domingo, 1 de noviembre de 2026

El que está vacío está asimismo condenado a sufrir la finitud de la existencia

"El que está vacío está asimismo condenado a sufrir la finitud de la existencia. Debe sentir la impotencia, la inutilidad, el sinsentido que hay en él. Se le obliga a perder toda ilusión, a ver el rostro desvelado de la existencia y a mantenerse firme.
Se le impone no recibir consuelo alguno de la plenitud del corazón; no sentir el poder ascendente de la vida que fluye hacia ella; no dejarse llevar por lo que sucede por si mismo. Nada de lo que viene de allí le ayuda a tener fe, a creer", escribe Romano Guardini.
"La otra persona no le es dado sin más; debe buscarla siempre desde la fe. Dios no le es dado sin más. A su alrededor solo hay cosas y espacios vacíos. Por eso esa persona debe aferrarse a la fe; recibir la palabra revelada y unirse a EL desde una fe siempre renovada. Debe perseverar, mantenerse. Desde allí debe perseverar y servir, año tras año. Entonces terminaran por surgir la verdad, la bondad, la sencillez; escasa, duras, pero muy puras. Y ahí está la promesa de que poco a poco se condensará en ese vacío una realidad y un sentido que va más allá de todo lo que se llama vitalidad o psicología o cual quiere otra cosa."
"Pero si esto no sucede, entonces el vacío se convierte en la nada. Entonces comienza la decadencia. Entonces llega la violenta impotencia, el “crujir de dientes”, la horrible falta de sentido", manifiesta Guardini.
"Pero si la persona sigue siendo fuerte, entonces se produce el cierre. El conocimiento psicológico es tan grande, la experiencia en los posibles significados de la existencia tan universal, la sofisticación tan experimentada, que ya ningún argumento resulta convincente. Nada atrapa, porque ya todo se sabe; porque para cualquier cosa que se plantee ya hay preparada un a interpretación alternativa. Dios tiene todos los caminos abiertos; pero desde el punto de vista humano esta alma parece inconquistable. Esta existencia se vuelve inquebrantable.."
"Un ser cerrado a la nada. Nada tiene tras de si. Solo hay un miedo frio y rígido que no tiene salida. Ciertamente, la posibilidad de dar marcha atrás está abierta hasta el último suspiro."
"La imagen del Infierno de Dante en donde los demonios trabajan y se enfurecen por todas partes en los inmensos círculos concéntricos. Pero los demonios no son más que los emisarios, aspectos de uno que está en el centro y no se mueve. De uno que está congelado."
"Lo que los satanismos modernos y la transvaloración de todos los valores, que diría Nietzsche, proclaman sobre la grandeza del mal es solo papel mojado. Satanás es simplemente el engañado, el que se ha engañado a si mismo. Es completamente estéril. No es grande en nada. E un patético simius Dei", afirma Guardini. 

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