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viernes, 24 de mayo de 2019

El federalismo sirve para juntar a quienes desean unirse, no a quienes ya juntos pretenden separarse.

Algunos políticos españoles insisten en el federalismo como solución, mientras lo imposibilitan de hecho, porque la solución federal se basa en la lealtad al conjunto estatal y sólo sirve para juntar a quienes estando separados desean unirse, no a quienes ya juntos pretenden una coartada para separarse. Lo más grave, a mi juicio, dice Savater,  es que ni los separatistas ni quienes se les oponen resaltan que lo que se está proponiendo es una automutilación. Es decir, que los catalanes independientes renunciarían a gran parte del país que ahora es suyo y del que son co-gobernantes por medio de sus votos. Y, de igual modo, se privaría al resto de los españoles de una parte esencial del Estado nacional del que son ciudadanos. Se ha dicho en otros contextos que lo pequeño es hermoso, pero a nadie he escuchado que automutilarse sea engrandecedor.


Y añade Savater que en España, abundan los que exigen cambiar la Constitución para que se convierta en una ley insólita, que sacralice las diferencias prepolíticas en lugar de establecer los derechos y deberes ciudadanos por igual a pesar de ellas. Es decir, una Constitución que asiente los distingos entre leones, bueyes, cerdos y quien sabe cuántas especies más de animales en la nueva granja que pide a gritos otro George Orwell como satírico cronista. Ninguno de ellos pide en cambio que se suprima la mención a esos supuestos “derechos históricos” que han introducido en la raíz de la Constitución vigente el germen de la desigualdad radical. 



jueves, 23 de noviembre de 2017

Las actuales instituciones europeas se conducen como un poder jacobino.

Un pueblo de Europa.
Los que califican la Europa actual de Europa federal ponen de manifiesto que no tienen ni la menor idea de lo que es el federalismo, opina Alain de Benoist. El federalismo se basa en el principio de subsidiariedad, competencia suficiente y soberanía compartida. Una sociedad federal se organiza, no a partir de arriba, sino a partir de la base, recurriendo a todos los recursos de la democracia participativa. La idea general es que los problemas estén regulados al nivel más local posible, es decir, que los ciudadanos tengan la posibilidad de decidir concretamente sobre lo que les concierne, solo remontando a un nivel superior las decisiones que interesan a colectividades más extensas o que los niveles inferiores no tienen la posibilidad material de tomar. Un Estado federal es, pues, lo contrario de un Estado jacobino. Lejos de pretenderse omnicompetente y querer regular lo que pasa a todos los niveles, se define solamente como el nivel de
competencia más general, el nivel donde se trata exclusivamente lo que no puede tratarse en otra parte. Al querer inmiscuirse en todo (desde el diámetro de los quesos italianos, a la caza, a las aves migratorias en el Suroeste de Francia), al querer, no añadir, sino sustituir a las autoridades públicas de las naciones y las regiones, las actuales instituciones europeas, esencialmente burocráticas, se conducen, no como un poder federal, sino como un poder jacobino. Son, por añadidura, tan "ilegibles" para el ciudadano medio, que eligieron deliberadamente dar la prioridad a la ampliación de sus estructuras de competencia y no a la profundización de sus estructuras institucionales.