conocimiento acumulado, que excede con creces la inteligencia de cualquier individuo, es, en opinión de Burke, el valor más preciado de la sociedad, una herencia sagrada que debe ser asumida por una generación y transmitida con reverencia a la siguiente. La tradición, apuntó el escritor inglés G. K. Chesterton, es la “democracia de los muertos”, que implica “conceder el voto a la más oscura de todas las clases, nuestros antepasados”.

La naturaleza conservadora es profundamente suspicaz frente a los planes frívolos de los visionarios y los planificadores políticos,manifiesta Ben Dupré, las utopías, panaceas y fantasías volátiles (en expresión de Burke), que, según muestra la amarga experiencia, convierten los sueños de progreso y mejora social en pesadillas de retroceso o represión.
Ben Dupré


“Existe algo más que la simple alternativa entre la destrucción absoluta y la existencia sin reformar, comentaba Burke,una disposición a preservar y una capacidad para mejorar, tomadas en conjunto, serían mi estándar para un estadista. Todo lo demás es vulgar en su concepción y peligroso en su realización”.