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miércoles, 1 de enero de 2025

La polarización irá a peor

Se espera que el vicepresidente electo, J. D. Vance, converso al catolicismo, tenga un papel fuerte a la hora de configurar las políticas en torno a principios morales con medidas como la atención sanitaria gratuita a embarazadas y bebés. Por otro lado, ahora que la campaña ha terminado, Vance moderara su retórica sobre inmigración y apostara por una reforma migratoria prudente, manifiesta Clarke Forsythe, de Americanos Unidos por la Vida. 

Craycraft pronostica que en la legislatura que empieza “la polarización irá a peor”, sobre todo por parte de una izquierda. Pero espera que esta radicalización “haga que las voces más extremistas se automarginen cada vez más y dejen espacio a voces moderadas”. “Los católicos pueden ser los líderes” para construir esta nueva base social, pues tienen el “vocabulario moral” para conjugar “la compasión y la sensibilidad con posiciones morales claras”. Por ello, los invita a “reaprender y reafirmar un lenguaje más esperanzado de dignidad, solidaridad, subsidiariedad y bien común”.

domingo, 22 de marzo de 2020

La vida social existe para el bien de las personas



La vida social existe para el bien de las personas, de todas y de cada una en su dignidad. De ahí que sea imprescindible para la vida social el respeto de los derechos de la persona, pero también la promoción de su libertad y de sus responsabilidades. El profesor Arturo Bellocq añade que una persona es imagen y semejanza de Dios, con un valor infinito, cuya felicidad no consiste solo en hacer dinero o pasarlo bien, sino en amar a los demás y ayudar a los demás a ser felices.

El bien común tiene un contenido y una estructura de justicia institucional que es preciso conocer. Implica promover ciertos bienes públicos,la justicia en las relaciones sociales, la paz, la tutela de los derechos humanos, la salud, la educación, el trabajo, etc. Pero  hay que promoverlos de acuerdo con la imagen adecuada de la persona humana. Por eso, dice Bellocq, si de un lado es necesario reconocer la igualdad fundamental y ofrecer iguales oportunidades a todos, de otro lado es preciso respetar y promover su libertad, capacidad de iniciativa, etc. y por tanto, excluye los asistencialismos autoritarios que pretenden igualar a todos a la fuerza.


El destino común de los bienes y la propiedad privada, por el que sabemos que Dios creó la tierra para todos y con recursos suficientes, pero nos confió la tarea de administrar los recursos del mundo para que todos puedan vivir bien, lo cual en general se hace a través del trabajo y la propiedad privada, pero cuidando que la libertad con la que nos aplicamos al trabajo y a la producción de riqueza sea siempre una libertad solidaria y no egoísta. Por eso la Iglesia, dice Bellocq, siempre ha relacionado también la solidaridad con la opción preferencial por los pobres.

La subsidiariedad, por la cual un cuerpo de orden superior no debe hacer lo que puede realizar el inferior, sino que debe respetar sus competencias, promover su libertad de iniciativa, ayudarlo para que pueda. Esto implica que no están las familias y las empresas al servicio del Estado, sino al revés, el Estado al servicio de las empresas y demás asociaciones intermedias, de las familias, y estas de las personas, para servirlas como ellas quieren y merecen ser servidas, y no como al político de turno le parece según su ideología.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

La Unión Europea abre la batalla de Hungría.

*Ahora mismo, la Unión Europea se encuentra embarcada con el problema del Brexit, la posición beligerante de Trump y la pérdida de la tradicional cohesión Occidental, el estúpido litigio con Rusia, a la que aboca a una alianza creciente con China, olvidando que en realidad Europa geográficamente es poco más que una península de la gran masa terrestre ruso-asiática. Unas perfectas malas relaciones con Turquía, a la que se la paga con largueza para contender a los inmigrantes y refugiados, una amenaza de los grupos de la Yihad, dentro y fuera, en la frontera próxima del Sahel, una situación del euro todavía no bien resuelta y serias dudas sobre la capacidad para soportar una nueva crisis, una arquitectura de competencias europea que se demuestra inadecuada y alejada del principio de subsidiariedad en unos casos, mientras que en otros, defensa, inmigración, energía, relaciones internacionales, cada uno va a su bola, y la emergencia creciente de partidos populistas críticos con el actual sistema.

Abren la “batalla de Hungría”
Y en medio de esta confusión e incertidumbre abren la "batalla de Hungría", como antes han abierto la de Polonia, que equivale a forzar la crisis con otros países del Este que ven en Bruselas un conglomerado político de tintes supremacistas, que los considera democracias subdesarrolladas.

Y para mayor inconsecuencia, el voto parlamentario previsiblemente quedará en nada porque quien en definitiva ha de resolver la cuestión es el Consejo formado por los estados miembros y además por una mayoría cualificada
George Soros,
que se revela inalcanzable. En otros términos, lo de Bruselas ha sido un sopapo en los morros de Orban, una “expansión” de los liberales, socialdemócratas y verdes, con la colaboración de Merkel. Ahora hará falta ver los daños futuros. Y en la sombra sobrevuela Soros el especulador. 

*Reproducción de parte de un artículo de ForumLibertas

jueves, 23 de noviembre de 2017

Las actuales instituciones europeas se conducen como un poder jacobino.

Un pueblo de Europa.
Los que califican la Europa actual de Europa federal ponen de manifiesto que no tienen ni la menor idea de lo que es el federalismo, opina Alain de Benoist. El federalismo se basa en el principio de subsidiariedad, competencia suficiente y soberanía compartida. Una sociedad federal se organiza, no a partir de arriba, sino a partir de la base, recurriendo a todos los recursos de la democracia participativa. La idea general es que los problemas estén regulados al nivel más local posible, es decir, que los ciudadanos tengan la posibilidad de decidir concretamente sobre lo que les concierne, solo remontando a un nivel superior las decisiones que interesan a colectividades más extensas o que los niveles inferiores no tienen la posibilidad material de tomar. Un Estado federal es, pues, lo contrario de un Estado jacobino. Lejos de pretenderse omnicompetente y querer regular lo que pasa a todos los niveles, se define solamente como el nivel de
competencia más general, el nivel donde se trata exclusivamente lo que no puede tratarse en otra parte. Al querer inmiscuirse en todo (desde el diámetro de los quesos italianos, a la caza, a las aves migratorias en el Suroeste de Francia), al querer, no añadir, sino sustituir a las autoridades públicas de las naciones y las regiones, las actuales instituciones europeas, esencialmente burocráticas, se conducen, no como un poder federal, sino como un poder jacobino. Son, por añadidura, tan "ilegibles" para el ciudadano medio, que eligieron deliberadamente dar la prioridad a la ampliación de sus estructuras de competencia y no a la profundización de sus estructuras institucionales.

jueves, 23 de marzo de 2017

Una intervención demasiado fuerte del Estado amenaza la libertad y la iniciativa personales.


Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” (Catecismo de la Iglesia Católica)