Robert Barron en el discurso de apertura que ignaguró la convención Acton University Conference de 2023, del Acton Institute:
“¿Podría Dios, en su infinito poder, llegar a hacer que dos más dos fueran cinco? Al fin y al cabo es omnipotente, así que supongo que ¿por qué no? ¿Podría Dios, en su infinito poder, hacer del adulterio una virtud? Bueno, supongo. Es decir, ya declaró que el adulterio es malo, pero ¿podría declararlo como algo bueno? Supongo que podría, ¿no? La respuesta de santo Tomás es que por supuesto que no, porque lo que estarías haciendo entonces sería crear una disensión entre el poder divino y la manera de ser divina. Por tanto, decir que Dios no puede hacer que dos más dos sean cinco no es restringir el poder de Dios, porque el hecho de que dos más dos sean cuatro es simplemente parte de la verdad de Dios. Decir que Dios no puede hacer del adulterio una virtud no es limitar su poder, porque eso es algo que entra en conflicto con Su manera de ser. Una de las preguntas más famosas que se planteó santo Tomás fue la de si Dios podía pecar. Cualquier detractor diría que sí, que por supuesto que Dios puede pecar. Dios en Cesaréa de Filipo llega a pensar: “¡Ojo, que puedo caer en el pecado”. Pues ya está. ¿Por qué no iba Dios a poder pecar? Pues no. Santo Tomás nos dice que por supuesto que Dios no puede pecar. Sería algo repugnante a su manera de ser. De acuerdo. Entonces, ¿qué importancia tiene todo esto? Pues que a continuación nos vamos a la baja Edad Media y a principios de la Edad Moderna, y algo cambia. Surge una visión de la voluntas, que enfatiza la primacía de la voluntad. De hecho, la potentia absoluta, el poder absoluto de Dios, se escinde del ser. Esto es lo que hace posible que René Descartes llegue a decir que, si Dios así lo quisiera, dos más dos serían cinco. El Dios de la voluntad tiene un poder que puede imponerse a la realidad y redefinirla. Nótese como esto supone un alejamiento de lo que hemos visto con santo Tomás de Aquino. ¿Puede ser, entonces, una casualidad que muchos de los filósofos modernos sobreenfaticen el poder? Es algo que puede apreciarse, por ejemplo, en Schopenhauer. Queda patente de forma más evidente en Friedrich Nietzsche. Dios ha muerto, ¿no? Entonces, ¿a dónde ha ido esa potentia absoluta? Ha ido a parar a mí. A nosotros. Somos nosotros los que ahora tenemos esa voluntad de poder. No me digas lo que tengo que hacer. No me digas quién soy. Yo tengo el poder de decidir, en virtud de mi libertad absoluta, de la naturaleza de la realidad. Ese giro hacia la voluntad que se produjo en las filosofías tardomedieval y protomoderna ha llegado hasta el periodo contemporáneo, solo que el Dios de la voluntad se ha transformado en un yo de la voluntad, capaz de crearlo todo, de definirlo todo.”

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